Como adelanto de la mesa redonda «De novela de género a novela negra, ¿qué ha cambiado? Evolución de la novela negra», que el próximo jueves 26 de noviembre moderará Rita Piedrafita en la 7ª edición de nuestra Semana Negra, rescatamos una reseña escrita por Rita para la VI SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA y a la que hemos añadido el booktrailer de «Dostoievski en la hierba». Mar Aísa será una de la tres escritoras que acompararán a Rita Piedrafita en nuestra mesa redonda.
¡Nos vemos en la VII Semana Negra!
Un fuerte abrazo,
Fragmentos de «Dostoievski en la hierba», de Mar Aísa Poderoso
escogidos por Javier Alonso García-Pozuelo
escogidos por Javier Alonso García-Pozuelo
Mientras cenaban, comenzaron a charlar. Lucía sabía que a Diego le costaba abordar su situación personal. Tener que ver a sus hijos cada quince días le resultaba prácticamente insoportable. La vida, a veces, sorprende con virajes insospechados que te alejan de lo que un día fuiste o creíste ser.
Observó a su hermano durante unos segundos. Se estaba haciendo mayor. Ya no tenía el aspecto aniñado que tanto adoraba, pero seguía manteniendo un rostro proporcionado en el que destacaban sus grandes ojos oscuros, antes tan vivaces y ahora tan cansados.
─Bueno y ¿qué tal va la investigación?, ¿sabéis algo ya? ─preguntó Lucía mientras abría un jugoso higo.
─La verdad, no demasiado. La forense cree que el cuerpo pudo ser simplemente abandonado allí pero que la chica podría llevar ya bastantes horas muerta. Con casi total seguridad fue asesinada en otro lugar, la noche anterior.
─¿Y cómo…?
─Estrangulada, aunque luego le asestaron varias puñaladas con gran ensañamiento. Había quemaduras de cigarrillos en los pies y parece que luchó para defenderse. Y… lo más siniestro es que tenía la cara totalmente desfigurada. Probablemente utilizaron algún ácido. Tuvieron el detalle de cubrírsela con una careta infantil.
─¿Una careta?
─Sí, de un lobo.
***
Elisa Martínez de Cabezón tenía el atractivo de las mujeres que saben disfrutar. Pasar horas y horas entre muertos le había ayudado a saborear con más intensidad cada instante, a apreciar de verdad la vida. Al cumplir los cuarenta, se había teñido su ondulada melena de un rubio platino que todavía intensificaba más sus inconfundibles labios rojos. Los policías la llamaban la Doctora Monroe, pero todos la respetaban por su extraordinario rigor y eficiencia. Durante mucho tiempo, se había dedicado en cuerpo y alma a su trabajo, y estaba arrepentida de haberse perdido momentos preciosos con su marido y su hijo. A estas alturas de la existencia, cumplía al máximo con sus obligaciones profesionales, pero, en cuanto finalizaba su horario laboral, recogía su bolso y se marchaba en el viejo Ibiza azul eléctrico. Quería compensar el tiempo perdido y no tener que lamentar que cuando todo termina ya nada importa y no hay posible marcha atrás. Los muertos son buenos maestros.
***
Tras los últimos acontecimientos Lucía necesitaba descargar adrenalina. Se había convertido para ella en una adicción. Respirar el aire saturado bajo los blancos fluorescentes le aportaba serenidad. Buscó a Olivia con la mirada. La encontró golpeando el saco en un angosto pasillo. Concentrada, soltando jabs rotundos y directos. Su larga trenza rubia se movía acompasada. Sus brazos musculosos y delgados cubiertos de tatuajes. Su estómago plano y perfecto. Lucía cogió sus propios guantes y avanzó hacia ella. No quiso distraerla, la admiró en silencio. Olivia intuyó que alguien la observaba, cuando vio que era Lucía interrumpió su entrenamiento.
Sudorosa y jadeante se acercó a la traductora y le plantó un sonoro beso en la mejilla. Eran una pareja extraña, casi antagónica. A primera vista incompatible. Pero en ocasiones la amistad tiene su propia y oculta lógica.
