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Microrrelatos de amor y desamor (V)

La siguiente selección de microrrelatos ha sido escogida para CITA EN LA GLORIETA por Fernando Gómez Lamadrid, fundador de la página de facebook TOPmicrorrelatos.  


EL GOFRE
Beatriz Alonso Aranzábal
Cuando la enfermera le preguntó la edad respondió: “El 16 de julio cumplo cuarenta”. Podía haber añadido: “Nací el día en que un astronauta pisó la luna”, pero tampoco quería darse importancia. Se había hecho un corte en el dedo, en la cocina de casa, y había salido disparado a Urgencias porque notó cómo la cuchilla de la batidora confundía su dedo con el trozo de mantequilla (“¡Por qué se pondría a hacer gofres con una receta alemana!”). Al taxista le dijo que lo llevara a toda velocidad, pero éste al ver dañado un simple dedo puso cara de desprecio: no iba a saltarse él ningún semáforo por tan poca cosa. En el trayecto el pañuelo se fue coloreando de escarlata, y el hombre suspiró: “Mamá”. Mientras esperaba a ser atendido vio a un hombre con una brecha en la cabeza, acompañado de una mujer con cara de haberle dado con el rodillo. Sintió una ligera envidia, no por el golpe, sino por tener a una mujer. Aquel hombre diría a la enfermera: me he chocado con el canto de la puerta. Y ésta pondría cara de: “denúnciala”. Pero todo seguiría igual. Entonces se alegró de no tener mujer. Pero duró poco, porque miró a la enfermera, y se enamoró de ella mientras le tomaba la tensión. Entonces ella le preguntó: “¿Qué le ha pasado?” y el hombre respondió: “Nací el día en que un astronauta pisó la luna”. “Enseguida le atenderá el doctor”, dijo la enfermera antes de cambiar de paciente. Tumbado sobre la camilla y bajo unos focos notaba cómo le cosían el dedo índice. Dolía. “¿Cuántos días tendré que permanecer en el Hospital? Miren que se acerca mi cumpleaños”. “Procure no mojarse el dedo hasta mañana”, le respondieron, y sin darse cuenta estaba ya fuera del hospital. Mientras regresaba a casa se asustó al pensar que la punta del dedo podía haber salido por los aires y la cirugía habría sido harto complicada. Entró a la cocina y decidió seguir batiendo la mantequilla: la sangre sólo había salpicado la encimera. Al fin y al cabo quería merendar un gofre. Estaba solo. Podía hacer lo que le diera la gana.

AMORES CANSADOS
Fernando López
Érase un mascarón que vivió en la proa de un barco viajando a lo largo y a lo ancho de los mares. No hubo rincón ni playa ni paraje alguno que pasara desapercibido a sus ojos ávidos de todo. Pero a lo largo de los años comenzó a sentir el deseo de asentarse en tierra firme, de conocer a alguien que llenara con besos el vacío que no llenaban ya los mares. Para entonces, su hermoso traje azul y sus ojos soñadores habían perdido el color consumidos por la sal.

Cierta vez, en uno de los puertos a que arribó la nave, descubrió en un pequeño escenario de titiritero a una hermosa marioneta que soñaba con viajar. Había vivido siempre en ese puerto mirando llegar y partir los barcos, y había soñado con conocer a alguien que la llevara a recorrer el mundo, a visitar con sus ojos lo que sólo visitaba con la imaginación. El viento marino despeinaba sus cabellos lacios y su cuerpo de madera repetía, mecánicamente, las palabras del titiritero.

Así se conocieron el mascarón y la marioneta. Se besaron. Visitaron la playa cercana y se amaron en la arena, prometiéndose una colección de muñequitos de madera a los que darían un nombre y llevarían a la escuela, ayudarían a crecer y a ser felices. Y así durante varias noches, en las que el barco estuvo anclado en la bahía a la espera de buen tiempo y después durante varios inviernos, hasta que el cansancio del mar y el cansancio de la tierra les trajeron la indiferencia y el desamor
.

VIDAS BREVES (fragmento)
John Aubrey
Richard, Conde de Dorset, se enamoró de la célebre cortesana Mrs. Venetia Stanley, casada con Sir Kenelm Digby. Una vez por año la invitaba a ella y a su marido, y en tal ocasión la contemplaba con mucha pasión y deseo, permitiéndose tan sólo besarle la mano, siempre en presencia de su señor marido.

EL VEREDICTO
Alfonso Reyes
La mujer del fotógrafo era joven y muy bonita. Yo había ido en busca de mis fotos de pasaporte, pero ella no me lo quería creer.
 

