Reseña de «La Odisea (Adaptación)», por Manu López Marañón

Reseña de «La Odisea (Adaptación)», de Alicia García-Herrera, Andrés Ferrer Taberner y Alfredo Cot González. Con ilustraciones de Kolo.
Talón de Aquiles (2019) , 
por Manu López Marañón


De la biblioteca de mi abuelo Manuel heredé los clásicos grecolatinos y del Siglo de Oro español y el teatro completo de Shakespeare. Tendría unos 20 años cuando me decidí a leer «La Odisea». Debí haber empezado por «La Ilíada», pero supongo que alguna película o serie de dibujos animados harían decidirme primero por las famosas aventuras de Ulises.

Tengo a mi lado aquellos dos tomos de «La Odisea» encuadernados en piel. Las páginas están ya tostadas y sus puntas desgastadas. Están publicados por Prometeo en 1864. Esta editorial valenciana la dirigía el novelista Vicente Blasco Ibáñez, quien se encargaba de seleccionar las traducciones idóneas para cada texto. En el caso de «La Odisea» eligió a Leconte de Lisle, estimable poeta parnasiano que tuvo la mala suerte de coincidir en vida con Charles Baudelaire, la gran figura del movimiento simbolista, cuya larga sombra siempre lo oscureció.

Desconozco cómo sería la traducción del griego al francés que vertió Leconte de Lisle para «La Odisea», pero la versión española de Nicasio Hernández satisfizo enteramente tanto aquella lectura juvenil mía como las posteriores que he ido haciendo, ya en edades más provectas. Por cierto, tanto Leconte como Nicasio nombran al héroe en todo momento como Odiseo (su nombre griego, del que deriva el título), nunca como Ulises (forma romana que ha acabado popularizándose).

Esta personal introducción a la excepcional adaptación que de «La Odisea» acaban de publicar estos tres autores se debe, sobre todo, a la feliz coincidencia de que ellos sean también valencianos, tan valencianos como Blasco Ibáñez y Prometeo. Voy a presentarlos. Alicia García-Herrera, doctora en derecho y autora de publicaciones jurídicas y trabajos de crítica literaria, ha ganado varios premios literarios entre los que destaco el de la Dirección General de l’Institut Valencià por les Dones i la Igualtat de Génere, que premió su relato «Calle Progreso 36, se vende». Andrés Ferrer Taberner ha escrito libros de viajes, ha quedado finalista de concursos de relatos, pero es más conocido por su quehacer poético, lo que le lleva a estar incluido en cinco antologías poéticas, alguna de tanta repercusión como «Miradas para compartir la luz. Antología poética de autores valencianos», Colección Ars Poética, Boreal Libros, Valencia 2016. Alfredo Cot González ha sido finalista en varios certámenes literarios de relato: desde Alcázar de San Juan, San Fermín en Pamplona o Harvey Milk en Gandía. En 2016 publica «Abecedario de flores» (editorial Cuestión de Belleza) y en 2017 la novela «Cien días de otoño» (Createspace Independent Pub). No debo dejar sin nombrar al autor de las espléndidas ilustraciones que acompañan a esta adaptación. Son obra del ilustrador valenciano Kolo, que además de portadista, cartelista, diseñador gráfico y profesor de talleres de ilustración, tiene su propia carrera literaria: este mismo año ha publicado «Diario de un perro flauta, Panxito y yo» (editorial NPQ)


El equipo que ha adaptado «La Odisea»

El soberbio prólogo que ha escrito Antonio Melero Bellido –Catedrático emérito de Filología Griega de la Universitat de València– viene bien sazonado con frases que inducen a la lectura de este libro abarrotado de islas atravesadas y donde se sortean miles de fantásticas (y no tan fantásticas) aventuras sobrehumanas. Además desbroza las tres partes de las que consta «La Odisea»: la Telemaquía (partes I–IV); las aventuras de Ulises desde Troya al país de los feacios (partes V–XII), y la llegada de Ulises a Ítaca (partes XII–XXIV).

