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«El falso culpable de una novela magistral», por Angelique Pfitzner

«El falso culpable de una novela magistral», 
por Angelique Pfitzner
Una de las novelas, clásica de la literatura y  adaptada varias veces al  cine, que más me ha impresionado a lo largo de mi vida ha sido «El conde de Montecristo», del escritor francés Alejandro Dumas, con su inmortal falso culpable Edmundo Dantès.

Publicada su obra en 1844, el hilo conductor en esta historia es la venganza, la justicia sobre el brazo del escritor, los principios universales en la conducta del personaje.

La primera vez que llegó a mis manos esta novela simplemente me quedé fascinada.

Debo hacer mención antes proseguir que esta historia fue escrita a cuatro manos. Auguste Maquet, aunque no figura como autor ya que Alejandro Dumas compró sus derechos con el propósito de que su nombre no apareciera jamás en el recuerdo de nadie, fue una parte creadora de Edmundo Dantès.

El falso culpable, encarcelado por compartir su dicha, enamorarse y desear ser feliz junto a su amada Mercedes Herrera con quien iba a contraer matrimonio en muy pocos días.

Fiel reflejo de los celos, las envidias, la maldad humana en aquellos amigos que jamás imaginas que puedan convertirse en tus peores enemigos.  Su lectura nos muestra también la compasión que cada uno de nosotros llevamos en nuestro interior. La frágil línea que nos conciencia del bien, nos empuja a sembrar el  mal, nuestra moralidad para evitar cometer crímenes sobre inocentes,  a pesar que deseemos ser leales a nuestro cometido para borrar la desdicha sufrida.

El argumento nos ofrece el primer giro de 180 grados al inicio de la novela, entre paginas descritas cuando Edmundo es arrestado y declarado culpable de falsas acusaciones, entrevistarse con Napoleón y alentar el regreso del emperador a Francia.

Leer semejante conspiración contra Edmundo, continuar con su encarcelamiento y posterior condena fue una sacudida en mi imaginación  que aún todavía sigue viva.
 

Solo pensar que alguien pueda ser capaz de arrancar tu destino y convertirlo en un infierno, no deja de cuestionarme situaciones reales incluso ahora en nuestra sociedad.

No ha cambiado  nada el ser humano a lo largo de los años  y hasta donde es capaz de llegar por el poder. El valor del poder que en el caso de esta novela se  muestra en  la cara más cruel y oscura del señor de Villefort. Para subir en su carrera en el gobierno monárquico de Francia, condenará a Edmundo al castillo de If durante toda la eternidad, aún sabiendo que es  inocente.




Falso culpable que nadie escucha caerá en su propia desesperación hasta dejarse morir de hambre. Nada le queda para seguir adelante. Absolutamente nada. Hasta que un ruido lo vuelve a la realidad de su locura. A pensar que ha muerto y yace en otro espacio después de años de no tener contacto con nadie. Un espejismo se muestra ante sus ojos, el abate Faría en aras de ofrecerle la posibilidad de escapar de una fortaleza inescrutable. Cavar un túnel hacia la libertad.

Los giros vertiginosos de esta novela en un cóctel de sentimientos, aliento de vida y forjar el ansiado túnel llevara al extremo de la supervivencia al lector más allá del aprendizaje de Edmundo gracias al abate y a la parálisis súbita de este,  y  que será el motivo para  compartir con Edmundo su secreto mejor guardado. El tesoro oculto en la isla de Monte Cristo. Con todo detalle de la fortuna y exacta ubicación de donde yace escondido, incrédulo Edmundo seguirá cavando hasta contemplar la muerte del abate, esconderse en el saco del difunto con un cuchillo y esperar ser enterrado en el cementerio del castillo.

El falso culpable que conseguirá escapar al ser lanzado al mar para convertirse en alimento de los peces, funeral digno de encarcelados, dejar de ser él y volver a su vida con otra identidad. El conde de Monte Cristo.

El falso culpable que solo ansia levantar su violencia sobre todos los que desearon su final, y sus respectivas familias.

Llegado al punto de devolver la ira, la rabia, la destrucción en el nombre de la venganza, una lección magistral nos presenta el escritor ¿Somos Dios para robar la vida de inocentes? ¿El ideal de justicia es la venganza sobre cualquier persona?

