Origen de la expresión «tirar la casa por la ventana»

¿Sabes qué significa y de dónde proviene la expresión «tirar la casa por la ventana»? 
@citaenlaglorieta
Hay expresiones que forman parte tan frecuente de nuestro lenguaje cotidiano que rara vez nos paramos a pensar en su sentido literal y, menos aún, en las circunstancias que hicieron que esas palabras acabaran adquiriendo el significado que hoy les damos. «Tirar la casa por la ventana» es un buen ejemplo.

¿Qué significa «tirar la casa por la ventana»?

El Diccionario de la lengua española recoge la locución «tirar la casa por la ventana» y la define como «gastar con esplendidez en un convite o con cualquier otro motivo».
Podemos «tirar la casa por la ventana» al organizar una boda, celebrar un cumpleaños, hacer un viaje, comprar algo que llevábamos mucho tiempo deseando o, sencillamente, gastar mucho más de lo habitual en una ocasión significativa. En otras palabras, cuando el presupuesto deja de ser la principal preocupación y decidimos celebrar algo por todo lo alto, sin escatimar en gastos, estamos tirando la casa por la ventana.
Aunque en alguna publicación en redes hemos leído lo contrario, en su sentido actual, la expresión que nos ocupa no implica necesariamente ostentación ni el deseo de exhibir riqueza, como sí ocurre, por ejemplo, con el modismo argentino «tirar manteca al techo», que, además de expresar un gasto excesivo, transmite la idea de derroche y deseo de ostentar.

Pero ¿de dónde procede esta curiosa expresión?
La explicación tradicional: la lotería y los muebles por la ventana
Una de las explicaciones más repetidas sostiene que la expresión nació de una antigua costumbre relacionada con la lotería.
Según esta versión, cuando alguien resultaba agraciado con un premio importante, arrojaba por la ventana los muebles y enseres viejos de su casa para sustituirlos por otros nuevos. El gesto simbolizaría el comienzo de una nueva vida gracias a la fortuna recién adquirida.
Esta explicación aparece incluso en materiales divulgativos del Centro Virtual Cervantes, donde se habla de una posible costumbre en el Madrid de principios del siglo XIX según la cual el ganador de la lotería arrojaba literalmente los enseres de su hogar por la ventana
La historia es atractiva, sugerente, evocadora. De esas que a uno le gustaría poder contar en una sobremesa con la seguridad de que el cuñado de turno no va a desmontarla.
Pero una cosa es que una historia sea buena y otra que podamos demostrar que ocurrió realmente. Y, en este caso, no tenemos pruebas suficientes para afirmar que los ganadores de la lotería en la España del siglo XIX tuvieran realmente esa costumbre.
Con todo, la explicación tradicional quizá no sea del todo inventada, tal vez simplemente hayamos estado buscando su origen en el lugar equivocado. Para acercarnos a una explicación alternativa del origen de esta expresión, tendremos que abandonar por un momento la historia y entrar en el mundo de la ficción.

Pero ¿de dónde procede esta curiosa expresión?
Un sainete puede tener la clave

Para ello tenemos que remontarnos a 1763, cuando Carlos III estableció en Madrid la Real Lotería, antecedente de la actual Lotería Primitiva.
El nuevo juego no tardó en hacerse popular y pronto pasó a formar parte de la vida cotidiana madrileña. Y el teatro, siempre atento a lo que ocurría en las calles, no tardó en hacerse eco de aquella nueva afición.
En 1777, el sainetista Sebastián Vázquez, contemporáneo y competidor de Ramón de la Cruz, estrenó en el Teatro del Príncipe el sainete titulado El día de lotería. El catálogo de Memoria de Madrid fecha el estreno el 6 de junio de 1777, a cargo de la compañía de Manuel Martínez
El sainete comienza con unos versos que reflejan perfectamente la expectación que despertaba el sorteo:
«Todo sea festejo,
todo alegría,
que esperamos nos caiga
la Lotería».
La obra presenta a varios vecinos de un barrio popular madrileño pendientes del sorteo. Entre ellos aparece un estudiante que pretende convencerlos de que conoce los números que van a resultar premiados.
La trama juega con la superstición, la picaresca y las esperanzas que despertaba la posibilidad de enriquecerse de manera rápida.

Y entonces sucede algo muy parecido a lo que cuenta la explicación tradicional sobre el origen de la expresión «Tirar la casa por la ventana». 
«¡Me ha tocado el terno!»

Una de las vecinas interpreta erróneamente el resultado del sorteo y cree que ha ganado el terno, es decir, que le ha tocado uno de los principales premios de aquella primitiva lotería.
Convencida de que acaba de enriquecerse, comienza a arrojar algunos de sus viejos enseres domésticos por la ventana, porque piensa que podrá reemplazarlos inmediatamente por otros nuevos.
Pero la fortuna resulta ser una ilusión.
Cuando su marido llega y descubre el error, le hace saber que no ha ganado absolutamente nada. El desenlace de la escena es, naturalmente, cómico: la mujer se desmaya al descubrir que ha arrojado sus pertenencias a la calle, que ha tirado literalmente la casa por la ventana, sin haber ganado el premio que esperaba. 
«¿Es este el verdadero origen de la expresión?»
 
Sería tentador afirmar que «tirar la casa por la ventana» nació exactamente en ese momento y motivado por la popularidad de ese sainete de Sebastián Vázquez. Sin embargo, históricamente no podemos demostrarlo con absoluta seguridad.
Lo que sí podemos afirmar es que encontramos una representación teatral del último tercio del siglo XVIII en la que una persona, creyendo haber ganado la lotería, arroja por la ventana los enseres viejos de su casa porque espera poder sustituirlos gracias a su nueva fortuna.
Es decir, la escena coincide de manera extraordinariamente precisa con la explicación tradicional de la expresión.
Si bien no podemos afirmar que el sainete «inventó» la expresión, es innegable que nos proporciona uno de los testimonios históricos más antiguos y más sugestivos para explicar la asociación entre la lotería, el enriquecimiento repentino y la imagen de arrojar los enseres, «la casa», por la ventana.
De la fortuna al derroche  
Sea cual sea el momento exacto en que la expresión quedó fijada en la lengua, la imagen resulta muy poderosa.
Una persona que acaba de enriquecerse inesperadamente puede permitirse deshacerse de aquello que antes necesitaba conservar. Si además arroja sus muebles viejos por la ventana, está haciendo visible ante todo el mundo que su situación económica ha cambiado radicalmente.
La metáfora terminó alejándose de la lotería y de la idea de renovación y adquirió un sentido mucho más amplio: celebrar algo por todo lo alto, generalmente con motivo de una ocasión extraordinaria, sin reparar en gastos.
Y ese es precisamente el significado que conserva hoy, pero, como hemos comentado arriba, sin que el uso de dicha expresión vaya necesariamente asociado a la ostentación.
Cuando alguien organiza una boda espectacular o invita a todos sus amigos a una cena sin mirar el lado derecho de la carta, como decía Ricardo Arjona, podemos decir: «Esta vez ha tirado la casa por la ventana».
Pero también podemos usar este modismo cuando alguien hace el crucero que llevaba años deseando, aunque no le haya dado ninguna publicidad al hecho y nos hayamos enterado de casualidad
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