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«Microrrelatos escogidos» por Patricia Nasello (II)

La siguiente selección de microrrelatos ha sido escogida para CITA EN LA GLORIETA por la escritora y editora argentina Patricia Nasello. 


ESFERA TREPIDANTE 
Gemma Pellicer
   Al niño se le escapa el globo en un descuido y, casi de inmediato, siente un pinchazo en el costado. Cae al suelo en una pirueta impropia de su edad justo en el momento en que ha empezado a faltarle el aire. Apenas alza su cabeza al cielo, logra atisbar el vuelo trepidante de la esfera, que sigue alejándose mientras su cuerpo poco a poco se deshincha. En el instante preciso en el que se le cierren los ojos, desaparecerá la Tierra.


RU(T)INAS DE CIRCO
Xavier Blanco
   Cada día transitamos idéntico camino: nos vestimos, nos maquillamos y salimos a escena. Luego saludamos y representamos nuestra función. Cada día el mismo disfraz, la misma careta, similares trucos, pero no hay magia, no hay aplausos, no hay público. Cada día, uno análogo al otro, lo hacemos sin carpa, sin pista, sin luces. Nada se conoce, todo se imagina. No hay nadie, ni siquiera estamos nosotros, pero salimos.
 

   Con la ballena ocurre como con todo. Puedes estar todo el día sentada frente al mar esperando que pase. Sabes que lo hará, como siempre; pero justo en el momento en que te agachas a mirar una hormiga, vas al baño, te despistas con el vuelo de una mosca o simplemente pestañeas, zas, pasó, se escapó y un día más perdiste la oportunidad. Aunque nunca te das cuenta, igual que con lo demás.
 

   —¡Quisiera ser un ángel! —dice con su vocecita cantarina de sirena y acaricia el ala de su mudo acompañante.
   —A mí me gustan tus escamas —musita desde el techo de la cueva un ovillo grisáceo de orejas puntiagudas.
  —¡Niños! ¡Dejen de moverse! —farfulla el homínido, las palurdas manos rebozadas de pigmento
.

 

DAMA CON ANTEOJOS
Nana Rodríguez Romero
   Al entrar en el patio lleno de sol me acerco al anciano que escribe con pluma, al lado de un candelabro. Como fondo, música de Pink Floyd. Para no interrumpir, me retiro hacia una de las ventanas que da al traspatio. Hundo la mirada y allí veo transcurrir la historia que está escribiendo el anciano. El protagonista, vestido con trajes medievales se acerca con una espada, atraviesa el vidrio y justo en medio del patio, sobre una piedra del jardín, hunde la espada y me dice que se llama Arturo.
 

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«El recuerdo», «La red», «Desnivel», «Contrastes» y «La caricia», cinco microrrelatos incluidos en Nosotros somos eternos, de Patricia Nasello. 
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«Microrrelatos escogidos» por Patricia Nasello (I)

La siguiente selección de microrrelatos ha sido escogida para CITA EN LA GLORIETA por la escritora y editora argentina Patricia Nasello. 


EXPERIMENTO ESCOLAR
Giselle Aronson
   Es la tarea de ciencias, me dice, lo hice tal como indicó la maestra, tenía que llevarlo hoy a la escuela, mamá. Insiste. Y no puedo convencerla en su responsabilidad de alumna aplicada. No logro conmover su inocencia de ocho años por más que le explique que eso que el mes pasado era un experimento en una botella, hoy engulle todo lo que encuentra a su paso, nos ha vedado a toda la familia el acceso al jardín y amenaza con entrar a la casa con intensos bufidos, arañando puertas y ventanas.

Sin ir más lejos 

LA PROTAGONISTA 
Norah Scarpa Filsinger
   Ella sueña que ha perdido su casa, la casa de los pájaros. En el sueño está nevando, la nieve lo cubre todo. Hay pájaros blancos posados en las ramas de los árboles. Busca refugio en un cobertizo donde quedan los resquicios del fuego, se acurruca y siente de a poco entibiarse su espalda; cae en un alucinado sopor  y el calor de las cenizas la va penetrando hasta horadar su carne, sus nervios, sus huesos.
  Despierta sobresaltada. Toma su bata y se asoma a la ventana. Ve un paisaje blanco. Sale y deambula sin rumbo, ve árboles blancos con pájaros congelados, un cobertizo, un fuego, una mujer que muere
.

 
La vida y otras inquisiciones

EL DIVÁN DEL HIDALGO 
Mónica Cazón
   Sentado a la sombra de los árboles, Alonso se sosiega. Hace demasiado tiempo que académicos, críticos y escritores opinan sobre la vida de Don Quijote de la Mancha. Sin embargo él, aunque sigiloso y expectante, sigue allí, atento al universo que lo observa. Pero ya no desea agregar una palabra más a tan maltratada existencia.
   Sabe bien que no hace falta su historia para favorecer a la locura del mundo
.

