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Reseña de «El sueño eterno», de Raymond Chandler

Reseña de «El sueño eterno», de Raymond Chandler 
por José Javier Navarrete
FICHA TÉCNICA

Título: El sueño eterno
Título original: The big sleep
Autor: Raymond Chandler
Nº de páginas: 368
Editorial: Debolsillo
Fecha publicación: 19 de abril de 2017
Traducción: José Luis López Muñoz.



SINOPSIS

El general Sternwood contrata al detective Philip Marlowe por un chantaje que concierne a su hija menor, y chupadedogordo, Carmen. Asesinatos, pornografía, droga, juego, delincuentes de poca monta y de no tan poca; esta es parte de la flora y fauna de la jungla de perversión en la que se sumerge Marlowe. Jungla en la que parece haber desaparecido el yerno del general, cuya ausencia a lo largo de toda la novela es tan constante como la lluvia.


 
EL AUTOR

Raymond Thornton Chandler (Chicago, 23 de julio de 1888 – La Jolla, California, 26 de marzo de 1959). Educado en Inglaterra realizó todo tipo de actividades antes de dedicarse a la literatura. Participó como voluntario en la Primera Guerra Mundial. Trabajó como empleado de banca, periodista y también fue escalando peldaños en una petrolera de Los Angeles, hasta que en medio de la Gran Depresión se vio en la calle por sus problemas de alcoholismo, su recalcitrante absentismo y sus continuos líos de faldas con las secretarias. Se perdió un vicepresidente de una petrolera y se ganó un magnífico escritor de novela negra.

Comenzó publicando en revistas de ficción criminal, las famosas revistas pulp de aquella época. En 1939 escribió su primera novela: El sueño eterno, después vendrían otras siete y su incursión en el cine como guionista. Murió en 1959, solo, deprimido por la muerte de su mujer y con el alcohol como remedio para su tristeza.

Caníbal

El sueño eterno fue la primera novela de Raymond Chandler. Para crearla canibalizó algunas historias escritas por él con anterioridad, fundamentalmente El telón y Asesino bajo la lluvia (ambas incluidas en esta edición de Debolsillo). Supone la aparición estelar de Philip Marlowe, un detective privado al más puro estilo hard-boiled (de acuerdo con el Brewer’s Dictionary of Phrase and Fable: alguien endurecido por la experiencia; una persona sin ilusión ni sentimentalismo).

¿Vamos al cine?

Al igual que me ocurre con Sam Spade, el protagonista de El halcón maltés de Dashiell Hammett, no puedo pensar en Philip Marlowe sin hacerlo en Humphey Bogart. En 1946 protagonizó, junto a Lauren Bacall, una película, titulada también El sueño eterno, dirigida por Howard Hawks. Si aún no la has visto, no esperes más. En realidad sí, léete primero la novela.


 

La ruptura con el pasado

Chandler, como otros correligionarios del género, rechaza el legado de predecesores que hacían de sus novelas un problema de lógica y deducción. El mismo Marlowe dice:
No soy Sherlock Holmes ni Philo Vance. No es lo mío repetir investigaciones que la policía ha hecho ya, ni encontrar una plumilla rota y construir un caso a partir de ahí. Si cree usted que hay alguien trabajando como detective que se gana la vida haciendo eso, no sabe mucho de la policía.
Chandler no solo rechaza esta tradición, como ya habían hecho otros, incluyendo al mismo Hammett, sino que la desafía, llegando hasta el punto de dejar sin resolver el asesinato del chófer del general Sternwood. Bien es cierto que no tiene mayor transcendencia en el desarrollo de la trama, pero no deja de ser curioso que quede un cabo suelto en una novela de este tipo, al menos hasta que llegó Chandler.

La presentación en sociedad de Philip Marlowe

Me había puesto el traje azul añil, con camisa azul marino, corbata y pañuelo a juego en el bolsillo del pecho, zapatos negros, calcetines negros de lana con dibujos laterales de color azul marino. Iba bien arreglado, limpio, afeitado y sobrio y no me importaba nada que lo notase todo el mundo. Era sin duda lo que debe ser un detective privado bien vestido. Me disponía a visitar a cuatro millones de dólares.
Esta es la presentación de Philip Marlowe en El sueño eterno, lo curioso es que su apariencia es lo que menos importa, lo esencial es que a lo largo de la novela se puede disfrutar de un detective privado ocurrente, hastiado del mundo, irónico y cínico. También algo misógino y bastante homófobo:
Las tiras de seda en las paredes, la alfombra, las lámparas recargadas, los muebles de teca, el violento contraste de colores, el tótem, el frasco con éter y láudano…; todo aquello, a la luz del día, resultaba de una obscenidad vergonzante, como una fiesta de mariquitas.
Lo que no resulta extraño dado que Chandler era homófobo.

Lo que si es más curioso es que el escritor quisiese para el papel de Philip Marlowe en la gran pantalla a Cary Grant, sobre el que pendía la sospecha de su bisexualidad.

El balón se pone en juego

La trama de El sueño eterno comienza cuando el de los cuatro millones de dólares entrega la siguiente nota de chantaje a Marlowe:
Muy señor mío: Pese a la imposibilidad de reclamar legalmente lo que aquí le incluyo (reconozco con toda sinceridad que se trata de deudas de juego) doy por sentado que preferirá usted pagarlas.
Respetuosamente,