De la literatura al cine, falso culpable, en mi humilde opinión, de una novela magistral.


Puedes acceder al programa de la SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA, festival virtual del género negro celebrado del 21 al 27 de noviembre en el blog de Historia y Literatura CITA EN LA GLORIETA, pinchando AQUÍ.

es directora del programa de tv en News Cat televisión on line «Lee o muere. La Orilla Negra», comisaria del Festival Lloret Negre y miembro de la junta de varios festivales literarios: Matarranya Negra, Bellvei Negre, Madrid Negro y Black Mountain Bossòst. Escribe para la revista  «Noir. Revista Cultural» y ha publicado  las novelas COMPULSIVA OBSESIÓN (Serial Ediciones (Reed), 2012): Premio mejor novela de género negro en el certamen de literatura «Isla de las Letras» 2012 y ELDHA. CASO CERRADO. (Serial Ediciones, 2015), la antología de relatos BIG BANG 13 (Serial Ediciones, 2016). En 2018 publicó su novela «LOS NIÑOS DEL ÉXODO» (editorial Parnass), el viaje de los refugiados desde Grecia y por toda Europa. Miles de voces anónimas, fiel reflejo de realidad.


Reseña de «13» de Steve Cavanagh, por Susana Gómez

Reseña de «13» de Steve Cavanagh, por  Susana Gómez (de Susurros de Bibliotecas)
El falso culpable, un personaje casi siempre olvidado

Como amantes de la novela policíaca y/o negra, seguro que estaréis acostumbrados a encontraros con un montón de personajes estereotipados que se mueven por sus líneas, más por rutina que por condición indispensable del género.

De esta forma, es fácil encontrarnos con la recurrente femme fatal, el policía problemático de pasado turbio y con el responsable de llevar a cabo la investigación...

Pero hay uno del que siempre nos olvidamos, quizás porque sus cualidades le hacen aparecer como alguien secundario, aunque realmente su función literaria sea vital para el desarrollo de la obra, creando, uniendo e impulsando la trama, e incluso siendo el responsable de agitar y remover nuestra conciencia.

Os estoy hablando de un personaje presente desde las primeras escenas y que en este artículo adquiere el total protagonismo:

El falso culpable


Hace unos meses leía que el crimen perfecto es aquel que se resuelve con un culpable equivocado, seguramente estaréis pensando que ese razonamiento es acertado.

Cuando hablamos de falsos culpables, tenemos dos elementos fijos en la ecuación:
 

El primero es alguien que intenta descubrir la verdad, bien sea el detective, abogado, o el mismísimo inocente al que le acusan de un delito que no ha cometido.
 

El segundo, el personaje antagonista, muchas veces el verdadero culpable, que intenta cubrir su rastro y escaparse...

Esas historias, por lo general, se convierten en una especie de caza del ratón, y el animalito en cuestión, puede ser tanto un personaje como el otro...


Cuando los personajes se empeñan en saltar del guion al cine...

A mí, por lo general, siempre que se habla de falso culpable, mi cabeza vuela hasta una imagen de película, la del reputado cirujano Richard Kimble, que ve su vida desmoronarse cuando su esposa es hallada muerta. Como habréis adivinado, estoy hablando de la película, "El fugitivo".

Si este comentario fuese para una sección cinematográfica, no podríamos tampoco olvidarnos de mencionar en este apartado a Margot, protagonista de "Crimen perfecto" (1952), obra de teatro de Frederick Knott, que fue llevada al cine por Hitchcock en 1954, donde también vemos como Margot pasa de ser víctima a sospechosa de asesinato.

Pero esto como digo, son solo cosas de películas y aquí estamos para hablar sobre novelas, aunque algunos personajes como Margot, se empeñen en saltar de las páginas de un libro a la pantalla grande; y es que la literatura y el cine, basta con ver solo este par de ejemplos, son dos artes que están estrechamente ligados y de los que se nutren constantemente tanto escritores como cineastas.


El falso culpable, como ya habéis visto, es un excelente comodín; una figura rica en matices, a la que se recurre con frecuencia en la literatura, aunque muchas veces le prestemos poca atención.

