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«Microrrelatos escogidos» por Ana Grandal (LXXVII)

La siguiente selección de microrrelatos ha sido escogida para CITA EN LA GLORIETA por Ana Grandal, licenciada en Ciencias Biológicas, traductora científica, escritora y administradora de la página de facebook TOPmicrorrelatos.


REFLEJO EN EL AIRE
Victoria García Jolly
Escribo en mi libreta: «Foto dentro del avión». Esta es una especie de autorretrato caligráfico: junto a mí viaja una mujer sola como yo. De igual manera guarda bajo el asiento su bolsa y mantiene sobre sus piernas un libro. Sin prestar atención a los preparativos de seguridad, ella lee hasta el despegue. Duerme mientras yo me dejo llevar por las nubes de blanco perfecto y por los paisajes diminutos a miles de pies abajo. Nos sirven el refrigerio y nuestros sueños se truncan. Ella se incorpora y, obsesiva, desenvuelve sus alimentos: retira con toda pulcritud el Egapack de la ensalada, saca de su bolsa —sin romperla— los cubiertos, y la aparta. Dobla con agilidad el aluminio de la empanada a modo de plato. Parte su bollo y lo unta a la perfección de mantequilla. Al terminar, reacomoda todo en la charolita. Ambas son devueltas casi como fueron entregadas: como si su contenido no hubiera sido tocado. Mientras convierto esta imagen en palabras, ella saca su libreta de espiral, sin mirarme —como lo ha hecho todo el vuelo—, escribe. Al aterrizar y encenderse la señal de desabrochar cinturones, nadie hay en el asiento junto al mío, solo queda una hoja arrancada de la libreta donde leo: «Foto dentro del avión». Esta es una especie de selfie...

Resonancias

REALIDAD AUSENTE
Raúl Brasca
Vio en el banco cómo la jubilada embolsaba el dinero, la siguió y cuando pasaron frente a la estación de ferrocarril le arrebató el bolso y subió al tren que ya partía. Ella fue tras él, pero el tren se puso en movimiento sin que pudiera abordarlo. Desde la ventanilla la saludó con la mano y fingió arrojarle el bolso a los pies. Le divertía sumar decepción a la angustia. Pero ella se inclinó a recogerlo, lo apretó contra su pecho y su expresión pasó de la desolación a la gratitud. Confundido, constató que el bolso ya no estaba a su lado y echó una rencorosa mirada en derredor. Los otros pasajeros, todos a la vez, le devolvieron una sonrisa idéntica, mitad burla, mitad complicidad y el pareció que se borraron en lo que dura un parpadeo. Asustado, abandonó atropelladamente el coche que, salvo por el bolso sobre el asiento, quedó completamente vacío.

Los pescadores de perlas

APARICIÓN DEL TRITÓN
Ramón Gómez de la Serna
La bella joven se reía tanto después del baño a la orilla del mar, que como la risa es la mayor provocadora de la curiosidad, asomó su cabeza un tritón para ver lo que pasaba.

—¡Un tritón! —gritó ella, pero el tritón tranquilo y sonriente la serenó con la pregunta más inesperada:

—¿Quieres decirme qué hora es?


Antología de cuentos españoles


INÉS O LA FÁBULA
Agustín Martínez Valderrama
Inés habita un ascensor.

Un ascensor sube o baja. Sube si sube y baja si baja.

Bien. Inés habita un ascensor que sube si baja y baja si sube.

Entre en el ascensor. Suba, baje. Baje, suba. Si sube, baje. Si baja, suba. Insista hasta que el ascensor suba si baja y baje si sube. Si se detine, bese a Inés y lea el eslogan: Artefactos Padilla. Elevamos sueños, personas, animales y cosas. Tartamudos o no.

Inés es un surño. O una fábula, o la fábula de un sueño; a saber. Y los sueños suben o bajan. En Southampton y en un ascensor con eslogan.

Ahora, si lo prefiere, use la escalera.


Premios de microrrelato IASA Ascensores

LEE Y DESCOMPÓN LAS PALABRAS EN CURSIVA
Elena del Hoyo
De repente, tengo la certeza de que yo sabía hacer algo muy bien, excepcionalmente bien, hace mucho tiempo, cuando era una niña. Sin embargo, aunque estoy segura de que tenía una habilidad especial para ello, he olvidado por completo qué era, de qué se trataba, qué sería eso que se me daba tan bien (¿sumar quebrados, cantar en canon, desenredar lazadas, descomponer las palabras en monemas, imaginar planetas, adivinar quién iba a llamar por teléfono?). Me quedo así: ansiosa, expectante, a punto de descubrir algo de mí que puede cambiar mi vida. El vacío que deja esa incertidumbre me hace daño en la garganta y, quizá para compensar, escribo cosas llenas de sentido.
 
