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«Hola, te quiero, ya no, adiós» libro de microrrelatos de Ana Grandal

Os ofrecemos conco microrrelatos extraídos de Hola, te quiero, ya no, adiós (Amargord Ediciones, 2017), de Ana Grandal, segundo título de la trilogía Destroyer tras Te amo, destrúyeme. Hola, te quiero, ya no, adiós es "la historia de una relación condensada en flashes episódicos que, juntos, conforman el relato de dos personas que se conocen, se aman y acaban rompiendo, pues es así como la memoria nos devuelve los pasos con los que vamos recorriendo nuestras vidas."


NAUFRAGIO
Ana Grandal
Después de Leonardo, Alicia no levanta cabeza. Sale por la noche de caza y la mitad de las veces acaba en un callejón oscuro, borracha y abrazada con desesperación a cualquiera que le haya entrado en un bar. Al día siguiente su mente borra concienzudamente las facciones desconocidas, mutándolas por el añorado rostro de Leonardo y, por unos momentos, él vuelve a estar entre sus brazos.

Una mañana, Alicia se descubre incapaz de trazar con precisión la línea de sus mullidos labios. Al cabo de unas semanas no recuerda el color exacto de la mirada de Leonardo y, pasado un tiempo, el óvalo de la cara se desdibuja sin remedio. Así, poco a poco, van aflojándose las sogas que la anclan al fondo del pantano
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Hola, te quiero, ya no, adiós

SEGUNDA CITA
Ana Grandal
Alicia se ha percatado de la preciosa camisa granate que lleva hoy Esteban, después de que ella le hubiese dejado caer, la primera vez que se vieron, que los polos con animalitos en la pechera son más aptos para las oficinas, y no tanto para el ocio. Lo que no sabe es que Esteban ha debido de adquirirla para la ocasión: en su guardarropa, los polos son los únicos y exclusivos inquilinos.

Esteban se ha dado cuenta de lo guapa que se ha presentado Alicia con el pelo recogido, después de que él le sugiriera, el día en que se conocieron, lo bien que le sienta a las mujeres el rostro despejado. Lo que no sabe es el dolor de Alicia por obligarse a domar su más preciado orgullo: su ondulante y cuidada cabellera
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Hola, te quiero, ya no, adiós

CUENTO PARA DORMIR
Ana Grandal
«Érase una vez un príncipe que se sentía muy solo. Un día, una princesa se cruzó en su camino. El príncipe quedó desesperadamente prendado de aquella deslumbrante beldad y puso manos a la obra para colmarla de atenciones y agasajos, se aplicó en hacerla feliz y en que olvidase toda preocupación. La princesa, al advertir con cuánto ardor se entregaba aquel príncipe, le correspondió quedándose a su lado para siempre. Y fueron felices y comieron perdices».

Hay noches en que, sin saber por qué, a Esteban se le agarra un nudo en el estómago y la cabeza le da vueltas en un torbellino caótico y febril. Entonces cierra los ojos con fuerza hasta que le duelen los párpados y se deja mecer, arropándose en su fabulación, hasta que la angustia se serena y puede sumergirse en un sueño seguro, agarrado a la mano de Alicia que duerme plácidamente a su lado
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Hola, te quiero, ya no, adiós

AÑORANZA
Ana Grandal
Alicia se ha marchado el fin de semana a un curso de fotografía en Segovia. Esteban, solo en casa, tiene la impresión de que le falta algo: no es la suave presencia ambulante de ella, no es el acompañamiento cómplice de una sesión vespertina de cine en televisión, no es el ronroneo apreciativo ante los manjares preparados para la cena, no es su contorno tibio y reconfortante en la cama.

Cuando finalmente el sol se oculta tras un aburrido domingo, comprende qué es lo que ha echado de menos, aquello que no ha colmado su sensación de vacío: sus discusiones
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Hola, te quiero, ya no, adiós

APARICIÓN
Ana Grandal
Esteban se ha levantado con mala cara. Mientras desayunan, Verónica le nota raro, distante. En el trabajo le cuesta concentrarse, preso de una turbación que no remite. Apenas pronuncia palabra cuando, por la noche, Verónica le ofrece una copa de vino mientras él prepara la cena.

—¿Te pasa algo?

Esteban rehuye su mirada preocupada.

—No, nada.

Cómo decirle a Verónica que anoche soñó con Alicia
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Hola, te quiero, ya no, adiós

Ana Grandal es licenciada en CC. Biológicas y ejerce como traductora científica freelance desde 1996. Entre otros, ha traducido los libros de divulgación Los orígenes de la vida (Freeman Dyson, Cambridge University Press, 1999), El comportamiento altruista (Elliott Sober y David Sloan Wilson, Siglo XXI, 2000) e Inteligencia emocional infantil y juvenil (Linda Lantieri, Santillana, 2009) y la compilación de poesía incluida en Mina Loy. Futurismo, Dadá, Surrealismo (La Linterna Sorda, 2016). Cuenta con varios premios literarios, que incluyen el V Concurso de Relato Corto del Ayto. de Monturque (2004) y el XIII Premio de Narrativa Miguel Cabrera (2006). Ha publicado la colección de microrrelatos Te amo, destrúyeme (2015) y Hola, te quiero, ya no, adiós (2017) en Amargord Ediciones.


