Reseña de «La muerte invisible», de Alberto Pasamontes

Reseña de «La muerte invisible», de Alberto Pasamontes, por Miguel Izu
Un policía maduro, viudo, desilusionado, que desconfía de los políticos a los que tiene que servir y que ha tenido un desencuentro con sus superiores por empeñarse más de lo necesario en investigar un caso de corrupción, ha sido castigado con el traslado a una lejana ciudad de provincias. Al llegar, le asignan la investigación de casos intrascendentes, que inicia con resignación y poco entusiasmo mientras trata de adaptarse a su nueva situación.

Podría ser el inicio de muchas novelas policíacas, en cualquier país y cualquier época, pero esta nos ofrece algunas peculiaridades que la hacen ciertamente original. La acción transcurre en la Unión Soviética en abril de 1986. El protagonista ha sido desterrado a Pripyat, una ciudad ucraniana con tal solo dieciséis años de vida que se ha construido para albergar a los trabajadores de la Central Nuclear Vladimir Ilich Lenin, más conocida como Central Nuclear de Chernóbil, la más potente del mundo. Apenas dos días después de su llegada se produce un fatal accidente, el mayor desastre nuclear de la historia. Nuestro protagonista (del que no sabemos el nombre) es enviado a la Central en las primeras horas tras el siniestro para ayudar a poner orden y es testigo de su magnitud. También de la resistencia de las autoridades a reconocerla y a tomar medidas para proteger a la población. “Cierto es que la rígida burocracia del Partido tiende a filtrar la información, a maquillar los hechos, a magnificar los éxitos y minimizar los fracasos, a ocultar sus errores y pequeñas o grandes derrotas”, reflexiona nuestro protagonista, en la primera persona con la que Pasamontes organiza la narración. La melodía se nos hace muy conocida. Donde dice Partido, y entendemos Partido Comunista de la Unión Soviética, podría decir cualquier partido, cualquier gobierno, cualquier gran empresa. Cualquiera que ejerza poder y que necesita, como instrumento esencial para seguir ejerciéndolo, de la propaganda. Todo va bien, confíen en mí. Una de las tentaciones, de las perversiones posibles del poder a la que tan pocos seres humanos son capaces de resistirse es maquillar la verdad, ocultarla si hace falta, fabricar una verdad a medida o, en fin, sustituirla por una mentira más adecuada a sus intereses, una mentira creíble incluso para sus autores. Ya advirtió Foucault, parafraseando a Von Clausewitz, que la política es la continuación de la guerra con otros medios, y alguien dijo (se atribuye la frase lo mismo a Esquilo que a Hiram Johnson o Philip Snowden) que la verdad es la primera víctima de la guerra -o de la política, podemos añadir-. En esta época en que se ha puesto de moda hablar de la posverdad es necesario recordar que no hubo un tiempo de la verdad. “Sabroso es al hombre el pan de la mentira”, advertían ya los Proverbios de Salomón. La novela negra, y La muerte invisible es una novela muy negra, se ha caracterizado por hacer una crítica que se suele calificar de social pero que es igual de adecuado decir que es política. Lo que se pone en cuestión, lo que se denuncia, suele ser en última instancia siempre el abuso de poder, lo haga el Partido, un alcalde, un juez, un policía o lo haga un mafioso.




Aborda La muerte invisible otro tema clásico de la novela negra: el del héroe solitario que, más allá de su deber, más allá de las órdenes que recibe de sus superiores, más allá de la ley, quiere averiguar la verdad y hacer justicia. Nuestro protagonista desoye los consejos de abandonar la ciudad, de tomarse unos días libres o de ingresar en un hospital para ser tratado de los efectos de la radiación y se empeña en saber qué es lo que ha pasado y, sobre todo, quién ha sido responsable de la catástrofe. Lo hace moviéndose por un escenario dantesco, y pocas veces la apelación al infierno de Dante resultará tan exacta. Incluso más dramática que el fuego y las nubes de humo que salen de la Central, que los muertos y heridos producidos por la explosión, resulta esa amenaza invisible a que alude el título, la radiación a la que ha quedado expuesta toda la población. “Comienza con un simple dolor de cabeza que se va haciendo cada vez más fuerte. Luego aparecen el resto: fatiga, pérdida de pelo, náuseas, diarrea, hemorragias internas, destrucción de médula ósea… Los órganos internos se deshacen literalmente. A veces, entre vómitos de sangre, los afectados expulsan trozos de su propio estómago, del esófago… El dolor es inhumano”, explica el doctor Leonenko, un médico honrado y comprometido que también ha de luchar contra la inacción de las autoridades.

