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«La memoria del tiempo», novela de Javier Torras de Ugarte

«LA MEMORIA DEL TIEMPO». Sinopsis
El doctor en arte antiguo, Jaime Lucas, despierta una tarde de verano en un céntrico apartamento de Madrid. El timbre suena estrepitosamente traqueteando su cerebro envuelto en una poderosa resaca. Al otro lado de la puerta le espera la joven Sara Zambrano, que ha sido enviada por Sotheby’s para ayudarle en la catalogación de una extraña escultura de barro que representa a una diosa, perteneciente al legado del magnate Peter James, muerto en extrañas circunstancias unos días antes. Todo parece bastante normal excepto por una cosa: Jaime Lucas no recuerda absolutamente nada, ni siquiera su nombre.
   A partir de ese momento la novela se convierte en un maravilloso viaje por la historia de la diosa de barro. Jaime y Sara investigan sobre sus orígenes y descubren que sus poseedores siempre estuvieron en contacto con grandes nombres de la historia: Felipe II, Velázquez, Goethe, Goya, Manet, Picasso, Dalí… a la vez que van comprendiendo la maldición que de la escultura se desprende.
   Paralelamente Jaime Lucas debe ir descubriendo quién es él en realidad, qué secretos se ocultan en su memoria y por qué el destino parece haberle unido a la diosa de barro y a la joven empleada de Sotheby’s.
   De un siglo a otro, la narración se centra en la vida de los dueños de la diosa, los peligros que corrieron para mantenerla a salvo y los sacrificios a los que esto les llevó. Importantes personajes de la historia de la humanidad cobran vida y tienen voz propia en la novela, participando en el argumento como protagonistas.
   Jaime Lucas y su ayudante se adentrarán en las arenas de la historia y se verán obligados a hacer frente a todo tipo de peligros para esquivar la maldición de la diosa de barro, para desvelar los secretos de la memoria del tiempo
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"[...] un libro lleno de misterio y misticismo ancestral, historia, arte, intrigas y amor. Una novela de aventuras en toda regla." EL AVENTURERO DE PAPEL


«LA MEMORIA DEL TIEMPO». Fragmento
—Y decidme, don Diego —comenzó el portugués ya desde la cama, a la sombra de un candil—, ¿qué es exactamente lo que os ha traído hasta aquí? —Hizo una pausa—. No alcanzo a comprender cómo un hombre puede embarcarse en una alocada aventura de este tipo sin esperar sacar nada a cambio.

—¿Nada a cambio? Ya sabéis, capitán, que cuando ese loco se dé por vencido deben llevarme a Pohnpei.

—Ah, sí. Pohnpei. ¿Sabréis vos cuál de las miles de islas que hay en ese archipiélago es Pohnpei?

—Sin duda, capitán.

—Bien, no os he hecho esta pregunta antes por respeto… y principalmente porque en nuestras conversaciones siempre ha estado presente doña Isabel, pero ¿qué esperáis encontrar en Pohnpei?

—Eso, querido amigo, no es de vuestra incumbencia.

—Comprendo —el capitán encendió un cigarrillo que acababa de liar con tabaco de La Española—. ¿Y es, acaso, de la incumbencia de algún rey?

—Veo que sois bastante astuto. No os engañaré, es obvio que estoy aquí por orden del rey Felipe. Conocida es su afición por los grandes misterios, y esa isla es uno de ellos.

—¿Qué querría encontrar a este lado del mundo un hombre pío y regio como nuestra majestad?

—Huevos de dragón, cuernos de unicornio, plumas de ángel… este tipo de objetos son los que pueblan las colecciones secretas de don Felipe. Es un hombre pío, sin duda. Ha luchado por la cristiandad en todo el mundo e incluso, así como su padre, está por encima de la iglesia en asuntos que solo tienen que ver con Dios. Pero no por ello olvida que es este un mundo extraño y antiguo. Lo que espera encontrar, o mejor dicho, que yo encuentre, en esa isla, tiene que ver con la magia y el poder.

—Aquello que seáis vos capaz de encontrar lo utilizará el rey para luchar contra los enemigos de Dios… —La ironía no era una de las especialidades del portugués, pero se esforzó por parecer ambivalente.

—Sin duda, capitán. Sin duda —sonrió Diego para sus adentros.

—Sois pintor, ¿verdad?