Coedita con Begoña Loza la colección de relatos La vida es un bar (Vallekas) (Amargord Ediciones, 2016), en donde también participa como autora. Colabora en las revistas digitales La Ignorancia y La Charca Literaria. En su faceta musical, toca la flauta travesera en los grupos de rock VaKa y Los Vitter del Kas.


Puedes leer una selección de microrrelatos de su primer libro de microrrelatos, «Te amo, destrúyeme», publicado por Amargord Ediciones en 2015, pinchando AQUÍ.

«A sangre fría» o cuando el crimen se convierte en género literario, por Ana Grandal

«A sangre fría» o cuando el crimen se convierte en género literario, por Ana Grandal
Publicamos hoy -con permiso de Prótesis, publicación consagrada al crimen, fundada y dirigida por David G. Panadero- «A sangre fría» o cuando el crimen se convierte en género literario, artículo escrito por Ana Grandal y publicado hace unos meses en Prótesis. Os podéis descargar el artículo pinchando AQUÍ.

Ana Grandal

Aprovecho la ocasión para agradecer a David G. Panadero el apoyo que me dio cuando, allá por noviembre de 2016, arrancamos este quimérico proyecto de la Semana Negra en la Glorieta.

¡Muchísimas gracias, David!

Un fuerte abrazo,
Javier Alonso García-Pozuelo

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La Revista Prótesis y David G. Panadero en La Glorieta
➤  Reseña de «Los viejos papeles», de David G. Panadero, por Manu López Marañón LEER
➤ «El arquetipo del detective-dandi», artículo de Inés Mendoza, y comentario sobre el mismo de  David G. Panadero LEER Y ESCUCHAR
➤ El Madrid de Óscar Urra con los poemas de Luis García Montero en la Revista Prótesis LEER
➤ Reseña de «El síndrome de Stendhal» (1996), de Dario Argento por David G. Panadero LEER




Ana Grandal es licenciada en CC. Biológicas y ejerce como traductora científica freelance desde 1996. Entre otros, ha traducido los libros de divulgación Los orígenes de la vida (Freeman Dyson, Cambridge University Press, 1999), El comportamiento altruista (Elliott Sober y David Sloan Wilson, Siglo XXI, 2000) e Inteligencia emocional infantil y juvenil (Linda Lantieri, Santillana, 2009) y la compilación de poesía incluida en Mina Loy. Futurismo, Dadá, Surrealismo (La Linterna Sorda, 2016). Cuenta con varios premios literarios, que incluyen el V Concurso de Relato Corto del Ayto. de Monturque (2004) y el XIII Premio de Narrativa Miguel Cabrera (2006). Ha publicado la colección de microrrelatos Te amo, destrúyeme (2015) y Hola, te quiero, ya no, adiós (2017) en Amargord Ediciones.


Coedita con Begoña Loza la colección de relatos La vida es un bar (Vallekas) (Amargord Ediciones, 2016), en donde también participa como autora. Colabora en las revistas digitales La Ignorancia y La Charca Literaria. En su faceta musical, toca la flauta travesera en los grupos de rock VaKa y Los Vitter del Kas.


Puedes leer una selección de microrrelatos de su primer libro de microrrelatos, «Te amo, destrúyeme», publicado por Amargord Ediciones en 2015, pinchando AQUÍ.


Reseña de «Te amo, destrúyeme», de Ana Grandal

RESEÑA DE «TE AMO, DESTRÚYEME», DE ANA GRANDAL (Amargord, 2015), por
Manu López Marañón
No es lo mismo disfrutar de microrrelatos publicados en una revista o un periódico que hacerlo en un libro. A la hora de su compilación, muchos autores de este género optan por la agrupación temática. Según esta modalidad, cada microrrelato vendría a ser como el «capítulo» de una particular «novela». Sumándolos, el lector completa un amplio mosaico que deja bien a las claras la idea central del escritor y sus intenciones. Un ejemplo magistral de esta manera de organizar decenas de microrrelatos –75 en concreto– lo tenemos en «Te amo, destrúyeme» de Ana Grandal (Madrid, 1969), texto enfocado en relaciones amorosas de todo tipo que hace un especial hincapié en las que acaban mal –o fatal–… porque cabe preguntarse si hoy en día alguna termina bien… En mi reseña para Cita en la Glorieta de «Vosotros, los muertos», resaltaba cómo el maestro Ginés S. Cutillas toma a la muerte como hilo argumental, desplegando su mortífero abanico para lo que sería otro egregio ejemplo de agrupación temática.

