La siguiente selección de microrrelatos ha sido escogida para CITA EN LA GLORIETA por Ana Grandal, licenciada en Ciencias Biológicas, traductora científica, escritora y administradora de la página de facebook TOPmicrorrelatos.
No eras tú la que yo quería volver a encontrar, sino tu recuerdo.
Casi el silencio
EL CORAZÓN ENAMORADO
Jorge Dávila Vázquez
Jorge Dávila Vázquez
No sabíamos nada de él. Era pequeño, insignificante; tenía grandes orejas y un ojo algo torcido. Un rostro feo, bondadoso, y una gran nariz.
—No sabemos nada de él —nos repetíamos.
A veces lo veíamos pasar por la calle, mirar con una especie de tristeza conmovedora hacia la ventana de las señoritas Saldívar, en la que adivinábamos se asomaba la veleidosa Blanca, que veía a todos con desdén, ni se diga a ese hombrecito desconocido y sin atractivos; lo observábamos detenerse un momento, con los ojos suplicantes, prendidos del orgullo de la hermosa, que sin duda le daba ya las espaldas, y seguir calle arriba o calle abajo, desesperanzado.
No supimos nada de él, nunca, únicamente que murió y los médicos no pudieron explicarse el misterio de un corazón que seguía latiendo, mucho, pero mucho después que el desconocido no era ya más que un cadáver.
Curiosamente, ese mismo día fue la primera vez que alguien vio llorar, seguro que sin motivo, a la desdeñosa Saldívar.
—No sabemos nada de él —nos repetíamos.
A veces lo veíamos pasar por la calle, mirar con una especie de tristeza conmovedora hacia la ventana de las señoritas Saldívar, en la que adivinábamos se asomaba la veleidosa Blanca, que veía a todos con desdén, ni se diga a ese hombrecito desconocido y sin atractivos; lo observábamos detenerse un momento, con los ojos suplicantes, prendidos del orgullo de la hermosa, que sin duda le daba ya las espaldas, y seguir calle arriba o calle abajo, desesperanzado.
No supimos nada de él, nunca, únicamente que murió y los médicos no pudieron explicarse el misterio de un corazón que seguía latiendo, mucho, pero mucho después que el desconocido no era ya más que un cadáver.
Curiosamente, ese mismo día fue la primera vez que alguien vio llorar, seguro que sin motivo, a la desdeñosa Saldívar.
La noche maravillosa
Todas las mañanas sale corriendo de casa para mirar hacia el cielo. Sobre los cables de la luz que recorren la calle, golondrinas, vencejos y gorriones se sitúan en ellos y le esperan, cada día en lugares distintos: un sol, mi, silencio, negra. Cuando el niño avanza, un revuelo, aleteos y cambio, mover las patas y variar mientras el niño interpreta un paraíso de melodías destinadas a él que va tarareando hasta llegar al colegio.
Cuestión de tiempo
OPORTUNIDAD
Alejandro Ismael García Lobato
Alejandro Ismael García Lobato
Aún sigue asombrada por la masiva concurrencia de periodistas a las puertas del juzgado. A la salida tendrá que ser directa, escueta y hablar con total transparencia si no quiere que los hechos se tergiversen. Aunque no podría culparles, el caso está teniendo tanta repercusión mediática que necesitan urgentemente conseguir cualquier nueva información para actualizar los titulares.
En la sala, el fiscal se peina nervioso para intentar tapar el cartón y parecer un poco más joven ante las cámaras. Todos saben lo que se juegan en esta causa, pero también la fama que obtendrán si su parte resulta triunfadora. Este caso ha sido, desde el principio, tan goloso y peligroso como una piruleta envenenada para un niño.
Y ella, una abogada mediocre sin casi experiencia, tiene el honor de vivirlo.
Lástima que sea como acusada.
En la sala, el fiscal se peina nervioso para intentar tapar el cartón y parecer un poco más joven ante las cámaras. Todos saben lo que se juegan en esta causa, pero también la fama que obtendrán si su parte resulta triunfadora. Este caso ha sido, desde el principio, tan goloso y peligroso como una piruleta envenenada para un niño.
Y ella, una abogada mediocre sin casi experiencia, tiene el honor de vivirlo.
