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«Falso culpable», por Julio César Cano

«Falso culpable», por Julio César Cano
Deslizo el ratón sobre la superficie de la mesa y la pantalla del ordenador se ilumina. Vuelvo a empezar. Reanudo, mejor dicho. Llevo meses escribiendo mi próxima novela. Será la quinta protagonizada por el inspector Monfort y sus colegas. Trato de situar debidamente a los personajes en el supuesto tapete que es el guión dispuesto a priori. Los recoloco una y otra vez, reviso sus nombres, sus apellidos, sus procedencias, gustos, aspectos y formas de ser. En definitiva, los doto de vida, y a veces se la quito. La ficción es así. Intento una y otra vez cuadrar a los falsos culpables, esos personajes por los que siento predilección y con los que me propongo confundir al lector. Reviso una vez más; vuelvo a la página 73, reescribo y corrijo la 35, la 53 y la 12. Aquello que dije debo modificarlo, el lector me puede pillar y no quiero eso. No quiero eso como autor, tampoco como espectador de otros autores. En mis novelas siempre habitan falsos culpables. Sí, lo hago a propósito, me esfuerzo en ello. Me gusta. «¿Quién será el culpable?» Me preguntan algunos lectores cuando todavía no han terminado el libro. «¡Ya sé quién es!» Se aventuran otros; pero yo sé que no lo saben cuando pregunto por qué capítulo van. Me encanta escuchar: «No me lo esperaba, no lo hubiera dicho nunca» Me divierte. Soy así. Forma parte de mi bagaje como lector, y ahora también como autor. No solo trato de despistar a los lectores, también quiero confundir al inspector Monfort y a sus compañeros de trabajo. Les hago dar vueltas y vueltas, tirar de hilos que no conducen a ningún lugar, encontrar pistas que luego serán falsas, contradecirlos, hacer que tomen caminos equivocados y que no tengan más remedio que volver a empezar desde el principio.

Agatha Christie, Conan Doyle, Chandler, Simenon… siguen proporcionándome enseñanzas con cada relectura de sus obras.

«Falso culpable». Me encantó cuando Javier Alonso me invitó a escribir sobre ello. En el momento en el que leí su correo daba vida a un par de esos falsos culpables. Qué estupenda casualidad. Abrí un archivo nuevo y me puse a escribir un pensamiento sencillo sobre esos personajes imprescindibles de toda novela de intriga o suspense.

La Semana Negra en la Glorieta forma parte de mi trayectoria como escritor, también como lector de otros autores compañeros a los que admiro. «Larga vida a La Semana Negra en la Glorieta» proclamé a los cuatro vientos, y el término casi se acuñó. También larga vida a los falsos culpables de nuestras novelas, porque vivirán eternamente en nuestra memoria y en la de muchos lectores, ya sea como héroes, o como villanos.

Y ahora, si me lo permiten, continuaré con el trabajo de crear nuevos personajes para convertirlos en falsos o verdaderos, culpables o inocentes.

Vívidos en cualquier caso.

Y eternos.




© Julio César Cano
Autor de los casos del inspector Monfort:
Asesinato en la plaza de la farola (Maeva, 2015)
Mañana, si Dios y el diablo quieren (Maeva, 2015)
Ojalá estuvieras aquí (Maeva, 2017 – Galardón Letras del Mediterráneo de Novela Negra 2017).

Flores muertas (Maeva, 2019).


Puedes acceder al programa de la SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA, festival virtual del género negro celebrado del 21 al 27 de noviembre en el blog de Historia y Literatura CITA EN LA GLORIETA, pinchando AQUÍ.

Julio César Cano
- Fotografía de Manuel Navarro Forcada -

Julio César Cano (1965, Capellades, Barcelona), trabajó en el negocio familiar hasta que el mundo de la música llamó a su puerta. Durante varios años ejerció como músico y mánager de grupos. Actualmente se dedica a la publicidad, actividad que compagina con la escritura.
 

Como autor, es conocido tanto por sus ensayos y artículos sobre gastronomía y viajes, como por sus novelas y relatos, entre ellos Cocina, carretera y manta y Hojas de otoño. Flores muertas es la cuarta investigación del inspector Monfort, que sigue a Ojalá estuvieras aquíMañana, si Dios y el diablo quierenAsesinato en la plaza de la Farola.
 

Reside junto a su familia en La Pobla Tornesa, provincia de Castellón, donde transcurre la serie del inspector Monfort.

Reseña de «13» de Steve Cavanagh, por Susana Gómez

Reseña de «13» de Steve Cavanagh, por  Susana Gómez (de Susurros de Bibliotecas)
El falso culpable, un personaje casi siempre olvidado

Como amantes de la novela policíaca y/o negra, seguro que estaréis acostumbrados a encontraros con un montón de personajes estereotipados que se mueven por sus líneas, más por rutina que por condición indispensable del género.

De esta forma, es fácil encontrarnos con la recurrente femme fatal, el policía problemático de pasado turbio y con el responsable de llevar a cabo la investigación...

Pero hay uno del que siempre nos olvidamos, quizás porque sus cualidades le hacen aparecer como alguien secundario, aunque realmente su función literaria sea vital para el desarrollo de la obra, creando, uniendo e impulsando la trama, e incluso siendo el responsable de agitar y remover nuestra conciencia.

