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Ejecuciones públicas en la historia de Madrid (XII), por Pablo Aguilera

Os ofrecemos la V parte de un interesantísimo artículo sobre los métodos y lugares de ejecución pública en Madrid a lo largo de su historia. Lo ha escrito para CITA EN LA GLORIETA Pablo Aguilera, miembro fundador de LA GATERA DE LA VILLA, una iniciativa sin ánimo de lucro que publica una revista gratuita sobre historia y urbanismo de Madrid.

Puedes acceder a los capítulos previos, pichando AQUÍ.

Un fuerte abrazo,

Javier Alonso García-Pozuelo


Diseño: Pedro López Carcelén

EJECUCIONES PÚBLICAS EN LA HISTORIA DE MADRID (y XII parte)
Pablo Jesús Aguilera Concepción
EL FINAL DE LA PENA DE MUERTE 
El 24 de noviembre de 1894 se promulgaba una Real Orden por la que se suprimía la publicidad de las ejecuciones, ordenándose además que éstas se realizasen dentro de las cárceles:
«Las ejecuciones capitales se verificarán dentro del recinto de las cárceles en que los reos estén en capilla, siempre que exista en ellas sitio que pueda destinarse á la ejecución pública, ó en su defecto, en el lugar que determine el Tribunal sentenciador, con arreglo, en todo caso, á las prescripciones del Código Penal.»

En 1932 la pena de muerte fue abolida en España, aunque fue restablecida dos años más tarde, en 1934. Con la Constitución de 1978 volvió a suprimirse, mas contemplando su uso en tiempo de guerra si así lo disponía el tribunal militar, siendo definitivamente abolida el 27 de noviembre de 1995.
ESTADÍSTICA DE EJECUCIONES

El registro de asistencia a los reos que los Hermanos de la Caridad y Paz llevaban en su catálogo proporciona una estadística de las ejecuciones efectuadas entre 1687 y 1885. No se dispone de los registros pertenecientes a años anteriores debido a que se quemaron durante el incendio de la iglesia de la Santa Cruz ocurrido en 1687.

Como nota curiosa, el número 1 del catálogo de 1687 corresponde a José Moura, un hidalgo que fue ejecutado por garrote el 29 de agosto de 1687.

Los datos extraídos de estos registros indican que en el periodo indicado fueron asistidos 1013 hombres y 21 mujeres; 48 condenados fueron indultados. No se recogen ejecuciones para los años 1691 y 99; 1703, 14, 16, 22, 26, 27, 30, 31, 33, 57, 61, 63, 87, 98 y 96; 1847, 51, 53, 58, 60, 61, 62, 64 y 65; no existen datos para 1808.  Los diez años con mayor número de ejecuciones fueron: 1866 (65), 1809 (56), 1811 (43), 1824 (42), 1813 (38), 1826 (38), 1810 (31), 1837 (24), 1833 (21) y 1816 (16).

Pincha AQUÍ para descargar una relación de ejecutados que ha sido extraída, ampliada y corregida de la página web “Executions in Spain from 1812 – 1975
.64 En ella no se contemplan ejecuciones para los años 1847, 50, 51, 53, 57, 58, 61, 64, 65, 66, 68, 69, 70, 71, 72, 78, 81, 82, 83, 84, 85, 86, 87 y 89.

Y una reflexión final: se ejecutaron más sentencias de muerte en los años que median entre 1814 y 1900 que en los dos siglos anteriores juntos.

BIBLIOGRAFÍA

• “El Liberal”, 13 de abril de 1885.
• “La justicia penal de los Austrias en la Corona de Castilla”, de José Luis de las Heras Santos.
• “Las calles de Madrid: noticias, tradiciones y curiosidades”, de Hilario Peñasco de la Puente y Carlos Cambronero.
• “El auto de fe”, de Consuelo Maqueda Abreu.
• “Garrote vil”, de Eladio Romero García.
• "La soga y el fuego. La pena de muerte en la España de los siglos XVI y XVII", de Ángel Rodríguez Sánchez.
• “Muertes malas. Ejecuciones en el siglo XVIII”, de María Carbajo Isla.
• “Delincuencia y seguridad en el Madrid de Carlos II”, de Rosa Isabel Sánchez Gómez.
• “Cofradías y ajusticiados en Madrid”, de Jesús Nicolás Sánchez Santos.

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64. http://www.capitalpunishmentuk.org/garottel.html

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es aficionado a la música y a la historia, socio fundador de la desaparecida asociación "Amigos del Foro Cultural de Madrid" y de la revista cultural "La Gatera de la Villa". 