A. G. GEIGER
La deuda es de la hija pequeña del general Sternwood, Carmen; una joven de vida disipada y un trasfondo que pasa desapercibido. Una caprichosa joven rica, cuyos límites morales se difuminan en sus apetitos mundanos. Marlowe la define así al poco de conocerla:
Comprendí, pese a lo breve de nuestra relación, que pensar sería siempre una cosa más bien molesta para ella.
Aunque pudiésemos pensar que la novela girará en torno al chantaje con el que comienza, no es más que la línea de salida, la verdadera carrera es la que sigue el recorrido de Rusty Regan, un antiguo contrabandista irlandés que ha dado el braguetazo al casarse con Vivian, la hija mayor del general. Tenía todos los boletos para caer mal al viejo Sternwood y sin embargo:
—Fue un soplo de vida para mí…, mientras duró. Pasaba horas conmigo, sudando como un cerdo, bebiendo brandy a litros y contándome historias sobre la revolución irlandesa. Había sido oficial del IRA. Ni siquiera estaba legalmente en Estados Unidos. Su boda fue una cosa ridícula, por supuesto, y es probable que no durase ni un mes como tal matrimonio. Le estoy contando los secretos de la familia, señor Marlowe.
Será una carrera repleta de cadáveres que se internará en un mundo de perversiones regido por personas de pocos escrúpulos con tendencia a la corrupción. Una auténtica yincana por Los Angeles de los años finales de la Gran Depresión.
Estaba tan vacío de vida como los bolsillos de un espantapájaros. En la cocina me bebí dos tazas de café solo. Se puede tener resaca con cosas distintas del alcohol. Resaca de mujeres. Las mujeres me ponían enfermo.
Es el tipo de detective conocedor del carácter ajeno, pero también de fuerte intuición. Desencantado con su vida y con la sociedad en la que le ha tocado vivir:
—¿Y por esa cantidad de dinero está dispuesto a enemistarse con la mitad de las fuerzas de policía de este país?
—No me gusta nada —dije—. Pero ¿qué demonios voy a hacer si no? Trabajo en un caso. Vendo lo que tengo que vender para ganarme la vida. Las agallas y la inteligencia que Dios me ha dado y la disponibilidad para dejarme maltratar si con ello protejo a mis clientes. Va contra mis principios contar todo lo que he contado esta noche sin consultar antes al general. Por lo que respecta a encubrimientos, también yo he trabajado para la policía, como usted sabe. Se encubre sin descanso en cualquier ciudad importante. Los polizontes se ponen muy solemnes y virtuosos cuando alguien de fuera trata de ocultar cualquier cosa, pero ellos hacen lo mismo un día sí y otro también para contentar a sus amigos o a cualquier persona con un poco de influencia. Y todavía no he terminado. Sigo en el caso. Y volveré a hacer lo mismo si tengo que hacerlo.
Solo quiere el dinero ganado con honestidad y así lo demuestra:
—Tiene usted una ventaja sobre mí, general. Una ventaja de la que no quisiera en absoluto privarle, ni en su más mínima parte. No es mucho, considerando lo que tiene que aguantar. A mí me puede decir lo que se le antoje y jamás se me ocurrirá enfadarme. Me gustaría que me permitiera devolverle el dinero. Quizá no signifique nada para usted. Pero puede significar algo para mí.
—¿Qué significa para usted?
—Significa que no acepto que se me pague por un trabajo poco satisfactorio. Eso es todo.
—¿Hace usted muchos trabajos poco satisfactorios?
—Algunos. Es algo que le pasa a todo el mundo.

El estilo de Chandler

El estilo narrativo de Chandler muestra diálogos repletos de jerga, símiles tan exagerados que te hacen sonreír, y su narrador, en primera persona, describe las escenas como lo haría una cámara cinematográfica, lo cual no es extraño, ya que años después comenzaría su carrera como guionista. Pero en algunos momentos su prosa alcanza una gran belleza:
¿Qué más te daba dónde hubieras ido a dar con tus huesos una vez muerto? ¿Qué más te daba si era en un sucio sumidero o en una torre de mármol o en la cima de una montaña? Estabas muerto, dormías el sueño eterno y esas cosas no te molestaban ya. Petróleo y agua te daban lo mismo que viento y aire. Dormías sencillamente el sueño eterno sin que te importara la manera cruel que tuviste de morir ni el que cayeras entre desechos.

Fin de línea

El sueño eterno es una lectura más que recomendable, no tanto por la trama como por los personajes, verlos crecer en cada página es un deleite. El ritmo es vivo y seguir a Marlowe agotador, aunque casi siempre llegue con el cadáver ya servido. Chandler , en su sencillez, me parece un maestro, hay frases que revolotean en mi cabeza, algunas de ellas acabarán posándose y, si no hay demasiadas letras empujando, puede que resistan el ímpetu de las que han de llegar.

Reseña de «El asesino bajo la lluvia», de Raymond Chandler

Reseña de «El asesino bajo la lluvia», de Raymond Chandler
por José Javier Navarrete
FICHA TÉCNICA
Título: El asesino bajo la lluvia
Título original: Killer in the rain
Autor: Raymond Chandler
Nº de páginas: 55
Editorial: Debolsillo
Fecha publicación: septiembre de 2013
Traductor: Juan Manuel Ibeas Delgado.



EL AUTOR
Raymond Thornton Chandler (Chicago, 23 de julio de 1888 – La Jolla, California, 26 de marzo de 1959). Educado en Inglaterra realizó todo tipo de actividades antes de dedicarse a la literatura. Participó como voluntario en la Primera Guerra Mundial. Trabajó como empleado de banca, periodista y también fue escalando peldaños en una petrolera de Los Angeles, hasta que en medio de la Gran Depresión se vio en la calle por sus problemas de alcoholismo, su recalcitrante absentismo y sus continuos líos de faldas con las secretarias. Se perdió un vicepresidente de una petrolera y se ganó un magnífico escritor de novela negra.

Comenzó publicando en revistas de ficción criminal, las famosas revistas pulp de aquella época, fundamentalmente en Black Mask y Dime Detective Magazine. En 1939 escribió su primera novela: El sueño eterno, después vendrían otras siete y su incursión en el cine como guionista. Murió en 1959, solo, deprimido por la muerte de su mujer y con el alcohol como remedio para su tristeza.
 
Si quieres reseña, tendrás que esperar

Cuando Javier Alonso García-Pozuelo me propuso participar en la VII Semana Negra en la Glorieta, no tuve claro cuál podría ser mi aportación. Llevo poco más de un año con mi blog, así que, a mi experiencia, asuntos de esta índole le vienen grande; pero tengo un problema: no sé decir «no».