Esas que también soy yo

Hoy no escribí una palabra, ni una letra.

Solo atiné a hacer un punto, que creó una estremecedor vacío a su alrededor.

Se fue extendiendo y haciéndose más hondo… primero la hoja… luego el escritorio… después la casa…

Perplejo, salí corriendo… pero ya no vi las estrellas.

Entonces supe que era el punto final
.

Ana Grandal es licenciada en CC. Biológicas y ejerce como traductora científica freelance desde 1996. Entre otros, ha traducido los libros de divulgación Los orígenes de la vida (Freeman Dyson, Cambridge University Press, 1999), El comportamiento altruista (Elliott Sober y David Sloan Wilson, Siglo XXI, 2000) e Inteligencia emocional infantil y juvenil (Linda Lantieri, Santillana, 2009) y la compilación de poesía incluida en Mina Loy. Futurismo, Dadá, Surrealismo (La Linterna Sorda, 2016). Cuenta con varios premios literarios, que incluyen el V Concurso de Relato Corto del Ayto. de Monturque (2004) y el XIII Premio de Narrativa Miguel Cabrera (2006). Ha publicado la colección de microrrelatos Te amo, destrúyeme (2015), Hola, te quiero, ya no, adiós (2017) y Microsexo (2019) en Amargord Ediciones.


Coedita con Begoña Loza la colección de relatos La vida es un bar (Vallekas) (Amargord Ediciones, 2016), en donde también participa como autora. Colabora en las revistas digitales La Ignorancia y La Charca Literaria. En su faceta musical, toca la flauta travesera en los grupos de rock VaKa y Los Vitter del Kas.


Puedes leer una selección de microrrelatos de su primer libro de microrrelatos, «Te amo, destrúyeme», publicado por Amargord Ediciones en 2015, pinchando AQUÍ.


«Microrrelatos escogidos» por Ana Grandal (LXVIII)

La siguiente selección de microrrelatos ha sido escogida para CITA EN LA GLORIETA por Ana Grandal, licenciada en Ciencias Biológicas, traductora científica, escritora y administradora de la página de facebook TOPmicrorrelatos.


A ENREDAR CUENTOS
Gianni Rodari
—Érase una vez una niña que se llamaba Caperucita Amarilla.
—¡No, Roja!
—¡Ah!, sí, Caperucita Roja. Su mamá la llamó y le dijo: «Escucha, Caperucita Verde…»
—¡Que no, Roja!
—¡Ah!, sí, Roja. «Ve a casa de tía Diomira a llevarle esta piel de papa».
—No: «Ve a casa de la abuelita a llevarle este pastel».
—Bien. La niña se fue al bosque y se encontró una jirafa.
—¡Qué lío! Se encontró al lobo, no una jirafa.
—Y el lobo le preguntó: «¿Cuántas son seis por ocho?»
—¡Qué va! El lobo le preguntó: «¿Adónde vas?»
—Tienes razón. Y Caperucita Negra respondió…
—¡Era Caperucita Roja, Roja, Roja!
—Sí. Y respondió: «Voy al mercado a comprar salsa de tomate».
—¡Qué va!: «Voy a casa de la abuelita, que está enferma, pero no recuerdo el camino».
—Exacto. Y el caballo dijo…
—¿Qué caballo? Era un lobo.
—Seguro. Y dijo: «Toma el tranvía número setenta y cinco, baja en la plaza de la Catedral, tuerce a la derecha, y encontrarás tres peldaños y una moneda en el suelo; deja los tres peldaños, recoge la moneda y cómprate un chicle».
—Tú no sabes contar cuentos en absoluto, abuelo. Los enredas todos. Pero no importa, ¿me compras un chicle?
—Bueno, toma la moneda.

Y el abuelo siguió leyendo el periódico
.

Cuentos por teléfono

LÍDER
Guillermo Bustamante Zamudio
«¡Vamos a jugar al líder!», vociferaba uno y, ante la aprobación de la pandilla, inventaba una cabriola para ser emulada. Quienes no podían, iban saliendo del juego; los sobrevivientes ganaban jerarquía.

En una ocasión, quedaban sólo unos pocos en el juego y el líder parecía agotar su repertorio. Corríamos por el filo de un muro que cercaba un baldío —osadía con la que nos acababa de retar—, cuando de pronto exclamó: «¡Penitencia para el que no vuele!». Y agitó sus brazos con desenvoltura de alas. Uno tras otro, los participantes lo escoltaron. Seguía mi turno. Yo esperaba despertar, o algo así. Contemplé por un segundo la posibilidad de lanzarme, pero me detuve en el último instante, al borde de la creencia
.