Lástima que sea como acusada.
SIN TÍTULO
Alfredo Álamo
Alfredo Álamo
En el mejor restaurante de la ciudad los camareros iban vestidos de pingüino. Cansados de tanta humillación, los trabajadores picotearon hasta la muerte al dueño y a todos los comensales una noche de sábado especialmente concurrida.
Bestiario infame de la ciudad adormecida
Sharon miró hacia abajo, a la gente diminuta que la observaba desde la orilla de la laguna, y se le ocurrió que, si la vida la había empujado hasta allí, era por su terca incapacidad para decir que no.
Y la cosa venía de atrás.
De pequeña nunca dijo no a los ridículos lazos que su madre le ponía, ni a los pasteles de hígado, que le producían arcadas, ni a los ruegos de sus hermanos para que se subiera las faldas en la casa del árbol. Más tarde no supo decir que no cuando su padre la obligó a estudiar Enfermería en vez de Arte, ni cuando su novio le aseguró que los preservativos iban en contra del amor.
De ahí que tampoco se negara, siendo ya esposa y madre, a subir a aquella grúa durante unas vacaciones familiares en Surfers Paradise. A pesar del vértigo paralizante, dejó que le ataran una goma a los tobillos y que la colocaran al borde del vacío.
Cayó gritando NO.
Un NO libre, desgañitado, que se hacía más fuerte a medida que la superficie del agua se acercaba a su rostro.
Y la cosa venía de atrás.
De pequeña nunca dijo no a los ridículos lazos que su madre le ponía, ni a los pasteles de hígado, que le producían arcadas, ni a los ruegos de sus hermanos para que se subiera las faldas en la casa del árbol. Más tarde no supo decir que no cuando su padre la obligó a estudiar Enfermería en vez de Arte, ni cuando su novio le aseguró que los preservativos iban en contra del amor.
De ahí que tampoco se negara, siendo ya esposa y madre, a subir a aquella grúa durante unas vacaciones familiares en Surfers Paradise. A pesar del vértigo paralizante, dejó que le ataran una goma a los tobillos y que la colocaran al borde del vacío.
Cayó gritando NO.
Un NO libre, desgañitado, que se hacía más fuerte a medida que la superficie del agua se acercaba a su rostro.
No habría sido igual sin la lluvia
Ana Grandal es licenciada en CC. Biológicas y ejerce como traductora científica freelance desde 1996. Entre otros, ha traducido los libros de divulgación Los orígenes de la vida (Freeman Dyson, Cambridge University Press, 1999), El comportamiento altruista (Elliott Sober y David Sloan Wilson, Siglo XXI, 2000) e Inteligencia emocional infantil y juvenil (Linda Lantieri, Santillana, 2009) y la compilación de poesía incluida en Mina Loy. Futurismo, Dadá, Surrealismo (La Linterna Sorda, 2016). Cuenta con varios premios literarios, que incluyen el V Concurso de Relato Corto del Ayto. de Monturque (2004) y el XIII Premio de Narrativa Miguel Cabrera (2006). Ha publicado la colección de microrrelatos Te amo, destrúyeme (2015) y Hola, te quiero, ya no, adiós (2017) en Amargord Ediciones.
Coedita con Begoña Loza la colección de relatos La vida es un bar (Vallekas) (Amargord Ediciones, 2016), en donde también participa como autora. Colabora en las revistas digitales La Ignorancia y La Charca Literaria. En su faceta musical, toca la flauta travesera en los grupos de rock VaKa y Los Vitter del Kas.
Puedes leer una selección de microrrelatos de su primer libro de microrrelatos, «Te amo, destrúyeme», publicado por Amargord Ediciones en 2015, pinchando AQUÍ.
Coedita con Begoña Loza la colección de relatos La vida es un bar (Vallekas) (Amargord Ediciones, 2016), en donde también participa como autora. Colabora en las revistas digitales La Ignorancia y La Charca Literaria. En su faceta musical, toca la flauta travesera en los grupos de rock VaKa y Los Vitter del Kas.
Puedes leer una selección de microrrelatos de su primer libro de microrrelatos, «Te amo, destrúyeme», publicado por Amargord Ediciones en 2015, pinchando AQUÍ.

