La siguiente selección de microrrelatos ha sido escogida para CITA EN LA GLORIETA por Ana Grandal, licenciada en Ciencias Biológicas, traductora científica, escritora y administradora de la página de facebook TOPmicrorrelatos.
SOLEMNE
Almu Ballester
Almu Ballester
Boato. A uno y otro lado de las bancadas, los familiares de los novios contienen la respiración con la última nota del órgano, la que da paso a la liturgia. A la derecha, los del novio, diseños de elegancia francesa. A la izquierda, breve familia de la novia, chales de tul y estrenos de tacón. Se respira solemnidad. Hay cirios en el altar y cestas con pétalos en manos de damas de honor de vestido azul cielo. Los ramos desprenden aroma de ceremonia. Las luces, las sombras, el coro, los silencios.
Momento embriangante previo a la consagración. El novio coge la mano de la novia con suavidad y, sin mirarla, le susurra: «He pensado que al llegar al hotel me vas a fregar los calcetines, estoy sudando como un cerdo». A la novia se le humedecen los ojos. Su madre, emocionada, piensa: «Qué guapa está».
Momento embriangante previo a la consagración. El novio coge la mano de la novia con suavidad y, sin mirarla, le susurra: «He pensado que al llegar al hotel me vas a fregar los calcetines, estoy sudando como un cerdo». A la novia se le humedecen los ojos. Su madre, emocionada, piensa: «Qué guapa está».
Normas de inseguridad
BEBO TU BOCA
Guillermo Samperio
Guillermo Samperio
Cuando beso tus labios de agua, nunca son los mismos.
La otra mirada
Me senté en el umbral de mi puerta a esperar que pasara el cadáver de mi enemigo. Pasó y me dijo “hasta mañana”. Con tal de no darme paz, sigue penando entre los vivos.
Más por menos. Antología de microrelatos hispánicos actuales
ATLÁNTICA
Fernando Sánchez Clelo
Fernando Sánchez Clelo
La creciente sorpresiva del río se llevó a mi hermano pequeño en su cuna, a mi abuela en la mecedora, y a mis padres haciendo el amor en la cama. Alcancé a subir al techo, donde los despedí agitando mi playera blanca al aire, mientras me gritaban que cuidara la casa.
No supe quién era el viejo barbudo que la inundación trajo conmigo al techo. Se entercó con la idea de que le construyera un arca de tantos pies de largo, alto y ancho: no dejó de exigírmelo ni para dormir. Su voz pastosa era irritante. Me visualicé escapando sobre la mesa, pero debía cumplir el encargo familiar. Afortunadamente, con un ropero flotante construí algo que nos dejó satisfechos al anciano y a mí: por fin zarpó en su féretro náutico, dichoso de salvar parejas de insectos.
No supe quién era el viejo barbudo que la inundación trajo conmigo al techo. Se entercó con la idea de que le construyera un arca de tantos pies de largo, alto y ancho: no dejó de exigírmelo ni para dormir. Su voz pastosa era irritante. Me visualicé escapando sobre la mesa, pero debía cumplir el encargo familiar. Afortunadamente, con un ropero flotante construí algo que nos dejó satisfechos al anciano y a mí: por fin zarpó en su féretro náutico, dichoso de salvar parejas de insectos.
Cuentomancia
AL FINAL DEL KILÓMETRO
Nieves Prieto Lavin
Nieves Prieto Lavin
Varios años antes, frente al mismo olmo centenario del jardín de su quinta, había leído la sentencia que le hizo pasar de presunto autor a simplemente autor del asesinato de su esposa. Su abogado había creído en su inocencia y se había desfondado en la defensa. Sinceramente agradecido, cada año le enviaba una felicitación navideña y sus sinceros mejores deseos. En prisión había pasado desapercibido como un común maleante, ni un leve incumplimiento de sus obligaciones que hiciera saltar los protocolos de seguridad. Y por fin la condicional. Sí, eso resumía los últimos 17 años de su vida. Tras andar un kilómetro en línea recta con su petate se fumaría un cigarrillo y compraría un taburete y una soga. Los diez euros de peculio alcanzarían para librarse al fin de la peor de las condenas, esa en que nunca se es presunto: la de la propia conciencia.
La hermosa mujer de blanco le rompió el corazón a aquel desconocido que yacía bajo la sábana. Lo cogió con sus manos y lo abrió para enseñar los ventrículos a sus alumnos de la clase de anatomía.
Ana Grandal es licenciada en CC. Biológicas y ejerce como traductora científica freelance desde 1996. Entre otros, ha traducido los libros de divulgación Los orígenes de la vida (Freeman Dyson, Cambridge University Press, 1999), El comportamiento altruista (Elliott Sober y David Sloan Wilson, Siglo XXI, 2000) e Inteligencia emocional infantil y juvenil (Linda Lantieri, Santillana, 2009) y la compilación de poesía incluida en Mina Loy. Futurismo, Dadá, Surrealismo (La Linterna Sorda, 2016). Cuenta con varios premios literarios, que incluyen el V Concurso de Relato Corto del Ayto. de Monturque (2004) y el XIII Premio de Narrativa Miguel Cabrera (2006). Ha publicado la colección de microrrelatos Te amo, destrúyeme (2015) y Hola, te quiero, ya no, adiós (2017) en Amargord Ediciones.
Coedita con Begoña Loza la colección de relatos La vida es un bar (Vallekas) (Amargord Ediciones, 2016), en donde también participa como autora. Colabora en las revistas digitales La Ignorancia y La Charca Literaria. En su faceta musical, toca la flauta travesera en los grupos de rock VaKa y Los Vitter del Kas.
Puedes leer una selección de microrrelatos de su primer libro de microrrelatos, «Te amo, destrúyeme», publicado por Amargord Ediciones en 2015, pinchando AQUÍ.
Coedita con Begoña Loza la colección de relatos La vida es un bar (Vallekas) (Amargord Ediciones, 2016), en donde también participa como autora. Colabora en las revistas digitales La Ignorancia y La Charca Literaria. En su faceta musical, toca la flauta travesera en los grupos de rock VaKa y Los Vitter del Kas.
Puedes leer una selección de microrrelatos de su primer libro de microrrelatos, «Te amo, destrúyeme», publicado por Amargord Ediciones en 2015, pinchando AQUÍ.