Os estoy hablando de un personaje presente desde las primeras escenas y que en este artículo adquiere el total protagonismo:

El falso culpable


Hace unos meses leía que el crimen perfecto es aquel que se resuelve con un culpable equivocado, seguramente estaréis pensando que ese razonamiento es acertado.

Cuando hablamos de falsos culpables, tenemos dos elementos fijos en la ecuación:
 

El primero es alguien que intenta descubrir la verdad, bien sea el detective, abogado, o el mismísimo inocente al que le acusan de un delito que no ha cometido.
 

El segundo, el personaje antagonista, muchas veces el verdadero culpable, que intenta cubrir su rastro y escaparse...

Esas historias, por lo general, se convierten en una especie de caza del ratón, y el animalito en cuestión, puede ser tanto un personaje como el otro...


Cuando los personajes se empeñan en saltar del guion al cine...

A mí, por lo general, siempre que se habla de falso culpable, mi cabeza vuela hasta una imagen de película, la del reputado cirujano Richard Kimble, que ve su vida desmoronarse cuando su esposa es hallada muerta. Como habréis adivinado, estoy hablando de la película, "El fugitivo".

Si este comentario fuese para una sección cinematográfica, no podríamos tampoco olvidarnos de mencionar en este apartado a Margot, protagonista de "Crimen perfecto" (1952), obra de teatro de Frederick Knott, que fue llevada al cine por Hitchcock en 1954, donde también vemos como Margot pasa de ser víctima a sospechosa de asesinato.

Pero esto como digo, son solo cosas de películas y aquí estamos para hablar sobre novelas, aunque algunos personajes como Margot, se empeñen en saltar de las páginas de un libro a la pantalla grande; y es que la literatura y el cine, basta con ver solo este par de ejemplos, son dos artes que están estrechamente ligados y de los que se nutren constantemente tanto escritores como cineastas.


El falso culpable, como ya habéis visto, es un excelente comodín; una figura rica en matices, a la que se recurre con frecuencia en la literatura, aunque muchas veces le prestemos poca atención.

Ahora bien, si desplazamos nuestra mirada lentamente a lo largo del amplio y rico género criminal, veremos que aparece plagado de historias, cuyos argumentos giran alrededor de estos grandes protagonistas.

Agatha Christie utilizó este recurso en todas sus obras, sin excepción; en ellas nos iba señalando de forma secuencial, posibles culpables y sus motivos, hasta llegar a un final totalmente imprevisible que desvelaba al verdadero culpable. Si nos remontamos un poco más atrás en el tiempo, veremos que Gastón Leroux, también utiliza ese recurso en su novela "El misterio del cuarto amarillo", incriminando a varios personajes antes de llegar a la solución final.

¿Qué sacamos en claro con todo esto? Pues que existen tantos falsos acusados como novelas policíacas o negras, porque en algún momento de esas historias, nuestra mirada, o la del personaje encargado de descubrir la verdad, se dirigirá erróneamente hacia un inocente, y es que esa figura inculpada falsamente aparece como parte de un guion trazado a conciencia por el autor.

Es un elemento utilizado para desviar nuestra atención de la verdadera realidad, como en "La escalera de caracol" (1933) de Ethel Lina White, que introduce en la trama a un buen montón de personajes de comportamiento extraño, para que les observemos en detenimiento mientras nos distraen, y así permitir al verdadero culpable que campe a sus anchas, dándole total libertad de movimientos.

Resumiendo, el falso culpable es una argucia literaria que nos entretiene en espera de un giro final que restablezca el orden... y ahora sí, paso a hablaros de un libro, de publicación reciente, que cuenta con ese personaje en cuestión.
Sinopsis:

«Hasta donde sabe, ¿hay algún impedimento para que usted forme parte de este jurado?»

El asesinato no fue la parte más complicada. Fue tan solo el inicio del juego.
 
Joshua Kane se ha estado preparando toda su vida para este momento. Él ya lo había hecho anteriormente. Pero esta vez será la más importante.

Este es el juicio por asesinato del siglo. Y Kane ha asesinado para obtener el mejor asiento en la sala. Pero hay alguien a su acecho. Alguien que sospecha que el asesino no es el acusado.

Kane sabe que el tiempo se agota y lo único que quiere es el veredicto de la condena antes de ser descubierto.
Reseña de «13» de Steve Cavanagh

Steve Cavanagh  nos ofrece una obra compleja donde confluyen varios géneros.
Más que una novela negra, pura y dura, que entre nosotros... cada vez son más difíciles de encontrar, nos hallamos ante una historia que camina entre géneros.
Un cincuenta por ciento es thriller legal, al estilo de John Grisham, y el otro cincuenta de novela negra.

Muchos os preguntaréis cómo puede haber tal equilibrio de géneros, pues simplemente, porque los dos personajes principales son los representantes de esos géneros, protagonista/abogado vs antagonista/asesino.

El asesino, por supuesto, tiene bastante características del género criminal; es alguien de carácter retorcido, con un pasado oscuro, y que no duda a la hora de emplear cualquier método de violencia.

