Lecciones de Medicina para escritores (6), por Osvaldo Reyes

MEDICINA PARA ESCRITORES 
por Osvaldo Reyes
Lección 1: La bala asesina
Lección 2: Sangre
Lección 3: De abortos y golpes
Lección 4: El dulce veneno del asesinato
Lección 5: El conocimiento es poder
Lección 6: Todo está conectado
Lección 7: No te recuerdo
Lección 8: Conversaciones con la muerte
Lección 9: La huella perdida
Lección 10: El peso del agua

La lección de anatomía del Dr. Nicolaes Tulp
(Rembrandt)

Lección 6Todo está conectado
por Osvaldo Reyes
Imaginen el siguiente escenario: Un hombre va caminando por la calle. Se detiene en una esquina a fumarse un cigarrillo, su rostro apenas iluminado por la luz de una farola lejana y del encendedor. Aspira con lentitud y evidente placer.  Al soltar el humo, una mano cae con fuerza, tumbando el cigarrillo de sus labios. No tiene tiempo de gritar. La mano tapa su boca y por el lado contrario, un filoso cuchillo se apoya sobre su cuello. La farola ilumina en un destello el metal deslizándose y las gotas de sangre saltando de la herida. El hombre trata de defenderse, pero no tiene fuerzas. Su asesino lo deja caer al piso. Mira la hoja serrada manchada de sangre. Sus dedos tiemblan. Sintió el filo deslizarse sobre el borde de la columna, de lo profundo que cortó. Temió que se fuera a trabar, pero fluyó como un cuchillo caliente sobre mantequilla. Clavó sus ojos en el cuerpo en el piso. Sus ojos abiertos, sus manos tratando de detener el flujo de sangre. Con un gorgoteo acompañando cada sílaba, escuchó al hombre en el piso decir: No te saldrás con la tuya. El asesino limpia el cuchillo en su ropa y le responde: Ya lo hice.

Una escena como cualquier otra que podrían encontrar en un libro. Lo malo es que no puede ser cierta. No sigan leyendo. Si no vieron el error, regresen y vuelvan a leer el párrafo. Si lo encuentran o se rinden, pasen a la siguiente línea.

Al describir una escena, pensamos en términos independientes y se nos olvida que todo está conectado. Un cuchillo que corta tan profundo como para llegar a la columna, cortaría todas las estructuras aledañas. Eso incluye los vasos del cuello (ya tocamos el tema en otro módulo), los nervios y, según el nivel del corte, la tráquea y las cuerdas vocales. La víctima no debió tener la capacidad de hablar, ya fuera por la lesión de los nervios que controlan las cuerdas vocales o por una injuria directa a las vías respiratorias.

Al describir una escena médica o un pasaje donde se menciona la lesión de un órgano, es bueno revisar que otro órgano hay cerca y preguntarse cómo afectaría mi actuar el funcionamiento de esta estructura. Es como cuando hablamos de las heridas de bala. Lo que daña una parte del cuerpo, generalmente afecta a toda la zona.

Un ejemplo más reciente lo pueden encontrar en la serie Juego de Tronos (Game of Thrones). Si la vieron, recordarán la escena. Arya Stark quiere regresar a Invernalia (Winterfell), después de entrenarse como asesino de los Hombres sin Rostro. Al desobedecer una orden, Jaqen H'ghar ordena a su acólita que mate a Arya. Haciéndose pasar por una viejecita, se logra acercar a ella y le entierra un puñal de unos veinte centímetros varias veces en el abdomen. Al final, incluso lo retuerce en su interior. Arya logra escapar, llegar a la casa de la persona que debió matar y ella logra curar todas sus heridas. En menos de 24 horas, debe escapar nuevamente de la acólita y logra enfrentarse a ella, derrotándola sin mayores problemas. Para cuando le hace frente a su mentor Jaqen H’ghar, está completamente curada y sale del templo caminando como si nada hubiera pasado.

Una herida con un cuchillo de veinte centímetros en el sitio donde se ve que la acólita entierra la hoja, debió matar a Arya. Debió puncionar la arteria aorta (lo que debió hacer que muriera desangrada) o la vena cava (igual de mortal). De haberse salvado de una lesión vascular, por lo menos debió perforar un intestino y la muerte por sepsis ser su destino final.

¿Cuál era la solución? Hacer que la herida fuera en el costado, donde la posibilidad de una lesión vascular o intestinal es menor. Un brazo o una pierna sangran igual. Es solo cuestión de adaptar la realidad con el efecto que se busca.

Y no pretender que un herido de muerte se autorepare (a no ser que sea Wolverine o un ente cibernético)
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Osvaldo Reyes (Panamá, 1971)
estudió medicina en la Universidad de Panamá y luego se especializó en Ginecología y Obstetricia en la Maternidad María Cantera de Remón. Actualmente labora como médico especialista en la Maternidad del Hospital Santo Tomás, donde también ejerce funciones como Coordinador de Investigaciones. Es profesor de la Cátedra de Obstetricia de la Universidad de Panamá y miembro del Sistema Nacional de Investigadores.
 

Ferviente lector y escritor del género negro, con ocho libros (El Efecto Maquiavelo, En los umbrales del Hades, Pena de muerte, La estaca en la cruz, Sacrificio, El canto de las gaviotas, El cactus de madera y Asesinato en Portobelo) y dos colecciones de cuentos (13 gotas de sangre y 13 candidatos para un homicidio) publicados a la fecha. Sus relatos forman partes de diferentes antologías (Escrito en el agua, Pólvora y sangre, Círculo de Lovecraft # 9) y es ganador del Primer Premio de Narrativa Corta (2017) del Panama Horror Film Fest. Osvaldo Reyes coordina la jornada dedicada al género negro en Latinoamérica de nuestra Semana Negra en la Glorieta