Mostrando entradas con la etiqueta Marco Denevi. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Marco Denevi. Mostrar todas las entradas
«Microrrelatos escogidos» por Ana Grandal (XX)
La siguiente selección de microrrelatos ha sido escogida para CITA EN LA GLORIETA por Ana Grandal, licenciada en Ciencias Biológicas, traductora científica y escritora.
ARAÑAZOS
Alberto García-Teresa
Alberto García-Teresa
Oigo arañazos entre los muros de la pared.
Qué extraño.
Pero acabo de recordar que no le di la pastilla de la mañana a mi marido.
Qué extraño.
Pero acabo de recordar que no le di la pastilla de la mañana a mi marido.
Esa dulce sonrisa que te dejan los gusanos
EL HOGAR
István Örkény
István Örkény
La niña sólo tenía cuatro años. Sus recuerdos, probablemente, ya se habían desvanecido, y su madre, para concienciarle del cambio que las esperaría, la llevó a la cerca de alambre de espino; desde allí, de lejos, le enseñó el tren.
—¿No estás contenta? Ese tren nos llevará a casa.
—Y entonces ¿qué pasará?
—Entonces ya estaremos en casa.
—¿Qué significa estar en casa? —preguntó la niña.
—El lugar donde vivíamos antes.
—¿Y qué hay allí?
—¿Te acuerdas todavía de tu osito? Quizás encontremos también tus muñecas.
—Mamá, ¿en casa también hay centinelas?
—No, allí no hay.
—Entonces, de allí ¿se podrá escapar?
—¿No estás contenta? Ese tren nos llevará a casa.
—Y entonces ¿qué pasará?
—Entonces ya estaremos en casa.
—¿Qué significa estar en casa? —preguntó la niña.
—El lugar donde vivíamos antes.
—¿Y qué hay allí?
—¿Te acuerdas todavía de tu osito? Quizás encontremos también tus muñecas.
—Mamá, ¿en casa también hay centinelas?
—No, allí no hay.
—Entonces, de allí ¿se podrá escapar?
Cuentos de un minuto
El crimen que cometió quizá fue tan atroz que no se conformaron con ahorcarlo, con darle una muerte enorme, sino que además lo arrojaron a la turbera para que desapareciese para siempre, para borrar su vida.
Casi tres mil años después la turbera lo devuelve casi intacto. Vemos las huellas de la soga en su cuello, las meticulosas señales de su muerte, y nos llenamos de compasión por alguien que tal vez no tuvo piedad.
Hoy nadie sabe quiénes fueron los que trataron de que no hubiese existido nunca. Nadie los recuerda. Solo él ha sobrevivido.
Casi tres mil años después la turbera lo devuelve casi intacto. Vemos las huellas de la soga en su cuello, las meticulosas señales de su muerte, y nos llenamos de compasión por alguien que tal vez no tuvo piedad.
Hoy nadie sabe quiénes fueron los que trataron de que no hubiese existido nunca. Nadie los recuerda. Solo él ha sobrevivido.
LA NOCHE/1
Eduardo Galeano
Eduardo Galeano
No consigo dormir. Tengo una mujer atravesada entre los párpados. Si pudiera, le diría que se vaya; pero tengo una mujer atravesada en la garganta.
El libro de los abrazos
SIN TÍTULO
Max Aub
Max Aub
Soy peluquero. Es cosa que le sucede a cualquiera. Hasta me atrevo a decir que soy buen peluquero. Cada uno tiene sus manías. A mí me molestan los granos.
Sucedió así: me puse a afeitar tranquilamente, enjaboné con destreza, afilé mi navaja en el asentador, la suavicé en la palma de mi mano. ¡Yo soy un buen barbero! ¡Nunca he desollado a nadie! Además aquel hombre no tenia la barba muy cerrada. Pero tenía granos. Reconozco que aquellos barritos no tenían nada de particular. Pero a mí me molestan, me ponen nervioso, me revuelven la sangre. Me llevé el primero por delante, sin mayor daño; el segundo sangró por la base. No sé qué me sucedió entonces, pero creo que fue cosa natural, agrandé la herida y luego, sin poderlo remediar, de un tajo, le cercené la cabeza.
