Rosario Tijeras

Ninguno de los siguientes textos, pese a que algunos de ellos lo parezcan, son microrrelatos. Al menos, no fueron concebidos como tales por su autor, Jorge Franco. Los fragmentos de esta tercera entrada de nuestra sección «No son microrrelatos» pertenecen todos ellos a la novela Rosario Tijeras y han sido escogidos por el escritor madrileño afincado en Bogotá Javier Alonso García-Pozuelo, director de Cita en la Glorieta y de la Semana negra en la Glorieta, co-administrador de TOPmicrorrelatos y autor de La cajita de rapé, una novela policíaca ambientada en el Madrid de Isabel II, de la que puedes leer una reseña escrita por el escritor colombiano Mauricio Palomo pinchando AQUÍ.

@JavierAlonsoGP
en Onda Madrid
(pincha en la imagen para
oír la entrevista)

ACADEMIA DE CORTE Y CONFECCIÓN
Jorge Franco
Las tijeras eran el instrumento con el que convivía a diario: su mamá era modista. Por eso acostumbró a ver dos o tres pares permanentemente en su casa, además, veía que su madre no sólo las utilizaba para la tela, sino también para cortar el pollo, la carne, el pelo, las uñas y, con mucha frecuencia, para amenazar a su marido. Sus padres, como casi todos los de la comuna, bajaron del campo buscando lo que todos buscan, y al no encontrar nada se instalaron en la parte alta de la ciudad para dedicarse al rebusque. Su mamá se colocó de empleada de servicio, interna, con salidas los domingos para estar con sus hijos y hacer visita conyugal. Era adicta a las telenovelas, y de tanto verlas en la casa donde trabajaba se hizo echar. Pero tuvo más suerte, se consiguió un trabajo de por días que le permitía ir a dormir a su casa y ver las telenovelas acostada en la cama.

De Esmeralda, Topacio y Simplemente María aprendió que se podía salir de pobre metiéndose a clases de costura; lo difícil entonces era encontrar cupo los fines de semana, porque todas las empleadas de la ciudad andaban con el mismo sueño. Pero la costura no la sacó de la pobreza, ni a ella ni a ninguna, y las únicas que se enriquecieron fueron las dueñas de las academias de corte y confección
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Rosario Tijeras

EROS Y TÁNATOS
Jorge Franco
Como a Rosario le pegaron un tiro a quemarropa mientras le daban un beso, confundió el dolor del amor con el de la muerte.
Pero salió de dudas cuando despegó los labios y vio la pistola.
Sentí un corrientazo por todo el cuerpo. Yo pensé que era el beso... –me dijo desfallecida camino al hospital.No hablés más, Rosario –le dije, y ella apretándome la mano me pidió que no la dejara morir.

Rosario Tijeras

CASA RODANTE
Jorge Franco
Rosario siempre ha luchado por olvidar todo lo que ha dejado atrás, pero su pasado es como una casa rodante que la ha acompañado hasta el quirófano, y que se abre espacio a su lado entre monitores y tanques de oxígeno, donde la tienen esperando a que resucite.

Rosario Tijeras


COSA DE DOS
Jorge Franco
¿Qué les pasó, Emilio? –fue lo primero que pude preguntar.Matamos a un tipo –dijo él.Matamos es mucha gente –dijo ella con la boca seca y la lengua pesada. Yo lo maté.Da lo mismo –volvió a decir Emilio. Lo que haga uno es cosa de los dos. Rosario y yo matamos a un tipo.

Rosario Tijeras

TODO EL MUNDO, MENOS ÉL
Jorge Franco
La familia de Emilio pertenece a la monarquía criolla, llena de taras y abolengos. Son de esos que en ningún lado hacen fila porque piensan que no se la merecen, tampoco le pagan a nadie porque creen que el apellido les da crédito, hablan en inglés porque creen que así tienen más clase, y quieren más a Estados Unidos que a este país. Emilio trató de rebelarse contra el esquema. Se hizo echar del colegio bilingüe y se metió a uno donde iban a parar todos los vagos. Quiso entrar a la universidad pública, pero ahí no lo frenó su familia sino el promedio. Y después, para rematar, les llevó a Rosario.
 

Se nota que no tiene clase –le dijo a Emilio su mamá el día en que la conoció. No sabe ni comer.Me sabe comer a mí –les dijo él-. Y eso es lo que importa.
 

Aunque me molestaba cualquier tipo de rechazo a Rosario, me alegré al conocer el que le manifestaba la familia de Emilio.
 

A pesar de su desobediencia, él nunca se atrevió a desafiarlos con un vínculo diferente al que sostuvo con ella. Y como casi siempre sucede, ganó el esquema. Después de Rosario, Emilio volvió a nadar con destreza en sus aguas. Ahora gana bien, trabaja con su padre, mide sus palabras y tiene una novia a la que quiere todo el mundo, menos él.

Rosario Tijeras

TU ISLA
Jorge Franco
Ferney es lo único mío que me queda.
 

«Tal vez lo único que te queda de tu pasado, Rosario, porque si quisieras, yo te quedaría para siempre y no necesitarías nada más», me dije en silencio, dolido por su exclusión. Pero tengo que admitir que busqué reconfortarme con mi egoísmo y mis celos, porque me era imposible evitar sentir algún alivio al imaginármela sola, desprotegida, sin ninguno de los que pretendieron apropiársela. Sola, únicamente conmigo como isla.

Rosario Tijeras

TODOS TE QUEREMOS
Jorge Franco
Me mataron al amor de mi vida, parcero –dijo-. El único que me ha querido.
 

Sentí celos. Los que nunca me había despertado Emilio, los sentí ese día por su hermano muerto. Pensé que debía contarle todo lo que sentía por ella, sacarla de su ignorancia afectiva y decirle que había alguien que la quería más que todo el mundo.

Yo te quiero, Rosario... –comencé decidido-. Todos te queremos –añadí cobardemente.

Rosario Tijeras