A lo largo de los últimos meses hemos publicado una serie de reseñas sobre novelas y relatos ambientados en la Guerra Civil Española escritas por José María Velasco. Dicen que a veces la realidad supera a la ficción, por ello el mismo autor nos introducirá ahora en historias reales del exilio republicano, historias que nada tendrían que envidiar a las aventuras de una novela.
LOS ESPAÑOLES QUE LIBERARON PARÍS
José María Velasco
Unos minutos después de las nueve de la noche del jueves 24 de agosto de 1944 un escuadrón de 160 hombres, de los cuales 146 eran españoles, montados en 22 semiorugas y 3 tanques Sherman, entraban en París por la Porte d’Italie. La plaza estaba llena de personas que huyeron despavoridas ante el estruendo de los vehículos, pensando que solo podía tratarse de las tropas alemanas que, con doce mil soldados, aún controlaban la capital. Más tarde comenzaron a acercarse y vieron que los vehículos eran americanos, pero los nombres que llevaban pintados en el carenado: Ebro, Brunete, Guadalajara… y los banderines tricolores rojo, amarillo y morado recordaban a batallas en España. Eran los combatientes republicanos que venían a liberar la capital francesa.
Tras unos momentos de entusiasmo, el escuadrón que había llegado hasta allí sin mapas y con la única ayuda de una guía Michelin siguió avanzando tras un motorista armenio que se ofreció voluntario para llevarles hasta su objetivo: el Ayuntamiento. Los blindados fueron dejando atrás calles desiertas, cruzaron el Sena por el puente de Austerlitz y continuaron sin detenerse por los muelles de la orilla derecha. A las 21:22 el destacamento se desplegó en defensa de erizo frente al Hôtel de Ville con órdenes de repeler cualquier contraataque. Dos minutos más tarde las campanas de Notre Dame comenzaban a tañer seguidas por las de toda la ciudad, anunciando su liberación. Una avalancha de gente invadió las calles abrazando a los soldados y el himno de La Marsellesa comenzó a sonar por todo París.
Amado Granell, un castellonense de Burriana que se había afiliado a la UGT, había sido concejal por Izquierda Republicana y se alistó como voluntario en la Guerra Civil donde combatió en “el Batallón de Hierro”, era el teniente que estaba al mando. "Las campanas de París nos conmovieron. El combate no nos había endurecido completamente. Todos teníamos lágrimas en los ojos y un nudo en la garganta. Yo traté de cantar con los otros pero no pude. Esa enorme emoción, aquel gran entusiasmo, significaba simplemente la libertad, la victoria".
A la mañana siguiente llegaron hasta el Hôtel Meurice en la vía Rívoli, donde estaba situado el cuartel general del gobernador alemán Dietrich Von Choltitz. El general nazi había recibido órdenes claras de Hitler: “Es preciso que París no caiga en manos del enemigo, si no es convertido en un montón de ruinas”. Tres soldados españoles le exigieron la rendición. Ante las protestas del general por tener que rendirse a un soldado sin graduación, el extremeño Antonio Gutiérrez le contestó: “Soy español”. Pero… ¿quiénes formaban ese minúsculo grupo de españoles que se había anticipado en dos días al resto del Ejército de la Francia Libre y había ignorado las intenciones de los Aliados de pasar de largo sin tomar París? La Novena Compañía de la Segunda División Blindada del general Leclerc, más conocida por su nombre en español: La Nueve, era un batallón de choque que siempre combatía en primera línea.
Tras el avance alemán sobre Francia y el desastre de Dunkerque al principio de la guerra, la mayor parte de los republicanos españoles que no habían sido apresados por los nazis fueron acuartelados en los centros de instrucción de la Legión Extranjera en el norte de África. Descontentos con la Francia de Vichy, colaboracionista con el enemigo, muchos de ellos atravesaron el desierto del Sáhara y las selvas ecuatoriales hasta llegar a Libreville para unirse a las fuerzas del Corps Franc d’Afrique de la Francia Libre comandadas por el General De Gaulle.
