Os ofrecemos una nueva colaboración de Pablo Aguilera, miembro fundador de LA GATERA DE LA VILLA, una iniciativa sin ánimo de lucro que publica una revista gratuita sobre historia y urbanismo de Madrid.
Puedes descargarte la última colaboración de mi amigo Pablo con la Semana Negra en la Glorieta, pinchando a AQUÍ.
Un fuerte abrazo,
Javier Alonso García-Pozuelo
Puedes descargarte la última colaboración de mi amigo Pablo con la Semana Negra en la Glorieta, pinchando a AQUÍ.
Un fuerte abrazo,
Javier Alonso García-Pozuelo
![]() |
| Diseño: Pedro López Carcelén |
PECOSOS Y PELIRROJOS
Pablo Jesús Aguilera Concepción
Pablo Jesús Aguilera Concepción
El día era magnífico y salir a pasear a caballo una estupenda manera de disfrutarlo. Ensillaron los caballos y abandonaron la granja por el camino que conducía al río. Los niños iban delante y su marido y ella unos pocos metros atrás. Cerca de la ribera, donde el camino se estrecha, los jinetes se colocan en fila india, quedando ella en último lugar. Pero qué sucede… Algo ha asustado a su caballo, que se encabrita. No puede retenerlo, siente cómo pierde el equilibrio. El tiempo se ve extrañamente ralentizado, todo sucede como si transcurriera en cámara lenta: su marido acudiendo en su ayuda... la sensación de caída... el cielo alejándose... el golpe...
–¿Qué te ocurre? –El brusco respingo ha despertado a su marido, que enciende la luz de su mesilla y se reincorpora a medias en la cama. Ella aún respira agitada–. ¿Has vuelto a tener una pesadilla?
–Sí,... Otra vez he vuelto a soñar con... ya sabes, con ellos.
–Ya, con tu otra familia. Me voy a acabar poniendo celoso.
–No seas tonto.
–¿Cómo no habría de estarlo, si me has sustituido por un fornido granjero? Mi físico de oficinista no resiste la comparación. ¿Y qué me dices de la pobre Sara, reemplazada por dos niños pecosos y pelirrojos como tú?
Y aunque ella sonríe, su rostro la traiciona.
–Venga, no deberías darle importancia. Al fin y al cabo son sólo sueños, historias creadas por nuestro subconsciente, relatos absurdos tejidos con retazos que nuestra mente toma de aquí y de allá.
– No, no son historias sin sentido –protesta–, son como... como escenas proyectadas de la vida de otra persona, sí, pero no es otra persona, soy yo, yo la protagonista y al mismo tiempo la espectadora. Es todo tan real...
–Creo que les prestas demasiada atención a este asunto y eso hace que te obsesiones y te ocurra más veces. Venga, intentemos seguir durmiendo. Aún son las tres de la madrugada y mañana me espera un día duro en la oficina; nos toca auditoría.
–Feliz cumpleaños, mamá –repite su hermano, como un eco.
Llorosos ambos se acercan a la cama y besan su frente, mientras que el hombre que les acompaña deposita una flor entre sus manos. Ella no reacciona.
–Felicidades, cariño –y los tres se abrazan.
Durante unos instantes el silencio, sólo se ve truncado por los sollozos quedos de los niños y el sonido que emite el respirador artificial.
A un lado de la cama, sobre una pequeña repisa, hay una foto enmarcada de los cuatro, donde aparece plena de vida, sonriendo y abrazada a su marido con sus hijos, pelirrojos y pecosos como ella, posando todos delante de una granja donde, si uno se fija bien, puede divisar unas cuadras.
* * *
Se despertó, sobresaltada. Había sido tan real...–¿Qué te ocurre? –El brusco respingo ha despertado a su marido, que enciende la luz de su mesilla y se reincorpora a medias en la cama. Ella aún respira agitada–. ¿Has vuelto a tener una pesadilla?
–Sí,... Otra vez he vuelto a soñar con... ya sabes, con ellos.
–Ya, con tu otra familia. Me voy a acabar poniendo celoso.
–No seas tonto.
–¿Cómo no habría de estarlo, si me has sustituido por un fornido granjero? Mi físico de oficinista no resiste la comparación. ¿Y qué me dices de la pobre Sara, reemplazada por dos niños pecosos y pelirrojos como tú?
Y aunque ella sonríe, su rostro la traiciona.
–Venga, no deberías darle importancia. Al fin y al cabo son sólo sueños, historias creadas por nuestro subconsciente, relatos absurdos tejidos con retazos que nuestra mente toma de aquí y de allá.
– No, no son historias sin sentido –protesta–, son como... como escenas proyectadas de la vida de otra persona, sí, pero no es otra persona, soy yo, yo la protagonista y al mismo tiempo la espectadora. Es todo tan real...
–Creo que les prestas demasiada atención a este asunto y eso hace que te obsesiones y te ocurra más veces. Venga, intentemos seguir durmiendo. Aún son las tres de la madrugada y mañana me espera un día duro en la oficina; nos toca auditoría.
* * *
–Feliz cumpleaños, mamá.–Feliz cumpleaños, mamá –repite su hermano, como un eco.
Llorosos ambos se acercan a la cama y besan su frente, mientras que el hombre que les acompaña deposita una flor entre sus manos. Ella no reacciona.
–Felicidades, cariño –y los tres se abrazan.
Durante unos instantes el silencio, sólo se ve truncado por los sollozos quedos de los niños y el sonido que emite el respirador artificial.
A un lado de la cama, sobre una pequeña repisa, hay una foto enmarcada de los cuatro, donde aparece plena de vida, sonriendo y abrazada a su marido con sus hijos, pelirrojos y pecosos como ella, posando todos delante de una granja donde, si uno se fija bien, puede divisar unas cuadras.
***


