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«Microrrelatos escogidos» por Ana Grandal (XXVI)

La siguiente selección de microrrelatos ha sido escogida para CITA EN LA GLORIETA por Ana Grandal, licenciada en Ciencias Biológicas, traductora científica, escritora y administradora de la página de facebook TOPmicrorrelatos.
 

GRAVE ESGUINCE DE TOBILLO
Ana María Shua
Una mujer casada, de cuarenta y cinco años, madre de tres hijas, se quejó durante meses de fuertes dolores en el tobillo derecho. Un día lanzó un alarido que traspasó los límites del aire. Su tobillo se había transformado en un sacerdote budista mendicante que ya no quería ni podía cumplir las funciones de una articulación ósea. El pie, a quien ya nada mantenía unido al resto de la pierna, optó por escabullirse. La mujer decidió purgar sus pecados siguiendo al sacerdote por los caminos, pero a causa de su renguera avanzaba lentamente y pronto se quedó atrás. Años después, cuando ya nadie la recordaba, uno de los sirvientes de la casa descubrió que la desaparición de ciertos alimentos de la cocina no se debía a una rata sino a un pie salvaje que vivía en una gruta del jardín. 

Botánica del caos

EL CID Y JIMENA
Marco Denevi
Se amaron después de tantas dificultades que en el lecho nupcial les pareció que amarse no valía gran cosa.


RECUPERACIÓN
Umberto Senegal
¿Abuelito Isauro recuperó su agilidad? Abuelito Isauro recuperó su agilidad. Esta mañana caminó por el jardín a la espera de algo que se le adivinaba en los ojos y en el movimiento de sus brazos. Al aparecer los colibríes rondó las flores del prado, ascendió hasta las orquídeas que penden del balcón, libó en el rosal y después se alejó entre ellos, sin despedirse.


PENÉLOPE
Nana Rodríguez
Tejió tantas prendas en el transcurso de su vida, que le salieron músculos en el pensamiento.
Nana Rodríguez

UN LIBRO
Diego M. Garau
Tenía en mis manos ese libro, aquel que todo el mundo comentaba y quería. Su escritor solo escribía una copia al año y cuentan que siempre cambiaba cosas según su estado anímico. Eso lo convertía en copias exclusivas; me sentía un privilegiado. Lleva repartidos solo cuatro libros, las personas que consiguieron leerlo habían cambiado su forma de vida a mejor. Una vez leído debían tirarlo en mitad del océano al fondo del mar; terminada la faena, el escritor se reunía con ellos para darle explicación a la última pregunta que planteaba el libro; no se sabe la respuesta que dieron, suponemos que afirmativa, pues desaparecieron para siempre a través de una luz muy brillante caída del cielo. Yo me dispongo a leer el libro. 

I Concurso de Microrrelatos LdN

CUENTO DE HORROR
Juan José Arreola
La mujer que amé se ha convertido en fantasma. Yo soy el lugar de las apariciones.
Doxografías

Ana Grandal es licenciada en CC. Biológicas y ejerce como traductora científica freelance desde 1996. Entre otros, ha traducido los libros de divulgación Los orígenes de la vida (Freeman Dyson, Cambridge University Press, 1999), El comportamiento altruista (Elliott Sober y David Sloan Wilson, Siglo XXI, 2000) e Inteligencia emocional infantil y juvenil (Linda Lantieri, Santillana, 2009) y la compilación de poesía incluida en Mina Loy. Futurismo, Dadá, Surrealismo (La Linterna Sorda, 2016). Cuenta con varios premios literarios, que incluyen el V Concurso de Relato Corto del Ayto. de Monturque (2004) y el XIII Premio de Narrativa Miguel Cabrera (2006). Ha publicado la colección de microrrelatos Te amo, destrúyeme (Amargord Ediciones, 2015). Coedita con Begoña Loza la colección de relatos La vida es un bar (Vallekas) (Amargord Ediciones, 2016), en donde también participa como autora. Colabora en las revistas digitales La Ignorancia y La Charca Literaria. En su faceta musical, toca la flauta travesera en los grupos de rock VaKa y Los Vitter del Kas.


Puedes leer una selección de microrrelatos de su libro «Te amo, destrúyeme», publicado por Amargord Ediciones en 2015, pinchando AQUÍ.

