La cárcel Modelo de Madrid y la ejecución de Higinia Balaguer


Fachada principal de la Cárcel Modelo de Madrid
- Manuel Nao -
(1883)

"La cárcel Modelo de Madrid era tan imponente que, al verla, después de un largo paseo por la calle de la Princesa, me hizo sobrecogerme como nunca antes. El edificio, gigantesco y robusto, se levantaba en una loma desde la que se podía admirar la cercana sierra en todo su esplendor. Las montañas, desnudas en esa época del año, se alzaban como un muro a lo lejos, y me hacían pensar en que más allá seguirían estando ya mi Duero, mis pequeñas tachuelas en forma de monte, mis noches templadas aun en verano. Pero, volviendo al edificio, uno no podía dejar de temblar al ver semejante monstruo. Te recibía con una torre central, alta y estrecha, que terminaba en el infinito con un tejado picudo, con dos torres de vigilancia a los lados, simétricas, que en su conjunto dotaban al edificio de una elegancia coronada con un reloj enorme en el centro. A ambos lados, la mole de ladrillo se veía salpicada de infinitos balcones, la mayoría de ellos abiertos a esa hora de la tarde en la que el sol abrasa. Quizás lo que más me impresionó fuese que, desde el interior, llegaban hasta nosotros las voces de los presos, una especie de rumor constante que convertía al conjunto de convictos en una masa uniforme. Yo, que venía de un mundo donde la soledad era parte fundamental del individuo, no podía creer que semejante cantidad de personas pudiera agolparse en un mismo recinto."

Un episodio nacional (Espasa, 2019)
Carlos Mayoral


La cárcel Modelo de Madrid y la ejecución de Higinia Balaguer, por Pablo Aguilera
LA CÁRCEL MODELO
«Una de las reformas que la construcción de la Cárcel Modelo ha de realizar es la referente a la ejecucion de las sentencias de muerte: en el nuevo edificio está prevista la posible terminación de las ejecuciones públicas: hay en ella un sitio, dentro de los muros, destinado al cadalso: hasta ahora, la idea predominante respecto de tan triste necesidad de gobierno, que aquí no he de discutir, es que se cumplan las justicias en un sitio elevado de la Cárcel, donde la muchedumbre pueda presenciarlas».1
La Cárcel Modelo se construyó en lo que por entonces eran los arrabales de Madrid, en el lugar que  hoy ocupa el Cuartel General del Ejército del Aire. Las obras de construcción se iniciaron en 1877 y finalizaron en 1884. Su puesta en marcha dio el cierre a la conocida como Cárcel del Saladero, edificio penitenciario sito en la Plaza de Santa Bárbara y que estuvo prestando servicio desde 1833 hasta 1884.

La primera ejecución en la Cárcel Modelo tuvo lugar el 11 abril 1888, con el ajusticiamiento por garrote de Vicente Camarasa, acusado de asesinato, junto con sus instigadores, Pedro Cantalejo y Francisca Pozuelo. Entre los asistentes al acto se encontraba Pío Baroja, por entonces un adolescente, que dejó constancia escrita del hecho:
«Pocos años más tarde era estudiante en Madrid del Instituto de San Isidro. Había allí bastante granujería de los barrios bajos del pueblo. Una mañana un condiscípulo propuso hacer novillos e ir a ver cómo ejecutaban a los reos de la Guindalera, dos hombres y una mujer. Fuimos unos cuantos. Llegamos tarde. Tres siluetas negras de agarrotados se destacaban al sol en el tablado puesto al ras de la tapia de la cárcel Modelo. La mujer estaba en medio. La habían matado la última, según decía la gente, por ser la más culpable. El espectáculo era terrible, pero al menos de lejos tenía algo de teatro.»2
En esta cárcel tuvo lugar la última ejecución pública en Madrid, la de Higinia Balaguer, acusada del crimen conocido como de la calle de Fuencarral, un asesinato que alcanzó una gran expectación mediática en la época. Higinia fue ajusticiada por garrote vil el 19 de julio de 1890.

