«La Novela Procedimental», por Julio César Cano
Para esta ocasión, mi querido amigo y colega Javier Alonso García-Pozuelo me escribió uno de sus optimistas mensajes desde el otro lado del Océano; una de esas misivas en las que suele despedirse con su habitual: «Abrazos desde este lado del charco»; y yo me lo imagino saltando de avión en avión, de taxi en taxi, en Colombia, en la República Dominicana o en Panamá. El caso es que se puso en contacto para pedirme que escribiera un artículo sobre Novela Procedimental. Sí, había leído bien, novela procedimental, tal cosa me solicitaba el autor de La cajita de rapé. Confieso que al principio pensé que se estaba cachondeando de mí –como escritor me refiero-; que había llegado a la conclusión de que mi procedimiento procedimental –disculpen la redundancia- puede resultar caprichoso en ocasiones. Que había descubierto que me permito licencias que otros escritores, también amigos y colegas admirados, cumplen a rajatabla como si de un manual de instrucciones se tratara.
Inmerso en las correcciones de la que será la quinta novela del inspector Monfort, el texto sobre novela negra procedimental hervía en mi cabeza desde el momento en el que, como no podía ser de otra forma, accedí a los deseos de Javier. ¿Quién soy yo para declinar la oferta de un tipo capaz de crear una novela sobre un inspector de Policía en el Madrid del siglo XIX? «Él sí que debe saber del asunto procedimental», pensé.
La cuestión es que yo crecí con Hércules Poirot, con Sherlock Holmes, con C. Auguste Dupin, con Philip Marlowe o con Jules Maigret de George Simenon que introdujo la gastronomía en el género y fue el gran inspirador de Andrea Camilleri, Leonardo Padura, Petros Márkaris o Manuel Vázquez Montalbán entre muchos otros.
El caso es que cuando me puse los pantalones largos todavía no era capaz de discernir si era novela procedimental o qué demonios era aquello que escribían; aunque tampoco creo que conociera tal concepto cuando se me pelaban las rodillas.
Yo leía las aventuras de esos personajes porque acababan bien; tenían un, digámoslo así, final feliz. Como lectura de entretenimiento también –ese concepto que tanto incomoda a los puristas de la novela negra y que me recuerda a los del flamenco, con sus estilos cortados a patrón y donde nadie puede salirse de los cánones establecidos.
Con la llamada novela procedimental aparece en escena un universo en el que las personas que deben resolver un caso, ya sean policías o detectives, ejecutan su trabajo a la perfección. Los medios científicos para descubrir al asesino adquieren relevancia en el texto; se trabaja en equipo dejando de lado al policía solitario que investiga por su cuenta. En la novela procedimental se trabaja por y para el crimen y cada personaje ocupa su posición: policías, detectives, fiscales, médicos forenses –cada vez más resolutivos- y agentes que acatan las órdenes de un superior. En definitiva, que los protagonistas deberán ponerse manos a la obra en busca de pistas, huellas, detalles, resquicios que no deberían escapar a ojos de un buen investigador que se precie para, entre todos, resolver el caso que les atañe.
Desde la novela de misterio, que a mi modo de ver fue el desencadenante de todo lo demás, pasando por la novela policíaca, la novela negra, el Hard-Boiled o la novela enigma, hasta llegar a los Domestic Noir o Rural Noir tan en boga en la actualidad, absolutamente todos los escritores utilizan un procedimiento, sea el que sea. Un tratamiento procedimental que el propio autor lleva a cabo a través de sus personajes, ya sea completamente fiel a los estándares o aunque decida permitirse ciertas licencias para que la obra lleve al lector al punto culminante en el que tras cerrar el libro quede satisfecho con lo que ha leído.
El procedimiento, para aquellos que nos importan poco las normas preestablecidas y los estereotipos recalcitrantes, no es otro que el trabajo bien hecho.
Poco más puedo contarles, salvo recomendarles que lean y sean felices de una forma que no necesariamente deba ser estrictamente procedimental.
¡Larga vida a la Semana Negra en la Glorieta!.
© Julio César Cano
Autor de los casos del inspector Monfort:
Asesinato en la plaza de la farola (Maeva, 2015)
Mañana, si Dios y el diablo quieren (Maeva, 2015)
Ojalá estuvieras aquí (Maeva, 2017 – Galardón Letras del Mediterráneo de Novela Negra 2017).
Flores muertas (Maeva, 2019).
Autor de los casos del inspector Monfort:
Asesinato en la plaza de la farola (Maeva, 2015)
Mañana, si Dios y el diablo quieren (Maeva, 2015)
Ojalá estuvieras aquí (Maeva, 2017 – Galardón Letras del Mediterráneo de Novela Negra 2017).
Flores muertas (Maeva, 2019).
Puedes acceder al programa de la SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA, festival virtual del género negro celebrado del 21 al 27 de noviembre en el blog de Historia y Literatura CITA EN LA GLORIETA, pinchando AQUÍ.
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| Julio César Cano - Fotografía de Manuel Navarro Forcada - |
Julio César Cano
(1965, Capellades, Barcelona), trabajó en el negocio familiar hasta que
el mundo de la música llamó a su puerta. Durante varios años ejerció
como músico y mánager de grupos. Actualmente se dedica a la publicidad,
actividad que compagina con la escritura.
Como autor, es conocido tanto por sus ensayos y artículos sobre gastronomía y viajes, como por sus novelas y relatos, entre ellos Cocina, carretera y manta y Hojas de otoño. Flores muertas es la cuarta investigación del inspector Monfort, que sigue a Ojalá estuvieras aquí, Mañana, si Dios y el diablo quieren y Asesinato en la plaza de la Farola.
Reside junto a su familia en La Pobla Tornesa, provincia de Castellón, donde transcurre la serie del inspector Monfort.
Como autor, es conocido tanto por sus ensayos y artículos sobre gastronomía y viajes, como por sus novelas y relatos, entre ellos Cocina, carretera y manta y Hojas de otoño. Flores muertas es la cuarta investigación del inspector Monfort, que sigue a Ojalá estuvieras aquí, Mañana, si Dios y el diablo quieren y Asesinato en la plaza de la Farola.
Reside junto a su familia en La Pobla Tornesa, provincia de Castellón, donde transcurre la serie del inspector Monfort.