Combatieron a los franceses colaboracionistas de Pétain en Siria, a los italianos de Mussolini en Sudán y a las tropas del Afrika Korps del General Rommel en los desiertos de Libia y Egipto, participando en las batallas de Bir Hacheim o El-Alamein y tomaron el puerto de Bizerta en Túnez.
En mayo de 1943, al finalizar la campaña en el norte de África, las diferentes unidades de las fuerzas combatientes francesas se unieron en la 2ª División Légère Française Libre que no estaba dispuesta a ser una comparsa como querían los Aliados, sino a participar de forma activa en la liberación de su país. Casi dos mil voluntarios españoles acudieron a la llamada de De Gaulle a combatir al fascismo, buena parte de ellos estaban enrolados en la 9ª Compañía de Marcha del Chad.
Pese a su mala fama de soldados rebeldes y las suspicacias que levantaban sus fuertes ideales de izquierdas, los republicanos españoles se ganaron pronto la confianza de sus mandos. Con experiencia en combate durante la Guerra Civil, mantuvieron algunos de sus principios: elegían a sus propios jefes de sección y arreglaban de forma interna sus problemas disciplinarios. Cuando Leclerc le encargó a Raymond Dronne el mando de la Nueve le advirtió que se trataba de una compañía especial: “esos hombres dan miedo a todo el mundo, pero son buenos soldados”. La hija de Dronne afirmó: “Los soldados españoles eran los preferidos de mi padre. No eran soldados fáciles de dirigir, querían tener al frente a un oficial que se los mereciera. Capitanearles era un honor”. El idioma oficial era el castellano, en sus uniformes lucían la bandera tricolor republicana y, siguiendo la costumbre francesa de bautizar todos los vehículos, pintaron en los suyos los nombres de las batallas en las que habían combatido en España.
La compañía se formó en Didjelli (Argelia) desde donde se trasladaron a Marruecos. En Casablanca fueron equipados con material americano para combatir como infantería mecanizada con unos medios muy diferentes a los que estaban acostumbrados en la infantería tradicional. Tras un periodo de formación para adaptarse a sus nuevos vehículos, partieron hacia la zona de Pocklington en el norte de Inglaterra. En agosto de 1944 cruzaron el Canal de La Mancha. Tras varios días de espera, el día 4 desembarcaron en las playas de Normandía cantando “La cucaracha” por la lentitud de la operación.
Su primera misión en terreno francés fue apoyar a los estadounidenses en su intento de frenar los contraataques enemigos. Su bautismo de fuego se produjo el 14 de agosto en Ecouché, el pueblo fue tomado tras varios días de combates en los que sufrieron las primeras bajas. Pese a su inferioridad numérica un golpe de mano les permitió capturar a 130 soldados enemigos y a un coronel.
Los mandos aliados habían dado instrucciones de rodear la capital francesa. No querían hacer frente a la logística que representaba abastecer a una ciudad de cinco millones de habitantes, ni tampoco fortalecer el papel de los franceses en la guerra, al menos hasta que De Gaulle no se impusiera al liderazgo comunista de la Resistencia. Sin embargo en París no estaban dispuestos a esperar y el Partido Comunista francés convocó una huelga general. Tras la toma del Ayuntamiento solicitaron la ayuda de las tropas del general Leclerc, que dio la orden a sus secciones de carros de combate de avanzar sin consultar al mando aliado. Faltaban doscientos kilómetros por la carretera nacional 20 hasta su objetivo que iban a cubrir sin apoyo aéreo. La Nueve iba en cabeza.
Después de vencer los primeros focos de resistencia en Longjumeau continuaron hasta Antony y Fresnes donde tuvieron que superar las defensas alemanas. A poco más de veinte kilómetros de su objetivo, cuando la ruta parecía abierta, el capitán Dronne recibió de forma inesperada la orden de detener su avance y replegarse hacia al sur de la Croix-de-Berny. Aunque desobedeció la primera vez, tras dos nuevas confirmaciones, se vio obligado a acatar una orden que no compartía. El general Leclerc se dirigió entonces hacia donde se habían detenido para decirle a Dronne que las órdenes absurdas no deben obedecerse y avanzara hacia París con la mayor rapidez posible.
