Reseña de «Todos tus nombres», de Fernando García Pañeda

RESEÑA DE «TODOS TUS NOMBRES», DE FERNANDO GARCÍA PAÑEDA (SUMA DE LETRAS, 2018)
Manu López Marañón
No es precisamente un debutante en esto de las letras Fernando García Pañeda (Bilbao, 1964). Su novela «Todos tus nombres» –ganadora del Premio Caligrama de Talento en 2017– viene precedida por otras cuatro, entre las que sobresale «Sueño y azar», obra que le sirvió para alzar el Premio Alhóndiga de Narrativa Breve en 2014. García Pañeda ha publicado también un libro de relatos humorísticos –«Gente del Club»–, lo que demuestra la versatilidad de su talento.

Vengo de presentar, dentro de los actos que nuestra revista ha organizado para su ya finalizada V Semana Negra en la Glorieta, dos admirables novelas ambientadas durante el reinado isabelino. Dejando de lado las vibrantes tramas criminales que vertebran ambas obras, y que hacen que tanto «La cajita de rapé» como «El crimen del sistema métrico decimal» literalmente se devoren, resaltaba yo, ante mi auditorio madrileño, cómo la documentación histórica y sociológica aportada por Javier Alonso García-Pozuelo y por Miguel Izu colaboraban a que estos libros resultaran muchísimo más que novelas policíacas, de esas llamadas «procedimentales» y que tanto abundan.

«Todos tus nombres», la encantadora novela de García Pañeda que hoy nos ocupa, transcurre en España durante otro decisivo tramo histórico: el final de la Segunda Guerra Mundial, concretamente entre el 4 de junio de 1944, víspera del Desembarco aliado en Normandía, (primer capítulo) y el 8 de setiembre (capítulo XXII) del citado año. Aunque para escribir dispongamos de una herramienta tan potente como Internet, algo que supone, solo a nivel de datos, que la obra no contenga fallo alguno (se puede carecer de ingenio, pero ahora no deben excusarse la desidia ni la zanganería), a pesar de semejante ayuda informática, digo, conseguir por parte del autor una inmersión ajustada y convincente en la época retratada –ya sea mediados del siglo XIX como del XX– sigue siendo un exigente reto.

Porque hay que confesar que no escasean escritores que, ante semejante caudal informativo, inadvierten el subsiguiente y necesario proceso de criba (junto a esa desaforada caza de datos de algunos no podemos dejar de recordar, aterrados, el enjambre de subtramas con las que otros –muchas veces los mismos– inundan sus narraciones), endilgando a sus desbordados editores manuscritos a los que sobran decenas, en ocasiones cientos, de páginas. Por lo menos en «Todos tus nombres» García Pañeda se las ha arreglado de forma muy profesional para que a una novela de 500 páginas no le sobre un solo párrafo. Supone así un constante regocijo para el lector meterse, gracias a tan mesurada mano, en aquella España «neutral» de posguerra tratando de escapar de la miseria.

Y aunque esta pobreza sea mostrada (así, en el capítulo X, Nelly y Ana Eugenia pasean por el extrarradio bilbaíno y quedan petrificadas ante el espectáculo que ofrece la muchedumbre hacinada en chabolas sin condiciones de salud y dignidad), lo que más frecuentamos en «Todos tus nombres» son lujosos ambientes dando marco a un grupo triunfador: el del bando ganador de nuestra guerra civil. Por Vizcaya desfilan refinados clubes como La Bilbaína o el Marítimo, cafeterías de postín como La Concordia y La Suiza, y hoteles de la categoría del Excelsior. En Madrid aparecen los hoteles Palace y el Ritz, recepciones en embajadas de países en guerra y también restaurantes de solera como Casa Ciriaco. Pero este brillo no solo reluce en grandes urbes: también en una victoriana mansión del barrio de Neguri –VillaBlanca–, de innegable presencia protagónica, o en casonas de la familia Inchauspe (como las que encontramos en Cellorigo o esa francesa Maison Hélène) hallan marqueses, baronesas y vicecónsules, el arropamiento arquitectónico y decorativo que mejor conviene a sus personalidades.