Sucedió así: me puse a afeitar tranquilamente, enjaboné con destreza, afilé mi navaja en el asentador, la suavicé en la palma de mi mano. ¡Yo soy un buen barbero! ¡Nunca he desollado a nadie! Además aquel hombre no tenia la barba muy cerrada. Pero tenía granos. Reconozco que aquellos barritos no tenían nada de particular. Pero a mí me molestan, me ponen nervioso, me revuelven la sangre. Me llevé el primero por delante, sin mayor daño; el segundo sangró por la base. No sé qué me sucedió entonces, pero creo que fue cosa natural, agrandé la herida y luego, sin poderlo remediar, de un tajo, le cercené la cabeza.
Crímenes ejemplares
Leímos todo cuanto había sido escrito sobre el amor. Pero cuando nos amamos descubrimos que nada había sido escrito sobre nuestro amor.
Ana Grandal es licenciada en CC. Biológicas y ejerce como traductora científica freelance desde 1996. Entre otros, ha traducido los libros de divulgación Los orígenes de la vida (Freeman Dyson, Cambridge University Press, 1999), El comportamiento altruista (Elliott Sober y David Sloan Wilson, Siglo XXI, 2000) e Inteligencia emocional infantil y juvenil (Linda Lantieri, Santillana, 2009) y la compilación de poesía incluida en Mina Loy. Futurismo, Dadá, Surrealismo (La Linterna Sorda, 2016). Cuenta con varios premios literarios, que incluyen el V Concurso de Relato Corto del Ayto. de Monturque (2004) y el XIII Premio de Narrativa Miguel Cabrera (2006). Ha publicado la colección de microrrelatos Te amo, destrúyeme (Amargord Ediciones, 2015). Coedita con Begoña Loza la colección de relatos La vida es un bar (Vallekas) (Amargord Ediciones, 2016), en donde también participa como autora. Colabora en las revistas digitales La Ignorancia y La Charca Literaria. En su faceta musical, toca la flauta travesera en los grupos de rock VaKa y Los Vitter del Kas.
Puedes leer una selección de microrrelatos de su libro «Te amo, destrúyeme», publicado por Amargord Ediciones en 2015, pinchando en la imagen.
TAL VEZ TE INTERESE:
| MICRORRELATOS DE AMOR Y DESAMOR (I) «El profesor» de Jean-Paul Richter, «Locura de amor» de Isabel Cienfuegos, «Perder la cabeza» de Rodolfo Lobo Molas, «El tabaco mata» de... LEER entrada. |
| MICRORRELATOS DE AMOR Y DESAMOR (II) «Reconciliación» de María José Barrios, «Amor» de Jorge Timossi, «Despecho» de Andrés Neuman, «Amor 77» de Julio Cortázar, «Mitiline» de... LEER entrada. |
| TE AMO, DESTRÚYEME «Afrodita», «Cobardía», «El hombre cebolla», «La felicidad» y «Para acordarme siempre», cinco microrrelatos incluidos en Te amo, destrúyeme, de Ana Grandal. LEER entrada. |
Microrrelatos de autores argentinos (II) Marco Denevi - Leopoldo Lugones
VERITAS ODIUM PARIT
Marco Denevi
Marco Denevi
—Traedme el caballo más veloz —pidió el hombre honrado—. Acabo de decirle la verdad al rey.
HABLE CON ELLA
Leonardo Dolengiewich
Leonardo Dolengiewich
Mamá me explica que esos ruidos que escucho por las noches son las almas de mis abuelos, que me protegen. Papá, en cambio, me dice que debe ser el viento.
Cuando le comento lo que dice mamá, papá se enoja y me grita que no puede ser, que mi madre no podría decirme eso. Yo no entiendo cómo puede estar tan seguro, si hace años que no habla con ella.
Desde que la enterramos, mamá sólo me visita a mí.
Cuando le comento lo que dice mamá, papá se enoja y me grita que no puede ser, que mi madre no podría decirme eso. Yo no entiendo cómo puede estar tan seguro, si hace años que no habla con ella.
Desde que la enterramos, mamá sólo me visita a mí.