Hablamos de una adaptación de «La Odisea» dirigida, en un principio, al público joven que –muy probablemente– no haya tenido noticia alguna de ella ni sepa siquiera quién fue Homero ya que –por desgracia– «La Odisea» se ha convertido en una obra de complicado acceso para los estudiantes de ESO y Bachillerato; una obra, encima, políticamente incorrecta en varios aspectos según los valores hoy imperantes, bastantes de una ridiculez que sonroja. Si a esto añadimos cómo las Humanidades se han relegado de los planes de estudio, comprenderemos la urgente necesidad de publicaciones como esta que haga menos imposible la difusión de clásicos como «La Odisea», insustituibles para la formación de cualquier persona.

En lo que supongo habrá generado polémica entre el equipo autoral de la adaptación, se ha optado por suprimir los cuatro cantos iniciales que conforman la Telemaquía. En ellos Homero refería la difícil situación en que se hallaba Ítaca veinte años después de la guerra de Troya: los pretendientes de Penélope sitiando su palacio, el descenso continuado de la riqueza familiar debida a la voracidad de los pretendientes, el ansia de sangre de un Telémaco exaltado, etcétera. Es la única supresión que el conocedor de «La Odisea» detectará en esta muy fiel adaptación porque el resto de los cantos, con las aventuras de Ulises y su posterior llegada a Ítaca, son recreados, como asegura el catedrático Melero Bellido «con los mismos climas de suspense, expectación y ambigüedad del cuento homérico». Para, casi seguido, agradecer sinceramente al equipo coordinado por Alicia García-Herrera «no haber caído en el fácil pero popular recurso al sentimentalismo» y «que la emotividad esté aquí siempre contenida, como exige la moral griega, incluso en los más ardorosos encuentros de amor».

No cabe duda de que los autores han buscado una imagen potente para captar la atención de ese adolescente actual en permanente estado de distracción con su teléfono móvil; con ella asimismo persiguen conseguir la del adulto animado a acercarse a este texto mítico. Así, iniciar su adaptación con un Ulises desarbolado y bregando contra la brutal tempestad desatada por Poseidón –su gran enemigo– resulta un innegable acierto. Y es que, tras pasar siete años en la isla Ogigia retenido por la ninfa Calipso, Ulises se ha echado a la mar. Destrozada su balsa, apenas puede llegar a la orilla de Esqueria, la tierra de los feacios, donde es hospitalariamente recibido por el rey Alcínoo.


Alicia y Andrés en la presentación madrileña

Agradecido por el cobijo que le brindan los reyes, Ulises corresponde contándoles –como una Sherazade avant la lettre– los principales hitos de su aventura marítima (se pasa entonces a la primera persona, ya que la narración de esos hechos inmortales viene referida en todo momento desde la perspectiva del héroe). Ante mi ilustrada mirada episodios bien conocidos me sorprenden como si fuese la primera vez que los leyera: la llegada de las doce naves a la tierra de los lotófagos; la cautividad en la cueva del Cíclope; la mala utilización del odre de los vientos que el dios Eolo ha regalado a Ulises; el estrago causado por los lestrigones en la tripulación de Ulises; cómo consigue Ulises que la hechicera Circe convierta en humanos a sus compañeros después de haberlos mutado en cerdos; la visita al inframundo donde Ulises dialoga platónicamente con la imagen de su madre; cómo Ulises evita la tentación del canto de las sirenas; cómo la bestia Escila devora a seis camaradas, y, por fin, cómo el resto de la tripulación desoye la prohibición de Ulises de comerse los bueyes de Helios, algo que conlleva a Zeus a lanzar su terrible rayo sobre la nave haciendo perecer a todos menos al prudente héroe.

