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España en 1861

Esta entrada forma parte de un artículo que lleva por título "Isabel II, Sant Joan d'Alacant y la República Dominicana" y que trata sobre el período histórico en el que está ambientada «La cajita de rapé»(años finales del reinado de Isabel II). 

He dividido el artículo en 6 apartados. Puedes acceder al resto de entradas pinchando AQUÍ.

Saludos, Javier Alonso García-Pozuelo


¿Y POR QUÉ 1861?
Javier Alonso García-Pozuelo
En la primavera de 2010 me trasladé a vivir a Sant Joan d'Alacant. Creo que fue allí, en alguna de las largas mañanas de estudio en la biblioteca pública (¡Gracias Bernat!), donde comencé a darle forma en mi cabeza a la historia que se narra en La cajita de rapé. Quería hablar sobre el abuso de poder a muy distintos niveles –el abuso de poder de una clase política con los empleados públicos, de un patrón con sus trabajadores, de unos padres con sus hijos– y el reinado de Isabel II me parecía una época idónea para hacerlo. Sólo quedaba escoger un año, pero la trama iba creciendo en mi cabeza y a comienzos de 2011, ya estaba convencido de que José María Benítez, inspector jefe del madrileño distrito de La Latina, iba a investigar el robo en la casa de un almacenista de vinos de origen gerundense, un robo en el que habían asesinado a Lorenza Calvo Olmeda, una criada alcarreña de la familia de quien se sospechaba que podía haber sido cómplice de los ladrones. El esquema argumental de la novela y los personajes estaban listos, pero aún me faltaba definir el momento exacto en que transcurría la historia. De algún modo, sabía que la elección del año era lo único que me faltaba para sentarme a emborronar cuartillas.

Y entonces una tarde, después de un par de horas a la deriva por el proceloso océano de Internet, me topé con una entrevista a Julia Álvarez, una encantadora escritora estadounidense de ascendencia dominicana, a quien yo había conocido en la República Dominicana el año 96, cuando nada más licenciarme me fui a un pueblecito en las montañas de Jarabacoa a trabajar como médico. En fechas recientes Julia Álvarez había publicado In the Name of Salomé, una novela en la que a través de su hija se narra la vida de Salomé Ureña, poetisa y educadora dominicana nacida en 1850. Leí con gran interés la entrevista y al terminar recordé un episodio histórico poco conocido: la Reincorporación voluntaria de la República Dominicana a España en el año 1861. Apenas un rato después, nada más recordar que entre los primeros españoles en trasladarse a Santo Domingo aquel año había muchos presos condenados a trabajos forzados, por una revuelta campesina que había tenido lugar en Andalucía ese verano (la Sublevación de Loja o Revolución del pan y el queso), comprendí que había dado con el año, un año a medio camino entre la Vicalvarada del 54 y la Gloriosa del 68. Un año en el que la bonanza económica empieza a dar síntomas de agotamiento. Un año en que se empieza a desmoronar la Unión Liberal de Leopoldo O’ Donnell, Cánovas del Castillo y el marqués de la Vega de Armijo, el partido de centro que había intentado aglutinar a los más avanzados de entre las filas del Partido Moderado y a los más templados de entre los diputados del Partido Progresista. Un año en el que muchos de los que habían apoyado hasta entonces al general O’Donnell se dieron cuenta de que la cúpula de la Unión Liberal haría lo que fuera necesario por perpetuarse en el poder: no solo incumplir sus promesas de reforma o dar un giro reaccionario a su política, sino incluso emplear métodos de dudosa moralidad. Un año perfecto para ubicar mi novela.

El inspector Benítez debía entrar en acción. Había encontrado el año en que transcurría el caso más importante de su carrera: el caso de las Alcarreñas
.

Leopoldo O'Donnell
- litografía de 1889 -

Economía y política en el reinado de Isabel II

Esta entrada forma parte de un artículo que lleva por título "Isabel II, Sant Joan d'Alacant y la República Dominicana" y que trata sobre el período histórico en el que está ambientada «La cajita de rapé»(años finales del reinado de Isabel II). 

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Saludos, Javier Alonso García-Pozuelo


ECONOMÍA Y POLÍTICA
Javier Alonso García-Pozuelo
Desde el punto de vista político, el reinado de  Isabel II significa el fin definitivo del Antiguo Régimen, del afianzamiento del Régimen Constitucional y de la consolidación de las corrientes de la «familia liberal» (moderados y progresistas), y del nacimiento de movimientos políticos como el republicanismo, el socialismo (aún faltan algunos años para que se funde el PSOE) y el Partido Democrático (el más avanzado a la izquierda de la época).
 

