«Microrrelatos escogidos» por Ana Grandal (XLVIII)

La siguiente selección de microrrelatos ha sido escogida para CITA EN LA GLORIETA por Ana Grandal, licenciada en Ciencias Biológicas, traductora científica, escritora y administradora de la página de facebook TOPmicrorrelatos.


AVISO
Salvador Elizondo
La isla prodigiosa surgió en el horizonte como una crátera colmada de lirios y de rosas. Hacia el mediodía comencé a escuchar las notas inquietantes de aquel canto mágico.
   
Había desoído los prudentes consejos de la diosa y deseaba con toda mi alma descender allí. No sellé con panal los laberintos de mis orejas ni dejé que mis esforzados compañeros me amarraran al mástil.
   
Hice virar hacia la isla y pronto pude distinguir sus voces con toda claridad. No decían nada; solamente cantaban. Sus cuerpos relucientes se nos mostraban como una presa magnífica.
   
Entonces decidí saltar sobre la borda y nadar hasta la playa.
   
Y yo, oh dioses, que he bajado a las cavernas del Hades y que he cruzado el campo de asfodelos dos veces, me vi deparado a este destino de un viaje lleno de peligros.
   
Cuando desperté en brazos de aquellos seres que el deseo había hecho aparecer tantas veces de este lado de mis párpados durante las largas vigías del asedio, era presa del más agudo espanto. Lancé un grito afilado como una jabalina.
   
Oh dioses, yo que iba dispuesto a naufragar en un jardín de delicias, cambié libertad y patria por el prestigio de la isla infame y legendaria.
   
Sabedlo, navegantes: el canto de las sirenas es estúpido y monótono, su conversación aburrida e incesante; sus cuerpos están cubiertos de escamas, erizados de algas y sargazo. Su carne huele a pescado.


Después de Troya

ABRETESÉSAMO
José Antonio Martín
Cuento que me contó una vez mi hija Adriana, fastidiada de que le pidiera un cuento.
Había una vez un colorín colorado
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Cuentos y contares

LA CAÍDA DE LA HOJA
Manu Espada
El otoño parece no acabar nunca. A finales de septiembre comenzaron a caerse las hojas de los libros de texto, en octubre los folios de las novelas se desprendieron del lomo, a principios de noviembre las páginas de los poemas planearon sobre la ciudad, y ahora miles de papeles desmembrados forman una pátina de celulosa en el suelo. La tierra está cubierta por un fino y resbaladizo manto de folios sueltos de enciclopedias, de manuales de instrucciones, de folletos publicitarios, de cadáveres de incunables, de fragmentos de versos y guías telefónicas o de trozos de relatos. Las pastas de los libros forman un bosque tétrico, como pinos sin agujas, ramas perennes convertidas en esqueletos caducos. Las bibiliotecas, las librerías, las estanterías son despojos de textos descosidos. Porciones de manuscritos medievales vuelan arremolinados por el viento junto a las noticias de los periódicos y los menús de los restaurantes. Mientras escribo este diario, el ejército recolecta las hojas y las encuaderna sin criterio en volumenes de quinientos folios hasta que en un futuro se proceda a su desglose. Poemas de Bécquer comparten espacio con los anuncios de contactos, compendios de Física, partituras de Mozart, tebeos de Mortadelo, tratados de Historia, revistas del corazón o retazos de biblias. Mientras escribo, las hojas siguen cayendo. Hoy han comenzado a soltarse los folios de este diario.



MALOS RECUERDOS
Francesc Barberá
Cuando papá empezó a perder la memoria le compré un diario para que anotara lo que quisiera recordar. Pero prefirió dejarlo en blanco.
 
El hombre que cabía en la palma de su mano

PATERNIDAD RESPONSABLE
María Sergia Martín González
Me había granjeado la confianza del despacho, cuando mi socio me puso en antecedentes: los Gramunt querían adoptar un bebé. Yo los representaría. Sin duda, un gran privilegio para un abogado novato. Consumí horas de biblioteca, estudiando los requisitos requeridos: edad de los adoptantes, tiempo de convivencia… No podía echar nada al olvido. El panorama era desalentador. Si bien, Mariona Gramunt era una mujer joven, su esposo rondaba los cincuenta, circunstancia que aumentaba la edad del adoptado. Fui explícito al plantearles esta dificultad, pero decidieron proseguir. Fueron años de trámites interminables, como enhebrar un collar con cuentas infinitas. Un día caprichoso, Gramunt resolvió desentenderse del proceso y de su esposa, en ese orden. Por aquel entonces, mis implicaciones emocionales no me permitieron abandonarla. Hoy han llegado a mis manos los papeles definitivos. Emocionado, he telefoneado a Mariona para comunicarle que, por fin, vamos a cumplir nuestro sueño de ser padres. 

IX Concurso de Microrrelatos sobre Abogados

LA ÚLTIMA CENA
Ángel García Galiano
El conde me ha invitado a su castillo. Naturalmente yo llevaré la bebida.
Galería de hiperbreves

Ana Grandal es licenciada en CC. Biológicas y ejerce como traductora científica freelance desde 1996. Entre otros, ha traducido los libros de divulgación Los orígenes de la vida (Freeman Dyson, Cambridge University Press, 1999), El comportamiento altruista (Elliott Sober y David Sloan Wilson, Siglo XXI, 2000) e Inteligencia emocional infantil y juvenil (Linda Lantieri, Santillana, 2009) y la compilación de poesía incluida en Mina Loy. Futurismo, Dadá, Surrealismo (La Linterna Sorda, 2016). Cuenta con varios premios literarios, que incluyen el V Concurso de Relato Corto del Ayto. de Monturque (2004) y el XIII Premio de Narrativa Miguel Cabrera (2006). Ha publicado la colección de microrrelatos Te amo, destrúyeme (2015) y Hola, te quiero, ya no, adiós (2017) en Amargord Ediciones.


Coedita con Begoña Loza la colección de relatos La vida es un bar (Vallekas) (Amargord Ediciones, 2016), en donde también participa como autora. Colabora en las revistas digitales La Ignorancia y La Charca Literaria. En su faceta musical, toca la flauta travesera en los grupos de rock VaKa y Los Vitter del Kas.


Puedes leer una selección de microrrelatos de su primer libro de microrrelatos, «Te amo, destrúyeme», publicado por Amargord Ediciones en 2015, pinchando AQUÍ.