No soy muy seguidora del thriller legal, pero éste me llamó mucho la atención por lo que se contaba  en la sinopsis.

No solo vamos a conocer desde el comienzo que hay un personaje falsamente acusado, ideal para esta reseña, sino que también vamos a conocer al asesino. Este detalle no resta interés a la trama, porque lo que queremos saber es que impulsa a este último a actuar de la forma en que lo hace, y cuáles son sus objetivos.

Este es el primer libro de Steve Cavanagh que es publicado en España, eso sí, hay que hacer una aclaración: «13» forma parte de una serie protagonizada por el abogado Eddie Flynn y en realidad es el cuarto de la saga. Este detalle es lo que menos me ha gustado, porque nos perdemos conocer la evolución del personaje principal, ya que el arco dramático, en una sola novela, está más limitado, aunque es cierto que este detalle no entorpece la lectura.

Robert Solomon, es un joven actor que se enfrenta a una terrible pesadilla. Cuando vuelve a casa se encuentra una escena escalofriante: su mujer y el jefe de seguridad yacen muertos en la cama.

A simple vista, esa escena ya parece lo bastante comprometedora, pero cuando la policía llega encuentra que Solomon está cubierto de sangre y es inculpado.
La pregunta que nos ronda la cabeza es: si Robert no mató a esas personas, ¿quién lo hizo?

Parece que todos los indicios apuntan al joven, e incluso el autor, Steve Cavanagh, incrementa el suspense centrándose en mostrarnos determinados detalles y posibles motivos del joven.

Los lectores en esta historia vamos un paso por delante y sabemos, por la sinopsis que facilita la editorial y por la portada, que el asesino, esta vez no está en el banquillo de los acusados, está entre el jurado.

Ese gancho marca con intensidad no solo el ritmo, sino también el argumento y la forma de guiarnos por él; ese es precisamente el rasgo más original de la historia, conocer desde el comienzo al culpable.

Solo nos falta conocer los motivos y si Bobby y sus abogados conseguirán demostrar la verdad en una carrera contra el tiempo que parece ir en su contra.

Hay grandes personajes que destacan en esta novela:

Eddie el protagonista de la serie, por su ingenio rebosante, y el asesino por su astucia.
Ambos nos introducen en una lucha intelectual, a la altura de Sherlock Holmes y su antagonista Moriarty.

Pero en este apartado, no puedo olvidarme de mencionar, aunque muy de pasada, a los secundarios, porque en esta aventura los vamos a encontrar de una diversidad maestra, detalle que se agradece, porque demuestra que el autor es minucioso hasta en los detalles más pequeños.

La historia avanza de forma lineal y los datos que nos aportan llegan de forma secuencial pero desde dos hilos argumentales.

Uno de ellos, el de Eddie Flynn, nos llega en primera persona, y el otro, el del asesino, lo hace en tercera.

Ambas líneas argumentales se van a ir alternando al tiempo que se incrementa el suspense.

Esa alternancia de narrador hace que los lectores vayamos por delante de los personajes, que conozcamos algunos de los detalles antes que ellos.

La trama transcurre a lo largo de cinco días, de lunes a viernes; cinco intensos y extensos capítulos de los que no vamos a poder despegarnos.

«13» es, sin duda, una historia que os recomiendo, con una trama inteligente, cargada de giros argumentales que desembocan en un final sorprendente.


Puedes acceder al programa de la SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA, festival virtual del género negro celebrado del 21 al 27 de noviembre en el blog de Historia y Literatura CITA EN LA GLORIETA, pinchando AQUÍ.


Autodidacta, amante de la literatura y defensora del libro clásico.
Colaboradora ocasional con editoriales, talleres literarios y clubs de lectura.
Administra el blog de reseñas literarias Susurros de Bibliotecas
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«El falso culpable de una novela magistral», por Angelique Pfitzner

«El falso culpable de una novela magistral», 
por Angelique Pfitzner
Una de las novelas, clásica de la literatura y  adaptada varias veces al  cine, que más me ha impresionado a lo largo de mi vida ha sido «El conde de Montecristo», del escritor francés Alejandro Dumas, con su inmortal falso culpable Edmundo Dantès.

Publicada su obra en 1844, el hilo conductor en esta historia es la venganza, la justicia sobre el brazo del escritor, los principios universales en la conducta del personaje.

La primera vez que llegó a mis manos esta novela simplemente me quedé fascinada.

Debo hacer mención antes proseguir que esta historia fue escrita a cuatro manos. Auguste Maquet, aunque no figura como autor ya que Alejandro Dumas compró sus derechos con el propósito de que su nombre no apareciera jamás en el recuerdo de nadie, fue una parte creadora de Edmundo Dantès.

El falso culpable, encarcelado por compartir su dicha, enamorarse y desear ser feliz junto a su amada Mercedes Herrera con quien iba a contraer matrimonio en muy pocos días.

Fiel reflejo de los celos, las envidias, la maldad humana en aquellos amigos que jamás imaginas que puedan convertirse en tus peores enemigos.  Su lectura nos muestra también la compasión que cada uno de nosotros llevamos en nuestro interior. La frágil línea que nos conciencia del bien, nos empuja a sembrar el  mal, nuestra moralidad para evitar cometer crímenes sobre inocentes,  a pesar que deseemos ser leales a nuestro cometido para borrar la desdicha sufrida.