Ahora bien, si desplazamos nuestra mirada lentamente a lo largo del amplio y rico género criminal, veremos que aparece plagado de historias, cuyos argumentos giran alrededor de estos grandes protagonistas.

Agatha Christie utilizó este recurso en todas sus obras, sin excepción; en ellas nos iba señalando de forma secuencial, posibles culpables y sus motivos, hasta llegar a un final totalmente imprevisible que desvelaba al verdadero culpable. Si nos remontamos un poco más atrás en el tiempo, veremos que Gastón Leroux, también utiliza ese recurso en su novela "El misterio del cuarto amarillo", incriminando a varios personajes antes de llegar a la solución final.

¿Qué sacamos en claro con todo esto? Pues que existen tantos falsos acusados como novelas policíacas o negras, porque en algún momento de esas historias, nuestra mirada, o la del personaje encargado de descubrir la verdad, se dirigirá erróneamente hacia un inocente, y es que esa figura inculpada falsamente aparece como parte de un guion trazado a conciencia por el autor.

Es un elemento utilizado para desviar nuestra atención de la verdadera realidad, como en "La escalera de caracol" (1933) de Ethel Lina White, que introduce en la trama a un buen montón de personajes de comportamiento extraño, para que les observemos en detenimiento mientras nos distraen, y así permitir al verdadero culpable que campe a sus anchas, dándole total libertad de movimientos.

Resumiendo, el falso culpable es una argucia literaria que nos entretiene en espera de un giro final que restablezca el orden... y ahora sí, paso a hablaros de un libro, de publicación reciente, que cuenta con ese personaje en cuestión.
Sinopsis:

«Hasta donde sabe, ¿hay algún impedimento para que usted forme parte de este jurado?»

El asesinato no fue la parte más complicada. Fue tan solo el inicio del juego.
 
Joshua Kane se ha estado preparando toda su vida para este momento. Él ya lo había hecho anteriormente. Pero esta vez será la más importante.

Este es el juicio por asesinato del siglo. Y Kane ha asesinado para obtener el mejor asiento en la sala. Pero hay alguien a su acecho. Alguien que sospecha que el asesino no es el acusado.

Kane sabe que el tiempo se agota y lo único que quiere es el veredicto de la condena antes de ser descubierto.
Reseña de «13» de Steve Cavanagh

Steve Cavanagh  nos ofrece una obra compleja donde confluyen varios géneros.
Más que una novela negra, pura y dura, que entre nosotros... cada vez son más difíciles de encontrar, nos hallamos ante una historia que camina entre géneros.
Un cincuenta por ciento es thriller legal, al estilo de John Grisham, y el otro cincuenta de novela negra.

Muchos os preguntaréis cómo puede haber tal equilibrio de géneros, pues simplemente, porque los dos personajes principales son los representantes de esos géneros, protagonista/abogado vs antagonista/asesino.

El asesino, por supuesto, tiene bastante características del género criminal; es alguien de carácter retorcido, con un pasado oscuro, y que no duda a la hora de emplear cualquier método de violencia.

No soy muy seguidora del thriller legal, pero éste me llamó mucho la atención por lo que se contaba  en la sinopsis.

No solo vamos a conocer desde el comienzo que hay un personaje falsamente acusado, ideal para esta reseña, sino que también vamos a conocer al asesino. Este detalle no resta interés a la trama, porque lo que queremos saber es que impulsa a este último a actuar de la forma en que lo hace, y cuáles son sus objetivos.

Este es el primer libro de Steve Cavanagh que es publicado en España, eso sí, hay que hacer una aclaración: «13» forma parte de una serie protagonizada por el abogado Eddie Flynn y en realidad es el cuarto de la saga. Este detalle es lo que menos me ha gustado, porque nos perdemos conocer la evolución del personaje principal, ya que el arco dramático, en una sola novela, está más limitado, aunque es cierto que este detalle no entorpece la lectura.

Robert Solomon, es un joven actor que se enfrenta a una terrible pesadilla. Cuando vuelve a casa se encuentra una escena escalofriante: su mujer y el jefe de seguridad yacen muertos en la cama.