–No, usted es el cobrador del alquiler, ¿verdad?
–No, señora, soy un cliente. Llame usted a su esposo y se convencerá.
–Mi esposo no está aquí. Estoy enteramente sola por toda la tarde. Usted viene por el alquiler, ¿verdad?
 

Su pregunta se volvía un poco angustiosa. Comprendí, y comprendí su angustia: una vez dispuesta al sacrificio, prefería que todo sucediera con una persona presentable y afable.
 

–¿Verdad que usted es el cobrador?
–Sí –le dije, resuelto a todo–, pero hablaremos hoy de otra cosa.
 

Me pareció lo más piadoso. Con todo, no quise dejarla engañada y al despedirme le dije:
 

–Mira, yo no soy el cobrador. Pero aquí está el precio de la renta, para que no tengas que sufrir en manos de la casualidad.
 

Se lo conté después a un amigo que me juzgó muy mal:
 

–¡Qué fraude! Vas a condenarte por eso.
 

Pero el Diablo, que nos oía dijo:
 

–No, se salvará.

CALIDAD Y CANTIDAD
Alejandro Jodorowsky
No se enamoró de ella, sino de su sombra. La iba a visitar al alba, cuando su amada era más larga.

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Microrrelatos de amor y desamor (IV)

La siguiente selección de microrrelatos ha sido escogida para CITA EN LA GLORIETA por Fernando Gómez Lamadrid, fundador de la página de facebook TOPmicrorrelatos.  


JERSEYS Y CAZADORAS
Beatriz Alonso Aranzábal
En el armario familiar las cazadoras de mi padre abrazaban los jerseys de mi madre, y los tacones de ella pisaban las botas de él. Al cabo de los años, lo cambiaron y compraron uno de dos cuerpos, y de paso sustituyeron la cama matrimonial por dos colchones de látex. Ahora cada uno tiene su propia habitación, su propio armario, y sus calcetines se enredan, muy de vez en cuando, en la lavadora.

EDIPO COMPLEJO
Raúl Brasca
Aquel apuesto escritor se casó con una muchacha lesbiana para ocultar que era la amante de su madre. A continuación, disfrazado de marido infiel, fue el más promiscuo campeón sexual de la ciudad. Parecía la solución ideal, pero no resultó. Cada tanto, insatisfecho, sentía la necesidad imperiosa de hacerlo con su mujer y ella, que era una intuitiva, lo recibía con resignación, lo excitaba contándole lo que hacía con su madre, lo acariciaba como ella lo haría y le permitía dormirse con la cabeza entre sus pechos. Eso lo calmaba por un tiempo.

Complejo de Edipo
- Salvador Dalí -
(1930)

EL BESO Y EL ADIÓS
Ramón de Peñaflor
–Ha llegado el momento de separarnos, amor. Te prometo que algún día serás mía definitivamente... –musitó Sebastián con un suspiro, tras estamparle un cálido y prolongado beso con toda la pasión de que pudo hacer acopio.
 

La magia de aquel sublime instante fue rota sin miramientos por el tiránico vozarrón del dependiente:
 

–¡Hágame el favor de no babear las revistas si no las va a comprar!

EL MONJE FURIOSO
Anónimo Chino
Dos monjes zen iban cruzando un río. Se encontraron con una mujer muy joven y hermosa que también quería cruzar, pero tenía miedo.

Así que un monje la subió sobre sus hombros y la llevó hasta la otra orilla.

El otro monje estaba furioso. No dijo nada pero hervía por dentro. Eso estaba prohibido. Un monje budista no debía tocar a una mujer y este monje no sólo la había tocado, sino que la había llevado sobre los hombros.

Recorrieron varias leguas. Cuando llegaron al monasterio, mientras entraban, el monje que estaba enojado se volvió hacia el otro y le dijo:

—Tendré que decírselo al maestro. Tendré que informar acerca de esto. Está prohibido.

—¿De qué estás hablando? ¿Qué está prohibido? —le dijo el otro.

—¿Te has olvidado? Llevaste a esta hermosa mujer sobre tus hombros —replicó el monje enojado.
 

El otro se rió y luego dijo:

—Sí, yo la llevé. Pero la dejé en el río, muchas leguas atrás. Tú todavía la estás cargando
.