El argumento nos ofrece el primer giro de 180 grados al inicio de la novela, entre paginas descritas cuando Edmundo es arrestado y declarado culpable de falsas acusaciones, entrevistarse con Napoleón y alentar el regreso del emperador a Francia.

Leer semejante conspiración contra Edmundo, continuar con su encarcelamiento y posterior condena fue una sacudida en mi imaginación  que aún todavía sigue viva.
 

Solo pensar que alguien pueda ser capaz de arrancar tu destino y convertirlo en un infierno, no deja de cuestionarme situaciones reales incluso ahora en nuestra sociedad.

No ha cambiado  nada el ser humano a lo largo de los años  y hasta donde es capaz de llegar por el poder. El valor del poder que en el caso de esta novela se  muestra en  la cara más cruel y oscura del señor de Villefort. Para subir en su carrera en el gobierno monárquico de Francia, condenará a Edmundo al castillo de If durante toda la eternidad, aún sabiendo que es  inocente.




Falso culpable que nadie escucha caerá en su propia desesperación hasta dejarse morir de hambre. Nada le queda para seguir adelante. Absolutamente nada. Hasta que un ruido lo vuelve a la realidad de su locura. A pensar que ha muerto y yace en otro espacio después de años de no tener contacto con nadie. Un espejismo se muestra ante sus ojos, el abate Faría en aras de ofrecerle la posibilidad de escapar de una fortaleza inescrutable. Cavar un túnel hacia la libertad.

Los giros vertiginosos de esta novela en un cóctel de sentimientos, aliento de vida y forjar el ansiado túnel llevara al extremo de la supervivencia al lector más allá del aprendizaje de Edmundo gracias al abate y a la parálisis súbita de este,  y  que será el motivo para  compartir con Edmundo su secreto mejor guardado. El tesoro oculto en la isla de Monte Cristo. Con todo detalle de la fortuna y exacta ubicación de donde yace escondido, incrédulo Edmundo seguirá cavando hasta contemplar la muerte del abate, esconderse en el saco del difunto con un cuchillo y esperar ser enterrado en el cementerio del castillo.

El falso culpable que conseguirá escapar al ser lanzado al mar para convertirse en alimento de los peces, funeral digno de encarcelados, dejar de ser él y volver a su vida con otra identidad. El conde de Monte Cristo.

El falso culpable que solo ansia levantar su violencia sobre todos los que desearon su final, y sus respectivas familias.

Llegado al punto de devolver la ira, la rabia, la destrucción en el nombre de la venganza, una lección magistral nos presenta el escritor ¿Somos Dios para robar la vida de inocentes? ¿El ideal de justicia es la venganza sobre cualquier persona?

De la literatura al cine, falso culpable, en mi humilde opinión, de una novela magistral.


Puedes acceder al programa de la SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA, festival virtual del género negro celebrado del 21 al 27 de noviembre en el blog de Historia y Literatura CITA EN LA GLORIETA, pinchando AQUÍ.

es directora del programa de tv en News Cat televisión on line «Lee o muere. La Orilla Negra», comisaria del Festival Lloret Negre y miembro de la junta de varios festivales literarios: Matarranya Negra, Bellvei Negre, Madrid Negro y Black Mountain Bossòst. Escribe para la revista  «Noir. Revista Cultural» y ha publicado  las novelas COMPULSIVA OBSESIÓN (Serial Ediciones (Reed), 2012): Premio mejor novela de género negro en el certamen de literatura «Isla de las Letras» 2012 y ELDHA. CASO CERRADO. (Serial Ediciones, 2015), la antología de relatos BIG BANG 13 (Serial Ediciones, 2016). En 2018 publicó su novela «LOS NIÑOS DEL ÉXODO» (editorial Parnass), el viaje de los refugiados desde Grecia y por toda Europa. Miles de voces anónimas, fiel reflejo de realidad.


«El falso culpable en la novela negra», por Calibre .38

LA VENGANZA EN EL GÉNERO NEGRO,  
por Ricardo Bosque
La siguiente selección de obras –en las que la falso culpable es el tema o uno de los temas principales– ha sido escogida por Ricardo Bosque, director de la Revista Calibre .38, para la VI Semana Negra en la Glorieta.


1.-“Perdida, Gillian Flynn”, de Gillian Flynn, por Ricardo Bosque
 
LEER RESEÑA AQUÍ

2.- “Mi nombre era Eileen”, de Ottessa Moshfegh, por Francisco J. Ortiz
 

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3.- “Después de la caída”, de Dennis Lehane, por Ricardo Bosque
 

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4.- “Encuéntrame”, de Gilly Macmillan, por José Javier Abasolo

 
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5.- “Redención”, de John Hart, por Sergio Torrijos Martínez


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6.-
El misterio de Marie Roget, de E. A. Poe,  por Juan Mari Barasorda

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7.- “El lamento de las sirenas”, de Michael Koryta, por Ricardo Bosque

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Esta selección de obras ha sido escogida por Ricardo Bosque, director de Calibre .38, para la VI Semana Negra en la Glorieta, celebrada del 21 al 27 de Noviembre de 2019. Mi más sincero agradecimiento para él y todo el equipo de su estupenda revista.

