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Microrrelatos de amor y desamor (VI)

La siguiente selección de microrrelatos ha sido escogida para CITA EN LA GLORIETA por Fernando Gómez Lamadrid, fundador de la página de facebook TOPmicrorrelatos.  


PABELLÓN DE CÁNCER
Fernando Iwasaki
Al principio no entendí por qué me había mandado llamar, pues hacía más de doce años que estábamos divorciados. Nunca quiso aceptar nuestra separación y siempre trató de responsabilizarme de sus penurias, sus desamores, sus amarguras. Tampoco fue fácil para mí sobreponerme a la soledad. El penetrante olor del hospital me trajo a la memoria otras agonías, otros muertos, otras pesadillas.

En la penumbra de la habitación distinguí el brillo exangüe de sus ojos, y me enfrenté a la mirada líquida de aquel cráneo árido y verdoso, vagamente familiar. ¿Qué puedo hacer por ti?, pregunté tragando saliva. Entonces encendió la luz.

Cualquier semejanza con el rostro que alguna vez amé había desaparecido para siempre, y no tuve más remedio que huir cuando las negras encías de aquella atrocidad insinuaron una perversa sonrisa, pues comprendí que me había llamado para que su recuerdo me acosara mientras viviera
.

SIN AMOR
Carmen Roiz
 Miro al mar mientras me descalzo y me siento en la arena. Mi vestido blanco, largo, está mojado. No recuerdo cuando perdí el velo. El viento me despeina, siento frío. Me levanto y voy de un lado a otro, por la orilla. El mar, el cielo, lo ocupan todo. Marcos se acerca y se detiene a mi lado.

–Te he buscado toda la noche.

No digo nada, no lo miro. Huele a arena, a sal.

-No puedes dejarme, no sin una explicación.

–Aquí no existen palabras, –le digo volviéndome hacia el mar.

–Entonces, ¿dónde?.

–Lejos, en la mentira
.

Ella observa cómo el hombre se acerca mirándola con ansias. Para medirlo, le basta. Lo sabe torpe, principiante.
 

—Va a intentar abordarme —piensa. Y se estremece ante la expectativa: pronto disfrutará una emoción violenta.
 

El hombre recorre con la vista su silueta, desde la base hasta la cumbre y comienza a escalarla.
 

Ella, como siempre, espera el error.


TRIÁNGULO AMOROSO
Ana María Shua
A ama a B que ama a C. Como se observa a simple vista, B está embarazada. Determine el sexo de A y C y enumere todas las combinaciones posibles en cuanto a las preferencias sexuales en los vértices del triángulo ABC, considerando que no hace falta amor para provocar un embarazo y que hay en el alfabeto tantas otras letras, en el universo, tantos dispares alfabetos.

VIRGEN
Teresa Serván
Liberado al fin del bastón blanco, el hombre ciego se recuesta en la cama junto a la muchacha. Su barba recia contrasta con la suave melena femenina, empapa el olor que ella desprende e imagina sus curvas.

Tumbada junto a él, la joven parece una niña, duda, es la primera vez que se ofrece a un hombre y el rubor de sus manos delata la timidez virginal. Entonces olvida el bastón y el perro que custodia la puerta y, pudorosamente, apaga la luz
.

Cada tarde al volver del trabajo en el tren de cercanías de las 18:45, veo a mi mujer de pie en el andén alzando cada tanto la cabeza, como si buscara a alguien. Cuando el tren ya ha reanudado su marcha, me acerco a ella y le digo:
   

—Siento que hayas tenido que esperar tanto, pero hoy iba con algo de retraso… Eh, ¿me escuchas?… Soy tu marido… ¡María! ¡María!…
 

Ella mira y mira ensimismada, mientras nuestro perro me ladra. Cuando no queda nadie en el apeadero se va entre lágrimas. Así llevamos desde que estalló aquella bomba en el vagón.

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Microrrelatos de amor y desamor (V)

La siguiente selección de microrrelatos ha sido escogida para CITA EN LA GLORIETA por Fernando Gómez Lamadrid, fundador de la página de facebook TOPmicrorrelatos.  