Con un estilo preciso y directo, sin adornos, y una enérgica escritura, en menos de doscientas páginas Alberto Pasamontes nos conduce a través del horror del accidente nuclear y de la irresponsabilidad e incompetencia humanas y hace comprensible a cualquier lector cómo se produjo el desastre. Con habilidad hilvana realidad y ficción para ofrecernos una sólida historia que obtuvo en 2015 el XVIII Premio Francisco Pavón de Narrativa Policíaca.

Como preocupante epílogo cabe añadir que Víktor Briujánov, el director de la construcción de la Central Nuclear de Chernóbil, que fue condenado a varios años de cárcel y que reconoció su responsabilidad en el accidente, en 2006 declaraba que los científicos y los diseñadores habían tejido una red de mentiras sobre las causas del accidente: “No solo somos nosotros: los estadounidenses, los franceses, los ingleses, los japoneses están escondiendo las causas reales de los accidentes en sus propias centrales nucleares”. En 2011 se producía el accidente nuclear de Fukushima. Al día siguiente del accidente las autoridades japonesas lo calificaron de nivel 4; seis días más tarde lo elevaron a nivel 5; finalmente igualó a Chernóbil en el nivel 7, el máximo de la Escala Internacional de Accidentes Nucleares. En un inicio se evacuó a la población en un radio de 10 kilómetros; más tarde se amplió a 20 y, finalmente, se amplió a 30 kilómetros. El gobierno japonés fue criticado por no tener preparadas medidas ante un accidente así, por retrasar la respuesta y por tardar varios días en reconocer que se había producido una fusión de núcleo. Briujánov, veinte años después del accidente de Chernóbil, se lamentaba de que no había servido para aprender nada. Yuli Andreev, responsable de descontaminar Chernóbil de 1986 a 1991, tras el accidente de Fukushima decía que no se había aprendido de los errores, que dejar en manos de los operarios de una compañía privada una emergencia como aquella era una temeridad. ¿Habremos aprendido algo ya?

Esta reseña ha sido escrita por Miguel Izu para la V SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA, celebrada del 21 al 27 de Noviembre de 2018. Si quieres acceder al programa de la Semana Negra PINCHA AQUÍ.



es doctor en Derecho y licenciado en Ciencias Políticas y Sociología. Funcionario del Gobierno de Navarra, vocal del Tribunal Administrativo de Navarra. Ha ejercido como abogado y como profesor asociado de Derecho Administrativo en la Universidad de Navarra y en la Universidad Pública de Navarra. Ha colaborado con la Escuela de Policía de Cataluña y colabora regularmente con la Escuela de Seguridad de Navarra. Ha sido concejal del Ayuntamiento de Pamplona, presidente de la Mancomunidad de la Comarca de Pamplona y miembro del Parlamento de Navarra. Colabora asiduamente en diversos medios de comunicación (principalmente, en Diario de Noticias y Solo Novela Negra) y revistas profesionales. Secretario de la Asociación Navarra de Escritores/as-Nafar Idazleen Elkartea. Obras: Novela: El asesinato de Caravinagre (2014); El crimen del sistema métrico decimal (2017), El rey de Andorra (2018). Relato: “Un asunto privado”, en 24. Relatos navarros (2016); “Una cuenta pendiente”, en Solo Novela Negra (2016); “El vino del francés”, en El alma del vino (2017); “Un móvil para un crimen”, en la III Semana Negra en la glorieta (2017). Ensayo: La Policía Foral de Navarra (1991), Navarra como problema. Nación y nacionalismo en Navarra (2001), El Tribunal Administrativo de Navarra (2004), Derecho Parlamentario de Navarra (2009), El régimen jurídico de los símbolos de Navarra (2011, VII Premio Martín de Azpilicueta), El régimen lingüístico de la Comunidad Foral de Navarra (2013). Recopilación de artículos de prensa: Sexo en sanfermines y otros mitos festivos (2007), Crisis en sanfermines y otros temas festivos (2015). Página web: https://mizu38.wixsite.com/miguelizu