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13 de Junio, «Día del Escritor» en Argentina

El 13 de junio se celebra en Argentina el Día del Escritor, en conmemoración del natalicio (este mismo día de 1874, en Villa María del Río Seco, provincia de Córdoba) de Leopoldo Lugones, una de las figuras más destacadas de la literatura argentina, con un papel muy importante en el nacimiento del modernismo y en la narrativa breve latinoamericana.
 

La fecha del 13 de junio fue elegida por la Sociedad Argentina de Escritores (Sade), institución fundada por Leopoldo Lugones, cuya trágica biografía (puso fin a su vida ingiriendo una mezcla de cianuro y whisky) no está exenta de polémica: militante socialista en su juventud terminó apoyando el golpe militar de José Félix Uriburu de 1930 (Su hijo, Polo Lugones, fue jefe de la policía durante la década infame e introdujo en Argentina la picana eléctrica como instrumento de tortura. Su nieta, Pirí Lugones, quien solía presentarse como “nieta del poeta, hija del torturador”, es uno de los miles de desaparecidos durante la dictadura militar argentina de 1976-1983).


Leopoldo Lugones

FLORES DE DURAZNO
Leopoldo Lugones
Junto al rancho medio arruinado, hay tres durazneros de avanzada edad, que tiritan de frío al vientecillo de la tarde, porque la escarcha los ha dejado completamente desnudos. El campo, amarillento en la extenuación de sus hierbas marchitas; la casa color de tierra, bastante ladeada, como un animal que cojea; los árboles deshojados, cuyos varillajes recuerdan vagamente destrozados miriñaques del tiempo ido: la inmensidad del horizonte, del cielo claro, bajo el cual se fatiga el silencio, sugieren indefinibles tristezas. El calor prematuro de los últimos días no ha podido conmover la austera taciturnidad de los campos, que continúan pensando en la muerte. Y como apenas una cosa se pone triste, adquiere algo de humano, aquel paisaje cobra aspecto de viudez y los bueyes flacos que por él cruzan, tienen paso de personas. Una carreta ha puesto el colmo a esa melancolía de la triste campaña. Cruzó, rechinando nostalgias, dando barquinazos: parecía reumática. Rudamente, quejábase la madera, achacaba torturas a la azuela indocta. Entre los rayos de las ruedas enormes había pedazos de cielo. Y cuando el vehículo pasó, sus anchos surcos dejaron en la llanura una interminable paralela, que semejaba la persecución infinita de un pensamiento geométrico. Aquello está decididamente melancólico. Lleva mal cariz la meditación de las cosas. Por el lejano camino, el polvo reseco se arremolina con bruscos giros, baila la tromba en pequeño, furioso, más deshecho, a poco andar, en la aburrida laxitud del ambiente. Pero, ¿no hay algo que se mueve bajo los árboles desnudos, allí, cerca del rancho, al amor de la perezosa resolana? Diríase que son la muchacha dueña de casa y un mozo, que de seguro no pertenece a ésta. Tomados están de las manos, y parece que respetan el vasto silencio de las campiñas, pues no hablan. No hablan, porque tienen los labios ocupados en una deliciosa ocupación. Usted, señorita, creerá que se están besando. Yo no lo sé; pero es lo cierto que los viejos árboles, quienes, no obstante su grave aspecto, sienten la inquietud del extemporáneo calor, á la muchacha, que acaba de apoyarse en ellos distraídamente, los viejos árboles le han cubierto las manos de besos en forma de florecillas rosadas.
   Y este año ya no habrá frutos... es decir duraznos, a los menos...



Cuentos, Ediciones mínimas, Buenos Aires, 1916. 

Microrrelatos de autores argentinos (II) Marco Denevi - Leopoldo Lugones

VERITAS ODIUM PARIT
Marco Denevi
—Traedme el caballo más veloz —pidió el hombre honrado—. Acabo de decirle la verdad al rey.

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HABLE CON ELLA
Leonardo Dolengiewich
Mamá me explica que esos ruidos que escucho por las noches son las almas de mis abuelos, que me protegen. Papá, en cambio, me dice que debe ser el viento.
   Cuando le comento lo que dice mamá, papá se enoja y me grita que no puede ser, que mi madre no podría decirme eso.   Yo no entiendo cómo puede estar tan seguro, si hace años que no habla con ella.
   Desde que la enterramos, mamá sólo me visita a mí
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*
LA NOCHEBUENA DEL LAZARILLO
Eduardo Gudiño Kieffer
En ello estaba cuando alguien puso su mano sobre mi hombro, y escuchar pude una voz que me decía: “Tú, mozo, ¿no sabrás acaso dónde encontrar posada?” Vuestra Merced crea, cuando esto oí, que estuve a punto de caer de mi estado, no tanto de hambre como de miedo. Volvíme y vi que el que así me hablaba era sin duda un hebraizante, por su ropa y por su continente. Plugo entonces al Señor librarme de todo temor, y alumbrado por el Espíritu Santo respondí que sí. Porque al ver detrás de aquel hombre a la más hermosa y casta de las mujeres, percáteme de que no eran sino San José y la Santísima Virgen, que como hace muchos años y en lueñes tierras buscaban un lugar dónde alojarse para que María alumbrase.

   Entréme en el lugar donde la parida estaba adorando al Niño, para ser yo el primero en contemplar la maravilla. ¡Oh, gran Dios, quién estuviera a aquella hora sepultado, que muerto del susto ya lo estaba! Porque no había solo un niño sino dos, dos rollizos infantes recién nacidos, dos preciosos llorones, dos querubines rubios. ¡La Virgen había tenido mellizos! Y puédese pensar que me equivoqué, pero era el venticuatro de diciembre a medianoche y yo no había bebido ni el más pequeño jarrillo de vino. Por eso digo que debe ser cosa del demonio, para que yo no determine arrimarme a los buenos.
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LA MANO 
David Lagmanovich
No la había perdido, pero le había quedado inútil como una flor tronchada. El soldado la miró con lástima y se preguntó qué podría hacer ahora con ella. Luchar contra los infieles ya no, pues necesitaba la fuerza de las dos manos. Necesitaba buscar otro camino y encontrar una fortaleza nueva, se dijo. Pensó entonces en escribir un libro y entrevió que eso podría otorgarle alguna nombradía. ¿Conseguiría el favor del Duque de Béjar?¿Protegería este alto señor al desconocido soldado Miguel de Cervantes? Nada se perdía con probar.
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HIROSHIMA
Rodolfo Lobo Molas
En segundos todo fue un caos indescriptible. La vida aparentaba haber desaparecido. Ella se sacudió el polvo que la cubría y se levantó de entre las ruinas: sus ojitos azorados vieron el espanto. De pronto asomó otra cucaracha y juntas se escabulleron por entre los escombros.
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EL ESPÍRITU NUEVO
Leopoldo Lugones
En un barrio mal afamado de Jafa, cierto discípulo anónimo de Jesús disputaba con las cortesanas.
-La Magdalena se ha enamorado del rabí -dijo una.
-Su amor es divino -replicó el hombre.
-¿Divino?... ¿Me negarás que adora sus cabellos blondos, sus ojos profundos, su sangre real, su saber misterioso, su dominio sobre las gentes; su belleza, en fin?
-No cabe duda; pero lo ama sin esperanza, y por esto es divino su amor
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*