Mostrando las entradas para la consulta Micro-bios ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta Micro-bios ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas

«Microrrelatos escogidos» por Ana Grandal (XXXIV)

La siguiente selección de microrrelatos ha sido escogida para CITA EN LA GLORIETA por Ana Grandal, licenciada en Ciencias Biológicas, traductora científica, escritora y administradora de la página de facebook TOPmicrorrelatos.
 

1
Edgar Allan García
El problema, dijo el psicólogo, es que usted tiene una autoestima muy baja, señor López. Si, por ejemplo, empezara a ser usted mismo sin buscar la aprobación de su mamá, su esposa o sus hijos, si por un minuto diera rienda suelta a lo que realmente anhela su corazón, si por lo menos no dudara de sus decisiones ni se criticara todo el tiempo con semejante crueldad, o si un día de estos sacara de su vida, de una vez por todas, a los que le hacen tanto daño en lugar de buscarlos como sus confidentes… El estampido del disparo sorprendió al psicólogo. Se llevó la mano al pecho y palpó su propia sangre. Qué imbécil es usted realmente, López, no me refería a esto, alcanzó a decir, consternado. A López que empezaba a sonreír por primera vez en muchos años, se le cayó la sonrisa del rostro.

333 Micro-bios

ALGO HA CAMBIADO
Salvador Terceño Raposo
Hoy parece que ella tiene la voz todavía más dulce que ayer. Me habla sin miedo, como se hablan las parejas. Me mira a los ojos sin parpadear. Yo la acaricio, la beso… A veces la aseo como puedo y cepillo su cabello. Ya casi no llora o, al menos, parece evitarlo cuando estoy delante. No ha vuelto a intentar gritar y, alguna vez, me ha parecido que esbozaba una sonrisa cuando le doy de comer esa crema de calabaza con picatostes que tanto le gusta. Temo equivocarme, precipitarme, pero siento en mi interior que pronto podré desatarla. Al menos las manos, para que podamos abrazarnos.

VIII Edición de Relatos en Cadena

DONCELLA Y UNICORNIO I
Ana María Shua
Hay quienes suponen agotado el tema del unicornio y la doncella por extinción de ambas especies. Sin embargo el diario de hoy publica la fotografía de un caballo con un manchón sanguinolento sobre la frente. El animal asegura haber sido, hasta pocas horas antes de la toma, una auténtica doncella.
I Concurso de Microrrelaos LdN

Alison era una neoyorquina que un día decidió vivir al margen de lo que sucedía a su alrededor. Vendió su televisor, su ordenador Apple iMac y cambió su móvil Nokia 9210 por un viejo Motorola. Iba y volvía del trabajo escuchando música clásica. El fin de semana se dedicaba a pasear por Central Park, pintar… y, una vez al mes, iba al teatro en Broadway. El 11 de septiembre de 2001, se levantó pronto y fue a su oficina, situada en la planta noventa y seis de la torre norte del World Trade Center. Miró por la ventana y vio venir un avión desde el horizonte. Segundo a segundo se fue percatando de que, a pesar de haberlo intentado, era imposible evadir la realidad.
 

POEMA, I
Alba Omil
De nuevo lo golpeó la realidad, con saña. Quiso aislarse del mundo. Borrarlo. Reconstruirlo. Y escribió el poema. 

Con ritmo de jazz

GUERREROS
Guillermo Bustamante Zamudio
De nuevo, un estado beligerante le hace a otro un regalo colosal: La Estatua de la Libertad. Los guerreros franceses todavía se encuentran dentro, ancianos, esperando su oportunidad.
Disposiciones y virtudes. Minicuentos

Ana Grandal es licenciada en CC. Biológicas y ejerce como traductora científica freelance desde 1996. Entre otros, ha traducido los libros de divulgación Los orígenes de la vida (Freeman Dyson, Cambridge University Press, 1999), El comportamiento altruista (Elliott Sober y David Sloan Wilson, Siglo XXI, 2000) e Inteligencia emocional infantil y juvenil (Linda Lantieri, Santillana, 2009) y la compilación de poesía incluida en Mina Loy. Futurismo, Dadá, Surrealismo (La Linterna Sorda, 2016). Cuenta con varios premios literarios, que incluyen el V Concurso de Relato Corto del Ayto. de Monturque (2004) y el XIII Premio de Narrativa Miguel Cabrera (2006). Ha publicado la colección de microrrelatos Te amo, destrúyeme (Amargord Ediciones, 2015). Coedita con Begoña Loza la colección de relatos La vida es un bar (Vallekas) (Amargord Ediciones, 2016), en donde también participa como autora. Colabora en las revistas digitales La Ignorancia y La Charca Literaria. En su faceta musical, toca la flauta travesera en los grupos de rock VaKa y Los Vitter del Kas.