LA NOCHEBUENA DEL LAZARILLO
Eduardo Gudiño Kieffer
Eduardo Gudiño Kieffer
En ello estaba cuando alguien puso su mano sobre mi hombro, y escuchar pude una voz que me decía: “Tú, mozo, ¿no sabrás acaso dónde encontrar posada?” Vuestra Merced crea, cuando esto oí, que estuve a punto de caer de mi estado, no tanto de hambre como de miedo. Volvíme y vi que el que así me hablaba era sin duda un hebraizante, por su ropa y por su continente. Plugo entonces al Señor librarme de todo temor, y alumbrado por el Espíritu Santo respondí que sí. Porque al ver detrás de aquel hombre a la más hermosa y casta de las mujeres, percáteme de que no eran sino San José y la Santísima Virgen, que como hace muchos años y en lueñes tierras buscaban un lugar dónde alojarse para que María alumbrase.
Entréme en el lugar donde la parida estaba adorando al Niño, para ser yo el primero en contemplar la maravilla. ¡Oh, gran Dios, quién estuviera a aquella hora sepultado, que muerto del susto ya lo estaba! Porque no había solo un niño sino dos, dos rollizos infantes recién nacidos, dos preciosos llorones, dos querubines rubios. ¡La Virgen había tenido mellizos! Y puédese pensar que me equivoqué, pero era el venticuatro de diciembre a medianoche y yo no había bebido ni el más pequeño jarrillo de vino. Por eso digo que debe ser cosa del demonio, para que yo no determine arrimarme a los buenos.
Entréme en el lugar donde la parida estaba adorando al Niño, para ser yo el primero en contemplar la maravilla. ¡Oh, gran Dios, quién estuviera a aquella hora sepultado, que muerto del susto ya lo estaba! Porque no había solo un niño sino dos, dos rollizos infantes recién nacidos, dos preciosos llorones, dos querubines rubios. ¡La Virgen había tenido mellizos! Y puédese pensar que me equivoqué, pero era el venticuatro de diciembre a medianoche y yo no había bebido ni el más pequeño jarrillo de vino. Por eso digo que debe ser cosa del demonio, para que yo no determine arrimarme a los buenos.
*
LA MANO
David Lagmanovich
David Lagmanovich
No
la había perdido, pero le había quedado inútil como una flor tronchada.
El soldado la miró con lástima y se preguntó qué podría hacer ahora con
ella. Luchar contra los infieles ya no, pues necesitaba la fuerza de
las dos manos. Necesitaba buscar otro camino y encontrar una fortaleza
nueva, se dijo. Pensó entonces en escribir un libro y entrevió que eso
podría otorgarle alguna nombradía. ¿Conseguiría el favor del Duque de
Béjar?¿Protegería este alto señor al desconocido soldado Miguel de
Cervantes? Nada se perdía con probar.
*
HIROSHIMA
Rodolfo Lobo Molas
Rodolfo Lobo Molas
En segundos todo fue un caos indescriptible. La vida aparentaba haber desaparecido. Ella se sacudió el polvo que la cubría y se levantó de entre las ruinas: sus ojitos azorados vieron el espanto. De pronto asomó otra cucaracha y juntas se escabulleron por entre los escombros.
*
EL ESPÍRITU NUEVO
Leopoldo Lugones
Leopoldo Lugones
En un barrio mal afamado de Jafa, cierto discípulo anónimo de Jesús disputaba con las cortesanas.
-La Magdalena se ha enamorado del rabí -dijo una.
-Su amor es divino -replicó el hombre.
-¿Divino?... ¿Me negarás que adora sus cabellos blondos, sus ojos profundos, su sangre real, su saber misterioso, su dominio sobre las gentes; su belleza, en fin?
-No cabe duda; pero lo ama sin esperanza, y por esto es divino su amor.
-La Magdalena se ha enamorado del rabí -dijo una.
-Su amor es divino -replicó el hombre.
-¿Divino?... ¿Me negarás que adora sus cabellos blondos, sus ojos profundos, su sangre real, su saber misterioso, su dominio sobre las gentes; su belleza, en fin?
-No cabe duda; pero lo ama sin esperanza, y por esto es divino su amor.
*





