«Microrrelatos escogidos» por Ana Grandal (LVIII)

La siguiente selección de microrrelatos ha sido escogida para CITA EN LA GLORIETA por Ana Grandal, licenciada en Ciencias Biológicas, traductora científica, escritora y administradora de la página de facebook TOPmicrorrelatos.


En 1984, Arturo Béjar era conocido por sus poderes extrasensoriales que, según contaba, los descubrió por casualidad cuando apenas tenía diez años. «¿Qué hago con mi novio?», llama a la radio una mujer desesperada. Y él: «Tu novio tiene a otra, una rubia bajita que vive en el edificio de junto, mi consejo es que te busques alguien que en verdad te quiera». «Tengo un hijo al que no le gusta estudiar, me desespera su pasividad», dice al aire otra. Y él: «El muchacho está metido en drogas, se la vende su primo, el hijo de tu hermana mayor, lo mejor será que evites que el primito entre a tu casa y que lleves a tu hijo lo antes posible en una terapia». «Me voy de viaje, ¿me irá bien?». «Te irá mejor de lo que imaginas». «Tengo la oportunidad de trabajar en Brasil, ¿me conviene?». «Para nada, quédate donde estás que muy pronto saldrá algo mejor». Aunque empezó con una modesta media hora, el programa de «El infalible» llegó a durar cinco horas y, en cada ocasión, las llamadas colapsaban los teléfonos de la radio. Una noche llamó un tipo de voz ronca. «Te voy a matar», gritó. Eso es imposible, respondió Béjar, voy a vivir hasta los ochenta y se echó a reír con esa risa asmática que parecía que lo ahogaba. A la noche siguiente, unos minutos después de que se acabara el programa, el estampido de un disparo alarmó a los que transitaban por los bajos de la emisora de radio. «El infalible» no murió y, para su gloria, tuvo razón una vez más: llegaría a viejo, sí, pero inconsciente, en una solitaria cama de hospital.


JUSTICIA
Jaime Muñoz Vargas
Hoy los maté. Ya estaba harto de que me llamaran asesino.

Arte de miniatura

NATURALEZA MUERTA
Raúl Ariza
Eva es delgada y alta, con un aspecto que escora hacia la armonía, y tiene esa belleza limpia y fresca de joven que debiera ser feliz.

En ella todo es como de miel. Dorado y meloso. Su carácter y también su cabello, rubio, liso y recogido en lo alto con una diadema de color blanco. Su peinado, despejado sobre la frente, descubre unos ojos claros, una mirada inquieta y un moratón sobre el pómulo izquierdo.

Su figura, en medio de esta estancia que con la creciente claridad tiene un algo de ábside gótico, parte y dispersa el haz de luz primeriza que entra por el amplio ventanal del estudio en el que, hasta anoche mismo, confiaba en la remota posibilidad de ser feliz junto a Jaime.

A Eva nada le calma más que la pintura cuando se siente mal. Así que, de pie frente al caballete, observa concentrada el lienzo que a modo de terapia comenzó a pintar de madrugada, tras el último manotazo que le dará este Jaime de ahora, tosco, amargado y siempre incómodo con la espontánea felicidad de ella. De momento apenas se vislumbra un bosquejo al carboncillo de lo que apunta será el retrato de su pareja, que se mantiene queda y muda sentada en el sillón, con los brazos relajados y la cabeza ligeramente ladeada, como en posición casual. Tiempo habrá para los matices y los colores, para el detalle de la herida en la cabeza, para conseguir ese blanco roto que capte su pálido semblante, o para acertar con el rojo terroso que mejor represente el color de esa sangre ya reseca
La suave piel de la anaconda


A aquellos
que abusan
de mi confianza
les hago
la raya

la raya

Nunca imaginé
que fuese capaz de levantar

tantas

fronteras.


Ardimiento

CADA UNO EN SU SITIO
Gabriel Pérez Martínez
Recuerdo nítidamente esa tarde de calor que se diluyó en un temporal de rayos. Sonó el teléfono. «Soy yo. Estoy detenido. Me acusan de haber asesinado a López Hierro. Tienes que ayudarme». Hacía más de cinco años que no veía a mi hermano. Sabía que vivía en un edificio derruido con otros indigentes desde que López Hierro lo dejó sin trabajo, escribiendo los primeros renglones de su infortunio. En ese tiempo, mi hermano había repudiado a su familia, por eso me extrañó que me llamara a mí y no a otro abogado. Fui a comisaría. Le llevé un neceser con espuma de afeitar y maquinillas más ropa limpia. Hablamos y acepté su defensa.
   
En el juicio, varios testigos lo identificaron. «Declaro al encausado culpable», sentenció el juez. Un día antes de ingresar en prisión, le hice una visita. No podía permitir que un inocente entrara en mi lugar. Somos gemelos.

 

DE TANTO EN TANTO
Elena Casero Viana
PUno se pregunta, cuando mira a su alrededor hasta que el cuello se convierte en una espiral, qué lugar ocupa y en qué clase de mundo.

De tanto en tanto, uno se pregunta qué clase de conversación es capaz de mantener y con quién.

De tanto en tanto, uno se pregunta por qué ese lugar que cree ocupar se va reduciendo al espacio que ocupan sus pies o su trasero, si está sentado.

De tanto en tanto, uno recuerda que casi desde que comenzó a caminar, a respirar por su cuenta y le empezaron a doler los dientes con los que tendría que morder el mundo, le tildaron de raro.

De tanto en tanto uno se dice, se recuerda y se repite que no hay mejor compañía que su propia soledad.



Ana Grandal es licenciada en CC. Biológicas y ejerce como traductora científica freelance desde 1996. Entre otros, ha traducido los libros de divulgación Los orígenes de la vida (Freeman Dyson, Cambridge University Press, 1999), El comportamiento altruista (Elliott Sober y David Sloan Wilson, Siglo XXI, 2000) e Inteligencia emocional infantil y juvenil (Linda Lantieri, Santillana, 2009) y la compilación de poesía incluida en Mina Loy. Futurismo, Dadá, Surrealismo (La Linterna Sorda, 2016). Cuenta con varios premios literarios, que incluyen el V Concurso de Relato Corto del Ayto. de Monturque (2004) y el XIII Premio de Narrativa Miguel Cabrera (2006). Ha publicado la colección de microrrelatos Te amo, destrúyeme (2015) y Hola, te quiero, ya no, adiós (2017) en Amargord Ediciones.


Coedita con Begoña Loza la colección de relatos La vida es un bar (Vallekas) (Amargord Ediciones, 2016), en donde también participa como autora. Colabora en las revistas digitales La Ignorancia y La Charca Literaria. En su faceta musical, toca la flauta travesera en los grupos de rock VaKa y Los Vitter del Kas.


Puedes leer una selección de microrrelatos de su primer libro de microrrelatos, «Te amo, destrúyeme», publicado por Amargord Ediciones en 2015, pinchando AQUÍ.