Los afortunados protagonistas de esta novela (digamos que, a pesar de su grado de sofisticación y punto de pedantería, resultan cercanos) se encuentran calzados de forma natural en ese lujo pero, debido a sus ideales políticos, no dudan en abandonarlo para arriesgar sus vidas con arrojo e intrepidez, tanto a la hora de recuperar valiosos cuadros, como persiguiendo un maletín que contiene toxinas para construir letales armas biológicas –última esperanza de Hitler para ganar la guerra–. Para ello, el autor recrea unas atmósferas cinematográficas que irían desde la conseguida por Alfred Hitchcock en «Encadenados» (USA 1946) para sus capítulos iniciales, pasando por «Espía por mandato» (George Seaton, USA 1960) para la parte central de la novela, y recurriendo a la mismísima «Casablanca» (Michael Curtiz, USA 1942) para su desenlace.

Nelly (Sophie Noerlinger, Monique de Bissy, Nenette, y la baronesa Wendeline Cordelia D’ Oultremont-Conswarem: todos los nombres –creo– de esta imborrable dama) es una joven de la resistencia belga que logra escapar de sus captores alemanes. Rescatada por una red de evasión aliadófila llamada Comète, y tras un duro periplo que la deja exhausta, es escondida en la mansión Villablanca, propiedad de Martín de Inchauspe, marqués de santa Clara. Ayudado por su hermana Ana Eugenia y atendida competentemente pronto se logra que Nelly recupere la salud.

La conmovedora historia de amor entre Nelly y Martín es el hilo conductor de «Todos tus nombres», ambicioso libro que termina siendo un retablo de cómo se vivió el final de la Segunda Guerra Mundial en España (más concretamente en Vizcaya y Madrid). Las ansias depredatorias de aquellos nazis aún en puestos de importancia durante el verano de 1944 (haciéndose, por ejemplo, con valiosísimos cuadros –de Vermeer, Van Dyck, Boucher, Van Gogh, etcétera– saqueados a sus legítimos dueños –en ese «sálvese quien pueda» que acompaña al hundimiento de cualquier régimen–), y los desesperados intentos de algunos iluminados por dar un giro a los funestos acontecimientos bélicos fabricando el «arma definitiva», son las principales líneas narrativas que –ensamblándose sin artificio y con agilidad– arropan el romance entre la joven belga y el marqués negurítico.

Martín Inchauspe (Alphonse de Saint Cassin es su otra identidad) viene de ser héroe de guerra (Cruz Roja del mérito militar); economista de formación keynesiana en julio de 1936 se alista como alférez provisional y participa en las tomas de Bilbao y Brunete, siendo gravemente herido en el Frente de Aragón. Católico practicante de misa diaria en ningún momento de «Todos tus nombres» se nos explica el más que evidente –y tempranero– desencanto que este noble juanista siente hacia los nuevos gobernantes de su país (gobernantes que él ha colaborado en aupar). Este mérito el lector lo irá entreviendo gracias a situaciones tan reveladoras como el altercado que Inchauspe tiene con el jefe provincial del movimiento durante la recepción a Franco en el Ayuntamiento de Bilbao (capítulo VI), o cuando él mismo aclara cómo su forma de vivir el catolicismo está tan alejada del comunismo como del nazismo y el falangismo.

Con contactos entre importantes nazis como Hans Lazar (creador y organizador del aparato propagandístico del régimen nazi en España) o Paul Winzer (el comandante al que consigue un buque), pero trabajando para el SOE (Special Operations Executive) que dirige Arthur Dyer (el viceconsul inglés), este complicado equilibrio «a lo Oscar Schindler» está a punto de costar la vida a Martín. Liado con Clara Stauffer Loewe, bella nazi que reside en Madrid y colaboradora del Nationalsozialistische Volkswohefahrt (organización de asistencia social), al enamorarse de la belga Nelly la vida de Inchauspe, debido a los celos patológicos de la alemana, termina por entrar definitivamente en una espiral de montaña rusa.

Haber sabido transmitir las angustias, los vaivenes políticos, religiosos y amorosos del corazón de su principal protagonista, es una virtud mayor de Fernando García Pañeda en «Todos tus nombres», novela formidable con la que quedarán como reyes en estas Navidades
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nació en Bilbao en 1966 y es diplomado en Relaciones Laborales y máster en Prevención (especialidad Seguridad e Higiene en el Trabajo). Residió un año en Buenos Aires tras ser becado por el Gobierno Vasco para llevar a cabo un trabajo sobre la legislación laboral argentina. En la actualidad se dedica en exclusiva a escribir guiones cinematográficos y a la literatura. En 2015 ha editado con Ediciones Oblicuas su primera novela, “Alcohol de 99º”. Recientemente ha terminado “Prosas para eunucos”, un libro de relatos en busca de editorial. Además de para Cita en la Glorieta, también reseña para las revistas Calibre. 38 y Moon Magazine.


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Javier Alonso García-Pozuelo