Fragmentos de Progenie, de Susana Martín Gijón

Como adelanto de la mesa redonda «De novela de género a novela negra, ¿qué ha cambiado? Evolución de la novela negra», que el próximo jueves 26 de noviembre moderará Rita Piedrafita en nuestra VII Semana Negra, os ofrecemos unos fragmentos de «Progenie» (Alfaguara, 2020), la última novela de Susana Martín Gijónquien será una de las tres escritoras que acompañarán a Rita en nuestra mesa redonda
 


Fragmentos de «Progenie», de Susana Martín Gijón
escogidos por Javier Alonso García-Pozuelo
    Quizá cuando menos sola estuvo Soledad fue cuando se hartó de esperar a recibir de vuelta algo de aquel afecto que ella volcaba en los demás. Cuando pasó de quienes la malquerían y dedicó sus energías a preocuparse por sí misma de una puñetera vez. Pero quien se cría desde la cuna con un rol asignado acaba volviendo a él por mucho empeño que haya puesto en cambiar, por mucho psicoanálisis en el que se haya dejado los cuartos, muchos libros de autoayuda que haya subrayado y mucho mamón al que haya tenido que aguantar hasta entender cómo funciona el mundo. Como cuando te pasas media hora desenredando el cable de los auriculares y a los dos días te encuentras con la misma maraña embrollada otra vez.
***
   Lupe empieza a irritarse, pero no es mujer a la que le falten recursos. Cambia el tono por uno mucho más sugestivo.
   —Si me decís algo de esa mujer, os enseño la pistola —se levanta el bajo de la camisa y, con una sonrisa zalamera, acaricia la funda donde porta el arma.
   —Oh, nos enseña la pistola —se mofa el que ejerce de jefecillo.
   —Mi padre tiene una como las de los maderos —presume una cría, la única del grupo.
   —El mío tiene una escopeta —se jacta otro.
   —¡Mejor enséñanos las tetas!
   La propuesta ha llegado de un chico que no pasa de los seis años, y todos estallan en risas.
   —Enséñanos las tetas o te meto la escopeta.
***
   —Igual era una historia reciente, la vecina tampoco tiene por qué saberlo todo.
   —Ella sí —a Pascual se le ve muy convencido. Encarni le recuerda a sus tías mayores. No había detalle que se les escapara de todo el vecindario.
   —O eran discretitos. Follaban en silencio y la vecina no se enteraba.
   —Ya está bien —Camino ve que empiezan a irse por las ramas—. Además, hay gente a la que no le gusta que los amantes pasen la noche en su casa.
   Lo ha dicho impostando indiferencia, pero todos conocen la afición de la inspectora al sexo sin compromiso tanto como su miedo al compromiso en sí. Y callan, porque a todos les ha venido la misma idea a la cabeza, y no, no quieren imaginarse a su jefa en esas lides. Por mucho que esa afición sea objeto habitual de la rumorología en la brigada.
***
   Relee de nuevo la conversación de wasap del lunes. En ella, Alonso le decía lo mismo que hoy: que esa noche no podían verse. Un regusto amargo le sube desde el estómago. Hacía mucho que no lo sentía, pero lo reconoce muy bien, porque ese sabor nunca se olvida. Es el sabor del miedo.
   Y es que ahora Nerea tiene una única pregunta en su mente, que la martillea una y otra vez: ¿hasta qué punto puede estar ciega una mujer enamorada?
***
   —¿Es de los que no leen a mujeres?
   —¿Por qué dice eso? ¿Me toma por un misógino?
   —Yo no le tomo por nada. Usted me habla de escritores, y yo le pregunto por escritoras. Estamos manteniendo una simple charla, relájese.
   —Pues sí, claro que leo a mujeres. Margaret Atwood. Alice Munro. Clarice Lispector. Sue Grafton. Fred Vargas. ¿Quiere más?
   La inspectora se encoge de hombros, como si le diera igual su respuesta.
   —No conozco a ninguna.
   —Entonces es usted a quien no le gusta leer.
   —No, es que no leo a mujeres. Me aburren, son demasiado emocionales.
   Alonso no da crédito. Intuye que le está tomando el pelo, pero no sabe para qué.


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Prescriptora para los oficiales, bloguera para la mayoría, influencer para los exagerados y simplemente lectora para los sensatos.

Amando las letras elegí las ciencias, y a partir de aquí, tú, amante de los libros, rellenas.

Da igual alta o baja, guapa o fea, de ciencias o letras… Lo único importante es que leo, leo y leo.

Y me encanta que leas junto a mí
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