EL GOFRE
Beatriz Alonso Aranzábal
Cuando la enfermera le preguntó la edad respondió: “El 16 de julio cumplo cuarenta”. Podía haber añadido: “Nací el día en que un astronauta pisó la luna”, pero tampoco quería darse importancia. Se había hecho un corte en el dedo, en la cocina de casa, y había salido disparado a Urgencias porque notó cómo la cuchilla de la batidora confundía su dedo con el trozo de mantequilla (“¡Por qué se pondría a hacer gofres con una receta alemana!”). Al taxista le dijo que lo llevara a toda velocidad, pero éste al ver dañado un simple dedo puso cara de desprecio: no iba a saltarse él ningún semáforo por tan poca cosa. En el trayecto el pañuelo se fue coloreando de escarlata, y el hombre suspiró: “Mamá”. Mientras esperaba a ser atendido vio a un hombre con una brecha en la cabeza, acompañado de una mujer con cara de haberle dado con el rodillo. Sintió una ligera envidia, no por el golpe, sino por tener a una mujer. Aquel hombre diría a la enfermera: me he chocado con el canto de la puerta. Y ésta pondría cara de: “denúnciala”. Pero todo seguiría igual. Entonces se alegró de no tener mujer. Pero duró poco, porque miró a la enfermera, y se enamoró de ella mientras le tomaba la tensión. Entonces ella le preguntó: “¿Qué le ha pasado?” y el hombre respondió: “Nací el día en que un astronauta pisó la luna”. “Enseguida le atenderá el doctor”, dijo la enfermera antes de cambiar de paciente. Tumbado sobre la camilla y bajo unos focos notaba cómo le cosían el dedo índice. Dolía. “¿Cuántos días tendré que permanecer en el Hospital? Miren que se acerca mi cumpleaños”. “Procure no mojarse el dedo hasta mañana”, le respondieron, y sin darse cuenta estaba ya fuera del hospital. Mientras regresaba a casa se asustó al pensar que la punta del dedo podía haber salido por los aires y la cirugía habría sido harto complicada. Entró a la cocina y decidió seguir batiendo la mantequilla: la sangre sólo había salpicado la encimera. Al fin y al cabo quería merendar un gofre. Estaba solo. Podía hacer lo que le diera la gana.

AMORES CANSADOS
Fernando López
Érase un mascarón que vivió en la proa de un barco viajando a lo largo y a lo ancho de los mares. No hubo rincón ni playa ni paraje alguno que pasara desapercibido a sus ojos ávidos de todo. Pero a lo largo de los años comenzó a sentir el deseo de asentarse en tierra firme, de conocer a alguien que llenara con besos el vacío que no llenaban ya los mares. Para entonces, su hermoso traje azul y sus ojos soñadores habían perdido el color consumidos por la sal.

Cierta vez, en uno de los puertos a que arribó la nave, descubrió en un pequeño escenario de titiritero a una hermosa marioneta que soñaba con viajar. Había vivido siempre en ese puerto mirando llegar y partir los barcos, y había soñado con conocer a alguien que la llevara a recorrer el mundo, a visitar con sus ojos lo que sólo visitaba con la imaginación. El viento marino despeinaba sus cabellos lacios y su cuerpo de madera repetía, mecánicamente, las palabras del titiritero.

Así se conocieron el mascarón y la marioneta. Se besaron. Visitaron la playa cercana y se amaron en la arena, prometiéndose una colección de muñequitos de madera a los que darían un nombre y llevarían a la escuela, ayudarían a crecer y a ser felices. Y así durante varias noches, en las que el barco estuvo anclado en la bahía a la espera de buen tiempo y después durante varios inviernos, hasta que el cansancio del mar y el cansancio de la tierra les trajeron la indiferencia y el desamor
.

VIDAS BREVES (fragmento)
John Aubrey
Richard, Conde de Dorset, se enamoró de la célebre cortesana Mrs. Venetia Stanley, casada con Sir Kenelm Digby. Una vez por año la invitaba a ella y a su marido, y en tal ocasión la contemplaba con mucha pasión y deseo, permitiéndose tan sólo besarle la mano, siempre en presencia de su señor marido.

EL VEREDICTO
Alfonso Reyes
La mujer del fotógrafo era joven y muy bonita. Yo había ido en busca de mis fotos de pasaporte, pero ella no me lo quería creer.
 

–No, usted es el cobrador del alquiler, ¿verdad?
–No, señora, soy un cliente. Llame usted a su esposo y se convencerá.
–Mi esposo no está aquí. Estoy enteramente sola por toda la tarde. Usted viene por el alquiler, ¿verdad?
 

Su pregunta se volvía un poco angustiosa. Comprendí, y comprendí su angustia: una vez dispuesta al sacrificio, prefería que todo sucediera con una persona presentable y afable.
 

–¿Verdad que usted es el cobrador?
–Sí –le dije, resuelto a todo–, pero hablaremos hoy de otra cosa.
 

Me pareció lo más piadoso. Con todo, no quise dejarla engañada y al despedirme le dije:
 

–Mira, yo no soy el cobrador. Pero aquí está el precio de la renta, para que no tengas que sufrir en manos de la casualidad.
 