Puedes leer una selección de microrrelatos de su libro «Te amo, destrúyeme», publicado por Amargord Ediciones en 2015, pinchando AQUÍ.

LA SOMBRA DE MONTERROSO ES ALARGADA

El siguiente microrrelato ha sido escogido para CITA EN LA GLORIETA por Fernando Gómez Lamadrid, fundador de la página de facebook TOPmicrorrelatos.  


8
Edgar Allan García
Augusto Monterroso leyó su cuento, considerado el más pequeño del mundo: «Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba ahí». La gente del auditorio aplaudió encantada, sorprendida ante un objeto tan frágil y refulgente como una miniatura china. Temblando de envidia, un escritor entre el público, le increpó: «¡Eso no es un cuento!, ¿cómo se le ocurre decir que es un cuento?». Augusto pareció dudar un segundo, pero enseguida respondió con aplomo: «Tiene razón, señor, no es un cuento, es una novela». Bajo el estruendo de las risas, el envidioso despertó; para su sorpresa, Augusto Monterroso todavía estaba allí.

333 Micro-bios

LA SOMBRA DE MONTERROSO ES ALARGADA
@citaenlaglorieta
 
Brillante juego de espejos literarios en torno a El dinosaurio. Hacer metaliteratura con Augusto Monterroso es arriesgado, pero Edgar Allan García resuelve el reto con solvencia, añadiendo profundidad psicológica al mero juego literario. El escritor envidioso desacredita aquello que, en el fondo, reconoce como genial e inalcanzable. Aunque el sujeto envidiado desaparezca en apariencia, el envidioso seguirá sufriendo, porque no ha podido transformarse en él. De algún modo, el envidiado —aunque deje de poseer el objeto o la cualidad envidiada— nunca desaparece del todo: su sombra, como la de Abel, permanece dentro del envidioso, de ahí que, incluso tras el despertar, Monterroso todavía estuviera allí.

«Microrrelatos escogidos» por Ana Grandal (LVIII)

La siguiente selección de microrrelatos ha sido escogida para CITA EN LA GLORIETA por Ana Grandal, licenciada en Ciencias Biológicas, traductora científica, escritora y administradora de la página de facebook TOPmicrorrelatos.


En 1984, Arturo Béjar era conocido por sus poderes extrasensoriales que, según contaba, los descubrió por casualidad cuando apenas tenía diez años. «¿Qué hago con mi novio?», llama a la radio una mujer desesperada. Y él: «Tu novio tiene a otra, una rubia bajita que vive en el edificio de junto, mi consejo es que te busques alguien que en verdad te quiera». «Tengo un hijo al que no le gusta estudiar, me desespera su pasividad», dice al aire otra. Y él: «El muchacho está metido en drogas, se la vende su primo, el hijo de tu hermana mayor, lo mejor será que evites que el primito entre a tu casa y que lleves a tu hijo lo antes posible en una terapia». «Me voy de viaje, ¿me irá bien?». «Te irá mejor de lo que imaginas». «Tengo la oportunidad de trabajar en Brasil, ¿me conviene?». «Para nada, quédate donde estás que muy pronto saldrá algo mejor». Aunque empezó con una modesta media hora, el programa de «El infalible» llegó a durar cinco horas y, en cada ocasión, las llamadas colapsaban los teléfonos de la radio. Una noche llamó un tipo de voz ronca. «Te voy a matar», gritó. Eso es imposible, respondió Béjar, voy a vivir hasta los ochenta y se echó a reír con esa risa asmática que parecía que lo ahogaba. A la noche siguiente, unos minutos después de que se acabara el programa, el estampido de un disparo alarmó a los que transitaban por los bajos de la emisora de radio. «El infalible» no murió y, para su gloria, tuvo razón una vez más: llegaría a viejo, sí, pero inconsciente, en una solitaria cama de hospital.


JUSTICIA
Jaime Muñoz Vargas
Hoy los maté. Ya estaba harto de que me llamaran asesino.

Arte de miniatura

NATURALEZA MUERTA
Raúl Ariza
Eva es delgada y alta, con un aspecto que escora hacia la armonía, y tiene esa belleza limpia y fresca de joven que debiera ser feliz.

En ella todo es como de miel. Dorado y meloso. Su carácter y también su cabello, rubio, liso y recogido en lo alto con una diadema de color blanco. Su peinado, despejado sobre la frente, descubre unos ojos claros, una mirada inquieta y un moratón sobre el pómulo izquierdo.