Son los años en los que se afianza el régimen liberal en España, pero también son años de intrigas palaciegas, levantamientos e intentos varios de regresar al absolutismo. Años de un difícil entendimiento político que ya se vislumbra en fechas tan precoces como 1834, cuando los liberales se escinden entre los moderados que apoyan el Estatuto Real (más próximo a una Carta Otorgada que a una Constitución) y los exaltados que quieren imponer la Constitución de 1812.

Pero todo eso es política de libro de texto y a mí me interesa también la política de taberna y cafetín. La política de barricada. Sí, siempre me han interesado las ideas que han movido a mis compatriotas a dar su vida por una causa. Y, como ya se dijo arriba, el reinado de  Isabel II es un periodo de revoluciones. Un periodo de reivindicaciones. Los españoles de la época isabelina tenían muchos motivos para intentar cambiar las cosas. Lucharon por la mejora de las condiciones laborales (en 1855 tuvo lugar la primera huelga general de nuestra historia), por universalizar el voto (aunque en un inicio sólo se reclamó el sufragio universal masculino), por la libertad de asociación, de prensa, de cátedra (recuérdese la Noche de San Daniel) y lucharon en las barricadas por acabar con algo tan injusto como el sistema de reclutamiento por quintas en el que los hijos de familias acomodadas podían eludir el servicio militar mediante el pago de una elevada cantidad de dinero. La lucha antiesclavista y por la emancipación de la mujer se desarrollaron con más intensidad en los años de la Restauración, pero su embrión ya se dejó sentir en el reinado de Isabel II.

En lo tocante a la economía, el reinado de Isabel II es el reinado de las dos desamortizaciones más importantes del siglo (la de Mendizábal durante la minoría de edad de la reina y la de Madoz ya en el Bienio Progresista), de la liberalización de la economía, de las grandes operaciones en la Bolsa, de la industrialización de España (principalmente textil y siderúrgica). Es el reinado del ferrocarril, de la telegrafía eléctrica, de la llegada de las aguas del Lozoya a la Puerta del Sol, (en Canal de Isabel II fue inaugurado el 24 de junio de 1858), de la extensión del alumbrado por gas, de la proliferación de bancos y compañías de seguros. Pero también es el reinado de la emigración del campo a la ciudad (en parte porque las dos desamortizaciones mencionadas sólo beneficiaron a quienes disponían de dinero para hacerse con los bienes desamortizados), de una recesión económica que en algunos aspectos se parece a la actual (la burbuja de entonces no fue inmobiliaria sino ferroviaria) y de una escalada de criminalidad que, entre otras medidas, dio lugar a la creación de la Guardia Civil.

Teniendo en cuenta todo lo anterior, no es de extrañar que el día que me planteé escribir una novela histórica articulada a través de una trama policíaca y con una buena carga de política y economía, no tuviera grandes dudas acerca de en qué periodo histórico iba a ambientarla: en el reinado de Isabel II. Sólo quedaba escoger un año
. En la siguiente entrada veremos por qué fue 1861.

Episodio de la Revolución de 1854
en la Puerta del Sol.
Quema de banderas
- Eugenio Lucas Velázquez -
Museo de Historia de Madrid

«José María Calatrava, en el primer liberalismo progresista», por Eduardo Montagut

Estupiñá abría todas las mañanas, barría y regaba la acera, se ponía los manguitos verdes y se sentaba detrás del mostrador a leer el Diario de Avisos. Poco a poco iban llegando los amigos, aquellos hermanos de su alma, que en la soledad en que Plácido estaba le parecían algo como la paloma del arca, pues le traían en el pico algo más que un ramo de oliva, le traían la palabra, el sabrosísimo fruto y la flor de la vida, el alcohol del alma, con que apacentaba su vicio... Pasábanse el día entero contando anécdotas, comentando sucesos políticos, tratando de tú a Mendizábal, a Calatrava, a María Cristina y al mismo Dios, trazando con el dedo planes de campaña sobre el mostrador en extravagantes líneas tácticas; demostrando que Espartero debía ir necesariamente por aquí y Villarreal por allá; refiriendo también sucedidos del comercio, llegadas de tal o cual género; lances de Iglesia y de milicia y de mujeres y de la corte, con todo lo demás que cae bajo el dominio de la bachillería humana.
Fortunata y Jacinta
Benito Pérez Galdós


Recuperamos esta cita de una de las novelas cumbre de la literatura decimonónica, para presentar la primera colaboración del profesor Eduardo Montagut con nuestro blog, una reseña biográfica de José María Calatrava, ése Calatrava a quien el entrañable personaje galdosiano, Estupiñá, tutea y que Galdós coloca entre dos personalidades históricas algo más conocidas, Juan Álvarez Mendizábal y la Reina Gobernadora María Cristina.