Un fuerte abrazo, amigos

Javier Alonso García-Pozuelo

Sherlock Holmes y Pablo Sarasate, por Miguel Izu

SHERLOCK HOLMES Y PABLO SARASATE, por Miguel Izu
Es sobradamente conocido para los lectores de Sherlock Holmes que en una de sus aventuras, La liga de los pelirrojos (The Red-Headed League, publicada en The Strand Magazine en 1891 y luego incluida en la recopilación Las aventuras de Sherlock Holmes de 1892), el detective, en compañía de su inseparable doctor Watson, acude a un concierto del famoso violinista español Pablo Sarasate (Pamplona, 1844-Biarritz, 1908) en el St. James Hall de Londres. El mismo Holmes tocaba el violín y de él escribe Watson que “era mi amigo un músico entusiasta que no se limitaba a su gran destreza de ejecutante, sino que escribía composiciones de verdadero mérito”. Sin duda, la escena tiene su origen en la admiración del creador del personaje de Holmes, sir Arthur Conan Doyle (Edimburgo, 1859-Crowborough, 1930), por el músico navarro. Sarasate actuó muchas veces en St. James Hall (una sala de conciertos que funcionó entre Piccadilly y Regent Street de 1858 a 1905), y en varias ocasiones durante el año 1890 en el que se desarrolla el relato (que contiene una contradicción, en un pasaje se dice que los hechos ocurren en octubre y en otro que en junio). Probablemente el propio escritor, tan melómano como su personaje, acudiría a escucharle. Era tal la fama de Sarasate en la época que Conan Doyle no se molesta en explicar a los lectores quién es.


La trama del relato se inicia cuando Jabez Wilson, un prestamista pelirrojo, acude a Sherlock Holmes para pedirle que resuelva el misterio de la súbita desaparición de la «Liga de los pelirrojos», para la cual había trabajado durante dos meses a media jornada y percibiendo cuatro libras semanales en una oficina solitaria en la que se limitaba a copiar la Enciclopedia Británica. Una mañana, al llegar al trabajo, se encuentra con que el local está cerrado y hay un cartel anunciando la disolución de la liga. No encuentra a nadie que le dé ninguna explicación. El detective londinense no tarda en averiguar que tras esta disolución se encuentra John Clay, uno de los delincuentes más inteligentes y peligrosos de Inglaterra.




En el curso de sus averiguaciones, Holmes comunica a Watson que esa tarde toca
Sarasate en St. James Hall y le pregunta si sus enfermos podrán prescindir de él durante algunas horas, a lo que el doctor asiente ya que no tiene nada que hacer. Holmes añade: “Me he fijado en que el programa incluye mucha música alemana, que resulta más de mi gusto que la italiana y la francesa. Es música introspectiva, y yo quiero hacer un examen de conciencia”. De camino al teatro hacen alguna gestión relacionada con la investigación sobre la Liga de los pelirrojos y luego, en torno al concierto, Watson dice del detective que “permaneció toda la tarde sentado en su butaca sumido en la felicidad más completa; de cuando en cuando marcaba gentilmente con el dedo el compás de la música, mientras que su rostro de dulce sonrisa y sus ojos ensoñadores se parecían tan poco a los de Holmes el sabueso, a los de Holmes el perseguidor implacable, agudo, ágil, de criminales, como es posible concebir”.
 

La relación entre el ficticio personaje de Sherlock Holmes y el real de Pablo Sarasate no acaba con ese relato, en realidad no hace sino iniciarse. Conan Doyle no volvió a mencionar al músico navarro en sus obras, pero son varios los escritores que han retomado la figura del detective y lo han vuelto a vincular con el famoso violinista pamplonés. Como es sabido, los 56 relatos y cuatro novelas que escribió el autor escocés sobre Sherlock Holmes han sido continuados por un sinfín de escritores (empezando por su hijo, Adrian Conan Doyle), de modo que el corpus holmesiano, en sentido amplio, hoy abarca una enorme cantidad de obras publicadas en diversas lenguas en las cuales las escritas por sir Arthur, el Canon holmesiano stricto sensu, constituyen una parte minoritaria. En internet puede consultarse una recopilación de casi diez mil pastiches, copias o parodias, casi todas en inglés, de las aventuras de Sherlock Holmes. Sin perjuicio de que puedan haberse publicado algunas más, repasaremos a continuación las que hemos hallado en las que está presente Sarasate.