 
La vie en bref. La vida en breves

CONFESIÓN 
Laura Nicastro
  —Contraje matrimonio con ese hombre —declaró la mujer frente al juez— porque era época de epidemia y sólo quedaban vacunas contra la gripe.
 
e - nanos

LA MUJER DENTRO DE MÍ
Claudia Cortalezzi
   Me digo que siempre es la misma para no imaginar a miles de mujeres iguales a mí dando vueltas por el mundo. Pero acaso no sea siempre la misma, sino una diferente cada día.
   Desde hace años, todas las mañanas, una mujer igual a mí sale de mí.
    Y la dejo irse. Sueño que soy yo la que vive.
    Pero hoy no ha salido ninguna. Me ahogo.
  No saldrá, lo sé. Me doy cuenta de que no me quedan mujeres de prueba. Y debo tomar una decisión
.

 
In excelsis

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«Nosotros somos eternos», libro de microrrelatos de Patricia Nasello

Patricia Nasello (Córdoba, Argentina, 1959) obtuvo el título de Contadora Pública por la Universidad Nacional de Córdoba (UNC, 1983), profesión que nunca ejerció. Es editora de contenidos de  MICROFILIAS (Revista Electrónica Trimestral de los Géneros Breves en Español) y miembro del Comité de Redacción de BREVILLA (revista de Minificción). Edita los blogs «Patricia Nasello microrrelatos» (textos propios),  «Piedra y nido» (antología de microrrelatos) y «REY ARTURO, el hombre, el mito» (análisis de los núcleos históricos y literarios que disparan —dan nacimiento y nutren—  la leyenda artúrica).
 


En 2001 publicó el libro de cuentos breves y microcuentos “El manuscrito” (Edición de autor, Córdoba, Argentina) y en 2015 el e-book de microficciones «Nosotros somos eternos» (Ediciones Libros al Albur, Sevilla, España).

EL RECUERDO
Patricia Nasello
   Dejó profundas huellas en mi camino,  huellas que recogí en un zurrón.  La última estaba entre mis propias vísceras  y  por primera vez, acá, dentro de mí,  desplegué lo reunido. Caracolas con mar, dos alas de ángel, una foto en blanco y negro, puñales, lluvia, esmeraldas, balas de plata  y un ramo de flores lila.
   Desde acá, desde entonces, escribo
.

LA RED
Patricia Nasello
   Sólo una niña se encuentra en el amplio salón. Calza zapatillas de baile y su mano derecha descansa en la barra.
   —Más ensayo —fue la orden.
   La mano se crispa y aprieta.
   Una corriente de aire circula por el viejo teatro, la niña se estremece y pasea la vista como si el frío fuese una presencia a quien pudiera rogarle piedad.
   Ve una mosca, pende de un hilo más delicado que un cabello. Ve como el aire impulsa al insecto que gira, según parece, incansablemente
.

DESNIVEL
Patricia Nasello
   Ella observa cómo el hombre se acerca mirándola con ansias. Para medirlo, le basta. Lo sabe torpe, principiante.
   —Va a intentar abordarme —piensa. Y se estremece ante la expectativa: pronto disfrutará una emoción violenta.
   El hombre recorre con la vista su silueta, desde la base hasta la cumbre y comienza a escalarla.
    Ella, como siempre, espera el error
.


CONTRASTES
Patricia Nasello
   Frente al ventanal de la cocina de ella, se despliega un cedro azul. En el pequeño patio de él, resiste un limonero. Nada relaciona un pino cuyas agujas brillan cuando llueve, con un árbol de frutos redondeados y amarillos como soles; sin embargo ella y él se enamoran.
   La vida, observando la línea que se ensancha en el horizonte, oscura, preñada de tormentas, toma su cámara fotográfica y enfoca la lente sobre ellos: se ven tan confiados dentro de su luz
.

LA CARICIA
Patricia Nasello
   Quizá se debió a un ansia de elevarme hasta encontrarte, o a un efecto de la desesperación; el caso es que comencé a volar.
   Sostener mi cuerpo en el aire, orientarme según los vientos, descubrir en las alturas un presagio de tormenta, fue un aprendizaje arduo, un proceso peligroso que ocupó mi tiempo y dio sentido a mi vida.
   En las montañas la vista es maravillosa y el silencio casi perfecto. Los cóndores ya no recelan mi presencia, sin embargo bajo a diario al llano. Visito el camposanto. Recorro con mis yemas las letras de tu nombre
.

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Microrrelatos de autores argentinos (III) Patricia Nasello - Luisa Valenzuela