—Vive Dios que lo soy.

—¿Y qué tipo de pintura hacéis?

—Oh, querido amigo, mi pintura carece de toda importancia. Solo pinto lo que ordena el rey, y mis pinturas son solo para el rey. Para mi desgracia carezco del talento de los grandes maestros como Tiziano, El Bosco u otros pintores que adora nuestro monarca. Ni siquiera podría afirmar que haya heredado algo de la grandeza de mi tío Alonso.

—Y sin embargo…

—Sí, sin embargo he sido nombrado pintor del rey.

—Y diplomático de la corona.

—Como os he dicho, mi talento no alcanza más que para pintar lo que ordena el rey. Necesitaba otras ocupaciones.

—Veo que no queréis, o no podéis contar más a cerca de nuestra majestad. Os pido disculpas, no volveré a insistir en este tema.

—No os preocupéis, capitán. Yo en vuestro lugar también tendría miedo.

Esta vez el silencio se hizo más denso. Por una parte el capitán parecía calibrar las palabras del pintor. ¿Miedo? Por otro, Diego esperaba que su última frase provocara el efecto deseado
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«La memoria del tiempo»
EDITORIAL AMARANTE, 2015

Agradecemos a Javier Torras de Ugarte que nos haya dado permiso para reproducir en CITA EN LA GLORIETA este fragmento de La memoria del tiempo.

Javier Torras de Ugarte (Madrid, 1982)
es licenciado en Historia del Arte y Doctor en Arte Contemporáneo por la UCM. Ha publicado cuatro novelas hasta la fecha (La ciudad vertical, 2011; El libro eterno, 2013; ¿Crees en la magia?, 2014 y La memoria del tiempo, 2015) y algunos relatos. Interesado por la fantasía y la ciencia ficción, prepara una nueva novela que ahonda en la ficción especulativa con estética steampunk. Sus dos primeros libros circundaban los temas de la memoria, el pasado y la historia como identidad en un ambiente distópico, asuntos que no ha abandonado desde entonces y en los que ha profundizado desde otras perspectivas, como en la ficción histórica de La memoria del tiempo. Es fiel lector de terror clásico, de novela histórica y de ciencia ficción moderna, lo que se deja entrever en sus escritos. Trabaja desde hace nueve años en una conocida galería de arte.

«Mañana, si Dios y el diablo quieren», novela de Julio César Cano

«MAÑANA, SI DIOS Y EL DIABLO QUIEREN». Sinopsis
La tranquila vida de la ciudad de Castellón se ve alterada por un macabro asesinato, el de un hombre cuyo cuerpo aparece brutalmente mutilado en un piso del centro. Para resolver el caso, el comisario Romerales pide ayuda al inspector Monfort, con quien ya colaboró en el pasado. Juntos reconstruirán la historia de la víctima, el director de una oficina de empleo con fama de mujeriego. El caso se complica cuando hallan un segundo cadáver que no parece tener relación alguna con el primero.


«MAÑANA, SI DIOS Y EL DIABLO QUIEREN». Fragmentos
[...] El inspector temió que en algún momento el coche tocara con su enorme panza en alguna de aquellas piedras que campaban sueltas en mitad del camino y dañara el cárter. Tuvo que detenerse en varias ocasiones para sortear las más grandes, que se desprendían de los muros por la acción del viento y la lluvia que había caído. Llevaba más de media hora subiendo por aquel endemoniado camino de piedras y barro hasta que, en una gran curva, una de las ruedas delanteras quedó clavada en el barro y pensó que hasta allí había llegado. Intentó sacar el coche del agujero, pero tras varios intentos observó que la rueda se hundía más y más en el fango. Salió del vehículo, miró al cielo, que ciertamente le había dado una tregua, y por una vez no perdió los nervios: encendió un cigarrillo y aspirando una fuerte calada divisó el camino por el que había subido. Dio varios pasos y se asomó a un claro del bosque desde el que se veía el albergue a lo lejos, como si fuera una casita de muñecas, con sus ventanas alineadas y la impoluta pintura blanca de las paredes. Regresó y se apoyó en el capó del coche. Pensó en las tres mujeres que nadie encontraba [...]