Además de diversos artículos sobre la historia de Madrid, es autor del libro El levantamiento del 2 de mayo de 1808.

La crítica socialista a las tiendas-asilo, por Eduardo Montagut

Os ofrecemos una nueva entrega de Historia del siglo XIX escrita para CITA EN LA GLORIETA por Eduardo Montagut y Javier Alonso García-Pozuelo. Puedes acceder a todos los artículos publicados hasta la fecha pinchando AQUÍ.

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La crítica socialista a las tiendas-asilo
por Eduardo Montagut
El Imparcial publicó una carta de Segismundo Moret el 24 de octubre de 1885 en la que defendía el establecimiento de las tiendas-asilo, justo en un momento en el que, siempre según el político, se estaba intentando combatir el hambre en Madrid. Moret había visto un modelo de tienda-asilo en Havre. En su opinión, era una institución que proporcionaba dos grandes beneficios. En primer lugar, hacer el bien con un “pequeño y único esfuerzo”, y evitar que la limosna denigrara al pobre, o que habituándose a recibirla le separase de la “senda del trabajo y le excite a la holganza, defecto y peligro de muchas instituciones benéficas”, un último argumento muy propio de la burguesía. La carta explicaba pormenorizadamente el funcionamiento de la tienda-asilo de la ciudad portuaria.

La idea cundió gracias al apoyo de la reina Regente, y comenzaron a abrirse tiendas-asilo en distintos lugares de la geografía española. En estas tiendas-asilo se ofrecía comida a unos céntimos el plato, un lugar para asearse en algunos casos, podían ser centros de reunión y hasta se pensó que podían ser bolsas de trabajo. En Madrid se proyectó abrir una en cada distrito municipal. Las tiendas-asilo reflejan un intento intervencionista de las autoridades para paliar de forma paternalista las consecuencias por los graves problemas de pobreza que se sufría en la España del último cuarto del siglo XIX, y que llenaron las ciudades de personas en muy difíciles situaciones, siendo Madrid el principal ejemplo.

Pero estas instituciones también fueron fruto de la crítica por la calidad de la comida, por algunos disturbios que se generaron en algunas tiendas-asilo, obligando a la presencia de la fuerza pública, o porque en las ciudades pequeñas se abrieron en lugares apartados para que los vecinos no vieran quiénes entraban a comer, como ejemplo de la hipocresía social propia de la época de la Restauración, que supuso un renovado auge del conservadurismo.


Óleo_cuadro de 1890_Museo del Prado
Tienda-asilo
Mateo Silvela y Casado
(1890)

Pues bien, El Socialista cargó contra estas tiendas-asilo en un artículo de su número de 9 de julio de 1886. La crítica partía, en primer lugar, de que eran realmente tiendas, y escondían un negocio, calificado de “asqueroso” porque se especulaba con la salud de los que allí acudían que acudían con el reclamo de una alimentación sana y barata.

En El Socialista se hacía una larga y contundente denuncia, basada en un informador, en forma de interrogatorio. Se preguntaba si el creador de la idea no tenía contratistas de las tiendas-asilos que hacían su voluntad sin intervención algunas de los donantes. Si era cierto que esos contratistas tenían el privilegio exclusivo de surtir estas tiendas sin inspección alguna sobre los géneros que se empleaban en la elaboración de las comidas. Si era cierto que las Juntas de Sanidad no realizaban inspecciones y, por lo tanto, no se tenían en cuenta las consecuencias sobre la salud de los que allí acudían. En este sentido, se insistía mucho en la supuesta mala calidad de las comidas que se servían al aludir a sopas de pastas “averiadas y llenas de gusanos negros”. Al parecer, después de un tiempo había habido quejas sobre estas sopas, por lo que fueron empleadas para alimento de cabras, y algunas llegaron a morir. El aceite empleado sería de mala calidad, así como el café, el chocolate y el jamón. El pan que se repartía tenía menos peso y, al parecer, las autoridades municipales del distrito madrileño del Hospicio tuvieron que decomisarlo y poner una multa al contratista, aunque desde entonces no se habían hecho más inspecciones. También se denunciaba que cuando ciertas personas acudían a las tiendas-asilo para ver cómo funcionaban aumentaba la calidad de las comidas servidas.

El periódico socialista se preguntaba que, si lo que se preguntaba tenía respuestas favorables, ¿cuándo iban a actuar las autoridades? Aunque apuntaba que eso no ocurriría, finalizando el artículo con una afirmación demoledora en relación con las autoridades, ya que siendo incapaces para evitar el hambre habrían inventado un método expeditivo para terminar con los pobres.