─¿Qué pasa cariño? –preguntó con su voz grave y su habitual brusquedad.
Lucía solía ser bastante intransigente con el término cariño. Pero a Olivia se lo permitía, es más, viniendo de Olivia le reconfortaba.
─Te noto preocupada. ¿No te estarás comiendo la cabeza otra vez? No lo voy a consentir ─le espetó.
─Bueno, no es por lo que piensas, tranquila.
─Bueno. Pues dale duro al saco, que aquí se quedan todos los malos rollos. Y no le des vueltas a nada, joder. Yo sinceramente creo que te vendría bien tirarte a un tío de vez en cuando.
─Olivia, mira que eres bruta ─contestó Lucía conteniendo una carcajada─. Todo lo arreglas de la misma forma.
─Es que, cariño, no hay otra. O follas o te follan ─sentenció con sabia contundencia.
Sudorosa y jadeante se acercó a la traductora y le plantó un sonoro beso en la mejilla. Eran una pareja extraña, casi antagónica. A primera vista incompatible. Pero en ocasiones la amistad tiene su propia y oculta lógica.
─¿Qué pasa cariño? –preguntó con su voz grave y su habitual brusquedad.
Lucía solía ser bastante intransigente con el término cariño. Pero a Olivia se lo permitía, es más, viniendo de Olivia le reconfortaba.
─Te noto preocupada. ¿No te estarás comiendo la cabeza otra vez? No lo voy a consentir ─le espetó.
─Bueno, no es por lo que piensas, tranquila.
─Bueno. Pues dale duro al saco, que aquí se quedan todos los malos rollos. Y no le des vueltas a nada, joder. Yo sinceramente creo que te vendría bien tirarte a un tío de vez en cuando.
─Olivia, mira que eres bruta ─contestó Lucía conteniendo una carcajada─. Todo lo arreglas de la misma forma.
─Es que, cariño, no hay otra. O follas o te follan ─sentenció con sabia contundencia.
***
Y así decidí hacerme forense, aunque a punto estuve en el último momento de decantarme por Filosofía.
Lucía enarcó las cejas: ─Una opción en apariencia muy contrapuesta.
─Tú lo has dicho, en apariencia. De hecho, el límite entre la vida y la muerte es delgado como una fina membrana. Séneca decía algo parecido a que la vida no se detiene para recordarnos que se está escapando. Así que lo único que podemos hacer es prestar atención a lo que está sucediendo ahora mismo.
─No es fácil.
─No, pero eso no justifica nuestra forma de vivir. Nos empeñamos en equivocarnos, aunque otros nos hayan dicho que se puede vivir de otra manera. Al final solo nosotros somos responsables de nuestra infelicidad. Es una opción.
─ ¿Así de sencillo?
Elisa se encogió de hombros y levantó hacia arriba las palmas de las manos.
─De más joven simpatizaba con los cínicos, ahora te diría que estoy más cerca de los estoicos. Me he vuelto menos desvergonzada y solo aspiro a un concepto que me encanta, la ataraxia..
Los tres policías se miraron convencidos de que doña Fernanda era una magnífica actriz. Sin mediar palabra, cruzaron el hall y salieron a los jardines que separaban la vivienda de la bodega. La construcción era magnífica. Un edificio vanguardista con predominio de formas orgánicas, inspiradas en la propia naturaleza circundante. Las amplias cristaleras posibilitaban la entrada de luz y la conexión del interior con el paisaje. Desde allí podía verse a los vendimiadores con sus comportones, trabajando como se hacía antaño.
Una mujer con una hermosa melena oscura recogida en una trenza les esperaba en la entrada. Se adelantó para recibirlos y les dio un firme apretón de manos.
─Soy Alejandra Davis, la hija de Julia Hervías. Encantada.
Avanzaron por un pasillo con amplias cristaleras y suelo de roble que desembocaba en una habitación de enormes dimensiones, presidida por un enorme ventanal desde el que se contemplaba el mar de viñas.
Tomaron asiento en un rincón de la estancia con un sofá de un atrevido color amarillo que contrastaba con varios sillones de piel en color negro.