«Mañana, si Dios y el diablo quieren»
MAEVA EDICIONES, 2015, pág. 95-96

  –¿Dónde estás?
  –En casa.
  –Pues deja lo que estés haciendo y vete a buscar a Enrique Gálvez a la oficina de la calle Castelldefels. Dile que queremos hacerle unas preguntas rutinarias. No lo pongas nervioso, no lo asustes y tráelo lo más pronto que puedas.
  –A la orden, jefe –dijo Corral en tono burlón–. ¿No encuentra a su poli preferido? Quizá esté en algún bar ahogando las penas en whisky caro.
  Pero el comisario Romerales ya había cortado la comunicación, y Corral se quedó unos segundos con el teléfono en la mano antes de guardarlo de nuevo en el bolsillo.
  –¿Te vas? –le preguntó su mujer.
  –Sí, tengo trabajo, me han llamado, me necesitan, ya te dije que me han dado ese caso tan importante, confían en mí.
  –Tenemos que hablar –le pidió ella con tono de súplica.
  –Ya te he dicho que no creo que ahora sea el momento de tener más niños en casa.
 –Es lo que tú opinas, pero... y lo que pienso yo, y mi felicidad, ¿no te importa?
 –Tengo trabajo –contestó escuetamente Corral mientras salía por la puerta–. Luego lo hablamos.
  –¿Luego?
  –Sí, luego.
  –Siempre dices lo mismo.
  –También tú siempre dices lo mismo.
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«Mañana, si Dios y el diablo quieren»
MAEVA EDICIONES, 2015, pág. 100-101

  Intentó ordenar su mente, controlar los movimientos de su raptor en la oscuridad. Debía crearse un horario pese al miedo y el dolor. La rutina era siempre la misma. Si los golpes que le propinaba no eran tan terribles como para que se desmayara, la desataba y le dejaba hacer sus necesidades en un cubo; a continuación le permitía lavarse con el agua que había en una palangana. Después le daba agua de una botella de plástico y un trozo de pan gomoso con algo dentro parecido a la mortadela. Todo a oscuras. Encendía una débil linterna que enfocaba hacia el suelo para que ella no reconociera nada y luego se apartaba del mortecino haz de luz para que no pudiera verlo en ningún momento. Seguía cubriéndose el rostro con el pasamontañas. La desataba y posteriormente la ataba contra la viga completamente a oscuras. Aquel monstruo conocía a la perfección el espacio y se movía sin tropezar con nada. Ella pensó que si tenía alguna oportunidad era únicamente en aquellos instantes
en que la desataba o la volvía a atar. Era entonces cuando lo tenía más cerca, cuando podía oler el cuero de su chaqueta.
  Antes de salir le dio un puntapié en el tobillo y el dolor le llegó a lo más profundo de sus terminaciones nerviosas.
  Se juró a sí misma que la próxima vez gritaría con todas sus fuerzas y haría lo posible por atacarlo de alguna forma: golpearle con algún objeto, morderle... Tenía que pensar cómo, de qué manera, pero lo haría. Sería su última oportunidad. Si fallaba no habría segunda vez. La mataría, de eso estaba segura.
  Más tarde, cuando le fue imposible relajarse y dormir un poco, no se permitió llorar como en las otras ocasiones. Su cabeza se puso en marcha. Empezó a tramar un plan, su plan, el único plan posible
.


«Mañana, si Dios y el diablo quieren»
MAEVA EDICIONES, 2015, pág. 151


Agradecemos a la editorial MAEVA que nos haya dado permiso para reproducir en CITA EN LA GLORIETA varios fragmentos de Mañana, si Dios y el diablo quieren, de Julio César Cano.

Julio César Cano
- Fotografía de Manuel Navarro Forcada -

Julio César Cano (1965, Capellades, Barcelona), trabajó en el negocio familiar hasta que el mundo de la música llamó a su puerta. Durante varios años ejerció como músico y mánager de grupos. Actualmente se dedica a la publicidad, actividad que compagina con la escritura.
 

Como autor, es conocido tanto por sus ensayos y artículos sobre gastronomía y viajes, como por sus novelas y relatos, entre ellos Cocina, carretera y manta y Hojas de otoño. Mañana, si Dios y el diablo quieren es la segunda investigación del inspector Monfort, que sigue a la de Asesinato en la plaza de la Farola.
 

Reside junto a su familia en La Pobla Tornesa, provincia de Castellón, donde transcurre la serie del inspector Monfort.