Tras varios mensajes en redes sociales, decidimos que una sección sobre relatos negros podría tener interés. Me hubiese gustado contar con alguien más para dar variedad de pluma; pero a diferencia de mí, los posibles colaboradores con los que podría contar, entre pocos y ninguno, sí que saben decir esa palabra que tan mal se me da a mí pronunciar. Siento que todo el menú esté preparado por las mismas manos, espero que no se te indigeste.

Una vez clara la temática de la sección, lo siguiente fue decidir que incluir en ella. Con las reseñas me defiendo, no soy demasiado ortodoxo, ya que me suelo ir por las ramas, pero con un trago de agua entran sin demasiados problemas. Prepárate un vaso grande porque tendrás que tragarte dos. El resto del menú estará compuesto de una entrada sobre la revista Black Mask (Con Black Mask como excusa) y un relato largo o novela corta, Buscaré su sonrisa en la acera, de una extensión parecida a los que se solían publicar en las revistas pulp de la época dorada del hard-boiled. Por desgracia para ti, en lo único que se parece es en la extensión, pero que conste, mi intención ha sido buena.

He elegido El asesino bajo la lluvia y El telón como víctimas de mis reseñas por tres motivos. El primero, el señor Chandler es su autor y este, por sí solo, ya es motivo suficiente. El segundo, ambos fueron publicados en la revista Black Mask, así que, con ellos, junto con la entrada que he mencionado, me hago un conjunto de tres piezas. En tercer lugar, estos dos relatos fueron canibalizados durante la creación de la novela El sueño eterno, lo que dota de cierta uniformidad a la elección.

Como ya me he ido lo suficiente por las ramas, va siendo hora de que comience con la reseña.

¡Qué estilo tiene Chandler!

El asesino bajo la lluvia fue publicado por primera vez en el número de enero de 1935 de la revista Black Mask. Este fue el cuarto relato que
Chandler publicó allí y, desde el tercero, ya estaba acostumbrado a aparecer en la portada. Su primer relato, al cual le dedicó cinco meses, fue Los chantajistas no matan (Blackmailers don’t shoot). Apareció en el número de diciembre de 1933 y cobró por él 180 dólares, a razón de centavo por palabra.

Para adquirir el estilo que la revista sugería a sus colaboradores,
Chandler, ni corto ni perezoso, se metió entre pecho y espalda todos los números anteriores de Black Mask. Por fortuna, eran revistas muy baratas, ya que si no hubiese perdido dinero con ese primer relato.

Había quien pensaba que la revista se había hammettizado, de forma que el estilo que
Chandler necesitaba desarrollar era el de un escritor que para él fue un referente. Chandler insistía en que, si un escritor tenía que invertir en algo, eso era su estilo. Él debió de tomárselo al pie de la letra, ya que nunca dejó de invertir en él y fue evolucionando con el paso de los años. Entre sus primeros relatos y sus novelas, su estilo experimentó un salto cualitativo.

El estilo que
Chandler exhibe en este relato es directo y sencillo, mucho más que el que posteriormente mostraría en las novelas. Por momentos resulta descarnado y funcional, lo que permite la inmersión en la historia sin que nada te distraiga.  El mismo Chandler dijo: «Menos mal que cuando empecé a escribir tuve el buen sentido de hacerlo en un lenguaje que no rebosaba de retórica».

Puede pensarse que tal estilo es fácil de llevar a la práctica, pero nada más lejos de la realidad. Tan solo se permite algún alto el fuego con la sencillez durante las descripciones.
«El aire le daba a Dravec en lo alto de la cara, levantaba su espeso pelo negro, movía las cerdas más largas del grueso sendero que era la ceja que le atravesaba el rostro en una línea continua. Tenía toda la pinta de un matón que ha pillado pasta».
Esa frase final, que en la mente de Chandler debe de ser una especie de corolario, a mí me deja estupefacto. Esto es bastante típico del estilo del escritor. Aquí otro ejemplo del comienzo de
El sueño eterno:
«Me había puesto el traje azul añil, con camisa azul marino, corbata y pañuelo a juego en el bolsillo del pecho, zapatos negros, calcetines negros de lana con dibujos laterales de color azul marino. Iba bien arreglado, limpio, afeitado y sobrio y no me importaba nada que lo notase todo el mundo. Era sin duda lo que debe ser un detective privado bien vestido. Me disponía a visitar a cuatro millones de dólares».
En esta ocasión, es Philip Marlowe el que se describe a sí mismo.

Pero el estilo de Chandler también se caracteriza por frases ingeniosas y humorísticas, unos diálogos chispeantes y un ritmo extraordinario. Tal vez lo más criticable de él sea que sus tramas nunca fueron muy elaboradas. A quienes nos gusta este escritor, siempre nos viene a la mente lo ocurrido con la muerte del chófer del general Sternwood en
El sueño eterno, un asesinato que Chandler deja sin resolver.

Cuenta la leyenda que, durante el rodaje de la película, en 1946, Humphrey Bogart preguntó a Howard Hawks, el director, quién era el asesino del chófer. Como lo desconocía, consultó a los guionistas de la misma, entre los que se encontraba Faulkner. Estos tampoco supieron darle una respuesta, de manera que el director le envió un telegrama a Chandler. ¿Quién si no él, que había escrito la novela, podría tener una respuesta?

Y sí que la tenía: «Que me ahorquen si lo sé». Por supuesto se convirtió en legendaria.

Pero hay que tener en cuenta que en las historias que se encuadraban en aquellos tiempos dentro del hard-boiled, lo más importante no era saber quién había matado a quién. De hecho, Chandler decía que leería una novela de Hammett aunque le faltara el último capítulo: «Sería interesante aun sin la solución, seguiría siendo una historia completa. Esta es la prueba de fuego».
 
