Reseña de «Los caballos de Diomedes», de Agatha Christie

RESEÑA DE «LOS CABALLOS DE DIOMEDES», DE AGATHA CHRISTIE, por Miguel Izu
1. Introducción.
 

El octavo trabajo de Hércules es Los caballos de Diomedes. El relato originalmente se publicó en junio de 1940 en Strand Magazine, y cinco años más tarde en Estados Unidos en Ellery Queen's Mystery Magazine con el título de The Case of the Drug Peddler.

La mitología griega nos cuenta que Diomedes, rey de Tracia, tenía cuatro caballos, Podargo, Lampo, Xanto y Deino, animales monstruosos que lanzaban fuego por las narices y que se alimentaban de la carne humana de forasteros y prisioneros que el cruel monarca les ofrecía. Algunas versiones dicen que, en realidad, eran yeguas. Hércules, una vez más enviado por Euristeo, llega al palacio del rey y ambos luchan encarnizadamente, ya que Diomedes también es un gigante temible. Finalmente, Hércules logra llevarlo hacia el pesebre donde están encadenados los caballos y lo arroja sobre ellos, que lo devoran en un instante. Apaciguados después de comer a su amo, los caballos son conducidos por Hércules hacia Micenas.


Los caballos de Diomedes
-Gustave Moreau-
(Museo de Rouen)


2. Sinopsis.
ADVERTENCIA DEL EDITOR: Esta sinopsis contiene un spoiler completo del relato que reseñamos. Si aún no lo has leído o hace tanto tiempo que no recuerdas el argumento, te recomendamos que lo leas antes de disfrutar del excelente análisis que nos ofrece el escritor Miguel Izu.

El joven doctor Michael Stoddart telefonea a Poirot una noche y le ruega que acuda a un callejón cercano a su casa. Una vez allí, le hace subir al salón de una vivienda donde se ha celebrado una fiesta. La dueña, bajo el influjo de las drogas que ha consumido, después de una discusión ha disparado sobre uno de los invitados desde la ventana y ha herido a un vagabundo que pasaba por allí. Han llamado al doctor para que le curara y han sobornado al herido para que no acuda a la policía. El doctor está sobre todo preocupado por una joven, Sheila Grant, hija de un general, que se ha encontrado indispuesta y a la que también ha tenido que atender, cree que se mezcla con malas compañías y le gustaría ayudarla. Poirot acepta investigar el origen de las drogas, tratando de dejar a la muchacha al margen de cualquier posible escándalo.

Poirot interroga a Sheila, que dice que es la primera vez que toma drogas y que las llevó a la fiesta un tal Tony Hawker. Posteriormente, se traslada al ficticio condado de Mertonshire, de donde procede ella, y visita al general en su casa, llena de recuerdos de la India y atendida por un criado indio con turbante, en la que está recluido aquejado de gota. Se lamenta ante el detective del mundo moderno, de la imposibilidad de dominar a sus hijas y de su poco recomendable pandilla de amigos. Poirot le advierte que su hija ha sido inducida al consumo de drogas y del riesgo de que la conviertan en una adicta, lo que sulfura al general. Le promete atrapar al culpable de ello y le ruega que no diga nada a sus hijas.

La señora Larkin, amiga de Hawker, ofrece una fiesta a la que es invitado Poirot. Vuelve a advertir a Sheila, delante de una de sus hermanas, contra el consumo de drogas, y a su indicación puede comprobar que un frasco con las iniciales de Hawker está lleno de un polvo blanco. Más tarde vuelve a hablar con Sheila para reiterarle que “se han estado alimentando de carne humana como las yeguas de Diomedes” y ella se excusa diciendo que anteriormente no había advertido el peligro. Poirot le dice que ha hecho investigaciones y sabe que, además de tener antecedentes, en realidad no es hija del falso general, igual que sus supuestas hermanas, que fueron contratadas por él para fingirlo y trapichear con drogas, y que ha de colaborar para que sea detenido.

Poirot cuenta al doctor Stoddart que sospechó del fingido general porque todo el decorado que le rodeaba en su casa era exagerado y porque comprobó, apoyándose accidentalmente en su pierna, que la gota era también ficticia. Hawker, en realidad, era víctima de las falsas hermanas. Poirot anima al doctor a tratar de llevar a Sheila, por la que está atraído, por el buen camino.