Ulises se despide de los feacios y embarca, ya como tripulante único. La adaptación entra en su tercera parte: la llegada a Ítaca. Caracterizado de viejo pordiosero por su diosa benefactora –Palas Atenea–, Ulises se entrevista con su porquero Eumeo para ponerse al día de las adversidades causadas por los pretendientes de Penélope. Se produce el reencuentro de Telémaco con su padre, a quien no reconoce hasta que él se lo dice. Entre ambos deciden acabar con los odiosos pretendientes. En palacio nadie reconoce al mendigo, ni la misma Penélope, y Ulises es objeto de crueles burlas por sus enemigos. Pero en el famoso certamen del arco ninguno es capaz de tensarlo: solo su legítimo dueño puede disparar con él. Ayudado por Atenea, que desvía muchas de las flechas de los pretendientes, Ulises acaba con ellos y ejecuta a las mujeres que han mancillado a Penélope, quien acaba reconociendo a su esposo. «La Odisea» finaliza con la visita de Ulises a su padre, el viejo Laertes.

En una sugerente coda Alicia García-Herrera especula sobre el futuro de Ulises en su hacienda. La autora cree factible que el viaje de veinte años cambiara a Ulises, a quien (aunque ahora sea rey de Ítaca) se le quedan pequeñas esas tierras y pronto renuncia a morir en ellas. Ulises vuelve sus ojos al mar y levanta sus puños con rebeldía para decirse que su final de hombre verdadero no está en Ítaca –como mustio guardián del orden restaurado– sino, otra vez, en la mar. Y es que como dejó escrito Fernando Pessoa: «Vivir no es necesario, navegar sí».

Por casualidad, y mientras redactaba esta reseña para Cita en la Glorieta, vi la película «El desprecio» (Jean-Luc Godard, Francia, 1963) dónde se cuenta los tejemanejes que suscita otra adaptación cinematográfica de «La Odisea», que en esta ocasión va a rodar el director Fritz Lang. El guionista, encarnado por Michel Piccoli, da al director alemán su particular versión de «La Odisea»: «Si Ulises tarda veinte años en volver a Ítaca en realidad se debe a que no desea regresar. Algo muy comprensible porque su relación con Penélope no era buena y las dificultades como pareja se remontaban a antes de su salida hacia Troya. Ulises aprovecha la guerra para huir de su mujer, pero antes le ha dejado dicho que permita que los pretendientes la cortejen y acepte sus regalos. Para él los pretendientes no son enamorados serios, y, además, está absolutamente convencido de cómo Penélope le será fiel porque ella es una mujer simple y entregada a él. Ante esa ciega confianza de Ulises Penélope se desengaña y comienza a despreciarlo para, tiempo después, percibir que ha dejado de quererlo. Al regreso de Ulises se lo comunica y entonces él comprende que ha perdido el amor de su mujer y que la única forma de reconquistarlo es matando a los pretendientes»
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Entrevista a Alicia García-Herrera, por
Manu López Marañón


Alicia frente al Partenón
 1. La adaptación de «La Odisea» sufre su propia odisea.

Aun siendo un libro para leer a cualquier edad esta adaptación busca su mayor tirón entre la juventud. Conseguir que un adolescente supere su distanciamiento hacia las grandes obras literarias es un complicado pero hermoso reto. Muchos son los factores en contra que existen para lograrlo (telefonía móvil, la revolución digital con sus redes sociales, etcétera), factores a los que, por desgracia, se añade el arrinconamiento de las Humanidades en los planes de estudio, algo que tampoco pone fácil su difusión entre el público juvenil. 


¿No da vértigo tener que luchar contra enemigos tan poderosos?

El objetivo merece esfuerzo. Soy consciente de estar navegando contra corriente pero a pesar de que los cíclopes y los lestrigones están ahí y son enemigos poderosos, también es cierto que durante este viaje, como bien dices muy similar a una odisea, también surgen aliados que me ayudan en este empeño de acercar el mundo antiguo a los más jóvenes. Confío, además, en poder convertir a mis enemigos en ayudantes. La tecnología también nos ayuda a difundir.