Canibalizando, que es gerundio

Como ya te he comentado en algún sitio indeterminado de la reseña, Chandler era dado a canibalizar sus relatos durante la creación de sus novelas, espero que nunca lo acusasen de plagio por tal hábito. En el caso de El asesino bajo la lluvia, utilizó gran parte de él durante la escritura de
El sueño eterno.
Te cuento de qué va el relato y, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, también hago las referencias de las partes canibalizadas por Chandler. No te preocupes, no destriparé nada.

Carmen Dravec, la hija del de la oruga negra sobre los ojos, es una joven que siempre elige al hombre equivocado. Al menos es lo que opina Anton Dravec. Como no tiene problemas económicos:
«sacó una cartera que no llegaba a ser tan grande como una bala de heno. Sobresalían billetes de ella en todos los ángulos. Cuando se golpeó la rodilla con ella, hizo un sonido pastoso que era un placer para el oído».
papá Dravec parece dispuesto a pagar lo necesario para deshacerse de ellos. En esta ocasión, para quitarse a un tal Steiner de la chepa, contrata los servicios del detective privado que protagoniza el relato. No tiene nombre, pero en mi mente es Philip Marlowe, lo que en imágenes se traduce en Humphrey Bogart.

Ya que estoy con Philip Marlowe, aprovecho para descubrirte las equivalencias utilizadas hasta ahora. Carmen Dravec corresponde a Carmen Sternwood, la hija menor del general Sternwood. En ambas narraciones tiene cierta fijación con chuparse el dedo gordo. Si te preguntas si Anton Dravec se corresponde con el general Sternwood, siento decirte que, aunque en parte sí, el general tiene mucho más que ver con el general Winslow que aparece en el otro relato que he reseñado. El que sí tiene su equivalente es Steiner, un librero especial que en el caso de El sueño eterno se llama Geiger. Es curioso que un personaje de su calaña tenga en ambos casos un apellido judío, aunque puede que esa curiosidad se deba a que el señor Chandler era un poco antisemita.
Establecidas las equivalencias, prosigo con la trama. En ambas narraciones, el librero las palma víctima de una sobredosis de plomo tomado en comprimidos con forma de proyectil. También en ambas historias, el detective privado se encuentra fuera de la casa del librero cuando se le suministra la inyección letal vía cañón de arma corta, y también, en ambas, la señorita Carmen se encuentra presente durante el luctuoso acto en estado de enajenación debido a las drogas. Y hasta aquí puedo leer; pero, por si te lo estás preguntando, te aclaro que durante el relato la lluvia es una constante. En esta ocasión, el conductor que muere es el de Dravec y tampoco se aclara quién es el asesino.

A partir de este momento, el detective privado se verá envuelto en una serie de sucesos en los que las armas y los disparos son protagonistas. ¡Pura acción! Prácticamente todos ellos también se desarrollan en El sueño eterno, así como los personajes que en ellos se ven involucrados. Varios de los hombres que pululan por la historia han formado parte de las relaciones amorosas de Carmen. La protagonista del relato parece vivir al límite, no sé si disfruta demasiado con ello, o al menos no es muy consciente debido a sus adicciones; pero desde luego no sale muy bien parada en las palabras que el investigador privado le dedica.
«No era un grito de miedo. Tenía el tono de un susto medio agradable, un acento de borrachera y un toque de pura idiotez».

«Después, toda expresión desapareció de su rostro pálido, que parecía tan inteligente como el fondo de una caja de zapatos».
Lo más agradable que dice de ella lo hace durante la descripción de su risa:
«Siguió con sus risitas, que correteaban por la habitación como ratas».
El protagonista de este relato tiene «cierto» tufillo misógino, pero en esta ocasión se libra de la parte homófoba con la que cuenta en El sueño eterno.

Tengo que decir que Chandler me parece un maestro de los símiles, aunque en algunas ocasiones se extralimita, como es aquí el caso; pero también hay que juzgar la literatura con los estándares del género y de la época, y no con los de la que nos ha tocado vivir a nosotros.

 
Aún no baja el telón

Me permito esta pequeña estupidez como título de despedida por el hecho de que tienes pendiente la lectura de la reseña de El telón, si es que quieres saber cómo acabó el tema de la canibalización. En lo que respecta a El asesino bajo la lluvia, tengo que decir que Chandler debió ver en él un cerdo, por eso de que de él se aprovecha todo.

Este relato es un claro ejemplo de historia hard-boiled, si eres de los que prefieres narraciones más del tipo enigma, tal vez se salga un poco de tu zona de confort; pero, en cualquier caso, no deja de contar con su misterio y emoción. Su lectura te proporcionará algunas pinceladas de ese detective privado ocurrente, hastiado del mundo, irónico y cínico que es Philip Marlowe; uno de los nombres propios de la literatura criminal y del cine negro.

No pierdas la oportunidad de ser testigo de los primeros pasos de Raymond Chandler en el mundo de la literatura, pero si quieres seguir mi consejo, lee primero El sueño eterno, si es que aún no lo has hecho, y después El asesino bajo la lluvia.

Te espero en la siguiente reseña.

Puedes consultar el programa de la Semana Negra en la Glorieta pinchando AQUÍ.

Colaboraciones en la Semana Negra en la Glorieta
de José Javier Navarrete
➤Reseña de «El asesino bajo la lluvia», de Raymond Chandler
➤Reseña de «El telón», de Raymond Chandler
➤«Con Black Mask como excusa
»
➤Reseña de «El sueño eterno», de Raymond Chandler
➤«Buscaré su sonrisa en la acera», relato.

***

José Javier Navarrete (Madrid, 1964)
Soy licenciado en ciencias físicas y trabajo en un Organismo Público de Investigación. Otro trabajo es el que me da el blog de novela negra josejaviernavarrete.com, del que soy el administrador. En él publico entradas que en su mayor parte son reseñas literarias, sobre todo negrocriminales, y entrevistas a autores de este género. También soy un proyecto de escritor que ha participado en varios talleres literarios y concursos de relatos cortos. Uno de ellos ha sido publicado en Vindicta: III Antología Negrocriminal Cruce de Caminos. En la actualidad estoy inmerso en la escritura de una antología de cuentos y de una novela policíaca.