Referencias:

• El Imparcial, número de 24 de octubre de 1885
• El Socialista, número de 9 de julio de 1886.
• Carmen del Moral, El Madrid de Baroja, en el capítulo de instituciones de beneficencia y centros de sanidad de Madrid, Madrid, (2001)
• Fernando Martínez López (cord.), Masones, republicanos y librepensadores en la Almería contemporánea (1868-1945), Almería (2010), en el capítulo cuarto, parte segunda sobre reformismo social masónico.
• María del Carmen Giménez Muñoz, “Breve historia de los establecimientos benéficos en Sevilla desde su fundación hasta 1900”, en Hispania Nova, nº 6 (2006).

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Javier Alonso García-Pozuelo


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Eduardo Montagut (Madrid, 1965)
es Doctor en Historia por la UAM y profesor de Secundaria en un Instituto de Alcalá de Henares en la especialidad de Geografía e Historia. Socio de las ilustradas Reales Sociedades de Amigos del País de Madrid y Bascongada, pertenece también a la ARMH, y mantiene un constante compromiso por la memoria histórica. Pertenece al Grupo de Memoria Histórica del PSOE y tiene la responsabilidad de Educación, Cultura y Memoria Histórica en la Ejecutiva de la Agrupación Socialista de Chamartín (PSOE-M). Colabora diariamente en diversos medios digitales con artículos de Historia y Política. Tiene publicados un libro sobre los árboles y la Ilustración, y diversos artículos sobre la enseñanza de la agricultura en los siglos XVIII y XIX, así como, sobre Historia social.

Ejecuciones públicas en la historia de Madrid (III), por Pablo Aguilera

Os ofrecemos la III parte de un interesantísimo artículo sobre los métodos y lugares de ejecución pública en Madrid a lo largo de su historia. Lo ha escrito para CITA EN LA GLORIETA Pablo Aguilera, miembro fundador de LA GATERA DE LA VILLA, una iniciativa sin ánimo de lucro que publica una revista gratuita sobre historia y urbanismo de Madrid.

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Un fuerte abrazo,

Javier Alonso García-Pozuelo


Diseño: Pedro López Carcelén

EJECUCIONES PÚBLICAS EN LA HISTORIA DE MADRID (III parte)
Pablo Jesús Aguilera Concepción
Camino al cadalso

Como parte del ritual que conllevaba la aplicación de la pena de muerte figuraba el de obligar a los reos a vestir un determinado atuendo conforme al tipo de muerte que debía sufrir y al delito cometido.

«Era la hopa negra en las ejecuciones de garrote, y blanca con birrete azul en las de horca, pagando éstas la Caridad y Paz y obsequiando con las otras a los condenados y el cabildo y Ayuntamiento de Madrid.»20
«Enseguida, la cofradía vulgarmente dicha de la Paz y Caridad recibe al reo, que vestido de una túnica y un bonete amarillos»21
«[…] el condenado a muerte por traidor llevará atadas las manos a la espalda, descubierta y sin cabello la cabeza y una soga de esparto al cuello. El asesino llevará túnica blanca con soga de esparto al cuello. El parricida llevará igual túnica que el asesino, descubierta y sin cabellos la cabeza, atadas las manos a la espalda y con una cadena de hierro al cuello, llevando un extremo de ésta el ejecutor de la justicia, que deberá preceder cabalgando en una mula. Los reos sacerdotes que no hubieran sido previamente degradados llevarán siempre cubierta la corona con un gorro negro.»22

En su último viaje acompaña al reo una variopinta procesión en la que forman frailes, hermanos de cofradías dedicadas a la asistencia y consuelo de los condenados, autoridades civiles y miembros de las fuerzas encargadas de mantener el orden. La muchedumbre se apiña a su paso por las calles y observa desde sus casas su lenta marcha.

«Un pueblo entero obstruye ya las calles del tránsito. Las ventanas y balcones están coronados de espectadores sin fin, que se pisan, se apiñan, y se agrupan para devorar con la vista el último dolor del hombre»23

El paisaje sonoro que envuelve a la lúgubre comitiva lo conforman los gritos de la multitud, el rezo monótono de los frailes que prestan auxilio espiritual al condenado, el repique de la campanilla que un limosnero agita pidiendo “por el alma del que van a ajusticiar” y la voz del pregonero que, de tanto en tanto, proclama el nombre del delincuente, su causa y la pena impuesta.