1.- El escritor, periodista y crítico musical norteamericano Rolfe Boswell (Pensilvania, 1904-Boston, 1968) que, en otro trabajo (“Quick, Watson, the Fiddle”), mantenía que Holmes no tocaba el violín sino la viola, publica un relato corto titulado “Sarasate, Sherlock and Shaw” en enero de 1952 en The Baker Street Journal, revista editada en Nueva York por la sociedad holmesiana The Baker Street Irregulars. Contempla a Holmes y Watson camino del St. James Hall, donde van a escuchar a Sarasate, haciendo una parada en un restaurante vegetariano para comer algo antes del concierto. Un irlandés pelirrojo, airado socialista (“the color of my beard and facial fungus is the color of my politics”), se siente insultado al escuchar un comentario de Holmes sobre los problemas que les dan los pelirrojos y, a su vez, arremete contra los ingleses. Aclarando la confusión, Holmes afirma que es más francoamericano que inglés, y Watson explica que es primo de Oliver Wendell Holmes (se cree que Conan Doyle tomó el apellido de su personaje de este famoso médico y poeta norteamericano, padre del no menos famoso juez Oliver Wendell Holmes Jr.) y que su abuela materna era hermana del pintor francés Vernet (lo cuenta el propio Holmes en El intérprete griego, el relato donde se presenta a su hermano Mycroft). Boswell insinúa que el irlandés es George Bernard Shaw, que acude al concierto como crítico musical y precisa, citando las memorias de Sarasate publicadas en Pamplona por Julio Altadill, que la escena se desarrolla en junio de 1890. No puede ser a principios de octubre ya que, por aquellas fechas, Sarasate estaba actuando en Barcelona. Finaliza Boswell sugiriendo la tesis de que unos meses después Shaw estuvo presente en el duelo de Holmes y Moriarty en las cataratas de Reichenbach y que empujó al detective, al que odiaba, y que realmente murió allí. Posteriormente, Shaw suplanta a Watson y sigue publicando falsas aventuras de Holmes, que ya no toca el violín ni va a escuchar a Sarasate (nada del gusto de Shaw), sino que acude en ocasiones a la ópera. 

2.- El escritor Santiago Rodríguez Santerbás (Burgos, 1937), es autor de un relato titulado “La aventura del quinteto inacabado”, incluido en Tres pastiches victorianos (1981), lleno de referencias holmesianas y notas a pie de página. Presenta a Sherlock Holmes en 1894, está de paso en París y, además de aprovechar el viaje para contemplar en Versalles las pinturas de su tío abuelo, Horace Vernet, asiste a un concierto de Sarasate en la Sala Pleyel. Durante la función la joven pianista que le acompaña se desploma sobre el piano y muere, parece que asesinada —en la realidad, Berthe Marx (París, 1859-Biarritz, 1925), la pianista que le acompañó durante muchos años y esposa del agente del violinista, Otto Goldschmidt, falleció de muerte natural—. El concierto se suspende y el inspector Dubuque, de la Prefectura, pide la ayuda de Holmes. Este examina el escenario e interroga a todos los músicos del quinteto que actuaba aquella noche, Sarasate se muestra complacido de conocerle ya que ha leído sus aventuras, pero creía que no era una persona real. Holmes sospecha de los músicos y los cita a todos en el teatro al día siguiente, prometiéndoles que tocará el violín, en particular, el Quinteto en fa menor de César Franck que interpretaban cuando la pianista fue asesinada. Reunidos todos, Holmes les indica que toquen con él, que se ocupa de la parte del segundo violín. Durante la interpretación, la pianista suplente recibe en la cara el impacto de un pequeño dardo, lanzado por el detective. Holmes explica que fue el segundo violinista el que mató a la pianista por celos, ya que había rechazado sus propuestas matrimoniales y se temía que aceptara las de Sarasate, con un dardo envenenado lanzado al cuello utilizando una cuerda del violín como arco, y escondiéndolo después. Holmes ha comprobado con la partitura que solo el segundo violín tuvo oportunidad de disparar el dardo, sin dejar de tocar la pieza, aprovechando un pizzicato. El culpable confiesa y es detenido. Sarasate queda muy agradecido; Holmes cuenta a Watson que le regaló un Stradivarius y, además, le ha enviado entradas para su concierto en el St. James Hall en el que interpretará el quinteto inacabado, y le ha invitado a cenar después.