Se lo conté después a un amigo que me juzgó muy mal:
 

–¡Qué fraude! Vas a condenarte por eso.
 

Pero el Diablo, que nos oía dijo:
 

–No, se salvará.

CALIDAD Y CANTIDAD
Alejandro Jodorowsky
No se enamoró de ella, sino de su sombra. La iba a visitar al alba, cuando su amada era más larga.

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Microrrelatos de amor y desamor (IV)

La siguiente selección de microrrelatos ha sido escogida para CITA EN LA GLORIETA por Fernando Gómez Lamadrid, fundador de la página de facebook TOPmicrorrelatos.  


JERSEYS Y CAZADORAS
Beatriz Alonso Aranzábal
En el armario familiar las cazadoras de mi padre abrazaban los jerseys de mi madre, y los tacones de ella pisaban las botas de él. Al cabo de los años, lo cambiaron y compraron uno de dos cuerpos, y de paso sustituyeron la cama matrimonial por dos colchones de látex. Ahora cada uno tiene su propia habitación, su propio armario, y sus calcetines se enredan, muy de vez en cuando, en la lavadora.

EDIPO COMPLEJO
Raúl Brasca
Aquel apuesto escritor se casó con una muchacha lesbiana para ocultar que era la amante de su madre. A continuación, disfrazado de marido infiel, fue el más promiscuo campeón sexual de la ciudad. Parecía la solución ideal, pero no resultó. Cada tanto, insatisfecho, sentía la necesidad imperiosa de hacerlo con su mujer y ella, que era una intuitiva, lo recibía con resignación, lo excitaba contándole lo que hacía con su madre, lo acariciaba como ella lo haría y le permitía dormirse con la cabeza entre sus pechos. Eso lo calmaba por un tiempo.

Complejo de Edipo
- Salvador Dalí -
(1930)

EL BESO Y EL ADIÓS
Ramón de Peñaflor
–Ha llegado el momento de separarnos, amor. Te prometo que algún día serás mía definitivamente... –musitó Sebastián con un suspiro, tras estamparle un cálido y prolongado beso con toda la pasión de que pudo hacer acopio.
 

La magia de aquel sublime instante fue rota sin miramientos por el tiránico vozarrón del dependiente:
 

–¡Hágame el favor de no babear las revistas si no las va a comprar!

EL MONJE FURIOSO
Anónimo Chino
Dos monjes zen iban cruzando un río. Se encontraron con una mujer muy joven y hermosa que también quería cruzar, pero tenía miedo.

Así que un monje la subió sobre sus hombros y la llevó hasta la otra orilla.

El otro monje estaba furioso. No dijo nada pero hervía por dentro. Eso estaba prohibido. Un monje budista no debía tocar a una mujer y este monje no sólo la había tocado, sino que la había llevado sobre los hombros.

Recorrieron varias leguas. Cuando llegaron al monasterio, mientras entraban, el monje que estaba enojado se volvió hacia el otro y le dijo:

—Tendré que decírselo al maestro. Tendré que informar acerca de esto. Está prohibido.

—¿De qué estás hablando? ¿Qué está prohibido? —le dijo el otro.

—¿Te has olvidado? Llevaste a esta hermosa mujer sobre tus hombros —replicó el monje enojado.
 

El otro se rió y luego dijo:

—Sí, yo la llevé. Pero la dejé en el río, muchas leguas atrás. Tú todavía la estás cargando
.

La prostituta ha decidido dejar la calle y buscar un trabajo digno. Por recomendación de una persona caritativa, se dirige a la oficina de colocación laboral. La recibe un secretario con un traje barato y corbata oscura. Impresionado por su decisión y su belleza, le aconseja pensarlo antes de precipitarse. Todavía es joven y goza de buena salud. Llaman por el interfono al secretario, que acude al despacho del director. Le explica el caso de la prostituta. «Envíemela: veré qué puedo hacer por ella», le dice. Una hora después, el director y la mujer abandonan la oficina en el coche oficial. ¿Acaso hacia una nueva vida?




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Microrrelatos de amor y desamor (III)

La siguiente selección de microrrelatos ha sido escogida para CITA EN LA GLORIETA por Fernando Gómez Lamadrid, fundador de TOPmicrorrelatos, página de facebook sin ánimo de lucro dedicada a la microficción.  