Higinia Balaguer
(dibujo de Benito Pérez Galdós)

HIGINIA BALAGUER

«A primera hora de la mañana vistieron a Higinia y le pusieron encima de su ropa la hopa negra y demás lúgubres accesorios. A las siete y veinte de la mañana entraron en la cárcel diez hermanos de la cofradía de la Paz y la Caridad, con hachas verdes encendidas, precediendo a un sacerdote. Los desmontes que rodeaban la cárcel se llenaron de un gentío que se preparaba como si eso fuera una verbena.
  Cuatro compañías de Infantería se colocaron a ambos lados del patíbulo. [...] El primer peldaño de la escalera hacia el cadalso estaba unido al escalón de piedra de la capilla, de forma que al salir Higinia tenía que poner el pie en la escalera que la llevaría a la muerte.
   Cuando Higinia subió los veintiséis escalones de acceso al tablado, al ver aquel aparato de madera y hierro, se estremeció. Cuando reparó en la multitud que la miraba, rompió a llorar. De pronto gritó: «¡Dolores es la culpable!». Y mirando al verdugo le dijo: «¡Ay, Paco, qué inocente vas a matar!».
El verdugo cubrió la cara de la condenada con un pañuelo negro, le sujetó los pies y la falda, empleó una ancha correa para sujetar la cintura al madero y ciñó la cogotera al cuello de la mujer. Ella estrujaba entre sus manos un pañuelo blanco. Los cofrades de la Paz y la Caridad, junto con el cura, comenzaron a rezar el Credo. El verdugo giró la manivela y apretó con mano firme, sin vacilar [...]. 3
«Higinia murió a las ocho y un minuto. Catorce mil personas asistieron a la ejecución. Terminado el espectáculo, el ejecutor de sentencias desató la cuerda y la correa y después de quitar la argolla, los hermanos de la Paz y la Caridad sustituyeron la ropa negra por un hábito de la orden de San Francisco. Se retiró el cadáver, que fue colocado en un féretro forrado de estameña negra, con una cruz de cinta blanca [...]» 4
Entre el numeroso público asistente se encuentran la Condesa de Pardo Bazán, Benito Pérez Galdós y de nuevo Pío Baroja, que una vez más dejó testimonio del ajusticiamiento:
«[…] presencié la ejecución de Higinia Balaguer desde los desmontes próximos a la cárcel Modelo, a una distancia de trescientos o cuatrocientos metros. Hormigueaba el gentío. Soldados de a caballo formaban un cuadro muy amplio. La ejecución fué rápida. Salió al tablado una figura negra. El verdugo le sujetó los pies y las faldas. Luego, los Hermanos de la Paz y Caridad y el cura, con una cruz alzada, formaron un semicírculo delante del patíbulo y de espaldas al público. Se vió al verdugo que ponía a la mujer un pañuelo negro en la cara, que luego daba una vuelta rápidamente a la rueda, quitaba el pañuelo y desaparecía. Enseguida el Cura y los Hermanos de la Paz y la Caridad se retiraron y quedó allí la figurita negra, tan pequeña, encima de la tapia roja de ladrillo, ante el cielo azul, claro de una mañana madrileña.» 5
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1. “El Liberal”, 13 de abril 1885. 
2. “Ejecuciones y verdugos”, artículo de Pío Baroja publicado el 13 de agosto de 1939 en el periódico bonaerense “La Nación”. Citado en “Garrote Vil”, de Eladio Romero.
3. Higinia murió a la cuarta vuelta del torniquete.
4. “Sirvientas asesinas”, de Marisol Donis Serrano.
5. “Ejecuciones y verdugos”, artículo de Pío Baroja publicado el 13 de agosto de 1939 en el periódico bonaerense “La Nación”. Citado en “Garrote Vil”, de Eladio Romero.

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Pablo Aguilera en la Glorieta
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es aficionado a la música y a la historia, socio fundador de la desaparecida asociación "Amigos del Foro Cultural de Madrid" y de la revista cultural "La Gatera de la Villa". 

Además de diversos artículos sobre la historia de Madrid, es autor del libro El levantamiento del 2 de mayo de 1808.