El resto es ya historia, una historia silenciada. Cuando dos días después de la liberación se produjo en París el desfile de la victoria, los vehículos con nombres españoles tuvieron un lugar destacado en la celebración en los Campos Elíseos, donde los soldados republicanos desfilaron con todos los honores, a pesar de que el general estadounidense Gerow había vetado su presencia por desobedecer las órdenes del alto mando aliado. Más tarde Francia se olvidó de ellos. A De Gaulle y al chovinismo francés no les interesaba reconocer el mérito y la heroicidad de los españoles. Cuando el diario Libération publicó en portada la foto del encuentro del teniente de la Nueve con el jefe de la Resistencia, se olvidó de que se llamaba Amado Granell y era español.
Durante décadas la gesta de La Nueve durmió en el cajón del olvido hasta que una periodista española, Evelyn Mesquida, rastreó la maravillosa historia de los españoles que liberaron París y, con la ayuda de la entonces concejal de París Anne Hidalgo, una gaditana hija de republicanos, consiguió que se reconociera a nuestros héroes en el año 2004. Sesenta años después se inauguró una placa que reza: “A los republicanos españoles, principal componente de la columna Dronne”. El alcalde de París Bertrand Delanoë recordó en su breve discurso de homenaje: “Si hoy Europa construye su democracia en libertad se lo debemos a quienes en su momento supieron resistir”.
Pero la gloria de la Nueve no acaba con la liberación de París y su gesta merece otro artículo de La Glorieta.
Tras unos momentos de entusiasmo, el escuadrón que había llegado hasta allí sin mapas y con la única ayuda de una guía Michelin siguió avanzando tras un motorista armenio que se ofreció voluntario para llevarles hasta su objetivo: el Ayuntamiento. Los blindados fueron dejando atrás calles desiertas, cruzaron el Sena por el puente de Austerlitz y continuaron sin detenerse por los muelles de la orilla derecha. A las 21:22 el destacamento se desplegó en defensa de erizo frente al Hôtel de Ville con órdenes de repeler cualquier contraataque. Dos minutos más tarde las campanas de Notre Dame comenzaban a tañer seguidas por las de toda la ciudad, anunciando su liberación. Una avalancha de gente invadió las calles abrazando a los soldados y el himno de La Marsellesa comenzó a sonar por todo París.
Amado Granell, un castellonense de Burriana que se había afiliado a la UGT, había sido concejal por Izquierda Republicana y se alistó como voluntario en la Guerra Civil donde combatió en “el Batallón de Hierro”, era el teniente que estaba al mando. "Las campanas de París nos conmovieron. El combate no nos había endurecido completamente. Todos teníamos lágrimas en los ojos y un nudo en la garganta. Yo traté de cantar con los otros pero no pude. Esa enorme emoción, aquel gran entusiasmo, significaba simplemente la libertad, la victoria".
A la mañana siguiente llegaron hasta el Hôtel Meurice en la vía Rívoli, donde estaba situado el cuartel general del gobernador alemán Dietrich Von Choltitz. El general nazi había recibido órdenes claras de Hitler: “Es preciso que París no caiga en manos del enemigo, si no es convertido en un montón de ruinas”. Tres soldados españoles le exigieron la rendición. Ante las protestas del general por tener que rendirse a un soldado sin graduación, el extremeño Antonio Gutiérrez le contestó: “Soy español”. Pero… ¿quiénes formaban ese minúsculo grupo de españoles que se había anticipado en dos días al resto del Ejército de la Francia Libre y había ignorado las intenciones de los Aliados de pasar de largo sin tomar París? La Novena Compañía de la Segunda División Blindada del general Leclerc, más conocida por su nombre en español: La Nueve, era un batallón de choque que siempre combatía en primera línea.