3.- Anthony Burgess (Manchester, 1917-Londres, 1993), el escritor inglés célebre por La naranja mecánica, es autor de “Murder to Music”, relato incluido en la recopilación The Devil's Mode (1989), no traducida al castellano, y que se toma muchas licencias con la realidad. Narra un caso de Sherlock Holmes que coincide con una visita a Londres del joven rey de España, Alfonso XIII (dado que se menciona a la reina regente, María Cristina de Habsburgo, los hechos debieran tener lugar antes de mayo de 1902 en que el rey asumió plenamente la corona al cumplir 16 años, aunque en la realidad su primer viaje oficial al Reino Unido fue en 1905, y en él conoció a su futura esposa, Victoria Eugenia de Battenberg) y con un concierto de Sarasate en St. James Hall al que acude el detective con Watson, quien confiesa no compartir el mismo entusiasmo por el violinista y se duerme durante la actuación. El concierto se celebra un 7 de julio, no se indica el año, en cualquier caso una fecha imposible porque Sarasate siempre acudía a principios de julio a Pamplona para asistir a los sanfermines. Durante el concierto, el pianista español que le acompaña recibe un disparo y muere sobre el escenario (parece que ser acompañante literario de Sarasate conlleva un gran riesgo de asesinato). Holmes, que habla con Sarasate en correctísimo castellano, se hace cargo de las primeras diligencias de la investigación. El guardia que custodiaba la puerta trasera que conducía al escenario también aparece muerto por arma de fuego, mientras que otros guardias habían sido retirados a causa de un falso mensaje anunciando la llegada inminente del príncipe de Gales a la puerta principal. Holmes sospecha que el mensaje, aunque en correcto inglés, ha sido escrito por un español e identifica en el pianista asesinado un tatuaje que indica que pertenecía a un grupo separatista, republicano y ácrata catalán, aunque una carta recibida de su padre indica que podría haber desertado recientemente. Un español armado que huye de la policía muere al caer del tejado de un hotel y es identificado como el presunto asesino, miembro de una probable conspiración para atentar contra el rey de España. Holmes y Watson asisten dos días más tarde en el Savoy Theatre a una opereta de Gilbert & Sullivan en honor de Alfonso XIII en la cual se han adoptado extraordinarias medidas de seguridad. Sarasate también está entre los asistentes; el acto discurre con toda normalidad. Al día siguiente, un casual comentario de Watson sobre las últimas notas que tocó el pianista español asesinado pone en alerta a Holmes, que las interpreta como un mensaje, y logra advertir a Alfonso XIII y su séquito para que abandonen el tren que los va a llevar hacia Dover justo a tiempo de salvarse de un atentado con explosivos. Holmes afirma que Sarasate es catalán, nacido en Barcelona, y lo presenta como un fervoroso militante republicano opuesto a Alfonso XIII (no se le conocen al auténtico Pablo Sarasate ideas políticas determinadas, aunque tocó ante tantos soberanos y recibió tantas condecoraciones de ellos que es más que dudoso que fuera antimonárquico) que ha colocado los explosivos en el tren ocultos dentro del estuche de su violín y, seguidamente, ha huido. Holmes revela a Watson que no tiene intención de colaborar en su persecución, los principios morales ceden ante el superior valor del arte (Burgess, hijo de dos músicos, fue también músico antes de dedicarse a escribir).

4.- Hay algunas obras con Holmes como protagonista que se limitan a mencionar la afición del detective por el violinista navarro, sin darle a este ningún papel, pero de forma similar a lo que sucede en La liga de los pelirrojos, en The Star of India: A Novel of Sherlock Holmes (1998), de la escritora norteamericana Carole Buggé (Nuremberg, 1953), el músico sirve como excusa para lanzar la trama. La acción se desarrolla en octubre de 1894. Watson invita a un aburrido Holmes, que no tiene ningún caso entre manos, a asistir en el Royal Albert Hall a un concierto donde actúa Sarasate (en la realidad, en esa fecha Sarasate no estaba en Londres sino en Suiza). Se sientan detrás de una atractiva mujer que usa un penetrante perfume que irrita la nariz de Watson y que desaparece durante el descanso dejando olvidados sus guantes. Holmes, intrigado porque el asiento junto a la mujer estuvo vacío durante el concierto y sospechando que se había citado allí con alguien que no acudió, visita a un perfumista que identifica el aroma de la mujer como procedente de la India. La misteriosa joven, al día siguiente, acude a Baker Street para recuperar sus guantes, advertida en el teatro de que estaban en poder de Holmes. Se inicia así una aventura donde reaparecerá el supuestamente fallecido profesor Moriarty.

5.- En la novela corta en gallego O violín de Sarasate. Un caso de Sherlock Holmes (2002), de Alberto Fortes (Pontevedra, 1964), la acción se sitúa en septiembre de 1886 y en Pontevedra. Holmes es invitado por la Sociedad Recreo de Artesanos a dar una conferencia. Acepta y viaja en compañía de Watson porque tendrá oportunidad de asistir a un concierto de Sarasate, que pasó parte de su infancia en Pontevedra. La charla resulta un poco accidentada porque durante ella llega la noticia de una frustrada sublevación militar en Madrid y de la orden de detención de todos los republicanos, con lo cual parte del público sale huyendo. Las cosas se calman y unos días más tarde Holmes y Watson asisten al concierto en el Teatro del Liceo, al detective le llama la atención que Sarasate no toca sus dos Stradivarius, como suele, sino solamente uno. A la salida han sido citados mediante una misteriosa nota que resulta enviada por Otto Goldschmidt, agente del violinista. Holmes adivina que ha desaparecido uno de los Stradivarius. Efectivamente, ha sido sustraído de la habitación de Sarasate esa mañana, confirma el alemán. Acuden al hotel Madrid para examinar la habitación. Sarasate les recibe afirmando que cuando va a Londres siempre compra el Strand Magazine para leer las aventuras de Sherlock Holmes. En la habitación hay una serie de indicios, una nota con referencias masónicas y un anillo con la fecha de proclamación de la I República, que indicarían una motivación política y que Holmes descarta por haber sido colocados para despistar. Desecha el móvil económico, no se llevaron el otro Stradivarius y otros objetos valiosos. Tras interrogar a Sarasate sobre sus violines y su repertorio, concluye que el móvil fue musical, se trataba de impedir al violinista que tocara la Sonata a Kreuze con su violín favorito y demostrar, como rumorean algunos envidiosos, que sus supuestas facultades se debían solo a tener un buen instrumento. También deduce que el violín no ha salido del hotel, que ha sido escondido. Vigila la habitación, una vez que Sarasate se ha ido, y pone algunas trampas al ladrón, pero no logra atraparle. En cambio, consigue encontrar el violín escondido bajo el suelo. Holmes dice a Watson que es mejor no revelar el nombre del ladrón durante mucho tiempo para evitar un escándalo. El doctor sospecha que puede ser una mujer, y que al acudir a su concierto en el St. James Hall de octubre de 1890 Holmes quiere hablar con Sarasate del asunto con toda reserva.