Reseña de «El detective y la ciudad», por Emilio Alberto Restrepo

RESEÑA DE «EL DETECTIVE Y LA CIUDAD»
por Emilio Alberto Restrepo
EL DETECTIVE Y LA CIUDAD. El espacio urbano en las novelas de detectives de Paco Ignacio Taibo II y Leonardo Padura Fuentes. 
Carlos Pardo.  
Ed. Universidad de Antioquia. 
Colección Literatura / Crítica 
148 p.


Los asuntos tratados 

Como se infiere del mismo título, el libro concentra su análisis en unos puntos básicos que atañen puntualmente al género negro en general, y a la literatura latinoamericana en particular: el detective privado en las letras, su relación estrecha con la ciudad, México y La Habana como entornos literarios y la forma como Paco IgnacioTabio II y Leonardo Padura, autores connotados del continente, lo trascienden.

La Ciudad como protagonista
El género negro es fundamentalmente urbano, ya que la mayoría de su acontecer transcurre en ambientes de ciudad y se preocupa de manera particular en explorar su entorno. En la propuesta más contemporánea, se hace énfasis en lo citadino y en lo que puede perturbar el de por sí ya enrarecido ambiente de la urbe: la corrupción, el odio, el racismo, la homofobia, la insolidaridad, toda clase de abusos y discriminaciones, el tráfico de drogas, la explotación sexual o laboral y un etcétera interminable y sazonado de toda clase de matices.

Desde los mismos inicios de la literatura policial, ha existido una estrecha relación con la ciudad, creciendo y desarrollándose ambas en paralelo, dando cuenta la primera de los vicios y pecados de la segunda, directamente proporcionales al desaforado aumento de su población y extensión. Aunque en sus orígenes y épocas de más esplendor solía ubicarse en recintos rurales (Agatha Christie, Conan Doyle, Georges Simenon, G. K. Chesterton), la irrupción del hard-boiled (años 20 y 30 del siglo XX) la situó en un entorno eminentemente urbano, hasta el punto de establecer una relación simbiótica entre la una y la otra, con personajes (detectives) que se movilizaban exclusivamente en ambientes duros y tensos de sus respectivas ciudades. Esta vinculación narrativa hace un especial énfasis en lo social, en los aspectos que enturbian el comportamiento de los ciudadanos, lo cual puede incluso superar a los personajes y a la trama de la novela, lo que nos permite establecer el triángulo estructural que define a la novela negra: historia, personajes y entorno. No se puede concebir una obra definitiva si alguno de los componentes no está presente. Los autores estudiados en el libro que reseñamos lo tienen muy claro, y eso les ha permitido alcanzar un sólido prestigio y un gran reconocimiento en todo el mundo.
 

En este sentido la novela de crimen (policial, negra, de intriga, de enigma) nos pinta la ciudad, nos permite conocer sus rincones más oscuros, su aspecto más pecaminoso y sus costumbres mas ocultas y abyectas. Esto es particularmente válido para autores de obra con detective y ciudad, como Dashiell Hammett, Raymon Chandler y Ross Macdonald.

De esto da cuenta Carlos Pardo en su libro, al considerar a dos narradores preponderantemente urbanos, pues tanto Taibo II como Padura ubican en sus respectivas capitales a sus personajes, aprovechando para hacer una disección social de ellas; en cuanto al espacio, insistimos, la naturaleza de la novela negra implica sitios urbanos que retratar: la calle, los antros, las oficinas, los burdeles, los estadios, las cafeterías, los edificios, los bares. Es en dicho medio en donde se encuentran con mayor vigor la gran mayoría de las contradicciones sociales del mundo actual, no solo como  decorado o marco de la acción, puesto que en este entorno hay una enorme variedad de personajes, sitios y ambientes, y se da además la mayor tasa de criminalidad con delitos constantes y de todos los pelambres, sino como determinante social, porque como forma narrativa contemporánea el relato negro no se puede sustraer a la presencia del componente urbano que es, en las sociedades modernas, la pieza básica de la organización vital y social. Y no importa que en este caso sean ciudades de países en desarrollo. Por el contrario, les agrega el “color local”.

El detective.
Así como Philip Marlowe está indisolublemente ligado a Los Ángeles, Sherlock Holmes tiene su Londres y Pepe Carvalho y Ricardo Méndez tienen su Barcelona, los autores estudiados conjugan de primera mano lo mejor y lo peor de sus respectivas capitales, y esto hace notar Pardo en su análisis, describiendo pormenorizadamente el interactuar de sus personajes en estas ciudades llenas de contrastes y desigualdades. Destaca
Pardo que los escritores referenciados, si bien comparten con los autores clásicos anglosajones los elementos básicos de los detectives de ficción, se caracterizan porque introducen algunos nuevos en los que sobresalen el desarrollo de personajes complicados, con tensiones existenciales que desbordan las tradicionales y el papel de la ciudad como escenario central de la trama que establece una nueva relación entre el personaje detective y el espacio urbano hispanoamericano, en ciudades complejas, conflictivas y de una voracidad que marca el devenir de sus habitantes. Ambos autores retoman al detective y el delito como elementos centrales del género y crean una serie en torno a un investigador, con una personalidad, unos gustos y una manera de actuar muy caracterizada y definida, que le ha dado a ambos personajes (y por ende a los dos autores), un amplio reconocimiento que va más allá de los lectores especializados del estilo y han trascendido al ámbito de la literatura local para considerarse globales y mediáticos, multi-premiados (Padura es Premio Princesa de Asturias de las Letras 2015) y cuentan con un gran valoración académica y un indiscutible respeto en lo puramente literario.