![]() |
| Soldados de La Nueve acompañan a Von Choltiz, detenido |
Tras el avance alemán sobre Francia y el desastre de Dunkerque al principio de la guerra, la mayor parte de los republicanos españoles que no habían sido apresados por los nazis fueron acuartelados en los centros de instrucción de la Legión Extranjera en el norte de África. Descontentos con la Francia de Vichy, colaboracionista con el enemigo, muchos de ellos atravesaron el desierto del Sáhara y las selvas ecuatoriales hasta llegar a Libreville para unirse a las fuerzas del Corps Franc d’Afrique de la Francia Libre comandadas por el General De Gaulle.
Combatieron a los franceses colaboracionistas de Pétain en Siria, a los italianos de Mussolini en Sudán y a las tropas del Afrika Korps del General Rommel en los desiertos de Libia y Egipto, participando en las batallas de Bir Hacheim o El-Alamein y tomaron el puerto de Bizerta en Túnez.
En mayo de 1943, al finalizar la campaña en el norte de África, las diferentes unidades de las fuerzas combatientes francesas se unieron en la 2ª División Légère Française Libre que no estaba dispuesta a ser una comparsa como querían los Aliados, sino a participar de forma activa en la liberación de su país. Casi dos mil voluntarios españoles acudieron a la llamada de De Gaulle a combatir al fascismo, buena parte de ellos estaban enrolados en la 9ª Compañía de Marcha del Chad.
Pese a su mala fama de soldados rebeldes y las suspicacias que levantaban sus fuertes ideales de izquierdas, los republicanos españoles se ganaron pronto la confianza de sus mandos. Con experiencia en combate durante la Guerra Civil, mantuvieron algunos de sus principios: elegían a sus propios jefes de sección y arreglaban de forma interna sus problemas disciplinarios. Cuando Leclerc le encargó a Raymond Dronne el mando de la Nueve le advirtió que se trataba de una compañía especial: “esos hombres dan miedo a todo el mundo, pero son buenos soldados”. La hija de Dronne afirmó: “Los soldados españoles eran los preferidos de mi padre. No eran soldados fáciles de dirigir, querían tener al frente a un oficial que se los mereciera. Capitanearles era un honor”. El idioma oficial era el castellano, en sus uniformes lucían la bandera tricolor republicana y, siguiendo la costumbre francesa de bautizar todos los vehículos, pintaron en los suyos los nombres de las batallas en las que habían combatido en España.
La compañía se formó en Didjelli (Argelia) desde donde se trasladaron a Marruecos. En Casablanca fueron equipados con material americano para combatir como infantería mecanizada con unos medios muy diferentes a los que estaban acostumbrados en la infantería tradicional. Tras un periodo de formación para adaptarse a sus nuevos vehículos, partieron hacia la zona de Pocklington en el norte de Inglaterra. En agosto de 1944 cruzaron el Canal de La Mancha. Tras varios días de espera, el día 4 desembarcaron en las playas de Normandía cantando “La cucaracha” por la lentitud de la operación.
![]() |
| La Nueve fotografiada en Pocklington |
Su primera misión en terreno francés fue apoyar a los estadounidenses en su intento de frenar los contraataques enemigos. Su bautismo de fuego se produjo el 14 de agosto en Ecouché, el pueblo fue tomado tras varios días de combates en los que sufrieron las primeras bajas. Pese a su inferioridad numérica un golpe de mano les permitió capturar a 130 soldados enemigos y a un coronel.
Los mandos aliados habían dado instrucciones de rodear la capital francesa. No querían hacer frente a la logística que representaba abastecer a una ciudad de cinco millones de habitantes, ni tampoco fortalecer el papel de los franceses en la guerra, al menos hasta que De Gaulle no se impusiera al liderazgo comunista de la Resistencia. Sin embargo en París no estaban dispuestos a esperar y el Partido Comunista francés convocó una huelga general. Tras la toma del Ayuntamiento solicitaron la ayuda de las tropas del general Leclerc, que dio la orden a sus secciones de carros de combate de avanzar sin consultar al mando aliado. Faltaban doscientos kilómetros por la carretera nacional 20 hasta su objetivo que iban a cubrir sin apoyo aéreo. La Nueve iba en cabeza.