3. La India y los pukka sahib


Las novelas de Agatha Christie están plagadas de antiguos militares que sirvieron en la India, la joya de la corona del Imperio británico. La reina Victoria fue coronada como emperatriz de la India en 1876, una vez arrebatado el poder a la Compañía Británica de las Indias Orientales que, pese a ser una empresa privada, había gobernado aquellas tierras con mano de hierro contando con su propio ejército, compuesto por una mayoría de nativos, hasta que empezaron a darle problemas (Rebelión de los cipayos de 1858). El control de aquel vasto país, que comprendía lo que actualmente es India, Pakistán, Bangladesh y Birmania (255 millones de habitantes según el primer censo que se realizó en 1881, 315 millones en 1911), conllevó la necesidad de desplegar un ejército numeroso que sofocara la frecuente rebeldía de los líderes locales y de los belicosos vecinos. Mientras que la tropa estaba constituida por indígenas, reclutados como voluntarios a cambio de una paga, los oficiales eran británicos formados en las academias militares del Reino Unido, en buena medida procedentes de la aristocracia y de las clases acomodadas, de mentalidad muy militarista, que buscaban consolidar el prestigio de su linaje o ascender en la escala social. Antes de la I Guerra Mundial el ejército de la India estaba compuesto por unos trescientos mil miembros pero, a lo largo de la contienda, llegó a movilizar a casi dos millones de soldados, la mitad del total de las tropas británicas, que combatieron tanto en Europa como en Oriente Medio. Quiere esto decir que, en la época dorada del Raj británico, el ejército de la India constituía la parte principal de las tropas del Reino Unido. Los oficiales que pasaban una buena parte de su carrera militar en la India eran numerosos y, cuando se retiraban, muchos de ellos volvían a las Islas británicas para vivir de sus rentas o dedicarse a otras ocupaciones. Agatha Christie conoce bien esa realidad ya que, según cuenta en sus memorias, tuvo un hermano y un tío que sirvieron como oficiales en la India, y su primer marido, Archibald Christie, había nacido allí, aunque luego hizo su carrera militar en Inglaterra.

El falso general Grant es definido en Los caballos de Diomedes como un pukka sahib, expresión en lengua hindi que viene a significar “un auténtico caballero”, que es la visión que tenían de sí mismos los británicos, militares o no, que iban a servir en la India. En las obras de Agatha Christie encontramos muchos otros pukka sahib de verdad, que suelen tener como característica común la de aburrir a los demás con sus recuerdos. Por poner un par de ejemplos, en Testigo mudo se menciona al fallecido general Arundell del que su vecina, miss Peabody, asegura que era un estúpido y que no hacía mucho caso a sus historias de la India, “he tenido que soportar a varios hombres viejos y sin anécdotas”; mientras que en Maldad bajo el sol se cuenta que “el mayor Barry llevaba en el Jolly Hotel el tiempo suficiente para que todos se pusiesen en guardia contra su fatal tendencia a embarcarse en largas historias indias. Tanto miss Brewster como mistress Redfern se apresuraron a interrumpirle”. El propio Poirot lo describe como “recitador de largas y aburridas historias”. En Asesinato en el Orient Express el coronel Arbuthnot, que regresa de la India, dice a Poirot tras ser interrogado: “En cuanto a miss Debenham pueden ustedes creerme que es toda una dama. Respondo de ella. Es una pukka sahib”. Tras su marcha, el doctor Constantine, médico griego, le pregunta qué es una pukka sahib y el detective belga responde con ironía: “Significa que el padre y los hermanos de miss Debenham se educaron en la misma escuela que el coronel Arbuthnot”.

A diferencia de su modelo, el doctor Watson, que como médico militar combatió y fue herido en la frontera de Afganistán, el capitán Hastings no es ningún pukka sahib sino, como revela en El misterioso caso de Styles, un empleado de seguros movilizado durante la I Guerra Mundial y retirado a un puesto burocrático a causa de las heridas recibidas. No dice dónde combatió ni suele referir historias bélicas; en Telón cuenta que su hija Grace había contraído matrimonio con un militar destinado en la India, sin más detalles. Tampoco es aficionado a aburrir con sus historias el discreto coronel Race, militar retirado y agente del MI5, amigo de Poirot que aparece en varias novelas, entre ellas en Muerte en el Nilo, del que solo sabemos que sirvió en las colonias. Está claro que las simpatías de Agatha Christie no estaban del lado de los pesados pukka sahib y nunca situó sus historias en la India. Le atraía mucho más el Mediterráneo y el Oriente Próximo, por donde viajó y que reflejó en algunas de sus obras
.