DESCARTAR IMÁGENES
Patricia Nasello
Dispuesta a quedarse dejó sobre la vereda el colchón mugroso que acarreaba.  Las piernas, deformes, parecían dolerle, se acostó con dificultad. Ni siquiera tenía unos diarios para cubrirse, daba la impresión de ser muy vieja.  Anochecía. Las calles estaban desiertas, quizá a causa del frío.
Desde mi departamento vi que un grupo de chicos se acercaba caminando por San Jerónimo, al doblar en Independencia casi tropiezan con ella. Entre risotadas prendieron fuego al colchón. El foco de la esquina, las llamas y la escasa claridad que el cielo aún conservaba brindaron luz suficiente.
  Al principio estaba entusiasmado, miraba la filmación a cada rato y se la pasé a varios amigos, hasta que me aburrió.
   Acabé por  eliminarla
.
*
FELICIDAD
Andrés Neuman
   Me llamo Marcos. Siempre he querido ser Cristóbal. No me refiero a llamarme Cristóbal.
   Cristóbal es mi amigo: iba a decir el mejor, pero diré que el único.
   Gabriela es mi mujer. Ella me quiere mucho y se acuesta con Cristóbal. Él es inteligente, seguro de sí mismo y un ágil bailarín. También monta a caballo y domina la gramática latina. Cocina para las mujeres. Luego se las almuerza. Yo diría que Gabriela es su plato predilecto.
   Algún desprevenido podrá pensar que mi mujer me traiciona: nada más lejos. Siempre he querido ser Cristóbal, pero no vivo cruzado de brazos. Ensayo no ser Marcos. Tomo clases de baile y repaso mis manuales de estudiante. Sé bien que mi mujer me adora. Y es tanta su adoración, que la pobre se acuesta con él, con el hombre que yo quisiera ser. Entre los gruesos brazos de Cristóbal, mi Gabriela me aguarda desde hace años con los brazos abiertos.
  A mí me colma de gozo tanta paciencia. Ojalá mi esmero esté a la altura de sus esperanzas, y algún día, muy pronto, nos llegue el momento. Ese momento de amor inquebrantable que ella tanto ha preparado, engañando a Cristóbal, acostumbrándose a su cuerpo, a su carácter y sus gustos, para estar lo más cómoda y feliz posible cuando yo sea como él y lo dejemos solo
.


CONFLICTO
Cecilia Pagani
   Todo gira y gira. Y gira.
  Como un rulo, como una vuelta carnero sobre el césped. Como el dial de un teléfono viejo.
   Como la rueda de la muerte en un circo cualquiera.
  Como un cólico, como una serpentina, como esa bola blanca, roja, negra sobre el paño de billar.
   Todo gira y gira. Y gira.
   Y da vueltas.
   Y vuelve al origen. Al inicio de todo, la madre
.
*
DOBLE JORNADA
Roberto Perinelli
   Enterado de que su llegada produce tristeza y melancolía entre las gentes, el Crepúsculo se disfrazó de Amanecer. La Noche, licenciada con el cambio, se tomó descanso en una playa caribeña, tostándose con los rayos de un Sol cada vez más exhausto y desconcertado.
*
DESCONFIANZA
Alejandra Pizarnik
   Mamá nos hablaba de un blanco bosque de Rusia: “… y hacíamos hombrecitos de nieve y les poníamos sombreros que robábamos al bisabuelo…”.

   Yo la miraba con desconfianza. ¿Qué era la nieve? ¿Para qué hacían hombrecitos? Y ante todo, ¿qué significa un bisabuelo?
*
CASO
Juan Romagnoli
   Sorprendido en un delito, el hombre huye. Lo persiguen. Comprende que no soportaría el encierro. Próximo a ser alcanzado, llega a una vieja casona y entra. Acorralado, sube al último cuarto, traba la puerta, asegura las ventanas, tapa la chimenea.
*
SE QUISO QUEDAR
Ana María Shua
   Todos los patitos se fueron a bañar y el más chiquitito se quiso quedar. El sabía por qué: el compuesto químico que había arrojado horas antes en el agua del estanque dio el resultado previsto. Mamá Pata no volvió a pegarle: a un hijo repentinamente único se lo trata – como es natural-, con ciertos miramientos.


AMOR
Jorge Timossi
   Al ser informada oficialmente, Ana no dudó un instante y pidió el ingreso en la misma habitación aislada del Centro Médico donde Héctor había sido recluido quizás para siempre.
*
VISIÓN DE REOJO 
Luisa Valenzuela
   La verdá, la verdá, me plantó la mano en el culo y yo estaba ya a punto de pegarle cuatro gritos cuando el colectivo pasó frente a una iglesia y lo vi persignarse. Buen muchacho después de todo, me dije. Quizá no lo esté haciendo a propósito o quizá su mano derecha ignore lo que su izquierda hace. Traté de correrme al interior del coche -porque una cosa es justificar y otra muy distinta es dejarse manosear- pero cada vez subían más pasajeros y no había forma. Mis esguinces sólo sirvieron para que él meta mejor la mano y hasta me acaricie. Yo me movía nerviosa. Él también. Pasamos frente a otra iglesia pero ni se dio cuenta y se llevó la mano a la cara sólo para secarse el sudor. Yo lo empecé a mirar de reojo haciéndome la disimulada, no fuera a creer que me estaba gustando. Imposible correrme y eso que me sacudía. Decidí entonces tomarme la revancha y a mi vez le planté la mano en el culo a él. Pocas cuadras después una oleada de gente me sacó de su lado a empujones. Los que bajaban me arrancaron del colectivo y ahora lamento haberlo perdido así de golpe porque en su billetera sólo había 7.400 pesos de los viejos y más hubiera podido sacarle en un encuentro a solas. Parecía cariñoso. Y muy desprendido.