¿No piensas que escribir un libro supone ya un esfuerzo suficiente como para encima tener que abrirle camino?

Es así, obviamente, lo que obliga a un doble esfuerzo. Hemos de ser conscientes de que una editorial es ante todo una empresa que pretende obtener beneficios y, por consiguiente, ha de calibrar sus riesgos. Desde esta perspectiva el libro es un producto, el escritor una marca y el lector un consumidor. El editor suele pensar en términos de rentabilidad, y tiene en cuenta los gustos del consumidor y las tendencias para saber qué clase de producto y de marca puede resultar más atractivo. Los clásicos solo interesan a una minoría, una élite. Si no estamos hablando de novela histórica, un producto muy vendible, la apuesta editorial es mucho más arriesgada, máxime si la marca «autor» no es solvente. El peso entonces recae sobre el autor, que no solo ha de convencer al público sino al editor y a veces hasta a sí mismo cuando las fuerzas flaquean. Un reto enorme.
 

Alicia, conozco tu experiencia en la Feria del Libro de Sevilla donde recibiste la visita del IES José María Infante, de Utrera. Gracias a estos encuentros con autores literarios organizados por el Instituto Andaluz de la Juventud (IAJ) muchos alumnos mantienen, por primera vez, un diálogo con escritores de literatura juvenil.

¿Qué tal resultó juntarse con estos aspirantes a lectores de Homero?

Fue realmente un momento histórico, el combustible que nos anima a seguir navegando sobre mares agitados en busca de lo imposible. Los jóvenes son curiosos e inquietos. Aprendemos de ellos tanto como ellos de nosotros.
Alicia García-Herrera nos cuenta una magnífica iniciativa, no cabe duda, pero extra escolar. Me consta que ella dedica buena parte de su precioso tiempo a gestionar personalmente contactos que puedan favorecer la llegada de su adaptación de «La Odisea» al mayor público posible.

¿Puedes explicarme cómo fructifican tus gestiones con profesores y directores de estudios para acercar vuestra obra a su alumnado?

Diríamos que progresa adecuadamente pero necesitamos compromiso y respuestas y las necesitamos ya. El próximo curso está ahí y queremos ser material escolar recomendado.

Los profesores de literatura, de historia y de arte han demostrado ser nuestros mejores aliados para llenar el vacío que dejó la supresión de la asignatura de Cultura Clásica y el olvido consciente de las Humanidades en los planes de estudio. Ellos comprenden que el impacto de la tecnología ha cambiado los hábitos de lectura de los más jóvenes y que es difícil que se interesen por el texto original de las grandes obras clásicas, difícil de leer y de comprender para la mayoría. Es algo que no aceptan del todo muchos de los profesores de griego, que aman los textos originales. Pero no estamos en competencia con ellos ni subestimamos a los jóvenes. Lo que pretendemos con esta adaptación es tender puentes. Los jóvenes estudiantes no tienen per se un prejuicio hacia el mundo clásico. Es solo que lo desconocen porque no forma parte de su bagaje. Solo se trata de darles la llave para que accedan a ese universo desconocido. Es importante que la tomen en sus manos y la hagan girar. La tecnología nos conduce hacia un mundo deshumanizado, impersonal. Los mitos clásicos contrarrestan esta tendencia porque nos recuerdan nuestra humanidad.

La búsqueda de promoción no se limita a centros escolares, obviamente vuestro libro busca su lugar en las mesas de novedades de las librerías españolas.

¿Cómo van resultando las presentaciones en librerías importantes de Madrid, Valencia, Vitoria…?

Me gusta decir que Ítaca nos está regalando un hermoso viaje. En cada ciudad sucede algo que refuerza la idea de que todo este trabajo, la inversión de tiempo y recursos, el llevar vida itinerante, merece la pena. Con frecuencia encontramos personas maravillosas con la que establecemos conexiones muy profundas y a las que nos cuesta dejar atrás. Así ha sucedido en nuestras últimas plazas, Sevilla y Vitoria, donde han quedado buenos amigos, como Javier González-Cotta o Martin Simonson.