«Al salir el reo de la cárcel, al llegar al cadalso, y a cada doscientos o trescientos pasos en el camino, publicará en alta voz el pregonero público el nombre del delincuente, el delito por el que se le hubiere condenado y la pena que se le hubiere impuesto.»24

Garrote Vil
- Ramon Casas -
(1894)
Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía

No siempre se seguía la ruta más corta al cadalso, si no que el condenado en ocasiones era paseado por la ciudad a modo de escarnio. Expresiones recogidas en las sentencias como “[…] Manda que con soga al cuello y pregón sea llevado por las calles públicas […]”, “[…] y puesto sobre una bestia de enjalma y llevado por las calles públicas de esta ciudad con voz de pregonero que diga su delito […]”, “[…] condeno a que sea llevado por las calles públicas de esta ciudad, caballero en una bestia de albarda y con voz de pregonero que manifieste su delito, sea llevado al […]” reflejan esta práctica cruel.

Cuando el patíbulo distaba de la cárcel el reo no marchaba andando, sino que lo hacía montado en alguna caballería, que según fuera su estatus social, podía tratarse de un caballo o de un borrico. En el caso de que el ejecutado perteneciera a alguna familia importante o de recio abolengo solía adornarse el cadalso.

«Eran conducidos los reos al patíbulo en otro tiempo en caballerias; para lo cual embargaba el verdugo con frecuencia, cuantas hallaba, especulando con su rescate25: los villanos en burro, los nobles é hidalgos en mula con gualdrapa de bayeta negra, teniendo éstos el privilegio de [...] que se enlutase el cadalso y se expusiese el cadáver con blandones, si los parientes lo solicitaban; estos honores patibularios se estimaban mucho por las familias y poco por los reos.»26

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20. “El Liberal”, 13 de abril 1885. 
21. “Un reo de muerte”, de Mariano José de Larra. 
22. Código Penal de 1822, Artículo 40. 
23. Mariano Larra, Op. Cit.
24. Código Penal de 1822, Artículo 42. 
25. “Muchos de estos asnos que sirvieron á un ahorcado trajeron segun el vulgo muchísimas desgracias á sus dueños.  Algunas doncellas no se casaban porque alguien de su familia habia comprado estos asnos. Tales inconvenientes dieron ocasiona que se promulgara una ley por la que se ordenaba el cortar las orejas todos los asnos de que se habia servido el verdugo, quedando por cuenta del Estado la manutencion de los mismos” (“Misterios de la Inquisicion de España, por M. V. de Féréal”). 
26. “El Liberal”, 13 de abril 1885.

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«Cuento de Navidad», relato de Guy de Maupassant [PDF]

Guy de Maupassant fue un escritor francés, maestro indiscutible del relato breve, género en el que destaca por su precisión en el lenguaje, su gran capacidad de observación y descripción, su certero análisis de sentimientos y emociones, y la eficaz tensión con la que dota a la mayoría de sus relatos.
 

El enorme éxito obtenido con «Bola de sebo» (1880), publicado en «Las veladas de Médan», le hizo dedicarse por completo a la literatura.
 

Adscrito a la corriente literaria del realismo-naturalismo, es, además, autor de algunos de los mejores relatos fantásticos y de terror de la historia de la Literatura, como «El Horla», «¿Quién sabe?» y un larguísimo etcétera.
 

Además de alrededor de los 300 cuentos que escribió, es autor de 6 novelas, entre las que cabe destacar «Fuerte como la muerte» (1889) o la aclamada «Bel-Ami» (1885).
 

Nació el 5 de agosto de 1850 en Tourville-sur-Arques, Francia, y falleció en París el 6 de julio de 1893.




CUENTO DE NAVIDAD 
Guy de Maupassant
El doctor Bonenfantes rebuscaba en su memoria, repitiéndose para sus adentros: "¿Un recuerdo de Navidad…? ¿Un recuerdo de Navidad…?"  
-Ah, sí, ya lo tengo -exclamó, de pronto-. Y, por cierto, se trata de una historia de lo más extraña. Un suceso fantástico. ¡Un milagro! Sí, señoras, como lo oyen: un milagro de Nochebuena. Comprendo su asombro, viniendo de alguien tan incrédulo como yo, pero les aseguro que lo vi con mis propios ojos. ¿Que si me sorprendió mucho, preguntan? No tanto. De sobra saben que no profeso creencias religiosas y, sin embargo, no por ello dejo de reconocer el enorme poder de la fe. Y, aunque lo que vi, no fue suficiente para conseguir mi conversión, he de admitir que aquélla fue una de las experiencias más insólitas que he presenciado en mi vida.

»Ejercía yo por entonces como médico en un pueblecito de Normandía llamado Rolleville. Aquel invierno fue terrible. A finales de noviembre,…



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