A simple vista, esa escena ya parece lo bastante comprometedora, pero cuando la policía llega encuentra que Solomon está cubierto de sangre y es inculpado.
La pregunta que nos ronda la cabeza es: si Robert no mató a esas personas, ¿quién lo hizo?

Parece que todos los indicios apuntan al joven, e incluso el autor, Steve Cavanagh, incrementa el suspense centrándose en mostrarnos determinados detalles y posibles motivos del joven.

Los lectores en esta historia vamos un paso por delante y sabemos, por la sinopsis que facilita la editorial y por la portada, que el asesino, esta vez no está en el banquillo de los acusados, está entre el jurado.

Ese gancho marca con intensidad no solo el ritmo, sino también el argumento y la forma de guiarnos por él; ese es precisamente el rasgo más original de la historia, conocer desde el comienzo al culpable.

Solo nos falta conocer los motivos y si Bobby y sus abogados conseguirán demostrar la verdad en una carrera contra el tiempo que parece ir en su contra.

Hay grandes personajes que destacan en esta novela:

Eddie el protagonista de la serie, por su ingenio rebosante, y el asesino por su astucia.
Ambos nos introducen en una lucha intelectual, a la altura de Sherlock Holmes y su antagonista Moriarty.

Pero en este apartado, no puedo olvidarme de mencionar, aunque muy de pasada, a los secundarios, porque en esta aventura los vamos a encontrar de una diversidad maestra, detalle que se agradece, porque demuestra que el autor es minucioso hasta en los detalles más pequeños.

La historia avanza de forma lineal y los datos que nos aportan llegan de forma secuencial pero desde dos hilos argumentales.

Uno de ellos, el de Eddie Flynn, nos llega en primera persona, y el otro, el del asesino, lo hace en tercera.

Ambas líneas argumentales se van a ir alternando al tiempo que se incrementa el suspense.

Esa alternancia de narrador hace que los lectores vayamos por delante de los personajes, que conozcamos algunos de los detalles antes que ellos.

La trama transcurre a lo largo de cinco días, de lunes a viernes; cinco intensos y extensos capítulos de los que no vamos a poder despegarnos.

«13» es, sin duda, una historia que os recomiendo, con una trama inteligente, cargada de giros argumentales que desembocan en un final sorprendente.


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Autodidacta, amante de la literatura y defensora del libro clásico.
Colaboradora ocasional con editoriales, talleres literarios y clubs de lectura.
Administra el blog de reseñas literarias Susurros de Bibliotecas
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«Falso culpable», por Julio César Cano

«Falso culpable», por Julio César Cano
Deslizo el ratón sobre la superficie de la mesa y la pantalla del ordenador se ilumina. Vuelvo a empezar. Reanudo, mejor dicho. Llevo meses escribiendo mi próxima novela. Será la quinta protagonizada por el inspector Monfort y sus colegas. Trato de situar debidamente a los personajes en el supuesto tapete que es el guión dispuesto a priori. Los recoloco una y otra vez, reviso sus nombres, sus apellidos, sus procedencias, gustos, aspectos y formas de ser. En definitiva, los doto de vida, y a veces se la quito. La ficción es así. Intento una y otra vez cuadrar a los falsos culpables, esos personajes por los que siento predilección y con los que me propongo confundir al lector. Reviso una vez más; vuelvo a la página 73, reescribo y corrijo la 35, la 53 y la 12. Aquello que dije debo modificarlo, el lector me puede pillar y no quiero eso. No quiero eso como autor, tampoco como espectador de otros autores. En mis novelas siempre habitan falsos culpables. Sí, lo hago a propósito, me esfuerzo en ello. Me gusta. «¿Quién será el culpable?» Me preguntan algunos lectores cuando todavía no han terminado el libro. «¡Ya sé quién es!» Se aventuran otros; pero yo sé que no lo saben cuando pregunto por qué capítulo van. Me encanta escuchar: «No me lo esperaba, no lo hubiera dicho nunca» Me divierte. Soy así. Forma parte de mi bagaje como lector, y ahora también como autor. No solo trato de despistar a los lectores, también quiero confundir al inspector Monfort y a sus compañeros de trabajo. Les hago dar vueltas y vueltas, tirar de hilos que no conducen a ningún lugar, encontrar pistas que luego serán falsas, contradecirlos, hacer que tomen caminos equivocados y que no tengan más remedio que volver a empezar desde el principio.