Su figura, en medio de esta estancia que con la creciente claridad tiene un algo de ábside gótico, parte y dispersa el haz de luz primeriza que entra por el amplio ventanal del estudio en el que, hasta anoche mismo, confiaba en la remota posibilidad de ser feliz junto a Jaime.

A Eva nada le calma más que la pintura cuando se siente mal. Así que, de pie frente al caballete, observa concentrada el lienzo que a modo de terapia comenzó a pintar de madrugada, tras el último manotazo que le dará este Jaime de ahora, tosco, amargado y siempre incómodo con la espontánea felicidad de ella. De momento apenas se vislumbra un bosquejo al carboncillo de lo que apunta será el retrato de su pareja, que se mantiene queda y muda sentada en el sillón, con los brazos relajados y la cabeza ligeramente ladeada, como en posición casual. Tiempo habrá para los matices y los colores, para el detalle de la herida en la cabeza, para conseguir ese blanco roto que capte su pálido semblante, o para acertar con el rojo terroso que mejor represente el color de esa sangre ya reseca
La suave piel de la anaconda


A aquellos
que abusan
de mi confianza
les hago
la raya

la raya

Nunca imaginé
que fuese capaz de levantar

tantas

fronteras.


Ardimiento

CADA UNO EN SU SITIO
Gabriel Pérez Martínez
Recuerdo nítidamente esa tarde de calor que se diluyó en un temporal de rayos. Sonó el teléfono. «Soy yo. Estoy detenido. Me acusan de haber asesinado a López Hierro. Tienes que ayudarme». Hacía más de cinco años que no veía a mi hermano. Sabía que vivía en un edificio derruido con otros indigentes desde que López Hierro lo dejó sin trabajo, escribiendo los primeros renglones de su infortunio. En ese tiempo, mi hermano había repudiado a su familia, por eso me extrañó que me llamara a mí y no a otro abogado. Fui a comisaría. Le llevé un neceser con espuma de afeitar y maquinillas más ropa limpia. Hablamos y acepté su defensa.
   
En el juicio, varios testigos lo identificaron. «Declaro al encausado culpable», sentenció el juez. Un día antes de ingresar en prisión, le hice una visita. No podía permitir que un inocente entrara en mi lugar. Somos gemelos.

 

DE TANTO EN TANTO
Elena Casero Viana
PUno se pregunta, cuando mira a su alrededor hasta que el cuello se convierte en una espiral, qué lugar ocupa y en qué clase de mundo.

De tanto en tanto, uno se pregunta qué clase de conversación es capaz de mantener y con quién.

De tanto en tanto, uno se pregunta por qué ese lugar que cree ocupar se va reduciendo al espacio que ocupan sus pies o su trasero, si está sentado.

De tanto en tanto, uno recuerda que casi desde que comenzó a caminar, a respirar por su cuenta y le empezaron a doler los dientes con los que tendría que morder el mundo, le tildaron de raro.

De tanto en tanto uno se dice, se recuerda y se repite que no hay mejor compañía que su propia soledad.



Ana Grandal es licenciada en CC. Biológicas y ejerce como traductora científica freelance desde 1996. Entre otros, ha traducido los libros de divulgación Los orígenes de la vida (Freeman Dyson, Cambridge University Press, 1999), El comportamiento altruista (Elliott Sober y David Sloan Wilson, Siglo XXI, 2000) e Inteligencia emocional infantil y juvenil (Linda Lantieri, Santillana, 2009) y la compilación de poesía incluida en Mina Loy. Futurismo, Dadá, Surrealismo (La Linterna Sorda, 2016). Cuenta con varios premios literarios, que incluyen el V Concurso de Relato Corto del Ayto. de Monturque (2004) y el XIII Premio de Narrativa Miguel Cabrera (2006). Ha publicado la colección de microrrelatos Te amo, destrúyeme (2015) y Hola, te quiero, ya no, adiós (2017) en Amargord Ediciones.


Coedita con Begoña Loza la colección de relatos La vida es un bar (Vallekas) (Amargord Ediciones, 2016), en donde también participa como autora. Colabora en las revistas digitales La Ignorancia y La Charca Literaria. En su faceta musical, toca la flauta travesera en los grupos de rock VaKa y Los Vitter del Kas.


Puedes leer una selección de microrrelatos de su primer libro de microrrelatos, «Te amo, destrúyeme», publicado por Amargord Ediciones en 2015, pinchando AQUÍ.