«Microrrelatos escogidos» por Ana Grandal (LXXIII)

La siguiente selección de microrrelatos ha sido escogida para CITA EN LA GLORIETA por Ana Grandal, licenciada en Ciencias Biológicas, traductora científica, escritora y administradora de la página de facebook TOPmicrorrelatos.


BROCHETAS
Cecilia Eudave
Mi madre nunca fue buena cocinera. Todo se le quemaba, todo. Literalmente vivimos de las buenas intenciones de su desarmado amor, porque nunca pudo erguirlo, por lo menos en dirección nuestra. Y en esa necedad idiota de demostrarle al mundo que nos quería, como una cosa natural, nos sentó a la mesa a mí, a mis hermanos, y nos sirvió para desayunar —ya les dije que no tenía ninguna noción de cocina— su corazón en brochetas, que nos tragamos a la fuerza y a todos nos hizo repetir su mal.

Resonancias

EXPIACIÓN
Alberto García-Teresa
Desolado ante la responsabilidad del ser humano en la destrucción de los ecosistemas, en la propagación de la muerte, decidió ceder su cuerpo a la cadena natural de la vida. De esta forma, viajó a la selva y, desnudo, dejó que, durante horas, miles de mosquitos se alimentaran de su sangre. Soportando las ardientes picaduras, aguantó varios días sin moverse del lugar hasta que se derrumbó.

Varios periodistas se interesaron, a su regreso, por el caso. Se le erigió, entonces, en uno de los modelos éticos contemporáneos, en una referencia de conducta en estos tiempos sombríos, de comunión y compensación con la naturaleza que nuestra acción depredadora arrasa. Se le llegó a proponer, incluso, para el Nobel de la Paz. De hecho, comenzaron a proliferar sus imitadores.

Hoy en día, posee una gran empresa que organiza viajes hasta su moderno complejo hotelero de la selva, que incluye campo de golf para relajarse tras la donación y su propia red de charcas artificiales cementadas para garantizar la proliferación de mosquitos
.

Esa dulce sonrisa que te dejan los gusanos

AMPUTACIONES
Javier Puche
Por haber jugado con el ventilador, la niña tiene la punta amputada del meñique.
Desde entonces las tres muñecas, de castigo, tienen el mismo dedo cortado con tijeras
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Ah, É?


A TRAVÉS DEL CRISTAL
Marcos Corzo Fernández
Empezó con lo que parecía un juego. Subían y bajaban ajenos al tiempo y al tacto. Eran transparentes, «Elevamos sueños» podía leerse junto a sus espejos. Se encontraban con un azar premeditado —esos son tus ojos, esa tu mirada— casi simultáneamente, olvidando que viajaban en máquinas separadas.

Premios de micorrelato IASA Ascensores

NUNCA JAMÁS
Mariví Antón
La bofetada resonó como un disparo cuando mi mano se estrelló contra la mejilla de Silvia, que tantas veces había acariciado, besado, amado.

Me asusté, o me avergoncé, o no sé bien qué sentí. Tantas veces habían tronado las bofetadas en casa. Tantas veces me había prometido que nunca, pero nunca jamás me ocurriría a mí, y ahora me ardía la mano.

Ella, mi chica, mi novia, mi mujer, trataba de levantarse del suelo como solía hacerlo mi madre. Se apoyaba en la mesa para enderezarse y quise ayudarla, no me dejó. Recogía en su mano el marco de metacrilato con nuestra foto en Punta Cana rodeados de delfines. La volvería a llevar, haríamos un crucero, o reservaría mesa esa misma noche en algún sitio que le gustara, y nunca pero nunca jamás volvería a pasar.

Después vendrían las lágrimas y el perdón, ella iría al baño, la abrazaría, y nunca, pero nunca jamás volvería a pasar.

Mañana frente al espejo, tras maquillarse el moratón, me preguntaría si se le nota mucho, porque no podía dejar de ir a trabajar. Yo le diría que no, e inventaríamos algo, una caída, una ventana mal cerrada, había heredado un inventario interminable para los accidentes.

Me miró con los ojos inyectados de sangre, sí, inyectados de sangre, estaban rojos, duros, ajenos, sin lágrimas ni súplicas, y no me dio tiempo a esquivar el marco de metacrilato que me clavó en la sien.

Mi madre ha venido a verme. Silvia no.

 
Esas que también soy yo

REZAR
Javier Puche
Rezar en voz baja. Eso hace el paracaidista desde aquel día. Rezar en voz baja mientras el viento agita con levedad la enorme telaraña donde permanece adherido. Rezar en voz baja sus oraciones. Y no dejarse intimidar por los esqueletos que penden alrededor.
Los pescadores de perlas

Ana Grandal es licenciada en CC. Biológicas y ejerce como traductora científica freelance desde 1996. Entre otros, ha traducido los libros de divulgación Los orígenes de la vida (Freeman Dyson, Cambridge University Press, 1999), El comportamiento altruista (Elliott Sober y David Sloan Wilson, Siglo XXI, 2000) e Inteligencia emocional infantil y juvenil (Linda Lantieri, Santillana, 2009) y la compilación de poesía incluida en Mina Loy. Futurismo, Dadá, Surrealismo (La Linterna Sorda, 2016). Cuenta con varios premios literarios, que incluyen el V Concurso de Relato Corto del Ayto. de Monturque (2004) y el XIII Premio de Narrativa Miguel Cabrera (2006). Ha publicado la colección de microrrelatos Te amo, destrúyeme (2015), Hola, te quiero, ya no, adiós (2017) y Microsexo (2019) en Amargord Ediciones.


Coedita con Begoña Loza la colección de relatos La vida es un bar (Vallekas) (Amargord Ediciones, 2016), en donde también participa como autora. Colabora en las revistas digitales La Ignorancia y La Charca Literaria. En su faceta musical, toca la flauta travesera en los grupos de rock VaKa y Los Vitter del Kas.


Puedes leer una selección de microrrelatos de su primer libro de microrrelatos, «Te amo, destrúyeme», publicado por Amargord Ediciones en 2015, pinchando AQUÍ.