Os ofrecemos, por cortesía de su autor, César Guessous Sacristán, cinco microrrelatos de «Sálvese quien pueda», su primer libro de microficción.
César Guessous Sacristán (Las Palmas de Gran Canaria, 1986). Canario de nacimiento, pero malagueño de corazón. Ha estudiado la carrera de Traducción e Interpretación en la Universidad de Málaga y, en la actualidad, trabaja como profesor de lengua francesa, traductor y profesor de Traducción en la Universidad de Málaga. Su pasión por la literatura española y francesa y por la traducción literaria le dieron el impulso necesario para comenzar a escribir sus primeros microrrelatos al tiempo de volver de París, ciudad que le hizo crecer a pasos agigantados tras una estancia de más de tres años. La buena acogida que han tenido sus pequeñas historias le ha animado a publicar «Sálvese quien pueda» con la editorial Círculo Rojo.
Puedes seguir a César Guessous Sacristán en INSTAGRAM y comprar el libro en AMAZON.
César Guessous Sacristán (Las Palmas de Gran Canaria, 1986). Canario de nacimiento, pero malagueño de corazón. Ha estudiado la carrera de Traducción e Interpretación en la Universidad de Málaga y, en la actualidad, trabaja como profesor de lengua francesa, traductor y profesor de Traducción en la Universidad de Málaga. Su pasión por la literatura española y francesa y por la traducción literaria le dieron el impulso necesario para comenzar a escribir sus primeros microrrelatos al tiempo de volver de París, ciudad que le hizo crecer a pasos agigantados tras una estancia de más de tres años. La buena acogida que han tenido sus pequeñas historias le ha animado a publicar «Sálvese quien pueda» con la editorial Círculo Rojo.
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Amor a tercera vista
César Guessous Sacristán
César Guessous Sacristán
Nadie pudo evitarlo: se enamoraron a tercera vista. Era uno de esos amores prohibidos e imprudentes, alimentado por fantasías e ilusiones; anhelos que tarde o temprano desembocarían en el mar. Porque, aunque nadie lo supiese, ellos solo querían saber a qué olían las olas, querían dejar las huellas de sus pies desnudos en la arena. Deseaban, por encima de todo, ser testigos del mar por primera vez en sus vidas y estar juntos hasta que la vida los separase. Aquella cálida tarde de verano, sus arrugadas manos se entrelazaron y sintieron por primera vez el tacto de la arena mientras sus hijos y sus nietos no acertaban a comprender cómo habían podido fugarse de la residencia.
Sálvese quien pueda (Círculo Rojo, 2018)
El cercano oeste
César Guessous Sacristán
César Guessous Sacristán
Darse un chapuzón en el lago que había cerca de la casa de sus tíos era lo que más echaba de menos desde que la ciudad se había convertido en una inmensa cárcel a cielo descubierto. Aunque lo intentase con todas sus fuerzas, no lograba comprender por qué un puñado de adultos había decidido que ya no podía volver a jugar con sus primos en aquel lugar. Aun así, él no perdía la esperanza y, desde la ventana de su celda de aquel barrio de Berlín, fantaseaba con el día en que, al despertar, aquel muro hubiese desaparecido para siempre.
Sálvese quien pueda (Círculo Rojo, 2018)
Perdiendo el sur
César Guessous Sacristán
César Guessous Sacristán
Aquella madrugada comprendió, más que nunca, que el mundo solo le pertenecía a quienes se atrevían. Y, a pesar de no haber cumplido todavía los 13 años, hacía tiempo que sentía esa necesidad imperiosa de dar un paso adelante y comenzar a trazar su propio camino. Era totalmente consciente de que en la vida había que correr ciertos riesgos y peligros para alcanzar un sueño; y el suyo, caprichosamente, estaba a escasos kilómetros. El sol aún no había aparecido en el horizonte cuando, tras reunir el valor suficiente, se escondió en los bajos del camión con la esperanza de perder el sur para encontrar su norte.
Sálvese quien pueda (Círculo Rojo, 2018)
Hora punta
César Guessous Sacristán
César Guessous Sacristán
—Joder, que saquen a ese tío de ahí, voy a llegar tarde al trabajo —comentó un señor trajeado con cara de pocos amigos.
—¡Anda que vaya tela! No podría haber elegido este tío otra línea para hacer esto… —prosiguió una chica que llegaba tarde a la universidad.
—¡Buah! !Con este video seguro que paso de los mil likes! —exclamó fascinado otro chico de 16 años que grababa con su móvil.
—Se le debería caer la cara de vergüenza. Montar este lío en hora punta... —sentenció una señora que fruncía el ceño como señal de desaprobación.
Avergonzado por los reproches de la gente que esperaba en el andén de la línea 7, el suicida recogió los restos que había dejado esparcidos por las vías y se marchó totalmente ruborizado.
—¡Anda que vaya tela! No podría haber elegido este tío otra línea para hacer esto… —prosiguió una chica que llegaba tarde a la universidad.
—¡Buah! !Con este video seguro que paso de los mil likes! —exclamó fascinado otro chico de 16 años que grababa con su móvil.
—Se le debería caer la cara de vergüenza. Montar este lío en hora punta... —sentenció una señora que fruncía el ceño como señal de desaprobación.
Avergonzado por los reproches de la gente que esperaba en el andén de la línea 7, el suicida recogió los restos que había dejado esparcidos por las vías y se marchó totalmente ruborizado.
Sálvese quien pueda (Círculo Rojo, 2018)
Honras fúnebres
César Guessous Sacristán
César Guessous Sacristán
El
paisaje era desolador: era la primera vez que veía a mi padre
derrumbarse de aquella manera. Ni siquiera durante el funeral de mi
pobre abuelo le había visto tan roto y abatido; con la mirada tan
perdida. Me abracé a él con fuerza para intentar animarlo, pero no había
consuelo alguno: el árbitro había pitado el final del partido.
Sálvese quien pueda (Círculo Rojo, 2018)

