«Microrrelatos escogidos» por Ana Grandal (LXXII)

La siguiente selección de microrrelatos ha sido escogida para CITA EN LA GLORIETA por Ana Grandal, licenciada en Ciencias Biológicas, traductora científica, escritora y administradora de la página de facebook TOPmicrorrelatos.


AMOR PROPIO II
Voltaire
Un misionero que viajaba por la India se encontró con un fakir que estaba cargado de cadenas, desnudo como un mono, acostado boca abajo, recibiendo latigazos por los pecados que cometieron sus compatriotas los indios, y a cambio estos le daban algunos ochavos.

—¡Qué manera de renunciar a su amor propio! —exclamó uno de los espectadores.

—No renuncio a mi amor propio —replicó el fakir—; sabed que si me dejo azotar en este mundo es para devolveros los azotes en el otro, cuando vosotros seáis caballos y yo jinete
.

Diccionario filosófico

ÚLTIMO DESEO
Lilian Elphik
Ella esperó que la lluvia amainara. No quería arruinar su nuevo corte de pelo y las extrañas ondulaciones que la peluquera le había hecho en la nuca. Vas a causar sensación, le dijo la manos de tijera, fatigando la laca en las pequeñas guadañas doradas que se mecían con parsimonia de reina.

Un guardia anunció que las nubes se alejaban. La llevaron al cadalso. Ella puso la cabeza ahí. Fue rápido. No se le movió ni un solo pelo
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Resonancias

Te pelo la camiseta y el vaquero, unto tu cuerpo de aceite y lo sazono, especialmente cuido que no se acumule demasiado en los huecos de tus axilas. Pasas y orejones en la línea que baja a tu ombligo y rodajas de limón en los hombros. Una tira de pimiento en la oquedad que se forma junto a tus clavículas y besos de flor de sal bajo el vientre. Enciendo el horno y en diez minutos te pongo a 200. Hoy me chuparé los dedos.



ENTRE LAS NUBES
Celia Corral Cañas
Sueños. Elevamos sueños. Los envolvemos con muchísimo cuidado en un material extremadamente frágil y los ascendemos poco a poco, con toda nuestra delicadeza, con toda nuestra atención. A veces lloran —la incertidumbre de la altura, el temor de la caída—; a veces ríen —la emoción de la crisálida, el sabor del nimbo—. Empatizamos con ellos; los comprendemos. Quizá porque algún día nosotros también fuimos sueños elevados por otros sueños, elevados por otros sueños, elevados por otros…

Premios de micorrelato IASA Ascensores

EL ANTROPÓFAGO
Vicente Muñoz Álvarez
V.M., senderista, partió de la ciudad con el albor de una límpida mañana en primavera. Durante algunas horas caminó por las sendas intrincadas de los bosques, surcó valle profundos y ascendió suaves colinas hasta que, fatigado, tomó asiento en el saliente de una roca para entregarse a la magia del cielo. El vasto panorama que dominaba desde su atalaya, la caricia amable del sol primaveral y el simbólico lenguaje del silencio le mantuvieron absorto unos minutos hasta que, ya cercano al éxtasis, escuchó a sus espaldas una voz, el saludo de un joven pastor con su rebaño.

Dos horas más tarde ambos compartían un suculento guiso en la cabaña del muchacho, un cobertizo rodeado de abedules en las postrimerías de un collado. Comieron, bebieron y charlaron demorándose tal vez más de lo debido, hasta que el pastor dejó solo unos instantes a su ligeramente ebrio convidado con el pretexto de poner a buen recaudo a su rebaño. De no haber sido por su abotargamiento, V.M. quizás hubiese reparado en la disposición que con algún sencillo ajuste pudieran formar los huesos de aquella deliciosa carne al fondo del plato. En tal caso, el sopor de la comida y el vino se habrían disipado y tal vez le hubiese dado tiempo a reaccionar. Pero no fue así, y acomodado muellemente en la banqueta recibió un corte profundo en el cuello. La sangre se deslizó voluptuosa hacia su pecho, la vista se le nubló en breves segundos y al fin se entregó a su último sueño sin apenas ser consciente de nada.

Jamás volvieron a saber del senderista V.M. Salvo, quizás, el agradecido estómago de algún otro viajero incauto al que el azar deparó su misma suerte.

 
Monstruos y prodigios

CONVIVENCIA
José María Merino
La primera vez que lo oí, pensé que alguien había entrado en casa. Eran las siete de la tarde, mi mujer se había ido al cine con unas amigas, yo estaba en la sala leyendo el periódico y me llegó su murmullo desde el otro lado del piso. Me levanté: al fondo del pasillo, tras la puerta abierta de mi estudio, brillaba la lámpara de la mesa y una voz tarareaba una melodía familiar. Me quedé escuchándola hasta descubrir que el causante del tarareo era yo mismo: me había quedado allí a pesar de haberme ido a la sala. Muy asustado por el incidente, regresé a la sala y permanecí escuchando el tarareo hasta que se extinguió. Volví a mi estudio: la lámpara estaba apagada y no había nadie.

Unos días después, otra tarde en la que también mi mujer estaba ausente, se repitió el fenómeno: esta vez me encontraba en mi estudio, enfrentado al ordenador, cuando empecé a escuchar la televisión en la sala. Desde el pasillo, vislumbré mi propio bulto sentado en el sofá con el periódico en las manos.

Ahora, cuando me encuentro solo en casa, soy consciente de estar en la sala o en el estudio, pero sé que al mismo tiempo me encuentro en el otro lugar. Mi temor inicial se ha ido apaciguando, pero permanezco sin moverme hasta que mi ruido en el otro sitio se extingue y la luz se apaga, horrorizado de que algún día podamos encontrarnos yo y yo.
Los pescadores de perlas

Ana Grandal es licenciada en CC. Biológicas y ejerce como traductora científica freelance desde 1996. Entre otros, ha traducido los libros de divulgación Los orígenes de la vida (Freeman Dyson, Cambridge University Press, 1999), El comportamiento altruista (Elliott Sober y David Sloan Wilson, Siglo XXI, 2000) e Inteligencia emocional infantil y juvenil (Linda Lantieri, Santillana, 2009) y la compilación de poesía incluida en Mina Loy. Futurismo, Dadá, Surrealismo (La Linterna Sorda, 2016). Cuenta con varios premios literarios, que incluyen el V Concurso de Relato Corto del Ayto. de Monturque (2004) y el XIII Premio de Narrativa Miguel Cabrera (2006). Ha publicado la colección de microrrelatos Te amo, destrúyeme (2015) y Hola, te quiero, ya no, adiós (2017) en Amargord Ediciones.


Coedita con Begoña Loza la colección de relatos La vida es un bar (Vallekas) (Amargord Ediciones, 2016), en donde también participa como autora. Colabora en las revistas digitales La Ignorancia y La Charca Literaria. En su faceta musical, toca la flauta travesera en los grupos de rock VaKa y Los Vitter del Kas.


Puedes leer una selección de microrrelatos de su primer libro de microrrelatos, «Te amo, destrúyeme», publicado por Amargord Ediciones en 2015, pinchando AQUÍ.