La estructura
El libro de
Pardo tiene 3 bloques temáticos: En el primero hace una revisión general del proceso evolutivo de lo negro a través de la historia y la geografía, destacando su función social, sus atributos formales, el rol del detective y la imposición del individualismo como eje de la actividad social; también se destaca la pesquisa de una expresión propia, que hace énfasis en la  búsqueda de la historia y las raíces de cada sociedad, la creación de personajes complejos, con fuertes insatisfacciones con su entorno sociopolítico, producto del desencanto y la ciudad como escenario central del neo policiaco(categoría en que se inscriben los dos autores), en especial la cotidianidad urbana, características que retoman el sentido del género como mecanismo de relación entre el escritor y el lector. El segundo se ocupa de la literatura de Taibo II, específicamente de su personaje Belascoarán, sus métodos, su entorno social y afectivo, su relación estrecha y contradictoria con la violencia y la solidaridad de la ciudad de México. En la tercera parte se analiza la visión crítica del detective Mario Conde de Padura desde su óptica de empleado policial que recorre La Habana enfrentado a sus fantasmas, sus carencias, su pasado, sus amores y su afición por la música y la literatura, en un ambiente de crimen que se tiñe de corrupción a muchos niveles.

La sensación final
Definitivamente el libro EL DETECTIVE Y LA CIUDAD, de Carlos Pardo, hace un importante aporte al conocimiento de la novela negra hispanoamericana, pues luego de ponernos al día en el contexto de los aspectos formales del género y hacer una revisión teórica de su evolución y estructura, diseca sin complejos de inferioridad el aporte literario de dos de sus más lúcidos exponentes, Taibo II y Padura y sus personajes, Belascoarán y Conde en el marco referencial de sus dos ciudades, México y La Habana. Al terminar de leer su propuesta, quedamos con la sensación de que el autor cumple lo que promete, la exposición del marco teórico del detective y su relación conflictiva y contradictoria con la ciudad, reivindicando la naturaleza de su literatura, descriptiva, cuestionadora y testimonial, mientras establece una aproximación al lector con elementos críticos y socio-antropológicos que no dejan de lado el entretenimiento y la función de recreación de la memoria colectiva que tiene la novela, mientras asume su compromiso de ser literatura de primer orden.

En mi opinión de entusiasta cultor del noir -como lector, conferencista, espectador, ensayista y escritor de novela negra- el libro es muy recomendable, por la sana distancia académica con que acomete el estudio de los temas propuestos. Para los lectores generales no iniciados, es una interesante oportunidad de entender sus bases estructurales y su evolución a través del tiempo, permitiendo conocer la aguda forma como propone el abordaje de lo social, de lo sociológico, de lo filosófico y de la descripción de la condición humana en el marco de lo urbano, motivando a conocer a los dos autores. Para los lectores habituales de novela negra que desconocen a los autores citados, es una invitación a descubrir su universo maravilloso y la aguda inteligencia con la que hacen una aproximación a los asuntos oscuros que enrarecen la cotidianidad de nuestras metrópolis, usando la figura del detective como una disculpa para afrontar su verdadera intención: desenmascarar los pecados de unas ciudades que aman y padecen, que vibran y sufren en proporciones equilibradas. Para los que los conocen y los han disfrutado, les permite ratificar lo que al principio sospechaban: los límites se han perdido, las barreras entre los géneros son cada vez más imperceptibles y lo que antes se consideraba una “especie menor”, hoy se codea con la gran literatura, la que pretende ahondar sobre el estudio del alma humana, o en el juego de palabras, “el ánima urbana”.


Esta reseña ha sido escrita por Emilio Alberto Restrepo para la IV SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA, celebrada del 21 al 27 de Mayo de 2018. Agradecemos a quien quiera reproducirla, total o parcialmente, que cite su fuente original. Si quieres acceder al programa de la Semana Negra PINCHA AQUÍ o en la imagen.

 
Emilio Alberto Restrepo
Médico ginecoobstetra, con especialización en Laparoscopia ginecológica avanzada. Escritor de varios libros y artículos científicos. Conferencista. Columnista de varios medios. Ha publicado: TEXTOS PARA PERVERTIR A LA JUVENTUD, LOS CIRCULOS PERPETUOS, EL PABELLON DE LA MANDRÁGORA (Novela ganadora de la III convocatoria de Becas Municipio de Medellín 2005), LA MILONGA DEL  BANDIDO, QUE ME QUEDA DE TI SINO EL OLVIDO (Ganadora del concurso de novela Talentos Ciudad de Envigado, 2008). En 2010 la Universidad CES publicó la novela CRONICA DE UN PROCESO. En 2012, Ediciones B publicó un libro con 2 novelas cortas de género negro: DESPUES DE ISABEL, EL INFIERNO y ¿ALGUIEN HA VISTO EL ENTIERRO DE UN CHINO? En 2013 el ITM lanzó la colección de cuentos sobre su detective privado, UN ASUNTO MICCIONAL Y OTROS CASOS DE JOAQUIN TORNADO,DETECTIVE.




«Gomes y Cía.», por Alberto Pasamontes

GOMES Y CÍA.
Alberto Pasamontes
A veces, solo a veces, uno abre un libro y se queda enganchado sin remisión. Lo sueltas solo por causa de fuerza mayor. Porque mañana tienes una reunión a primera hora con el director general y son ya las tres de la mañana, porque has olvidado el filete en la sartén y la cocina está en llamas, o porque tu chica se te ha acercado en silencio y te ha mordido el lóbulo justo antes de susurrarte que se va a dar una ducha y que no llega a frotarse la espalda. Ocurre solo de vez en cuando, cuando un prólogo, una página, un párrafo, logra despertar tu curiosidad desde el primer momento; o porque te encuentras con un personaje con el que conectas desde el principio, un tipo al que confiarías la seguridad de tu novia en una discoteca ibicenca atestada de musculados millonarios italianos.