CONFUSIÓN
Juan José Millás
Antes de que hubiera terminado de desenvolver el regalo de cumpleaños, sonó dentro del paquete un timbre: era un móvil. Lo cogí y oí que mi mujer me felicitaba con una carcajada desde el teléfono del dormitorio. Esa noche, ella quiso que habláramos de la vida: los años que llevábamos juntos y todo eso. Pero se empeñó en que lo hiciéramos por teléfono, de manera que se marchó al dormitorio y me llamó desde allí al cuarto de estar, donde permanecía yo con el trasto colocado en la cintura. Cuando acabamos la conversación, fui al dormitorio y la vi sentada en la cama, pensativa. Me dijo que acababa de hablar con su marido por teléfono y que estaba dudando si volver con él. Lo nuestro le producía culpa. Yo soy su único marido, así que interpreté aquello como una provocación sexual e hicimos el amor con la desesperación de dos adúlteros. Al día siguiente, estaba en la oficina, tomándome el bocadillo de media mañana, cuando sonó el móvil. Era ella, claro. Dijo que prefería confesarme que tenía un amante. Yo le seguí la corriente porque me pareció que aquel juego nos venía bien a los dos, de manera que le contesté que no se preocupara: habíamos resuelto otras crisis y resolveríamos ésta también. Por la noche, volvimos a hablar por teléfono, como el día anterior, y me contó que dentro de un rato iba a encontrarse con su amante. Aquello me excitó mucho, así que colgué enseguida, fui al dormitorio e hicimos el amor hasta el amanecer. Toda la semana fue igual. El sábado, por fin, cuando nos encontramos en el dormitorio después de la conversación telefónica habitual, me dijo que me quería pero que tenía que dejarme porque su marido la necesitaba más que yo. Dicho esto, cogió la puerta, se fue y desde entonces el móvil no ha vuelto a sonar. Estoy confundido.

MARIPOSAS
Jesús Esnaola
No soy un ingenuo. Las mariposas cuyos aleteos produjeron los terribles terremotos de Haití, Chile y abrieron las fauces del volcán de Islandia están muertas hace ya mucho tiempo. Para provocar semejantes catástrofes, la distancia espacio-temporal que ha de haber entre aleteo y consecuencia es de decenas, tal vez cientos de años. Solo este paréntesis convertirá la posibilidad en espantosa realidad.
    Sin embargo, pese a lo que podáis pensar de mí, no renuncio a encontrar a la maldita mariposa que, con su aleteo culpable, sacó a Sonia de mi vida
.

LA LUNA EN ESTÍO
Andrés Ibáñez
Ha llegado el estío. Los jóvenes se tienden a la sombra de los álamos y contemplan cómo las mujeres de la aldea descienden en hilera a través de las altas hierbas para lavar la ropa en las piedras blancas de la orilla del río. Una de ellas, acalorada, se suelta un poco las ropas y, entonces, en el afán de su tarea, uno de sus pequeños senos se hace visible. Y uno de los jóvenes, que está enamorado de ella en secreto, se siente poseído por la tristeza y piensa que acaba de contemplar, en mitad del día, la luna inalcanzable.

Lavanderas
- Vinicio Castillo -

MONOCROMÍA
Francesc Barberá
Ha aparecido un agujero negro en el salón. Al principio no suponía un gran problema: era, más o menos, como una pelota de ping-pong. Pero con el paso del tiempo ha ido creciendo. Según mi esposa, de manera inversamente proporcional a nuestra satisfacción conyugal. El psicólogo nos ha recomendado que hagamos cosas nuevas. Dice que si intentamos romper esa monotonía, poco a poco desaparecerá. Hoy hemos decidido hacerle caso. Cogidos de la mano, frente al agujero, nos preparamos para arrojarnos a su interior.

LA AFRENTA
Luis Mateo Díez
Te merecías todo lo que te hice menos esa última afrenta, aunque reconozco que nada exime más que lo que se hace en nombre de un amor traicionado.
    Lo que le conté en la carta era indigno porque pertenecía exclusivamente a nuestra intimidad, y estoy seguro de que cuando buscó y encontró el lunar en el recóndito secreto que sólo yo besaba, mientras tú excitada me alentabas a hacerlo, sintió la misma frustración de quien halla el cofre del tesoro vacío con la burla de quien ya lo sustrajo.
    Sé que tu amor es una pérdida definitiva y me resigno a ello, pero el secreto de ese lunar sólo a mis labios pertenece. Y cuantas veces requiera tan íntimo tesoro encontrará el vacío que queda de quien lo despojó.
    Una afrenta que a mí me tiene prisionero y a él esclavo y a ti culpable, y a los tres unidos en la desdicha porque yo te seguiré queriendo y él nunca podrá quererte del todo, y tú jamás llegarás a olvidarme, al menos mientras el lunar sostenga el recuerdo de mis besos y de mis lágrimas
.