En este trabajo escrito ex profeso para CITA EN LA GLORIETA, el profesor
Montagut estudia la figura de José María Calatrava, un político poco conocido, pero que tuvo un destacado protagonismo en la Revolución liberal española.


JOSÉ MARÍA CALATRAVA, EN EL PRIMER LIBERALISMO PROGRESISTA
Eduardo Montagut
José María Calatrava nació en 1781 en Mérida. Estudió Derecho en Sevilla, donde le sorprendió el estallido de la Guerra de la Independencia. Se sumó a la Junta Suprema de Extremadura y fue diputado en las Cortes de Cádiz por Extremadura, siendo un claro liberal en los debates parlamentarios, defendiendo la supresión de los mayorazgos.

La restauración del absolutismo con el regreso de Fernando VII fue nefasta para Calatrava, siendo detenido y enviado al Penal de Melilla, no recobrando la libertad hasta el triunfo de Riego en 1820. Volvió a ser elegido diputado en las nuevas Cortes. En su seno fue nombrado presidente de la Comisión de Legislación, comprometiéndose en la elaboración de la Ley que extinguía el régimen señorial (1823), en un sentido nada favorable para los nobles, ya que defendió los intereses de los pueblos y los campesinos, en línea con el ideario del liberalismo exaltado. La cuestión de los señoríos coleaba desde 1811 en las Cortes de Cádiz. También participó en la redacción del Código Penal de 1822. Este Código incluía el delito de los actos contrarios o que tendieran a modificar o derribar el régimen constitucional. 


Pero nuestro protagonista no sólo fue un intenso legislador, sino también miembro del poder ejecutivo, ya que fue nombrado ministro de Gracia y Justicia en el gobierno exaltado de 1823. Cuando triunfaron los Cien Mil Hijos de San Luis decidió marchar al exilio francés para evitar ser perseguido, regresando a España con la muerte del rey Fernando VII.

El protagonismo político de Calatrava se renovó a partir de la sublevación de La Granja de 1836, que restableció la Constitución de 1812. La Reina Gobernadora le nombró presidente del Consejo de Ministros. Calatrava tuvo que moderar un poco sus planteamientos porque fue consciente de las dificultades del momento y por la experiencia política pasada. Se apoyó en otra de las grandes figuras del liberalismo progresista de aquella época de las Regencias de Isabel II, es decir, en Mendizábal. Le otorgó las carteras de Hacienda y Marina en su gobierno. A pesar de que había atemperado sus ideas Calatrava no dudó en recuperar gran parte de lo dispuesto en el Trienio y abolido en la Década Ominosa. Restableció la libertad de imprenta, la Ley de ayuntamientos de 1823 y la Ley de desvinculación de mayorazgos de 1823, algo en lo que desde Cádiz había sido claro protagonista. En el gobierno Calatrava y por gracia de Juan Álvarez Mendizábal se puso en marcha la desamortización eclesiástica. También se acordó la abolición del diezmo. Calatrava convocó a Cortes Constituyentes para que se elaborase una nueva Constitución, la de 1837. También aprobó una nueva Ley electoral. Sin lugar a dudas, el gobierno Calatrava fue uno de los más destacados del período de Regencias y de signo progresista.



José María Calatrava
- Antonio Gisbert -

José María Calatrava dimitió en septiembre de 1837 a raíz del pronunciamiento de los oficiales de la Brigada Van Halen en las inmediaciones de Madrid. Fue protagonista político de nuevo en 1839 al ser elegido para presidir el Congreso de los Diputados. Fue diputado en la Regencia de Espartero, y llegó a ser presidente del Tribunal Supremo. Falleció en 1847.

«José María Calatrava, en el primer liberalismo progresista» ha sido escrito por Eduardo Montagut para el blog de Historia y Literatura CITA EN LA GLORIETA. Agradecemos a quien quiera reproducirlo, total o parcialmente, que cite la fuente original.

es Doctor en Historia por la UAM y profesor de Secundaria en un Instituto de Alcalá de Henares en la especialidad de Geografía e Historia. Socio de las ilustradas Reales Sociedades de Amigos del País de Madrid y Bascongada, pertenece también a la ARMH, y mantiene un constante compromiso por la memoria histórica. Pertenece al Grupo de Memoria Histórica del PSOE y tiene la responsabilidad de Educación, Cultura y Memoria Histórica en la Ejecutiva de la Agrupación Socialista de Chamartín (PSOE-M). Colabora diariamente en diversos medios digitales con artículos de Historia y Política. Tiene publicados un libro sobre los árboles y la Ilustración, y diversos artículos sobre la enseñanza de la agricultura en los siglos XVIII y XIX, así como, sobre Historia social.