Agatha Christie, Conan Doyle, Chandler, Simenon… siguen proporcionándome enseñanzas con cada relectura de sus obras.

«Falso culpable». Me encantó cuando Javier Alonso me invitó a escribir sobre ello. En el momento en el que leí su correo daba vida a un par de esos falsos culpables. Qué estupenda casualidad. Abrí un archivo nuevo y me puse a escribir un pensamiento sencillo sobre esos personajes imprescindibles de toda novela de intriga o suspense.

La Semana Negra en la Glorieta forma parte de mi trayectoria como escritor, también como lector de otros autores compañeros a los que admiro. «Larga vida a La Semana Negra en la Glorieta» proclamé a los cuatro vientos, y el término casi se acuñó. También larga vida a los falsos culpables de nuestras novelas, porque vivirán eternamente en nuestra memoria y en la de muchos lectores, ya sea como héroes, o como villanos.

Y ahora, si me lo permiten, continuaré con el trabajo de crear nuevos personajes para convertirlos en falsos o verdaderos, culpables o inocentes.

Vívidos en cualquier caso.

Y eternos.




© Julio César Cano
Autor de los casos del inspector Monfort:
Asesinato en la plaza de la farola (Maeva, 2015)
Mañana, si Dios y el diablo quieren (Maeva, 2015)
Ojalá estuvieras aquí (Maeva, 2017 – Galardón Letras del Mediterráneo de Novela Negra 2017).

Flores muertas (Maeva, 2019).


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Julio César Cano
- Fotografía de Manuel Navarro Forcada -

Julio César Cano (1965, Capellades, Barcelona), trabajó en el negocio familiar hasta que el mundo de la música llamó a su puerta. Durante varios años ejerció como músico y mánager de grupos. Actualmente se dedica a la publicidad, actividad que compagina con la escritura.
 

Como autor, es conocido tanto por sus ensayos y artículos sobre gastronomía y viajes, como por sus novelas y relatos, entre ellos Cocina, carretera y manta y Hojas de otoño. Flores muertas es la cuarta investigación del inspector Monfort, que sigue a Ojalá estuvieras aquíMañana, si Dios y el diablo quierenAsesinato en la plaza de la Farola.
 

Reside junto a su familia en La Pobla Tornesa, provincia de Castellón, donde transcurre la serie del inspector Monfort.

«El falso culpable en la novela negra», por Calibre .38

LA VENGANZA EN EL GÉNERO NEGRO,  
por Ricardo Bosque
La siguiente selección de obras –en las que la falso culpable es el tema o uno de los temas principales– ha sido escogida por Ricardo Bosque, director de la Revista Calibre .38, para la VI Semana Negra en la Glorieta.


1.-“Perdida, Gillian Flynn”, de Gillian Flynn, por Ricardo Bosque
 
LEER RESEÑA AQUÍ

2.- “Mi nombre era Eileen”, de Ottessa Moshfegh, por Francisco J. Ortiz
 

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3.- “Después de la caída”, de Dennis Lehane, por Ricardo Bosque
 

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4.- “Encuéntrame”, de Gilly Macmillan, por José Javier Abasolo

 
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5.- “Redención”, de John Hart, por Sergio Torrijos Martínez


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6.-
El misterio de Marie Roget, de E. A. Poe,  por Juan Mari Barasorda

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7.- “El lamento de las sirenas”, de Michael Koryta, por Ricardo Bosque

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Esta selección de obras ha sido escogida por Ricardo Bosque, director de Calibre .38, para la VI Semana Negra en la Glorieta, celebrada del 21 al 27 de Noviembre de 2019. Mi más sincero agradecimiento para él y todo el equipo de su estupenda revista.