La prostituta ha decidido dejar la calle y buscar un trabajo digno. Por recomendación de una persona caritativa, se dirige a la oficina de colocación laboral. La recibe un secretario con un traje barato y corbata oscura. Impresionado por su decisión y su belleza, le aconseja pensarlo antes de precipitarse. Todavía es joven y goza de buena salud. Llaman por el interfono al secretario, que acude al despacho del director. Le explica el caso de la prostituta. «Envíemela: veré qué puedo hacer por ella», le dice. Una hora después, el director y la mujer abandonan la oficina en el coche oficial. ¿Acaso hacia una nueva vida?




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«Mar de Pirañas», antología de microrrelatos de Fernando Valls

Los siguientes microrrelatos están incluidos en «Mar de Pirañas» (antología de microrrelatos editada por Fernando Valls y publicada por la editorial MENOSCUARTO en 2012) y han sido escogidos para CITA EN LA GLORIETA por Fernando Gómez Lamadrid, fundador de la página de facebook TOPmicrorrelatos. Puedes acceder a la página de MENOSCUARTO pinchando en la portada del libro.


LA SOLEDAD
Felipe Benítez Reyes
Lo remata la cabeza de un caballo encrespado, con su agitada crin y su relincho congelado en la plata.
   Perteneció a mi abuelo. Lo tenía sobre la mesa de su despacho y con él abría los sobres certeramente, con limpieza de maestro de esgrima: el papel sufría una herida invisible. Cuando hundía la hoja en el sobre, la cabeza de caballo parecía cabalgar como una figura de guiñol.
     A la muerte de mi abuelo, el despacho lo ocupó mi padre. El abrecartas no lo utilizaba: una secretaria le presentaba la correspondencia ordenada en una carpeta.
     A la muerte de mi padre, no pude ocupar su despacho, pero me traje a casa el abrecartas. Yo quisiera utilizarlo hábilmente como mi abuelo. Cada día acaricio la cabeza de plata de la bestia.
     Desde hace años espero alguna carta para ir practicando.

LA MISMA FECHA
Manuel Moya
Fue la misma fecha en la que Pablo te dijo que si delatabas a aquellos polis verías su corazón ante tu puerta. La misma fecha en la que aparecieron los tipos con la moto y amenazaron con incendiar tu casa si seguías en tus trece. La misma fecha en la que yo te dije, chica, lo mejor es que te olvides de todo y te vengas conmigo y tú me respondiste, aguantaré, aguantaré, aunque sea lo último que haga en mi vida y yo te contesté casi en broma, no, si va a ser verdad que seré yo quien te mate. La misma fecha, ¿recuerdas?, y ya ves lo sutil y preciso que acaba siendo el destino.

ENTRE INTELECTUALES
Miguel Ibáñez
Él pasaba a mi lado y se tiró una pomposidad, y ya sé yo que lo hizo a propósito. Pues yo le solté una petulancia que lo dejé tieso. Bueno, pues acto seguido va el tío y se deja escapar una fatuidad, así como quien no quiere la cosa. Y entonces ya le tuve que expeler una rimbombancia que ahí ya se quedó aplastadito. Que no soy yo de esos que va por ahí arrojando ampulosidades, pero claro, si me faltan al respeto….

La tertulia del Café de Pombo
- José Solana -
(1920)

ABRIL
Beatriz Alonso Aranzábal
Me senté en la última fila del autobús escolar, suplicando baches. Por fin salíamos de excursión toda la clase, y mis compañeras se regocijaban en sus asientos, mientras piropeaban al conductor. La profesora decía que la primavera no tiene remedio. Unos días antes yo había hecho el amor por primera vez. Sin precauciones.

LA DERROTA
Ángel Olgoso
Para qué huir de ella. No puedes guardarte ni escapar. Antepone tu persecución a toda otra idea. Más pronto o más tarde, a la menor oportunidad, te atrapará. Con paso poderoso, como una sombra leonada, buscará hasta encontrarte. De nada te sirven la Capa de Invisibilidad y su caperuza cubierta de rocío, las Botas de Siete Leguas con las que corres treinta  y dos veces más rápido que el más veloz de los hombres, la Hierba de Glauco que hace saltar las cerraduras de todas las puertas, el Tapete de Rolando que te permite convocar cualquier alimento que desees, la Flor Mágica capaz de colorear y perfumar cada una de tus desdichas. De nada te servirán cuando ella —ávida, arrogante, burlona— cierre los caminos y te cerque con infalible celeridad. Puede que llegue sin aliento —es vieja y seca—, que su jadeo delate lo agotador de la incesante tarea que la ocupa desde siempre, pero no puedes albergar dudas sobre el desenlace.