Dedica
Ana Grandal su libro, entre otros, «A todos mis ex». Ya algo sutilmente envenenado se adivina desde esta dedicatoria porque, si bien es cierto que muchas personas guardan grato recuerdo y mantienen correctas relaciones con sus ex parejas, pocos son, sin embargo, quienes basándose en experiencias frustradas componen libros para elogiar a los que consideran culpables de la ruptura. Suele ser justo lo contrario: ¡cuántos malvados personajes, femeninos o masculinos, de la literatura universal no procederán de infiernos propiciados por esas mismas personas de carne y hueso que tanto hicieron sufrir a sus creadores!

La androfobia –fobia o temor hacia los hombres– planea sobre muchos de los microrrelatos del libro de
Grandal. Presenta esta aversión una variada tipología: promiscuos y desaprensivos donjuanes; novios poco cuidadosos con los detalles; maridos a los que solo interesa el fútbol y los amigotes; hombres con el corazón vacío; eminencias profesionales que resultan desastrosos en la vida matrimonial; novios que a la hora de regalar no aciertan; maridos inapetentes; celosos patológicos y controladores obsesivos de la mujer; novios que se vienen abajo ante una propuesta cultural; hombres realmente sosos incapaces de arrancar una sonrisa a las mujeres; maridos dominados por su madre; psicópatas asesinos y maridos que encargan a sicarios eliminar a su mujer; maridos traidores; infidelidades varoniles; hombres ególatras echando a perder una primera cita; hombres que no conciben la monogamia, y hombres maleducados.

En una conversación mantenida con la autora le hago ver cómo, aun reconociendo que muchos hombres realmente son como los de sus relatos (todos los hemos conocido), su libro le ha quedado bastante androfóbico. Y le propongo, como un reto, un «Te amo, destrúyeme» misógino. Entendiendo mi masculina desazón,
Grandal me hace ver cómo las mujeres tampoco salen muy bien paradas: lo que pasa es que sus «faltas» no resultan tan evidentes. La crítica hacia ellas se hace quizá de un modo no demasiado rotundo, pero, por poner un ejemplo, su tradicional rol de pasivas sufridoras queda resaltado en varios microrrelatos.

Con esta nueva perspectiva releo el libro y, en efecto, hallo sobradas muestras de «faltas» femeninas. Sintetizo ahora varios de estos microrrelatos: una mujer que sabe de las infidelidades de su marido solo se atreve a manifestarlas con los platos de una cena especial; otra reprocha en alta voz a su marido mientras se ducha y sabe que no puede oírla; la monogamia femenina extrema aparece en esa mujer que traga disciplinadamente con la promiscuidad de su marido; mujeres torpes e incompetentes hacen naufragar una relación; mujeres a las que les pone el mejor amigo de su marido; mujeres celosas patológicas; mujeres que odian a su marido incluso en el cementerio; mujeres especialistas en quitar la ilusión a sus parejas; mujeres que asumen –y ponen en práctica– los consejos androfóbicos recibidos por su madre; mujeres crueles que abandonan a su pareja en el día de san Valentín; mujeres indiscretas de la intimidad de su pareja, y mujeres que permiten que su hombre haga todo para vivir ellas como reinas.

¡Qué razón tenía la autora! Es malo dejarse arrastrar por primeras impresiones: en realidad «Te amo, destrúyeme» roza la paridad a la hora de repartir culpas en los desengaños. Predominan microrrelatos en los que el hombre aparece como culpable, cierto es; pero, en una cantidad no muy inferior, es la mujer quien carga con el peso del siniestro.

Recomiendo desde aquí encarecidamente este personal libro. Duro, pero necesario en estos tiempos que corren (¡por favor, olvídense de comprar esos inservibles textos de autoayuda!), el lúcido análisis de las relaciones amorosas que plantea Grandal abrirá los ojos a más de uno –y una–: algo que viene pintiparado cuando se inicia un noviazgo o si se ha tomado la drástica decisión de romper con tu pareja
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nació en Bilbao en 1966 y es diplomado en Relaciones Laborales y máster en Prevención (especialidad Seguridad e Higiene en el Trabajo). Residió un año en Buenos Aires tras ser becado por el Gobierno Vasco para llevar a cabo un trabajo sobre la legislación laboral argentina. En la actualidad se dedica en exclusiva a escribir guiones cinematográficos y a la literatura. En 2015 ha editado con Ediciones Oblicuas su primera novela, “Alcohol de 99º”. Recientemente ha terminado “Prosas para eunucos”, un libro de relatos en busca de editorial. Además de para Cita en la Glorieta, también reseña para las revistas Calibre. 38 y Moon Magazine.


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Javier Alonso García-Pozuelo