La siguiente selección de microrrelatos ha sido escogida para CITA EN LA GLORIETA por Ana Grandal, licenciada en Ciencias Biológicas, traductora científica, escritora y administradora de la página de facebook TOPmicrorrelatos.
VIDA EN EL ENJAMBRE
Lorena Escudero
Lorena Escudero
Aquí somos todas muy cantarinas, todo el día zumbando de aquí para allá. No hay silencio que no llene una hermana. Y claro, somos muy laboriosas, hay mucho que hacer para mantener la colmena ordenada y fabricar el dulce. También es útil para el enjambre. Castas, renunciamos a los instintos, a que no pueda gustarte una hermana; conformes, todas en celdas iguales, todas el mismo rango; y consagradas. Pero somos sobre todo muy afortunadas, pues nuestra reina pertenece a otro mundo, y aunque rara vez nos visita, sabemos que es la madre de todas nosotras, sin pecado concebida.
Resonancias
MAL HECHO
Juan Jacinto Muñoz Rengel
Juan Jacinto Muñoz Rengel
Cuando era apenas un bebé, lo dejaba llorar en su cuna hasta que se quedaba sin voz y le decía que ella no había querido tenerlo. Mientras lo vestía para ir al colegio, con una ropita clara y delicada que no le permitiría jugar con los demás niños, le decía que ella en realidad siempre había deseado una hija. Cuando lo castigaba por haber manchado la ropa, desgastado los pantalones a la altura de las rodillas, le decía que ojalá hubiese tenido un crío menos torpe y menos inútil, que pudiera convertirse en un hombre hecho y derecho capaz de protegerla. Al entrar en el instituto le dijo que nunca llegaría a nada. Cuando inició sus estudios en la universidad, auguró que sus fantasías los acabarían arrastrando a la ruina, que ella solo quería un hombre de verdad que pudiera mantenerla en sus años de vejez, y no un parásito. El día que se licenció le susurró al oído que era un tarado con la cabeza llena de pájaros. Cuando al fin encontró un buen trabajo, le dijo que ahora seguro que se dejaría engañar por una cualquiera, por la primera que pasase, y que la terminaría abandonando a su suerte después de todo lo que ella había hecho por él. La noche que la estranguló, le dijo que era un pelele sin personalidad ni carácter, que ni siquiera tenía fuerzas para apretar un cuello como era debido.
Los pescadores de perlas
Los años le han dejado unas palabras en guaraní, que sabe usar cuando la ocasión lo requiere, pero que no podría traducir sin algún trabajo. Los otros soldados lo aceptan, pero algunos (no todos) sienten que algo ajeno hay en él, como si fuera hereje o infiel o padeciera un mal. Este rechazo lo fastidia menos que el interés de los reclutas.
No es bebedor, pero suele achisparse los sábados. Tiene la costumbre del mate, que puebla de algún modo la soledad. Las mujeres no lo quieren y él no las busca. Tiene un hijo en Dolores. Hace años que no sabe nada de él, a la manera de la gente sencilla que no se escribe. No es hombre de buena conversación, pero suele contar, siempre con las mismas palabras, aquella larga marcha de tantas leguas desde Junín hasta San Carlos. Quizá la cuenta con las mismas palabras, porque las sabe de memoria y ha olvidado los hechos.
No tiene catre. Duerme sobre el recado y no sabe qué cosa es la pesadilla. Tiene la conciencia tranquila. Se ha limitado a cumplir órdenes. Goza de la confianza de sus jefes. Es el degollador. Ha perdido la cuenta de las veces que ha visto el alba en el desierto. Ha perdido la cuenta de las gargantas, pero no olvidará la primera y los visajes que hizo el pampa.
Nunca lo ascenderán. No debe llamar la atención. En su provincia fue domador. Ya es incapaz de jinetear un bagual, pero le gustan los caballos y los entiende.
Es amigo de un indio.
No es bebedor, pero suele achisparse los sábados. Tiene la costumbre del mate, que puebla de algún modo la soledad. Las mujeres no lo quieren y él no las busca. Tiene un hijo en Dolores. Hace años que no sabe nada de él, a la manera de la gente sencilla que no se escribe. No es hombre de buena conversación, pero suele contar, siempre con las mismas palabras, aquella larga marcha de tantas leguas desde Junín hasta San Carlos. Quizá la cuenta con las mismas palabras, porque las sabe de memoria y ha olvidado los hechos.
No tiene catre. Duerme sobre el recado y no sabe qué cosa es la pesadilla. Tiene la conciencia tranquila. Se ha limitado a cumplir órdenes. Goza de la confianza de sus jefes. Es el degollador. Ha perdido la cuenta de las veces que ha visto el alba en el desierto. Ha perdido la cuenta de las gargantas, pero no olvidará la primera y los visajes que hizo el pampa.
Nunca lo ascenderán. No debe llamar la atención. En su provincia fue domador. Ya es incapaz de jinetear un bagual, pero le gustan los caballos y los entiende.
Es amigo de un indio.