Disposiciones y virtudes

SIN TÍTULO
Max Aub
Era tan feo el pobre, que cada vez que me lo encontraba, parecía un insulto. Todo tiene su límite.



EL MAGO
Vicente Muñoz Álvarez
Entré en su tendejón al atardecer de un día lluvioso, abrumado por un vago sentimiento de congoja que se había ido adueñando de mi espíritu. En el interior todo era chillón y adamascado: los tapices, los muebles, los grabados y aquella esencia empalagosa de perfumes exóticos. El mago observaba mis gestos con suma languidez, recostado sobre una otomana elevada algunos centímetros del suelo. Su voz era aguardentosa y ronca y fluía sin apenas movimentos de sus labios. Entonces, al mirar en su bola de cristal, vi mi propio cuerpo transparentando su interior: mis órganos latían con pesadas convulsiones, mi sangre corría rauda por mis venas y se retorcían mis intestinos en un movimento cansino y torpe. Todo parecía seguir un orden correcto, anatómicamente sano. En cambio mi corazón presentaba algo anormal, una mancha apenas perceptible que él amplió con un chasquido de sus dedos para dar luz a  un gusano de cuerpo cavernoso que lo devoraba lentamente…

Salí corriendo de aquel tendejón espectral y en los días sucesivos fui asistido por los más insignes médicos, que confirmaron, tras un reconocimiento minucioso, el perfecto estado de mi corazón. Y sin embargo yo creía escuchar a aquel gusano horadando por dentro…

Durante algunos meses me atormentó continuamente su eco. Por eso regresé al callejón dondo visité al mago tiempo atrás, aunque los vecinos afirmaron que jamás estuvo allí. Desde entonces la hiperestesia figurada y el pavor me transformaron en un perfecto hipocondríaco. Hasta que un año más tarde, súbitamente, un infarto de miocardio terminó con mi obsesión.


Monstruos y prodigios

SUSTITUTA
Mónica Brasca
Para compensar tanto abandono, la mamá le regaló una muñeca enorme que habla, levanta los brazos, mueve la cabeza de izquierda a derecha y de derecha a izquierda. Y grabó mensajes con su voz: «Buen día, mi amor; vamos, a levantarse, a lavarse los dientes, la cara, vamos, tontita, más rápido, pórtate bien, no seas boba, no seas torpe, a la noche nos vemos».
 
Resonancias

ÚLTIMA ESTACIÓN
Juan Gracia Armendáriz
Me pregunto si el viaje habrá sido en vano. Yo creí que habría alguien, pero ahora descubro que nadie ha venido a recibirme. Ningún rostro conocido, ni un gesto de bienvenida. «¿Hay alguien ahí?» —pregunto, pero solo oigo mi voz que retumba en la bóveda de la estación. Confiaba en que algún familiar me recibiera con un abrazo y me indicara qué debo hacer ahora. Nunca había estado aquí, creo. Parece evidente que todo era una farsa urdida por charlatanes. Cruzo el espacio en dirección a la puerta de salida y mis pasos resuenan en la estancia con eco metafísico. Ni un cartel, ni un conserje mal encarado. Nada. Siempre me ha crispado la mala educación. Estas no son formas de recibir a un alma perdida.
Los pescadores de perlas

Ana Grandal es licenciada en CC. Biológicas y ejerce como traductora científica freelance desde 1996. Entre otros, ha traducido los libros de divulgación Los orígenes de la vida (Freeman Dyson, Cambridge University Press, 1999), El comportamiento altruista (Elliott Sober y David Sloan Wilson, Siglo XXI, 2000) e Inteligencia emocional infantil y juvenil (Linda Lantieri, Santillana, 2009) y la compilación de poesía incluida en Mina Loy. Futurismo, Dadá, Surrealismo (La Linterna Sorda, 2016). Cuenta con varios premios literarios, que incluyen el V Concurso de Relato Corto del Ayto. de Monturque (2004) y el XIII Premio de Narrativa Miguel Cabrera (2006). Ha publicado la colección de microrrelatos Te amo, destrúyeme (2015) y Hola, te quiero, ya no, adiós (2017) en Amargord Ediciones.


Coedita con Begoña Loza la colección de relatos La vida es un bar (Vallekas) (Amargord Ediciones, 2016), en donde también participa como autora. Colabora en las revistas digitales La Ignorancia y La Charca Literaria. En su faceta musical, toca la flauta travesera en los grupos de rock VaKa y Los Vitter del Kas.


Puedes leer una selección de microrrelatos de su primer libro de microrrelatos, «Te amo, destrúyeme», publicado por Amargord Ediciones en 2015, pinchando AQUÍ.