Lucía enarcó las cejas: ─Una opción en apariencia muy contrapuesta.
─Tú lo has dicho, en apariencia. De hecho, el límite entre la vida y la muerte es delgado como una fina membrana. Séneca decía algo parecido a que la vida no se detiene para recordarnos que se está escapando. Así que lo único que podemos hacer es prestar atención a lo que está sucediendo ahora mismo.
─No es fácil.
─No, pero eso no justifica nuestra forma de vivir. Nos empeñamos en equivocarnos, aunque otros nos hayan dicho que se puede vivir de otra manera. Al final solo nosotros somos responsables de nuestra infelicidad. Es una opción.
─ ¿Así de sencillo?
Elisa se encogió de hombros y levantó hacia arriba las palmas de las manos.
─De más joven simpatizaba con los cínicos, ahora te diría que estoy más cerca de los estoicos. Me he vuelto menos desvergonzada y solo aspiro a un concepto que me encanta, la ataraxia..
Los tres policías se miraron convencidos de que doña Fernanda era una magnífica actriz. Sin mediar palabra, cruzaron el hall y salieron a los jardines que separaban la vivienda de la bodega. La construcción era magnífica. Un edificio vanguardista con predominio de formas orgánicas, inspiradas en la propia naturaleza circundante. Las amplias cristaleras posibilitaban la entrada de luz y la conexión del interior con el paisaje. Desde allí podía verse a los vendimiadores con sus comportones, trabajando como se hacía antaño.
Una mujer con una hermosa melena oscura recogida en una trenza les esperaba en la entrada. Se adelantó para recibirlos y les dio un firme apretón de manos.
─Soy Alejandra Davis, la hija de Julia Hervías. Encantada.
Avanzaron por un pasillo con amplias cristaleras y suelo de roble que desembocaba en una habitación de enormes dimensiones, presidida por un enorme ventanal desde el que se contemplaba el mar de viñas.
Tomaron asiento en un rincón de la estancia con un sofá de un atrevido color amarillo que contrastaba con varios sillones de piel en color negro.
***
La venezolana hablaba ahora como para sí misma: ─Fueron buenos años. Buenos años. Años de prosperidad ─. De repente volvió a elevar el tono de voz para dirigirse nuevamente a Lucía─. Al poco tiempo, San Francisco se rindió a los pies de don Antonio. Producía los mejores vinos de la Bahía y de toda California. La señora recuperó el ánimo y se dedicó a celebrar fiestas y más fiestas durante años. Venía gente importante. Incluso Frank Sinatra y Ava Gardner.
─¿De verdad? ¿Y cómo eran?
─Eran bellos los dos. Sobre todo, ella. Nunca vi una mujer igual. Había entre ambos algo electrizante. Se sentía al estar a su lado. Ava llevaba un vestido blanco con ramajes verdes en la falda y un gran escote en la espalda. Pero yo vi la desgracia. Vi que él estaba desesperado, muy desesperado ─su voz se quebró momentáneamente.
Lucía sintió una descarga recorrer su columna.
─De ti también puedo ver cosas, aunque estemos a oscuras ─Lucía comenzó a respirar agitadamente.
─¿De verdad? ¿Y cómo eran?
─Eran bellos los dos. Sobre todo, ella. Nunca vi una mujer igual. Había entre ambos algo electrizante. Se sentía al estar a su lado. Ava llevaba un vestido blanco con ramajes verdes en la falda y un gran escote en la espalda. Pero yo vi la desgracia. Vi que él estaba desesperado, muy desesperado ─su voz se quebró momentáneamente.
Lucía sintió una descarga recorrer su columna.
─De ti también puedo ver cosas, aunque estemos a oscuras ─Lucía comenzó a respirar agitadamente.
Puedes acceder al programa de la próxima SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA, festival virtual del género negro celebrado del 21 al 27 de noviembre, pinchando AQUÍ.
Amando las letras elegí las ciencias, y a partir de aquí, tú, amante de los libros, rellenas.
Da igual alta o baja, guapa o fea, de ciencias o letras… Lo único importante es que leo, leo y leo.
Y me encanta que leas junto a mí.