Después de vencer los primeros focos de resistencia en Longjumeau continuaron hasta Antony y Fresnes donde tuvieron que superar las defensas alemanas. A poco más de veinte kilómetros de su objetivo, cuando la ruta parecía abierta, el capitán Dronne recibió de forma inesperada la orden de detener su avance y replegarse hacia al sur de la Croix-de-Berny. Aunque desobedeció la primera vez, tras dos nuevas confirmaciones, se vio obligado a acatar una orden que no compartía. El general Leclerc se dirigió entonces hacia donde se habían detenido para decirle a Dronne que las órdenes absurdas no deben obedecerse y avanzara hacia París con la mayor rapidez posible.
El resto es ya historia, una historia silenciada. Cuando dos días después de la liberación se produjo en París el desfile de la victoria, los vehículos con nombres españoles tuvieron un lugar destacado en la celebración en los Campos Elíseos, donde los soldados republicanos desfilaron con todos los honores, a pesar de que el general estadounidense Gerow había vetado su presencia por desobedecer las órdenes del alto mando aliado. Más tarde Francia se olvidó de ellos. A De Gaulle y al chovinismo francés no les interesaba reconocer el mérito y la heroicidad de los españoles. Cuando el diario Libération publicó en portada la foto del encuentro del teniente de la Nueve con el jefe de la Resistencia, se olvidó de que se llamaba Amado Granell y era español.
Durante décadas la gesta de La Nueve durmió en el cajón del olvido hasta que una periodista española, Evelyn Mesquida, rastreó la maravillosa historia de los españoles que liberaron París y, con la ayuda de la entonces concejal de París Anne Hidalgo, una gaditana hija de republicanos, consiguió que se reconociera a nuestros héroes en el año 2004. Sesenta años después se inauguró una placa que reza: “A los republicanos españoles, principal componente de la columna Dronne”. El alcalde de París Bertrand Delanoë recordó en su breve discurso de homenaje: “Si hoy Europa construye su democracia en libertad se lo debemos a quienes en su momento supieron resistir”.
![]() |
| Raymond Dronne, capitán al mando de La Nueve, con su segundo el teniente Amado Granell |
Pero la gloria de la Nueve no acaba con la liberación de París y su gesta merece otro artículo de La Glorieta.
Si quieres recibir un correo cada vez que publiquemos uno de estos artículos, rellena el formulario de CONTACTO e indica en el mensaje "Exiliados republicanos de la Guerra Civil española".
José María Velasco (Málaga, 1968)
Escribir poemas solo era un juego de la adolescencia y la primera juventud. Vivo en Barcelona desde hace más de 30 años. En 2008 tras décadas sin escribir (nunca ha sido mi oficio), decidí tomarme un año sabático para investigar la historia más hermosa que me habían contado: la de mi abuela, que purgó en una cárcel franquista el pecado de estar casada con uno de los primeros maquis que hubo en nuestro país, perteneciente al único grupo que le preocupó a Franco. Ocho años más tarde aún me peleo con una novela que cuenta su historia y con un blog DORMIDAS EN EL CAJON DEL OLVIDO.
TAL VEZ TE INTERESE:
| LA GUERRA DELS MATINERS, por Eduardo Montagut La Segunda Guerra Carlista, con derivaciones más allá del carlismo, es conocida en Cataluña con el nombre de Guerra dels Matiners (madrugadores, en catalán), y se desarrolló entre 1846 y 1849. LEER entrada. |
| EL FRACASO DE LA POLÍTICA, por Javier Alonso García-Pozuelo En febrero de 1936, en el contexto de una Europa sumida en una grave crisis económica y en plena efervescencia de la pugna ideológica entre democracia liberal, fascismo y comunismo, se celebraron en la España de la II República unas elecciones... LEER entrada. |
| LA LINDA TAPADA, por Javier Torras de Ugarte Julio de 1936, la reacción se alzaba frente al gobierno recién elegido y la Guerra Civil daba comienzo. Pocos días después del inicio de la insurrección se formaba en Madrid —al amparo de la II República, aún vigente— la Junta de Incautación y Protección del Tesoro Artístico... LEER entrada. |