4. Entre indios y negros

Y ya que hablamos de indios… Una de las obras más famosas de Agatha Christie es Diez negritos, publicada en 1939. El título procede de una canción infantil, Ten Little Niggers, que enseña a contar hasta diez, repetidamente aludida en la novela haciendo el paralelismo entre los diez negritos de porcelana que van desapareciendo uno a uno y los diez personajes que van siendo asesinados hasta no quedar ninguno. Cuando se publicó la novela en Estados Unidos, en 1940, el título fue modificado por And Then There Were None, que es la última frase de la canción, y en otras ediciones por Ten Little Indians. Al parecer, lo de niggers allí sonaba mal. Lo curioso es que la canción Ten Little Niggers es una adaptación de una canción norteamericana de 1868 titulada, según las diversas versiones existentes, Ten Little Indians o Ten Little Injuns. Parece que en unos casos se pretende evitar nombrar a los indios y, en otros, a los negros. En Estados Unidos, además del título y de la canción, se varió el nombre de la isla donde suceden los hechos, de Nigger Island que había escrito Agatha Christie a Indian Island. En otras lenguas se tradujo Ten Little Niggers literalmente (Diez negritos, Dix petits nègres, Zehn kleine Negerlein, O Caso dos Dez Negrinhos, Deu negrets, etc.), aunque con algunas excepciones. La primera edición en alemán de 1944 prescindía de negros o indios y se titulaba Letztes Weekend (El último fin de semana); en Italia en 1946 se tituló E poi non rimase nessuno y, luego, en 1977, Dieci piccolo indiani. Las películas que han adaptado la novela, con frecuencia rodadas en los Estados Unidos, han llevado por título And Then There Were None o Ten Little Indians, lo cual ha hecho que en la mayor parte del mundo estos títulos sean más conocidos que el original Ten Little Niggers.


Puedes leer las colaboraciones de Miguel Izu para la III SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA, celebrada del 21 al 27 de Noviembre de 2017, PINCHANDO AQUÍ o en la imagen.

 
es doctor en Derecho y licenciado en Ciencias Políticas y Sociología. Funcionario del Gobierno de Navarra, vocal del Tribunal Administrativo de Navarra. Ha ejercido como abogado y como profesor asociado de Derecho Administrativo en la Universidad de Navarra y en la Universidad Pública de Navarra. Ha colaborado con la Escuela de Policía de Cataluña y colabora regularmente con la Escuela de Seguridad de Navarra. Ha sido concejal del Ayuntamiento de Pamplona, presidente de la Mancomunidad de la Comarca de Pamplona y miembro del Parlamento de Navarra. Colabora asiduamente en diversos medios de comunicación (principalmente, en Diario de Noticias y Solo Novela Negra) y revistas profesionales. Secretario de la Asociación Navarra de Escritores/as-Nafar Idazleen Elkartea. Obras: Novela: El asesinato de Caravinagre (2014); El crimen del sistema métrico decimal (2017). Relato: “Un asunto privado”, en 24. Relatos navarros (2016); “Una cuenta pendiente”, en Solo Novela Negra (2016); “El vino del francés”, en El alma del vino (2017); “Un móvil para un crimen”, en la III Semana Negra en la glorieta (2017). Ensayo: La Policía Foral de Navarra (1991), Navarra como problema. Nación y nacionalismo en Navarra (2001), El Tribunal Administrativo de Navarra (2004), Derecho Parlamentario de Navarra (2009), El régimen jurídico de los símbolos de Navarra (2011, VII Premio Martín de Azpilicueta), El régimen lingüístico de la Comunidad Foral de Navarra (2013). Recopilación de artículos de prensa: Sexo en sanfermines y otros mitos festivos (2007), Crisis en sanfermines y otros temas festivos (2015). Página web: http://webs.ono.com/mizubel/