Un fuerte abrazo, amigos

Javier Alonso García-Pozuelo

Reseña de «A menos de cinco centímetros», de Marta Robles

RESEÑA DE «A MENOS DE CINCO CENTÍMETROS», DE MARTA ROBLES (Espasa, 2017), por
Manu López Marañón
Nos informa la contraportada de cómo Marta Robles (Madrid, 1963) debuta por «la puerta grande» en el género negro con «A menos de cinco centímetros», para añadir más abajo que nos encontramos ante «una novela de alta graduación erótica». Dudo mucho de que ambas aseveraciones –la primera claramente incorrecta– colaboren a que la valoración de este libro (por otra parte más que entretenido, con varios personajes inolvidables y de sorpresivo desenlace) aumente tras ser adquirido por sus compradores.

Se queja el maestro Marsé de cómo muchos autores intentan reciclarse recurriendo al género negro. Lo cierto es que hay una exagerada nómina de títulos etiquetados como «novela negra», pareciera que ese membrete bastara para insuflar calidad y comercialidad. Es este un camino que presenta muestras de agotamiento. Las voces de quienes, con toda razón, protestan airadamente por esta tendencia globalizadora hacia lo negro, pidiendo –exigiendo casi– una purga por el bien y la supervivencia del género se hacen oír ya de forma cotidiana. Cuando quien publica su primera novela negra es además un personaje mediático la obra corre el riesgo de no ser analizada con la objetividad deseada. Los prejuicios siempre hacen su labor.

Así, «A menos de cinco centímetros» ha generado polémicas con especialistas del género que abandonan su lectura tras unas decenas de páginas, defraudados porque «lo negro» no aparezca allí por ningún lado. Dándoles la razón, debo decir que este no ha sido mi caso: yo sí he llegado hasta el final. No soy un voraz lector de novela negra y cuando (a veces) escribo no me planteo hacer, ni de lejos, algo relacionado con el género. Mi visión narrativa aspira a ser más amplia que la que pueda estar circunscrita a unos cánones. Desde el siglo XX, la novela, así, a secas y sin etiquetas, es un cajón de sastre en el que todo lo humano tiene cabida. Dice Ernesto Sábato: «la novela es un género vital, versátil e impuro. No hay un arquetipo en el que basarnos para definirla». Y dentro de estas directrices me siento incluido, teniendo siempre presente, como lector y autor, que la novela es la forma más completa y profunda de examinar la condición humana.

Lo que más valoro cuando leo es que cada autor exprese su mundo de la manera más personal posible. Que en una misma obra participen de diversa manera, por poner un ejemplo, la novela de formación, la novela de viajes, la novela picaresca y –también– la novela negra, colma mis deseos. Ello, desde luego, no es óbice para que disfrute con obras más ajustadas a códigos como los del género negro. Llevo casi un año colaborando con Calibre. 38 y gracias a esta revista descubro autores y obras negras a las que, sin ella, ni me habría acercado; autores y obras cuyos méritos alabo en esas reseñas de aficionado que con tanta generosidad me publican los responsables de la revista.

Rompiéndome la cabeza para etiquetar satisfactoriamente la novela de Marta Robles, descubro al escritor llamado Armando Artigas, ese incorregible seductor de mujeres casadas y posible asesino. No tardo en ponerle el rostro de Cary Grant. Entra luego esa mujer fascinante, Misia Rodríguez, casada con el editor más importante del país; ávida lectora, exquisita en sus gustos, ropas y perfumes, con un punto de frialdad… Y me digo: ¡ya está!, estoy «leyendo» una película de Alfred Hitchcock. Vamos, que hasta su tema preferido –el del falso culpable– puede ser directamente aplicable al escritor. Y ser Misia esa rubia algo gélida a la que pongo cara de Eve Marie Saint o de Grace Kelly… Pero llego a la página 178 y en ella escribe la autora sobre Misia: «Aunque se había recogido el pelo con una horquilla de carey y se había calado unas Ray-Ban Cat Eye haciendo juego, para estar más discreta, su imagen podría haber sido la de cualquier rubia de Hitchcock en el siglo XXI.» Adiós a mi intento de ser original. Pero si sobre esos apuntes de personaje añadimos que la intriga se ramifica entre diferentes países, que los protagonistas son guapos y adoran el lujo de primerísimo nivel, y que la novela presenta un desenlace de los que gustaban al mago del suspense, sumando todo, una etiqueta si no original al menos certera (y que ni desconcierte ni rebaje el interés comercial de «A menos de cinco centímetros») podría haber sido: «Una novela de intriga criminal narrada con pulso de thriller hitchcokiano».

