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«Érase de una vez», libro de microrrelatos de Ana Vidal Pérez de la Ossa

Os ofrecemos, por cortesía de su autora, cinco microrrelatos de una de nuestras más admiradas y queridas escritoras de microficción, Ana Vidal Pérez de la Ossa, quien en 2016 publicó con la editorial Enkuadres su segundo libro de microrrelatos en solitario: «Érase de una vez».


LA BALLENA
Ana Vidal Pérez de la Ossa
Con la ballena ocurre como con todo. Puedes estar todo el día sentada frente al mar esperando que pase. Sabes que lo hará, como siempre; pero justo en el momento en que te agachas a mirar una hormiga, vas al baño, te despistas con el vuelo de una mosca o simplemente pestañeas, zas, pasó, se escapó y un día más perdiste la oportunidad. Aunque nunca te das cuenta, igual que con lo demás


Érase de una vez (Enkuadres, 2016)

ESTACIONADA
Ana Vidal Pérez de la Ossa

A Ángeles Sánchez

Te seguiré por todo el invierno. Porque sabes nevar como nadie, porque aunque hieles, yo no te tengo frío.

Érase de una vez (Enkuadres, 2016)


LOS PLANTONES
Ana Vidal Pérez de la Ossa
En el pueblo siempre decían que no hay novio bueno. Todos lo pensaban salvo la prima Adelaida. Ella, cuando se ponían rancios, los secaba al sol, los pelaba y recogía sus semillas en una palangana de alpaca que había heredado de su madre. Los colocaba entre algodones hasta que salían los primeros brotes y después a la tierra. Y las malas lenguas se tenían que callar la boca, porque había que ver qué buena planta tenían sus cosechas.


Érase de una vez (Enkuadres, 2016)

12:07 LOTE002541258 F. CAD: 30-04-2013
Ana Vidal Pérez de la Ossa
Teníamos fecha de caducidad. Me di cuenta un día, al levantar el fino velo que nos cubría. Sobre la capa de nada estaban los números tatuados. Nos miré con tristeza, pero pronto pensé que era preferible consumirnos antes de caducar. Entonces empezaron los gritos y reproches, los silencios y las lágrimas. Y hasta hoy, cariño, mañana nos terminamos. Tú ahí, tan entero, y yo tan gastada.


Érase de una vez (Enkuadres, 2016)

TEDIO MAÑANERO
Ana Vidal Pérez de la Ossa
Silvano González se murió de sueño después de que su amante, Fuencisla Bernabé, le hiciera el amor cuatro veces seguidas. Él luchó por su vida y por su hombría como el animal que todos sabían que era. Ella, terminada la faena, se sentó en la butaca de enfrente a contemplar las sombras que hacían los pliegues de las sábanas, ya casi amanecido el día. Y allí sigue, que no sabe si despertarlo para que se vaya de una vez o llamar a los de la funeraria y que tramiten lo de siempre.

Érase de una vez (Enkuadres, 2016)



es Licenciada en Derecho y mediadora familiar, trabaja como redactora para una editorial jurídica. Algunos de sus microrrelatos están publicados en diferentes antologías de varios autores: Cuéntame una ilustración, de Clara Varela (Ed. Editec@red), Primavera de microrrelatos indignados 2012 (Ed. Acen), De Antología, la logia del Microrrelato (Ed. Talentura), 201 Antología de microrrelatos (Ed. Altazor), 69, Antología de microrrelatos eróticos II (Altazor, 2016). Puntadas sin hilo (Las Puertas del Hacedor, 2013) y  Érase de una vez (Enkuadres, 2016) son sus dos libros en solitario.


«Microrrelatos escogidos» por Patricia Nasello (II)

La siguiente selección de microrrelatos ha sido escogida para CITA EN LA GLORIETA por la escritora y editora argentina Patricia Nasello. 


ESFERA TREPIDANTE 
Gemma Pellicer
   Al niño se le escapa el globo en un descuido y, casi de inmediato, siente un pinchazo en el costado. Cae al suelo en una pirueta impropia de su edad justo en el momento en que ha empezado a faltarle el aire. Apenas alza su cabeza al cielo, logra atisbar el vuelo trepidante de la esfera, que sigue alejándose mientras su cuerpo poco a poco se deshincha. En el instante preciso en el que se le cierren los ojos, desaparecerá la Tierra.


RU(T)INAS DE CIRCO
Xavier Blanco
   Cada día transitamos idéntico camino: nos vestimos, nos maquillamos y salimos a escena. Luego saludamos y representamos nuestra función. Cada día el mismo disfraz, la misma careta, similares trucos, pero no hay magia, no hay aplausos, no hay público. Cada día, uno análogo al otro, lo hacemos sin carpa, sin pista, sin luces. Nada se conoce, todo se imagina. No hay nadie, ni siquiera estamos nosotros, pero salimos.
 

   Con la ballena ocurre como con todo. Puedes estar todo el día sentada frente al mar esperando que pase. Sabes que lo hará, como siempre; pero justo en el momento en que te agachas a mirar una hormiga, vas al baño, te despistas con el vuelo de una mosca o simplemente pestañeas, zas, pasó, se escapó y un día más perdiste la oportunidad. Aunque nunca te das cuenta, igual que con lo demás.
 

   —¡Quisiera ser un ángel! —dice con su vocecita cantarina de sirena y acaricia el ala de su mudo acompañante.
   —A mí me gustan tus escamas —musita desde el techo de la cueva un ovillo grisáceo de orejas puntiagudas.
  —¡Niños! ¡Dejen de moverse! —farfulla el homínido, las palurdas manos rebozadas de pigmento
.

 

DAMA CON ANTEOJOS
Nana Rodríguez Romero
   Al entrar en el patio lleno de sol me acerco al anciano que escribe con pluma, al lado de un candelabro. Como fondo, música de Pink Floyd. Para no interrumpir, me retiro hacia una de las ventanas que da al traspatio. Hundo la mirada y allí veo transcurrir la historia que está escribiendo el anciano. El protagonista, vestido con trajes medievales se acerca con una espada, atraviesa el vidrio y justo en medio del patio, sobre una piedra del jardín, hunde la espada y me dice que se llama Arturo.
 

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