¿Recibís algún respaldo por parte de vuestra editorial?

Nuestros editores han hecho su trabajo con corrección y actúan dentro de los límites que marca nuestro contrato. Un mayor respaldo depende de lo que nuestro equipo sea capaz de demostrar, del grado de penetración de nuestro libro en el mercado. Todos los autores que hemos participado en la adaptación debemos involucrarnos en la tarea de convencerles a ellos y al público de que nuestro producto y nuestra marca merecen mucho la pena y también nuestro objetivo, que excede de lo literario. Para eso hacen falta seguir con nuestra labor y no perder la motivación a pesar de la dificultad. Creer en lo que hacemos implica sacrificios, como dejar de priorizar otros proyectos literarios personales para que éste, de naturaleza colectiva, salga adelante. Este es el momento óptimo.

¿Consideras que un libro tan especial y necesario como es esta adaptación de «La Odisea» recibe, tanto a nivel de distribución comercial como de visibilidad, el trato que merece?

Estamos limitados por las reglas del mercado y de la competencia. Somos un producto arriesgado y, como autores, una marca casi desconocida, sin apenas red de apoyo ni contactos institucionales. Duele decirlo pero estamos solos. A pesar de todo, ha sucedido el milagro, lo que nos fascina. En apenas mes y medio hemos visitado tres Ferias y dos ciudades como Madrid y Vitoria, donde nos han acogido con los brazos abiertos. Nuestras ventas han sido muy satisfactorias y  ciertas instituciones públicas y privadas se han interesado por lo que hacemos. Hemos salido en diarios como La Vanguardia y ABC, estamos en El Corte Inglés y Casa del Libro, lo que es motivador.


2. La adaptación en sí.

Esta adaptación de «La Odisea» la habéis hecho entre tres autores. Es curioso que de Homero se dijera que, en realidad, eran varios los escritores agrupados bajo ese único nombre (lo mismo se especuló con Borges). En vuestro caso llama la atención la rotunda unidad conseguida, hasta tal punto que, sinceramente, pienso que está de más que bajo cada capítulo aparezca el nombre del autor encargado de él.

La costura tanto a nivel narrativo como estilístico de los tres escritores se ha logrado de forma total e imperceptible, sin que en el peplo resultante queden hilos a la vista. Como directora y coordinadora del proyecto a Alicia García-Herrera le ha correspondido esta sutil labor de montaje. Pero cada escritor tiene su diferente manera de contar las cosas, su propio estilo…

¿Te ha costado lograr esta conjunción?
He tenido que invertir algunas horas de trabajo, pasar algo de sueño y sacrificar tiempo de ocio para dar unidad a la obra pero tanto Alfredo como Andrés me lo han puesto muy fácil. Son grandes profesionales y además tienen mucha paciencia. También me apoyan y alientan porque no faltan los momentos bajos cuando la presión es alta. Agradezco infinitamente que hayan confiado en mi criterio, a pesar de ser algo más joven y tener menos experiencia y publicaciones que ellos.

¿Tuviste algún problema con los otros autores, tanto a la hora del reparto de los cantos, como cuando llegó el momento de juntarlos?

Jugaba con fichas blancas. Quiero decir que trabajar con personas a las que no solo quieres sino que también admiras ha sido un verdadero regalo al que se suma la satisfacción por el resultado obtenido. Adaptar una Odisea de forma pedagógica ha sido un reto enorme. Sabía que Andrés y Alfredo podían aportar mucho en la parte épica y yo en la parte emotiva, por lo que distribuí el trabajo sobre esta base. No me equivoqué. La simbiosis literaria ha sido perfecta, lo que se ha demostrado en las presentaciones. Es algo que me produce un gran orgullo.