80 FRASES célebres de WOODY ALLEN clasificadas por TEMAS

Allan Stewart Königsberg, conocido con el nombre artístico de Woody Allen, es un director, guionista, actor, músico, dramaturgo, humorista y escritor estadounidense, nacido en Brooklyn, el 1 de diciembre de 1935.


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FRASES CÉLEBRES DE WOODY ALLEN:

SELECCIÓN DE FRASES CÉLEBRES DE WOODY ALLEN:
 
La realidad es un asco, la odio, la odio; pero ¿en qué otro sitio se puede encontrar un buen bistec para la cena?
Nietzsche dice que nosotros viviremos la misma vida nuevamente, ¡dios!, entonces yo tendré que ver de nuevo a mi agente de seguros.
Morir es como dormir, pero sin levantarse a hacer pis.
En realidad, prefiero la ciencia a la religión. Si me dan a escoger entre Dios y el aire acondicionado, me quedo con el aire.

No sólo no existe Dios, sino que a ver cómo encuentras un electricista en domingo..


La vocación del político de carrera es hacer de cada solución un problema.
Hay estudiantes que les apena ir al hipódromo y ver que hasta los caballos logran terminar su carrera.
Arreglar los problemas económicos es fácil, lo único que se necesita es dinero.
El amor es la respuesta, pero mientras esperas la respuesta, el sexo plantea algunas preguntas bastante interesantes.

El sexo sin amor es una experiencia vacía. Pero como experiencia vacía es de las mejores.


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EL COLMO DE UN NEURÓTICO
Jacobo D. Godínez
Cuando despertó, el cadáver seguía allí, el ascensor atascado y, a su lado, doña Patrocinio, en bata y con rulos, repitiéndole una y otra vez que era clavaíto a Woody Allen.

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Luis Figuerola-Ferretti Gil (1946-2015)

Luis Figuerola-Ferretti Gil nació el 17 de enero de 1946 en Madrid, siendo el quinto de una familia de seis hermanos y un gato negro; se dedicó al amor, al humor y al periodismo y, en palabras de José Gómez-Acebo, se embarcó en una nueva aventura, a las 2:25 am de un 25 de noviembre soleado y otoñal, de luna llena rasgada en Madrid.

Luis Figuerola-Ferretti Gil

Desde aquí queremos rendirle un pequeño homenaje, incluyendo varios fragmentos de una entrada de su magnífica bitácora “El duende la radio”. En el post del que extraemos los fragmentos, Figuerola-Ferretti le dedicaba un homenaje a otro gran periodista, Fernando Argenta, que acababa de fallecer. Seguro que allá donde se hayan reunido, Fernando habrá dado un fuerte abrazo a su amigo para agradecerle las hermosas palabras que de él escribió en aquella ocasión.

FERNANDO ARGENTA AL FINAL DE LA ESCALERA (fragmentos)
Luis Figuerola-Ferretti
…
  Los que conocisteis más o menos profundamente a Fernando Argenta podíais pensar de él que era un tipo cercano, simpático, ingenioso, inquieto, divertido, entrañable, sanamente gamberro, tenaz en la defensa de sus valores, reivindicador de la gloria de su padre, el insigne Ataúlfo Argenta. Un hombre sencillo, machadianamente bueno. Para Toñi, la admirable mujer con la que compartió medio siglo de su vida, era además tan genial como Einstein y más guapo que Paul Newman en sus mejores momentos.
   El de Toñi sí que es un amor ejemplar, caramba.
…

   Fernando Argenta tuvo la inmensa suerte de hacer de su pasión su trabajo. Y, aún más, el privilegio de descubrir la música clásica a muchos que hasta su aparición la consideraban aburrida o incomprensible. Conducidos por él  probablemente aprendieron a gozarla y a subir, peldaño a peldaño, por esas melodías  sublimes que elevan el espíritu y le redimen a uno de la condición humana.
…
   Te lo imaginas al final de la escalera, presentándose a San Pedro o al que haga el papel de guardián del paraíso.

   –No es que haya hecho muchos méritos –le dirá- Es que la música me traía aquí y me he dejado llevar…
…
   Qué grande el hijo de Ataúlfo Argenta, derramando cultura con la misma naturalidad y desparpajo con que tocaba rock con su grupo de Los Tonys.  Qué justo premio el suyo, al final de la escalera y haciendo cosquillas a las estrellas...

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