6.- Que sepamos, la última entrega, por ahora, de esta serie, y perdón por la autocita, es un relato breve titulado “Conan Doyle y los sanfermines”, incluido en la recopilación Sexo en sanfermines y otros mitos festivos (2007) de Miguel Izu (Pamplona, 1960). Holmes acude desde Biarritz, junto a un grupo de aristócratas invitados por Sarasate, a conocer las fiestas de Pamplona. En realidad, está investigando dónde se oculta una carta comprometedora que ha sido robada. A Holmes no le gustan los sanfermines, en particular las corridas de toros. No se indica la fecha, ha de ser posterior a la historia de O violín de Sarasate que aparece mencionada y podría ser hacia 1889 o 1890 ya que se hace referencia al reciente matrimonio de Watson y a su consulta en Paddington aludidos en El oficinista del corredor de bolsa.
 


Finalmente, una nota sobre cómo se entrelaza la ficción con la realidad. Sarasate debió de visitar en más de una ocasión Baker Street, aunque no el ficticio y mítico número 221B donde vivía Sherlock Holmes, sino el número 55 donde se hallaba el famoso estudio de fotografía Elliott & Fry, fundado en 1863, que retrató a todas las celebridades de la época, incluyendo al violinista varias veces.

BIBLIOGRAFÍA
—ROLFE BOSWELL, “Sarasate, Sherlock and Shaw”, Baker Street Journal 2, número 1, enero de 1952, pp. 22-29.
—CAROLE BUGGÉ, The Star of India: a novel of Sherlock Holmes, St. Martin's Press, Nueva York,1998.
—ANTHONY BURGESS, «Murder to Music», incluido en The Devil's Mode, Hutchinson, Londres, 1989.
—ARTHUR CONAN DOYLE, La liga de los pelirrojos, traducción de Juan Manuel Ibeas, Anaya, Madrid, 2013.
—ÀNGEL LLUÍS FERRANDO MORALES, «Sarasate plays at St. James Hall: crónica musical en Sherlock Holmes», dentro de La (re)invención del género negro, Àlex Martín Escribà y Javier Sánchez Zapatero (eds.), Aldavira editora, Santiago de Compostela, 2014, pp. 351-358.
—ALBERTO FORTES, O violín de Sarasate. Un caso de Sherlock Holmes, Edicions do Cumio, Vigo, 2002. BGN 59-2/45
—MIGUEL IZU, «Conan Doyle y los sanfermines», incluido en Sexo en sanfermines y otros mitos festivos, Sahats, Pamplona, 2007.
—SANTIAGO RODRÍGUEZ SANTERBÁS, «La aventura del quinteto inacabado», incluido en Tres pastiches victorianos, Hiperión, Madrid, 1981. BGN 913/66.


es doctor en Derecho y licenciado en Ciencias Políticas y Sociología. Funcionario del Gobierno de Navarra, vocal del Tribunal Administrativo de Navarra. Ha ejercido como abogado y como profesor asociado de Derecho Administrativo en la Universidad de Navarra y en la Universidad Pública de Navarra. Ha colaborado con la Escuela de Policía de Cataluña y colabora regularmente con la Escuela de Seguridad de Navarra. Ha sido concejal del Ayuntamiento de Pamplona, presidente de la Mancomunidad de la Comarca de Pamplona y miembro del Parlamento de Navarra. Colabora asiduamente en diversos medios de comunicación (principalmente, en Diario de Noticias y Solo Novela Negra) y revistas profesionales. Secretario de la Asociación Navarra de Escritores/as-Nafar Idazleen Elkartea. Obras: Novela: El asesinato de Caravinagre (2014); El crimen del sistema métrico decimal (2017). Relato: “Un asunto privado”, en 24. Relatos navarros (2016); “Una cuenta pendiente”, en Solo Novela Negra (2016); “El vino del francés”, en El alma del vino (2017); “Un móvil para un crimen”, en la III Semana Negra en la glorieta (2017). Ensayo: La Policía Foral de Navarra (1991), Navarra como problema. Nación y nacionalismo en Navarra (2001), El Tribunal Administrativo de Navarra (2004), Derecho Parlamentario de Navarra (2009), El régimen jurídico de los símbolos de Navarra (2011, VII Premio Martín de Azpilicueta), El régimen lingüístico de la Comunidad Foral de Navarra (2013). Recopilación de artículos de prensa: Sexo en sanfermines y otros mitos festivos (2007), Crisis en sanfermines y otros temas festivos (2015). Página web: https://mizu38.wixsite.com/miguelizu