La siguiente selección de microrrelatos ha sido escogida para CITA EN LA GLORIETA por Ana Grandal, licenciada en Ciencias Biológicas, traductora científica, escritora y administradora de la página de facebook TOPmicrorrelatos.
Encontrarás a Nathaniel en Times Square, sentado con los ojos cerrados en su silla de lona, escuchando el estrépito de las bocinas, las conversaciones fugaces de los transeúntes, los chirridos de los frenazos, el parloteo de las radios, las melodías de los músicos callejeros, el aullido de las sirenas, las ofertas de los vendedores ambulantes, el traqueteo de los pasos cercanos; oliendo el asfalto reblandecido, los perfumes fugaces de la multitud, el vapor de los hot-dogs, las brisas de llanta quemada, los efluvios de la gasolina, el hedor intermitente de la basura, los géiseres húmedos que el metro escupe desde el subsuelo; sintiendo la confusión, el vértigo, la prisa, el miedo; escribiendo signos ininteligibles y ciegos en un cuaderno; esforzándose por entender el mensaje cifrado del caos.
No habría sido igual sin la lluvia
FREAK SHOW
Sergi Cambrils
Sergi Cambrils
Al caerse mis dientes de leche los nuevos que se formaron fueron todo muelas. Ni incisivos ni caninos ni premolares. Se configuró una dentadura descomunal de treinta y dos anchas coronas que molían y machacaban cualquier cosa. A la hora de comer me llamaban «la apisonadora» porque ni cortaba ni desgarraba; solo trituraba alimentos. Era un monstruo con sonrisa de caballo, la atracción de feria de todos y el motivo por el que llenaban su boca de improperios para provocar mi llanto. Arrinconado en una esquina e incapaz de contenerme, conseguían hacerme llorar desconsoladamente, y descubrían fascinados el verdadero espectáculo que suponía presenciar cómo brotaban lágrimas de gelatina de mi único ojo.
Tropecientas trompas
Abel
y Caín se encontraron después de la muerte de Abel. Caminaban por el
desierto y se reconocieron desde lejos, porque los dos eran muy altos.
Los hermanos se sentaron en la tierra, hicieron un fuego y comieron.
Guardaban silencio, a la manera de la gente cansada cuando declina el
día. En el cielo asomaba alguna estrella, que aún no había recibido su
nombre. A la luz de las llamas, Caín advirtió en la frente de Abel la
marca de la piedra y dejó caer el pan que estaba por llevarse a la boca y
pidió que le fuera perdonado su crimen.
Abel contestó:
—¿Tú me has matado o yo te he matado? Ya no recuerdo; aquí estamos juntos como antes.
—Ahora sé que en verdad me has perdonado —dijo Caín—, porque olvidar es perdonar. Yo trataré también de olvidar.
Abel dijo despacio:
—Así es. Mientras dura el remordimiento dura la culpa.
Abel contestó:
—¿Tú me has matado o yo te he matado? Ya no recuerdo; aquí estamos juntos como antes.
—Ahora sé que en verdad me has perdonado —dijo Caín—, porque olvidar es perdonar. Yo trataré también de olvidar.
Abel dijo despacio:
—Así es. Mientras dura el remordimiento dura la culpa.
Elogio de la sombra
Amor mío, vuelvo a casa. Espero que no te importe que mi cuerpo quede aquí tendido, boca abajo, en la fría ladera de este monte.
Historia secreta del mundo
REUNIÓN DE SEÑORAS
Ana María Caillet Bois
Ana María Caillet Bois
Todos los días a la misma hora, como un ritual, colocaba el mantel y la porcelana francesa; exquisiteces varias marcaban la hora del té. Exactamente a las cinco de la tarde, llegaban una a una cinco señoras; hacía más de diez años, una a una se sentaban a la mesa y sin hablar una palabra tomaban el té.
Hasta que sucedió lo inesperado, la más anciana no se presentó a la cita. Se miraron asombradas las cuatro restantes y comenzaron a hablar y reír sin parar.
Hasta que sucedió lo inesperado, la más anciana no se presentó a la cita. Se miraron asombradas las cuatro restantes y comenzaron a hablar y reír sin parar.
Resonancias
EL QUE SOY
Manuel Moyano
Manuel Moyano
Vi nubes de polvo galáctico condensándose, y estrellas colisionando entre sí, y galaxias que se agrupaban primero en racimos para luego fundirse unas con otras. Cuando finalmente todo aquello se coló por un agujero negro hasta desaparecer de mi vista, suspiré de alivio y decidí no volver a repetir jamás el experimento.
Los pescadores de perlas
Ana Grandal es licenciada en CC. Biológicas y ejerce como traductora científica freelance desde 1996. Entre otros, ha traducido los libros de divulgación Los orígenes de la vida (Freeman Dyson, Cambridge University Press, 1999), El comportamiento altruista (Elliott Sober y David Sloan Wilson, Siglo XXI, 2000) e Inteligencia emocional infantil y juvenil (Linda Lantieri, Santillana, 2009) y la compilación de poesía incluida en Mina Loy. Futurismo, Dadá, Surrealismo (La Linterna Sorda, 2016). Cuenta con varios premios literarios, que incluyen el V Concurso de Relato Corto del Ayto. de Monturque (2004) y el XIII Premio de Narrativa Miguel Cabrera (2006). Ha publicado la colección de microrrelatos Te amo, destrúyeme (2015) y Hola, te quiero, ya no, adiós (2017) en Amargord Ediciones.
Coedita con Begoña Loza la colección de relatos La vida es un bar (Vallekas) (Amargord Ediciones, 2016), en donde también participa como autora. Colabora en las revistas digitales La Ignorancia y La Charca Literaria. En su faceta musical, toca la flauta travesera en los grupos de rock VaKa y Los Vitter del Kas.
Puedes leer una selección de microrrelatos de su primer libro de microrrelatos, «Te amo, destrúyeme», publicado por Amargord Ediciones en 2015, pinchando AQUÍ.
Coedita con Begoña Loza la colección de relatos La vida es un bar (Vallekas) (Amargord Ediciones, 2016), en donde también participa como autora. Colabora en las revistas digitales La Ignorancia y La Charca Literaria. En su faceta musical, toca la flauta travesera en los grupos de rock VaKa y Los Vitter del Kas.
Puedes leer una selección de microrrelatos de su primer libro de microrrelatos, «Te amo, destrúyeme», publicado por Amargord Ediciones en 2015, pinchando AQUÍ.


