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«El suceso», de Ángel Fabregat y otros microrrelatos

La siguiente selección de microrrelatos ha sido escogida para CITA EN LA GLORIETA por Fernando Gómez Lamadrid, fundador de la página de facebook TOPmicrorrelatos.  


Cada tarde al volver del trabajo en el tren de cercanías de las 18:45, veo a mi mujer de pie en el andén alzando cada tanto la cabeza, como si buscara a alguien. Cuando el tren ya ha reanudado su marcha, me acerco a ella y le digo:
   —Siento que hayas tenido que esperar tanto, pero hoy iba con algo de retraso… Eh, ¿me escuchas?… Soy tu marido… ¡María! ¡María!…
   Ella mira y mira ensimismada, mientras nuestro perro me ladra. Cuando no queda nadie en el apeadero se va entre lágrimas. Así llevamos desde que estalló aquella bomba en el vagón
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LA MISMA FECHA
Manuel Moya
Fue la misma fecha en la que Pablo te dijo que si delatabas a aquellos polis verías su corazón ante tu puerta. La misma fecha en la que aparecieron los tipos con la moto y amenazaron con incendiar tu casa si seguías en tus trece. La misma fecha en la que yo te dije, chica, lo mejor es que te olvides de todo y te vengas conmigo y tú me respondiste, aguantaré, aguantaré, aunque sea lo último que haga en mi vida y yo te contesté casi en broma, no, si va a ser verdad que seré yo quien te mate. La misma fecha, ¿recuerdas?, y ya ves lo sutil y preciso que acaba siendo el destino.

INCOGNITA
Carmen Peire
Una persona es lo que cree ser, lo que los demás opinan que es y lo que realmente es. Desde esta perspectiva, no se pudo averiguar quién cometió el asesinato.

El asesino
- Edvard Munch -
(1910)

ÚLTIMA VERSIÓN
Javier Sáez de Ibarra
En plena noche, se levantó y fue al cuarto de baño. Ahí estaba cuando dos ladrones acuchillaron a su mujer y a su hijo pequeño. Él había sentido el cuchicheo y los pasos de los asaltantes, también supo por los movimientos sordos que hubo una lucha con su mujer, quien debió de despertarse un momento antes de que la mataran. Él buscó entre los utensilios del baño algo que le sirviera de arma; no lo halló. Se quedó de pie, tras la puerta, quieto, conteniendo los ruidos. Los hombres se tomaron un tiempo para registrar algunos cajones, encontraron joyas, pocas, dinero, hasta que se dieron por satisfechos. Se marcharon pronto.
    El hombre barajó y sostuvo versiones diferentes —digamos, catorce— de estos hechos. Antes de añadir una nueva muerte a la narración
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NOVELA POLICIACA
Paul M. Viejo
Lo que más me molestó, irritó, por lo que me juré no volver a hacerlo más, por muy motivado que estuviera, por mucha fama que estuviese esperándome, fue que, tras ordenar de una forma coherente toda la historia en mi cabeza, dar los antecedentes de lo ocurrido, explicar la importancia de la mujer rubia en todo esto, atar cuanto cabo permaneciera suelto y procurar no dejarme ningún cadáver sin mencionar, todo narrado despacito y con buena letra, hora tras hora, al final del interrogatorio al policía sólo se le ocurrió decir que quién era yo, que después de tantas preguntas como hizo ya se le había olvidado incluso de qué se me acusaba.

«Mar de Pirañas», antología de microrrelatos de Fernando Valls

Los siguientes microrrelatos están incluidos en «Mar de Pirañas» (antología de microrrelatos editada por Fernando Valls y publicada por la editorial MENOSCUARTO en 2012) y han sido escogidos para CITA EN LA GLORIETA por Fernando Gómez Lamadrid, fundador de la página de facebook TOPmicrorrelatos. Puedes acceder a la página de MENOSCUARTO pinchando en la portada del libro.


LA SOLEDAD
Felipe Benítez Reyes
Lo remata la cabeza de un caballo encrespado, con su agitada crin y su relincho congelado en la plata.
   Perteneció a mi abuelo. Lo tenía sobre la mesa de su despacho y con él abría los sobres certeramente, con limpieza de maestro de esgrima: el papel sufría una herida invisible. Cuando hundía la hoja en el sobre, la cabeza de caballo parecía cabalgar como una figura de guiñol.
     A la muerte de mi abuelo, el despacho lo ocupó mi padre. El abrecartas no lo utilizaba: una secretaria le presentaba la correspondencia ordenada en una carpeta.
     A la muerte de mi padre, no pude ocupar su despacho, pero me traje a casa el abrecartas. Yo quisiera utilizarlo hábilmente como mi abuelo. Cada día acaricio la cabeza de plata de la bestia.
     Desde hace años espero alguna carta para ir practicando.

LA MISMA FECHA
Manuel Moya
Fue la misma fecha en la que Pablo te dijo que si delatabas a aquellos polis verías su corazón ante tu puerta. La misma fecha en la que aparecieron los tipos con la moto y amenazaron con incendiar tu casa si seguías en tus trece. La misma fecha en la que yo te dije, chica, lo mejor es que te olvides de todo y te vengas conmigo y tú me respondiste, aguantaré, aguantaré, aunque sea lo último que haga en mi vida y yo te contesté casi en broma, no, si va a ser verdad que seré yo quien te mate. La misma fecha, ¿recuerdas?, y ya ves lo sutil y preciso que acaba siendo el destino.

ENTRE INTELECTUALES
Miguel Ibáñez
Él pasaba a mi lado y se tiró una pomposidad, y ya sé yo que lo hizo a propósito. Pues yo le solté una petulancia que lo dejé tieso. Bueno, pues acto seguido va el tío y se deja escapar una fatuidad, así como quien no quiere la cosa. Y entonces ya le tuve que expeler una rimbombancia que ahí ya se quedó aplastadito. Que no soy yo de esos que va por ahí arrojando ampulosidades, pero claro, si me faltan al respeto….

La tertulia del Café de Pombo
- José Solana -
(1920)

ABRIL
Beatriz Alonso Aranzábal
Me senté en la última fila del autobús escolar, suplicando baches. Por fin salíamos de excursión toda la clase, y mis compañeras se regocijaban en sus asientos, mientras piropeaban al conductor. La profesora decía que la primavera no tiene remedio. Unos días antes yo había hecho el amor por primera vez. Sin precauciones.

LA DERROTA
Ángel Olgoso
Para qué huir de ella. No puedes guardarte ni escapar. Antepone tu persecución a toda otra idea. Más pronto o más tarde, a la menor oportunidad, te atrapará. Con paso poderoso, como una sombra leonada, buscará hasta encontrarte. De nada te sirven la Capa de Invisibilidad y su caperuza cubierta de rocío, las Botas de Siete Leguas con las que corres treinta  y dos veces más rápido que el más veloz de los hombres, la Hierba de Glauco que hace saltar las cerraduras de todas las puertas, el Tapete de Rolando que te permite convocar cualquier alimento que desees, la Flor Mágica capaz de colorear y perfumar cada una de tus desdichas. De nada te servirán cuando ella —ávida, arrogante, burlona— cierre los caminos y te cerque con infalible celeridad. Puede que llegue sin aliento —es vieja y seca—, que su jadeo delate lo agotador de la incesante tarea que la ocupa desde siempre, pero no puedes albergar dudas sobre el desenlace.