Ambas cosas me han pasado con Ojos de fuego y La mano de Midas, del madrileño Antonio Parra, las dos novelas que, hasta ahora, y esperemos que no sean las últimas, protagoniza Sergio Gomes. Un detective inteligente, algo cínico, de gran corazón, solitario a su pesar y adicto al sándwich mixto. Porque ¿a quién no le gusta el sándwich mixto? El de bar, digo. Con ese pan tostadito, ese fiambre de jamón cutre y ese queso que tiene un sabor especial y que por más que busques no vas a encontrar ningún sitio donde te lo vendan porque –estoy seguro- solo lo hacen para los bares. Pero no cualquier bar, sino de los antiguos, de los de servilletas y huesos de aceituna alfombrando el suelo y dos señores con chaquetilla y gesto cansado tras la barra que ya servían cañas antes de que la Coca Cola llegara a España. No sé cómo ocurrió. Quizás Gomes ya era adicto a los mixtos antes de frecuentar las barras de los bares, o precisamente debido a esta costumbre acabó por aficionarse a ellos. No estaría mal que Antonio Parra nos desvele el misterio algún día.



Lo que sí está claro es que Gomes es un detective a la manera clásica, de los de antes. De esos que nos hicieron enamorarnos del género negro, ya sea a través de un libro o de una película de Hollywood. Imagínense a Philip Marlowe, Sam Spade o Mike Hammer, o mejor una mezcla de los tres, en versión ibérica. Imagínense también a la pelirroja peligrosa, al gánster de mirada gélida, al político (léase concejal, fiscal, asesor, subsecretario...) corrupto, a la prostituta ya ajada de tierno corazón, al comisario que suelta hostias como panes, al jefe obeso que paga mal y tarde. Hagan también hueco en su cabeza a la agencia de detectives de cuarta categoría, a las grandes corporaciones, a los prostíbulos de carretera, los yates de lujo y los clubes nocturnos de nombre italiano y camarero –ojo, barman- de los de brillantina en el pelo y grandes dotes psicológicas para saber cuándo escuchar y cuándo negarle el último vodka al cliente. Todo eso y más es el mundo de Sergio Gomes. Es evidente que Antonio Parra no está revolucionando el género con este personaje, pero es que, a veces, precisamente todo lo que representa Sergio Gomes es lo que uno busca en una buena novela negra. Unos personajes potentes y reconocibles  y una buena historia que te lleven en volandas hasta el final.



Para hacer esto –llevarnos hasta el final-, el autor exhibe un estilo ágil y claro, con unas descripciones precisas en las que no sobra ni falta nada, situaciones creíbles y, al tiempo, de lo más variopinto, y sobre todo de unos diálogos soberbios, inteligentes y rebosantes de humor. Un humor ácido y a veces algo triste que es, junto a los mixtos, seña de identidad de nuestro protagonista, y que hace que a cada paso que damos en compañía de Gomes nos sintamos cada vez más identificados con él. Inevitable cogerle cariño. Inevitable querer más novelas de Sergio Gomes.


Esta reseña ha sido escrita por Alberto Pasamontes para la SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA, celebrada del 21 al 27 de Noviembre de 2016. Agradecemos a quien quiera reproducirla, total o parcialmente, que cite su fuente original.

Alberto Pasamontes (Madrid, 1970)
estudió Filología Inglesa y desde 2009 mantiene una constante actividad literaria, con la que ha obtenido el primer premio en la IV edición del concurso de Relato Corto de Ediciones Beta y un accésit en la XIV de los Premios Artísticos y Literarios del Ministerio de Defensa. Algunos de sus cuentos han aparecido en revistas y antologías. Su primera novela, Entre la lluvia, adscrita al género negro en el que se mueve con gran comodidad, apareció en 2014. Con La muerte invisible, una fascinante trama policial a la sombra de la tragedia nuclear de Chernobil, ha obtenido por unanimidad el XVIII Premio Francisco García Pavón de Narrativa en 2015.

«La venganza en el género negro», por Calibre .38

LA VENGANZA EN EL GÉNERO NEGRO,  
por Ricardo Bosque
La siguiente selección de obras –en las que la venganza es el tema o uno de los temas principales– ha sido escogida por Ricardo Bosque, director de la Revista Calibre .38, para la V Semana Negra en la Glorieta.


1.-“Justo”, de Carlos Bassas del Rey
Reseña de Alexis Ravelo

«Me gustan las historias de venganza en las que los malos se enfrentan a alguien que es peor que ellos. Me gustan todavía más si el justiciero o la justiciera son héroes insospechados: un ronin ciego, una aparentemente frágil muchacha, un chupatintas, un viejo solitario.

Este último es el caso de Justo, la nueva novela de Carlos Bassas del Rey, que aparca durante un rato a Herodoto Corominas (El honor es una mortaja, Siempre pagan los mismos, Mal trago) para zambullirnos en la historia de un abuelo que recorre Barcelona como un nuevo Agente de la Continental que ya no trabaja para la Continental, como un Golem incontrolable, como un ángel de la muerte lleno de ira y sin alas que ganar o perder.

Poco más se puede decir sobre el argumento de Justo sin estropeárselo a un buen lector de novela negra. De hecho, recomendaría a quien quisiera acercarse a ese libro que...

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2.- “Ya no quedan junglas donde regresar”, de Carlos Augusto Casas
Reseña de Sergio Torrijos Martínez

“Estaba desnudo, inmerso en la oscuridad. Un segundo de luz le enfrentó a su imagen en el espejo, de cuerpo entero. Un monstruo escuálido y arrugado. Hecho de esas partes que se separan de la carne del filete y se dejan a un lado del plato. Grasa, tendones y huesos grisáceos. Sobras, despojos. Un espantajo de pellejo reseco. La visión le dejó paralizado por el horror hasta que retornó la oscuridad.”

Así, por derecho, como debe ser, entrando en materia desde el prólogo, porque ya desde ese punto la novela interesa. No sólo por ser el maestro Julián Ibáñez quién se presta a escribir unas líneas a modo de presentación, sino porque con su placet y lo que comenta ya nos pone en situación y la novela no desmerece las alabanzas del maestro.

No sé si será un poco precipitado decir que....