Microrrelatos de autores argentinos (III) Patricia Nasello - Luisa Valenzuela

DESCARTAR IMÁGENES
Patricia Nasello
Dispuesta a quedarse dejó sobre la vereda el colchón mugroso que acarreaba.  Las piernas, deformes, parecían dolerle, se acostó con dificultad. Ni siquiera tenía unos diarios para cubrirse, daba la impresión de ser muy vieja.  Anochecía. Las calles estaban desiertas, quizá a causa del frío.
Desde mi departamento vi que un grupo de chicos se acercaba caminando por San Jerónimo, al doblar en Independencia casi tropiezan con ella. Entre risotadas prendieron fuego al colchón. El foco de la esquina, las llamas y la escasa claridad que el cielo aún conservaba brindaron luz suficiente.
  Al principio estaba entusiasmado, miraba la filmación a cada rato y se la pasé a varios amigos, hasta que me aburrió.
   Acabé por  eliminarla
.
*
FELICIDAD
Andrés Neuman
   Me llamo Marcos. Siempre he querido ser Cristóbal. No me refiero a llamarme Cristóbal.
   Cristóbal es mi amigo: iba a decir el mejor, pero diré que el único.
   Gabriela es mi mujer. Ella me quiere mucho y se acuesta con Cristóbal. Él es inteligente, seguro de sí mismo y un ágil bailarín. También monta a caballo y domina la gramática latina. Cocina para las mujeres. Luego se las almuerza. Yo diría que Gabriela es su plato predilecto.
   Algún desprevenido podrá pensar que mi mujer me traiciona: nada más lejos. Siempre he querido ser Cristóbal, pero no vivo cruzado de brazos. Ensayo no ser Marcos. Tomo clases de baile y repaso mis manuales de estudiante. Sé bien que mi mujer me adora. Y es tanta su adoración, que la pobre se acuesta con él, con el hombre que yo quisiera ser. Entre los gruesos brazos de Cristóbal, mi Gabriela me aguarda desde hace años con los brazos abiertos.
  A mí me colma de gozo tanta paciencia. Ojalá mi esmero esté a la altura de sus esperanzas, y algún día, muy pronto, nos llegue el momento. Ese momento de amor inquebrantable que ella tanto ha preparado, engañando a Cristóbal, acostumbrándose a su cuerpo, a su carácter y sus gustos, para estar lo más cómoda y feliz posible cuando yo sea como él y lo dejemos solo
.


CONFLICTO
Cecilia Pagani
   Todo gira y gira. Y gira.
  Como un rulo, como una vuelta carnero sobre el césped. Como el dial de un teléfono viejo.
   Como la rueda de la muerte en un circo cualquiera.
  Como un cólico, como una serpentina, como esa bola blanca, roja, negra sobre el paño de billar.
   Todo gira y gira. Y gira.
   Y da vueltas.
   Y vuelve al origen. Al inicio de todo, la madre
.
*
DOBLE JORNADA
Roberto Perinelli
   Enterado de que su llegada produce tristeza y melancolía entre las gentes, el Crepúsculo se disfrazó de Amanecer. La Noche, licenciada con el cambio, se tomó descanso en una playa caribeña, tostándose con los rayos de un Sol cada vez más exhausto y desconcertado.
*
DESCONFIANZA
Alejandra Pizarnik
   Mamá nos hablaba de un blanco bosque de Rusia: “… y hacíamos hombrecitos de nieve y les poníamos sombreros que robábamos al bisabuelo…”.

   Yo la miraba con desconfianza. ¿Qué era la nieve? ¿Para qué hacían hombrecitos? Y ante todo, ¿qué significa un bisabuelo?
*
CASO
Juan Romagnoli
   Sorprendido en un delito, el hombre huye. Lo persiguen. Comprende que no soportaría el encierro. Próximo a ser alcanzado, llega a una vieja casona y entra. Acorralado, sube al último cuarto, traba la puerta, asegura las ventanas, tapa la chimenea.
*
SE QUISO QUEDAR
Ana María Shua
   Todos los patitos se fueron a bañar y el más chiquitito se quiso quedar. El sabía por qué: el compuesto químico que había arrojado horas antes en el agua del estanque dio el resultado previsto. Mamá Pata no volvió a pegarle: a un hijo repentinamente único se lo trata – como es natural-, con ciertos miramientos.


AMOR
Jorge Timossi
   Al ser informada oficialmente, Ana no dudó un instante y pidió el ingreso en la misma habitación aislada del Centro Médico donde Héctor había sido recluido quizás para siempre.
*
VISIÓN DE REOJO 
Luisa Valenzuela
   La verdá, la verdá, me plantó la mano en el culo y yo estaba ya a punto de pegarle cuatro gritos cuando el colectivo pasó frente a una iglesia y lo vi persignarse. Buen muchacho después de todo, me dije. Quizá no lo esté haciendo a propósito o quizá su mano derecha ignore lo que su izquierda hace. Traté de correrme al interior del coche -porque una cosa es justificar y otra muy distinta es dejarse manosear- pero cada vez subían más pasajeros y no había forma. Mis esguinces sólo sirvieron para que él meta mejor la mano y hasta me acaricie. Yo me movía nerviosa. Él también. Pasamos frente a otra iglesia pero ni se dio cuenta y se llevó la mano a la cara sólo para secarse el sudor. Yo lo empecé a mirar de reojo haciéndome la disimulada, no fuera a creer que me estaba gustando. Imposible correrme y eso que me sacudía. Decidí entonces tomarme la revancha y a mi vez le planté la mano en el culo a él. Pocas cuadras después una oleada de gente me sacó de su lado a empujones. Los que bajaban me arrancaron del colectivo y ahora lamento haberlo perdido así de golpe porque en su billetera sólo había 7.400 pesos de los viejos y más hubiera podido sacarle en un encuentro a solas. Parecía cariñoso. Y muy desprendido.