La cifra
Quizá se debió a un ansia inconsciente de elevarme hasta encontrarte, o a un efecto de la desesperación; el caso es que comencé a volar.
Sostener mi cuerpo en el aire, orientarme según los vientos, descubrir en las alturas un presagio de tormenta, fue un aprendizaje arduo, un proceso peligroso que ocupó mi tiempo y dio sentido a mi vida.
En las montañas la vista es maravillosa y el silencio casi perfecto. Los cóndores ya no recelan mi presencia, sin embargo bajo a diario al llano. Visito el camposanto. Recorro con mis yemas las letras de tu nombre.
Sostener mi cuerpo en el aire, orientarme según los vientos, descubrir en las alturas un presagio de tormenta, fue un aprendizaje arduo, un proceso peligroso que ocupó mi tiempo y dio sentido a mi vida.
En las montañas la vista es maravillosa y el silencio casi perfecto. Los cóndores ya no recelan mi presencia, sin embargo bajo a diario al llano. Visito el camposanto. Recorro con mis yemas las letras de tu nombre.
MALA CONFECCIÓN
Carmen Dorado Vedia
Carmen Dorado Vedia
Todo comenzó con un hilo en el plato de la ducha.
A la mañana siguiente encontré otro a los pies de la cama. Hice una bolita y lo dejé sobre la mesilla.
La tarde siguiente hallé otro que iba de la cocina a la puerta de la calle. Lo seguí y me condujo hasta el garaje. Allí lo enrollé y lo guardé junto al anterior.
Cada día, tropezaba con pedazos de hebras que junté en un ovillo.
Habría transcurrido una semana cuando observé que, de la espalda de mi marido, colgaba una hilacha igual a las anteriores.
Hoy he pensado que, con el material reunido, puedo tejer otro marido mientras el actual se deshace.
A la mañana siguiente encontré otro a los pies de la cama. Hice una bolita y lo dejé sobre la mesilla.
La tarde siguiente hallé otro que iba de la cocina a la puerta de la calle. Lo seguí y me condujo hasta el garaje. Allí lo enrollé y lo guardé junto al anterior.
Cada día, tropezaba con pedazos de hebras que junté en un ovillo.
Habría transcurrido una semana cuando observé que, de la espalda de mi marido, colgaba una hilacha igual a las anteriores.
Hoy he pensado que, con el material reunido, puedo tejer otro marido mientras el actual se deshace.
Esas que también soy yo
EL GUIONISTA DE SUEÑOS
Ginés S. Cutillas
Ginés S. Cutillas
El escritor enrolló los papeles, los introdujo en el tubo que los comunicaba con los de Arriba y pulsó el botón. ¡Elevamos sueños!, avisó al resto de compañeros que lo miraron con recelo por ser el tercero que subía en poco menos de dos horas.
Si sus historias superaban la censura, aquella misma noche se lanzarían sobre la parte oscura de la Tierra.
Si sus historias superaban la censura, aquella misma noche se lanzarían sobre la parte oscura de la Tierra.
Premios de micorrelato IASA Ascensores
Ana Grandal es licenciada en CC. Biológicas y ejerce como traductora científica freelance desde 1996. Entre otros, ha traducido los libros de divulgación Los orígenes de la vida (Freeman Dyson, Cambridge University Press, 1999), El comportamiento altruista (Elliott Sober y David Sloan Wilson, Siglo XXI, 2000) e Inteligencia emocional infantil y juvenil (Linda Lantieri, Santillana, 2009) y la compilación de poesía incluida en Mina Loy. Futurismo, Dadá, Surrealismo (La Linterna Sorda, 2016). Cuenta con varios premios literarios, que incluyen el V Concurso de Relato Corto del Ayto. de Monturque (2004) y el XIII Premio de Narrativa Miguel Cabrera (2006). Ha publicado la colección de microrrelatos Te amo, destrúyeme (2015), Hola, te quiero, ya no, adiós (2017) y Microsexo (2019) en Amargord Ediciones.
Coedita con Begoña Loza la colección de relatos La vida es un bar (Vallekas) (Amargord Ediciones, 2016), en donde también participa como autora. Colabora en las revistas digitales La Ignorancia y La Charca Literaria. En su faceta musical, toca la flauta travesera en los grupos de rock VaKa y Los Vitter del Kas.
Puedes leer una selección de microrrelatos de su primer libro de microrrelatos, «Te amo, destrúyeme», publicado por Amargord Ediciones en 2015, pinchando AQUÍ.
Coedita con Begoña Loza la colección de relatos La vida es un bar (Vallekas) (Amargord Ediciones, 2016), en donde también participa como autora. Colabora en las revistas digitales La Ignorancia y La Charca Literaria. En su faceta musical, toca la flauta travesera en los grupos de rock VaKa y Los Vitter del Kas.
Puedes leer una selección de microrrelatos de su primer libro de microrrelatos, «Te amo, destrúyeme», publicado por Amargord Ediciones en 2015, pinchando AQUÍ.



