«La reserva», relato de David Verdejo

LA RESERVA
por David Verdejo
De toda la estepa ocre que regaba los campos de la Argentina, la reserva de Santa Rosalía era, sin duda, la más extensa. Pero tenía un peligro: su desaparición. El único gaucho vivo que velaba por aquel terreno andaba viejo. Ya no viejo de edad, que pasaba los sesenta años con facilidad, sino cansado, melancólico y triste. Un tipo erguido por el orgullo pero débil por la pena. Se hacía llamar “el Antonio” cuando le conocí, allá por los tiempos donde buscar a un tipo como este significaba horas a caballo, atravesando grandes extensiones de ramas secas que arañaban las pezuñas del equino y provocaban largas sesiones de curas en los establos. Ahora es más fácil porque todos los ganaderos llevan un móvil con GPS y el gobierno ha instalado repetidores por toda la Pampa, hecho que generó muchos conflictos en el momento de la implantación. Pero aquellos días previos a la resolución del problema, Santa Rosalía se mantuvo hermosa y funcional hasta las puertas del nuevo siglo, cuando “el Antonio” tomó una decisión. El viejo gaucho intentó por todos los medios conservar el nivel de producción que había sostenido su padre y el padre de su padre, sin éxito. ¿Por qué? Resultó que durante la primavera de 1953, el Antonio viajó a la capital, por primera vez en toda su vida. Aunque la finca daba buena cantidad de pesos durante toda su existencia, su padre, un tipo duro, violento y autoritario, le había prohibido viajar a Buenos Aires con la excusa de “la seguridad”.

Antonio no fue a la escuela: su padre pensaba que no era necesario porque todo lo que debía saber lo aprendería con el sudor de su frente y la sangre de sus nudillos. Tampoco conoció a mujer alguna ya que la relación con ellas fue demonizada por su progenitor, metiéndole ideas oscuras en la cabeza sobre aquellas señoritas que rondaban los campos cual marabunta de chinches que suben por las piernas sin poder evitarlo, provocando un picor insufrible. Y creció en la ignorancia de los números, impregnado de prejuicios que le generaron grandes enemistades y pocos amigos. Uno de ellos, el Potro, era un tipo regordete, enjuto y encorvado que vendía tabaco y licor a granel. Entre los dos compartieron noches de borracheras y exabruptos mientras el negocio duró. Pero un día de diciembre, cuando el viento de la Pampa corta la piel como un cuchillo afilado, el Potro se acercó a la casa de Antonio para despedirse, sin decir nada, sin ofrecer alguna respuesta de aquella extraña partida más que un paquete delgado y largo que le entregó bajo el cerco de la puerta principal.

Con el tiempo, Antonio se enteró que el Potro fue a morir a un hospital de la capital. El cáncer de pulmón lo consumió y cada aniversario de aquella despedida, el viejo gaucho tocaba la flauta que su amigo le regaló esa noche.

Desde entonces, los campos se volvieron grises, secos y estériles. El viejo gaucho se volvió más viejo si cabe y el tiempo se posó sobre él dejando una capa de polvo que ocultaba su piel, arrugaba su rostro y entristecía su mirada. Y así llegó el día en que Antonio dejó de mirar a través del cristal de sus gafas. La ausencia de su amigo le convirtió en un tipo demasiado tranquilo, confiado aunque inseguro y triste.

Y de tristeza decidió, un día de febrero, acabar con todo, viajando a la capital para poner en venta la reserva Santa Rosalía a cualquier precio y comprar un billete para Tierra de Fuego
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Este relato ha sido publicado con permiso de su autor, David Verdejo. Puedes acceder a la sección de RELATOS de Cita en la Glorieta pinchando AQUÍ.

es un escritor madrileño que comenzó su carrera literaria publicando relatos en Playa de Ákaba (Generación Subway) allá por el 2014. Pronto continuó su camino colaborando en las revistas digitales Moon Magazine y SoloNovelaNegra, publicando su primera novela titulada Woods Lane (Chiado Editorial) la cual ha tenido gran aceptación de la crítica y lectores. Firmará en la Feria del Libro de Lisboa de este año ejemplares de dicha novela que está siendo presentada a varias productoras de cine de la mano del prestigioso guionista Oscar Palencia. Alma de Cobre (Inventa Editores) ha sido su segunda novela de género negro clásico recordando a maestros como Raymond Chandler. Su próximo proyecto, El Secreto de Pozonegro (Libros.com) verá la luz en otoño de este año. Ha participado en varias antologías poéticas y presenta un futuro prometedor en el mundo de las letras.