La otra aseveración pendiente, «novela de alta graduación erótica», da menos juego y no me extenderé. Cada vez somos más los que nos aburrimos soberanamente con el erotismo en la literatura, y no por mojigatería: cuando hay que explicitar encontronazos sexuales por necesidad de lo que se nos está contando (en caso contrario me los salto) yo prefiero el porno duro y en cualquier caso agradezco una breve duración. Las escenas sexuales de «A menos de cinco centímetros» combinan erotismo y pornografía. Son cinco y vienen protagonizadas por el escritor y su amante. Me han vuelto a sobrar, aunque reconozco haberme reído con el señor gatillazo que pega el prepotente escritor en su primera cita.

A Armando Artigas la vida le sonríe a boca abierta. Escritor exitoso desde que publicó a los 21 años su primera novela y niño mimado de su editorial, es inteligente, ingenioso, atractivo, seductor y elegante. A la hora de relacionarse resulta ser un promiscuo encantador que liga con mujeres muy bellas, eso sí, casadas sin excepción. Logra escapar así de cualquier compromiso duradero para dedicar su tiempo a escribir. No me resisto a copiar una de sus frases: «Escribir una mala novela es muy difícil y escribir una buena es un milagro. La diferencia entre una y otra es la emoción. Y ni siquiera eso garantiza su éxito.» Katia Kohen Korovin, periodista porteña especializada en el tema judío, es hija de Larisa Korovin, mujer de 65 años de origen ruso que aparece asfixiada en el hotel Alvear de Buenos Aires; Larisa fue, décadas atrás, amante de Artigas. Por ser la última persona que habló con ella Katia no solo está convencida de que mató a su madre, también de que ha asesinado a otras amantes suyas y contrata en Madrid al detective Roures para que investigue a Artigas. Casada con Carlos Rothman (el editor más poderoso del país que, por supuesto, publica las novelas de Artigas) a Misia Rodríguez su marido le da una vida de princesa (por un cumpleaños le regala una biblioteca con primeras ediciones de Bocaccio, Petrarca o Séneca). Aparte de devorar libros a Misia le arrebatan la ropa y los complementos, mejor de marca; también los perfumes: uno de violetas que hace juego con sus ojos es su preferido. Las citas sexuales entre esta rubia casada y el atractivo y libertino escritor (siempre en hoteles de cinco estrellas en ciudades inolvidables) vertebran «A menos de cinco centímetros». En torno a estas citas se van desplegando unas subtramas quizá un tanto excesivas –tanto en número como en intensidad– para su completa urdimbre, aunque hay que reconocer que resultan vibrantes: de los horrores de las guerras en los Balcanes y Sierra Leona de finales del pasado siglo viajamos al Israel actual; del Buenos Aires de 1930, donde se inició una trata de prostitutas que al principio era solo de ámbito local, se pasa al Buenos Aires de hoy, donde la organización (judía) es ya muy poderosa y de una gran complejidad para poder surtir de carne humana al mercado europeo. Concurre esta espeluznante historia –y de forma hábil, literariamente hablando– para dinamitar por sus tres lados al hasta entonces incruento triángulo Carlos Rothman-Misia Rodríguez-Armando Artigas. El desenlace de la novela de Marta Robles, en esa Sevilla majestuosa y nocturna que se percibe desde la habitación 326 del hotel Alfonso XIII, resultará inesperadamente brutal incluso para el lector más avezado
.


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nació en Bilbao en 1966 y es diplomado en Relaciones Laborales y máster en Prevención (especialidad Seguridad e Higiene en el Trabajo). Residió un año en Buenos Aires tras ser becado por el Gobierno Vasco para llevar a cabo un trabajo sobre la legislación laboral argentina. En la actualidad se dedica en exclusiva a escribir guiones cinematográficos y a la literatura. En 2015 ha editado con Ediciones Oblicuas su primera novela, “Alcohol de 99º”. Recientemente ha terminado “Prosas para eunucos”, un libro de relatos en busca de editorial. Además de para Cita en la Glorieta, también reseña para las revistas Calibre. 38 y Moon Magazine.


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