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3.- “Cazadores en la nieve”, de José Luis Muñoz
Reseña de Manu López Marañón

«Con Cazadores en la nieve obtuvo José Luis Muñoz (Salamanca, 1951) el XVI Premio de Novela Corta «Diputación de Córdoba». «Se trata de una gran novela negra, que tiene como escenario uno de los paisajes más bellos de este país, como es el Valle de Arán, y como trasfondo la lucha antiterrorista», leemos en el fallo del jurado. Méritos similares, ampliables a su numerosa obra narrativa han sido suficientes –a juicio de los organizadores del VI Encuentro de Novela y Género Negro Bruma Negra– para que el escritor salmantino gane el premio Bruma Negra 2018.

He comentado en alguna otra publicación la...

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4.- “La misericordia del verdugo. Coburn 2”, de Pablo García Naranjo
Reseña de 
Sergio Torrijos Martínez
 

Esta es la segunda entrega de un personaje que nos cautivó, Coburn. Para mí, un personaje que ya me acompañará de por vida, no porque sea tan deslumbrante como Marlowe o Rebus o Bosch sino porque tiene ese poderío propio para ello y lo consigue con una historia bien contada, bien narrada y entretenida hasta decir basta.

Decía en la reseña de la primera novela que bordeaba el tipismo. Ahora, con más información, puedo asegurar que Coburn 2...

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5.- “Los idus de marzo”, de Thornton Wilder
Reseña de Teresa Suárez

«“La víctima es alguna veces la causa de la infracción y en todos los casos, el delito no puede ser bien comprendido sin tomarla en cuenta”. Dennis Chapman, criminólogo.

Si has dejado de mirar hacia atrás temiendo, y a la vez esperando, ese sobresalto que no llega. Si ya no encuentras misterios que resolver, el realismo se reduce a describir la pegajosidad de la sangre, la crítica social brilla por su ausencia y los detectives parecen clonados en China. Si, en suma, el hastío empieza a hacer mella en tu ánimo y lo insustancial de las últimas novelas negras, policíacas o  thriller (elijan lo que prefieran), amenaza con hacerte detestarlo, es el momento de parar y cambiar de género.

¡Nada como volver a los clásicos para recuperar el gusto por la lectura! Esos libros que, como decía Italo Calvino, deben...


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6.- “Yo, el jurado”, de Mickey Spillane
Reseña de 
Sergio Torrijos Martínez

Mickey Spillane, nada menos. Y para aquel que no le suene de nada, que puede darse el caso, podríamos citar a su personaje, Mike Hammer. Para toda una generación en la que me incluyo, el bueno de Mike tiene el rostro de Stacey Keach. Aquel detective privado ligón y socarrón al que nunca se le...

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7.- “Sherman”, de Stephen Desberg y Griffo
Reseña de Francisco J. Ortiz

De igual modo que no todas las novelas negras que merecen la pena leerse vienen de los Estados Unidos, tampoco el mejor cómic policíaco surge necesariamente del país que vio nacer al género. Ni siquiera de Suecia: de hecho...

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8.- “Perdida (Gone Girl)”, de Gillian Flynn
Reseña de Ricardo Bosque

Llega Perdida (Gone Girl) a casa y no lo hace sola, sino acompañada por elogiosos comentarios de esos que adornan los lanzamientos literarios de relumbrón, los típicos que se suelen ver en las vistosas fajas que comprimen los libros, que tan poco me gustan y que dicen cosas como “la Patricia Highsmith del siglo XXI”, “el ebook más leído en la historia”, “puesto número uno de la lista de más vendidos de The New York Times”… Esas cosas que, a priori, no me animan precisamente a leer un libro sino más bien todo lo contrario. Los prejuicios -injustos en ocasiones- acerca de lo que se suele conocer como best-seller.


Pero claro, la novela la publica Mondadori en la colección Roja & Negra dirigida por Rodrigo Fresán, y eso lo cambia todo, al menos para mí, al ser la colección en la que se han editado a algunos de los autores que más me han impactado en los últimos años, como pueden ser Jake Arnott, Don Winslow, John Gregory Dunne o... .

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9.- “El suicida impertinente”, de Juan Luis Marín
Reseña de 
Ricardo Bosque

Creo que ya he dado muestras en ocasiones de mi gusto por la novela criminal que se sale de los cánones establecidos, la más heterodoxa dentro de lo posible, la que me sorprende con planteamientos o protagonistas originales que nos saquen del terreno tan trillado por cientos de autores que se limitan a repetir las mismas fórmulas una y otra vez por todos los rincones del planeta.


Por eso me fascinó Sorry, con unos amigos emprendedores que deciden montar una empresa desde la que pedir perdón en nombre de sus clientes; por eso me cautivó Morir no es tan fácil, en la que, entre otras brillanteces, un enfermo en coma contempla horrorizado cómo un médico asesina a su compañero de habitación; por eso me sorprendió Hambre a borbotones, con una familia de...

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10.- “Fatídica”, de Jean-Patrick Manchette
Reseña de Sergio Torrijos Martínez

Ciento veinticuatro páginas de texto le han bastado a Manchette para crear este pedazo de novela.

No hay nada que sobre, ni una coma, ni una triste línea. Es pura condensación, pura concisión y puro disfrute. La novela se puede leer en una sentada, aunque mejor les animo a darle un poco más de tiempo, para paladearla más que otra cosa. Tiren de fuerza de voluntad para darle dos tardes, aunque reconozco que será difícil, la novela atrapa la atención como un imán a un hierro.

Hay violencia, muerte, traición, entrega, drama, amor, odio y también acción, mucha acción.


Como novela me ha impresionado, no por la concisión, que también, sino por...

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Esta selección de obras ha sido escogida por Ricardo Bosque, director de Calibre .38, para la V Semana Negra en la Glorieta, celebrada del 21 al 27 de Noviembre de 2018. Mi más sincero agradecimiento para él y todo el equipo de su estupenda revista.

Un fuerte abrazo, amigos

Javier Alonso García-Pozuelo