Por lo que respecta a la parte visual, sabía que Kolo podía hacer lo que ha hecho. Sus ilustraciones son absolutamente originales. Aunque ha tenido absoluta libertad creativa hemos estado en conexión permanente y ha reflejado a la perfección todo lo que hemos querido decir. Ojalá se agote la edición y podamos incorporar más imágenes.


La única supresión respecto al texto original ha sido la «Telemaquía», esos cuatro cantos iniciales protagonizados por el hijo de Ulises.

¿Podrías explicarme a qué se debe, y si resultó polémico tomar esta decisión?

«La Odisea» tiene un tratamiento peculiar del tiempo. Por una regla técnica, no se pueden contar dos historias a la vez, lo que sucede en Ítaca y lo que sucede  durante el regreso de Ulises. Decidimos centrarnos solo en el nostos, en el regreso. Al fin y al cabo «La Odisea» es la historia de un nostos, del regreso de uno de los héroes de Troya. El profesor Melero, a quien tanto agradecemos su apoyo, estuvo de acuerdo en ello.

Sería arduo elegir una aventura de Ulises como momento cumbre de la adaptación. Pero yo vuelvo a quedarme con todo lo que acontece en la cueva del cíclope y con la astuta manera que discurre Ulises para salir de ella.

¿Puedes decir tu momento preferido de esta adaptación de «La Odisea»?

Yo me quedaría con el encuentro entre Ulises y Aquiles en el Hades. Justo en ese instante se contraponen «La Ilíada» y «La Odisea», el canto a la gloria inmortal tras la muerte y el canto a la vida con todo lo que esta representa, placer y dolor. Este encuentro es en esencia lo que justifica el final posible que hemos incorporado, una licencia apoyada en las fuentes y en la propia evolución del personaje. Es previsible que Ulises, que ha elegido la vida y no la gloria, decida no conformarse una vez que llega a Ítaca con su futuro previsible, representado por Laertes, su espejo.

3. El futuro ya está aquí.


¿Habrá adaptaciones de otras obras de la literatura clásica?

Es una posibilidad, desde luego, y muy real. Nos encanta la épica y estoy segura de que también gustará a muchos de nuestros jóvenes y a otros que no lo son tanto. Ahí están Jasón y los Argonautas. Sería estupendo dar a conocer este nuevo superhéroe, como antes di a conocer a Orfeo, a Teseo, Perseo y a Aquiles. También me gustaría seguir trabajando con personas comprometidas con esta maravillosa causa, como ha sucedido ahora. Ya tengo algunos nombres en mente si hay una próxima ocasión y no fallan las fuerzas.

¿Puedes decirme si alguna labor literaria te ocupa en estos momentos o si, por el contrario, vives volcada en la promoción de esta adaptación?

Estoy revisando ya por tercera vez el manuscrito de mi nueva novela, de base histórica, un trabajo de setecientas páginas que nació hace dos años en el palacio de Malferit, durante el taller literario de Sebastián Roa. Aunque no es la primera novela que escribo sí que es la primera que deseo publicar si algún editor arriesgado confía en mi producto, en mi marca y en mi capacidad de trabajo. Si así sucede, habré logrado llegar por fin a Ítaca o encontrar el Grial, con todo lo que eso significa.


nació en Bilbao en 1966 y es diplomado en Relaciones Laborales y máster en Prevención (especialidad Seguridad e Higiene en el Trabajo). Residió un año en Buenos Aires tras ser becado por el Gobierno Vasco para llevar a cabo un trabajo sobre la legislación laboral argentina. En la actualidad se dedica en exclusiva a escribir guiones cinematográficos y a la literatura. En 2015 ha editado con Ediciones Oblicuas su primera novela, “Alcohol de 99º”. Recientemente ha terminado “Prosas para eunucos”, un libro de relatos en busca de editorial. Además de para Cita en la Glorieta, también reseña para las revistas Calibre. 38 y Moon Magazine.