Lecciones de Medicina para escritores (7), por Osvaldo Reyes

MEDICINA PARA ESCRITORES 
por Osvaldo Reyes
Lección 1: La bala asesina
Lección 2: Sangre
Lección 3: De abortos y golpes
Lección 4: El dulce veneno del asesinato
Lección 5: El conocimiento es poder
Lección 6: Todo está conectado
Lección 7: No te recuerdo
Lección 8: Conversaciones con la muerte
Lección 9: La huella perdida
Lección 10: El peso del agua

La lección de anatomía del Dr. Nicolaes Tulp
(Rembrandt)

Lección 7: No te recuerdo
por Osvaldo Reyes
Uno de los primeros lugares en mi listado de situaciones literarias que me desesperan es estar disfrutando un buen libro, devanar mi cerebro tratando de analizar las pistas de la historia, para así ganarle al autor y descubrir la verdad antes de la última página, tan solo para llegar al esperado desenlace y descubrir… que el asesino es el héroe de la trama, solo que sufría de amnesia.

He perdido la cuenta de cuantos libros recurren a ese artilugio. En algunos, la trama está bien justificada y sobrevive el juicio científico. En otros, bueno, en otros deja mucho que desear.

La tendencia no es nueva. Muchas películas noir de la década de los cuarenta usaron a la amnesia como herramienta dramática en la trama. Algunos clásicos incluyen a Alfred Hitchcock con “Recuerda” (Spellbound, 1946), la historia de un hombre (Gregory Peck) que se hace pasar por el doctor que no recuerda haber matado, y a “En algún lugar de la noche” (Somewhere in the night, 1946), donde un soldado que regresa de la II Guerra Mundial, sufriendo de amnesia debido a las heridas de una explosión, se ve involucrado en la búsqueda de un tesoro nazi. En esta década tenemos ejemplos como “La chica en el tren” de Paula Hawkins, la “Identidad Bourne” de Robert Ludlum, “No recuerdo si lo hice” de Alice LePlante o “El imperio de los lobos” de Jean-Christophe Grangé.

¿Cuál es el problema? La amnesia es una condición verdadera y la gente pierde la memoria. No hay nada malo en eso, ¿verdad?

Sería cierto, si no fuera porque la amnesia, como es representada en estos libros, muchas veces está completamente equivocada.

Veamos algunos ejemplos. Una mujer se golpea la cabeza al chocar su auto contra un árbol y pierde la capacidad de recordar eventos a partir de ese punto. Se acuerda perfectamente de todo lo que pasó antes, pero al dormir, su memoria del día desaparece y despierta como si fuera el día del accidente. Si les suena familiar, es porque lo es. Lo malo, el sueño no es el momento donde los recuerdos se borran. En realidad, es el momento donde se consolidan. Además, una vez la persona pierde la memoria de esta manera, su capacidad de recordar eventos del pasado se verá afectada también.

Y los problemas no se detienen allí. La posibilidad de perder la memoria por culpa de un golpe en la cabeza es minúscula y la de recuperarla con otro golpe, casi imposible. El tipo de trauma con la capacidad de producir este daño dejaría muchas otras secuelas. La víctima de un accidente menor puede perder, a lo sumo, los recuerdos de un par de días antes del evento, pero no quedará con una secuela permanente.

Otro caso. Un hombre se ve involucrado en un accidente y al ser rescatado de las frías aguas de un lago, es incapaz de recordar quién es. Tiene una vida normal a partir de ese punto, hasta que un misterioso equipo de asesinos lo empieza a perseguir y él no sabe la razón. Lo sé, también suena familiar. Lo malo, la pérdida de la memoria a largo plazo se asocia más con traumas psicológicos que físicos. Un niño sometido a las torturas de un padre abusivo podría olvidar su pasado, en un mecanismo de defensa para olvidar el terror vivido, pero la extensión podría alcanzar hasta su habilidad de hablar.

¿Quieren algo real? En agosto de 1953, Henry Molaison (quien sería conocido a partir de ese momento como el sujeto HM), es sometido a una cirugía experimental para reducir sus frecuentes convulsiones. Con 27 años de edad, el neurocirujano removió el área conocida como hipocampo de sus dos lóbulos temporales. Al despertar, HM no recordaba nada de su pasado en un periodo de tiempo de 11 años. Para él, sus recuerdos terminaban a los 16 años. A partir de ese punto, todo había desaparecido, aunque los previos no escaparon indemnes. HM fue sujeto de estudios por décadas y murió a los 82 años, con una inteligencia conservada, amable y agradable, pero incapaz de formar nuevos recuerdos. Si conocía a alguien nuevo, lo olvidaba apenas la persona desaparecía de su campo visual. Perdió la capacidad de recordar bien fechas importantes, como su propio cumpleaños, pero si mantuvo la capacidad de aprender habilidades motoras nuevas, aunque después no recordara como las había adquirido. Y todo esto fue el resultado de la remoción quirúrgica completa de su hipocampo (una cirugía que desde ese día, cuando se descubrió su papel en la formación de los recuerdos, está proscrita).
   
Si van a usar el argumento de la pérdida de la memoria, por favor recuerden que las cosas no son tan sencillas como las pintan en las películas. Hay muchas formas de adaptar la realidad a la trama de su libro, sin tener que recurrir a un golpe en la cabeza para borrar el pasado de su personaje.

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Osvaldo Reyes (Panamá, 1971)
estudió medicina en la Universidad de Panamá y luego se especializó en Ginecología y Obstetricia en la Maternidad María Cantera de Remón. Actualmente labora como médico especialista en la Maternidad del Hospital Santo Tomás, donde también ejerce funciones como Coordinador de Investigaciones. Es profesor de la Cátedra de Obstetricia de la Universidad de Panamá y miembro del Sistema Nacional de Investigadores.
 

Ferviente lector y escritor del género negro, con ocho libros (El Efecto Maquiavelo, En los umbrales del Hades, Pena de muerte, La estaca en la cruz, Sacrificio, El canto de las gaviotas, El cactus de madera y Asesinato en Portobelo) y dos colecciones de cuentos (13 gotas de sangre y 13 candidatos para un homicidio) publicados a la fecha. Sus relatos forman partes de diferentes antologías (Escrito en el agua, Pólvora y sangre, Círculo de Lovecraft # 9) y es ganador del Primer Premio de Narrativa Corta (2017) del Panama Horror Film Fest. Osvaldo Reyes coordina la jornada dedicada al género negro en Latinoamérica de nuestra Semana Negra en la Glorieta