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Microrrelatos de Rogelio Dalmaroni

Os ofrecemos cinco microrrelatos del escritor argentino Rogelio Dalmaroni (Misiones, 1953), tres de ellos incluidos en "Final Abierto" (2014) y dos inéditos. Publicamos estos microrrelatos con permiso del autor. 


DOS BUENAS NOTICIAS PARA PEDRO
Rogelio Dalmaroni
Dejó de fumigar apenas comenzó, porque sintió un fuerte dolor de cabeza; no era la primera vez. Caminó a su casa con la visión borrosa. 
 

Tomó mucha agua y se acostó, no podía mantenerse en pie.
 

Al rato, quiso levantarse para terminar la fumigación y darle de comer a los chanchos, pero no pudo.  Respiraba cada vez con más dificultad.
 

Le pareció escuchar una camioneta.
 

Sintió una fuerte opresión en el pecho.
 

Recordó que María había sentido lo mismo antes de morir. 
 

Tuvo convulsiones y vomitó. Entró en coma.
 

El ingeniero golpeó la puerta. Dejó el veneno en la galería  y se fue a la plantación a buscar a Pedro. Quería darle dos buenas noticias: el aumento en el precio del tabaco y la beca escolar de la empresa para su hijo. 

Final Abierto

RUTINA
Rogelio Dalmaroni
Se levantó el domingo media hora más tarde que el resto de la semana,  preparó el desayuno, le dio de comer a los gatos y a la perra, recogió el diario en el buzón, se sentó debajo del limonero a leer: primero el pronóstico del tiempo, después el horóscopo, luego el obituario para ver si había conocidos.

“Ricardo Iribarne falleció el  12 de enero de 1948. Será enterrado hoy a las 16 h”.

No sabía que había otro Iribarne…, pensó.
 

Buscó en la guía telefónica y no encontró su apellido. Llamó a la funeraria y le confirmaron que estaban velando a Ricardo Iribarne; pidió entonces para hablar con algún familiar; cuando escuchó la voz llorosa de su hija prefirió no responder.
 

Sacó del placar el traje de hilo blanco del casamiento y lo puso sobre la cama.
 

Volvió al limonero y siguió leyendo el diario, a las 12 almorzó, luego durmió la siesta hasta las 15:30, se dio un baño y acompañó el traslado de sus restos al cementerio.

Final Abierto

Un entierro en mi pueblo (1920)
– Alfredo Gramajo Gutiérrez –
(Pintor argentino, 1893 - 1961)

FINAL ABIERTO
Rogelio Dalmaroni
«…hambrientas, atraviesan el desierto, las infinitas plantaciones de R2 y  las ciudades vacías, en busca de carne animal o humana. Ya no encuentran. Comienzan a comerse entre ellas.
 

Los últimos humanos sobreviven en plataformas flotantes en las aguas cálidas y oscuras de la Antártida. Están afectados por un retrovirus porcino  y les avanza una parálisis muscular».

Estaba cerrando el cuento, pero decide descansar y continuar al otro día.
 

Tiene un extraño presentimiento. Se levanta y camina hacia la ventana lentamente, como no queriendo llegar a ella.
 

Al abrirla… se encuentra con millones de ellas… a pocos metros.
 

Desesperado intenta volver al escritorio, pero el orín de una de las hormigas lo paraliza y rápidamente lo devoran. 

Final Abierto

OTOÑO EN PARÍS
Rogelio Dalmaroni
Con sesenta años y unos kilos de más, aunque aún atractiva, a Josefina le estaba ocurriendo lo previsible, sus clientes de años dejaron de llamarla y en La Biela, a donde iba todas las mañanas, ya nadie buscaba levantarla.

Acepta la invitación de Pierre para visitarlo en París; un diplomático retirado, viudo, con el que había tenido una relación sentimental en Buenos Aires hace varios años.

Se encontraron para almorzar en Le Grand Véfour.

Era un luminoso día de mayo.

Él estaba envejecido, con 74 años, pero conservaba la pinta y seguía siendo tan agradable como cuando lo conoció.

Ella estaba ilusionada, se sentía muy bien con él.
 

Pierre se percató de que la mujer de la mesa de al lado se dejó olvidado su bolso y llamó al mozo para avisarle.

Estalla la bomba
.

SIN TÍTULO
Rogelio Dalmaroni
Después que se arrojó por la ventana y cayó dislocado sobre el asfalto; su padre, que era muy meticuloso, bajó inmediatamente para acomodarle el cuerpo, limpiarle la cara de sangre y abotonarle el saco; antes que se llenara de curiosos.

«Microrrelatos escogidos» por Ana Grandal (XVIII)

La siguiente selección de microrrelatos ha sido escogida para CITA EN LA GLORIETA por Ana Grandal, licenciada en Ciencias Biológicas, traductora científica y escritora.
 

EL ÁRBOL DEL FUEGO
Hipólito G. Navarro
Es el niño primero de la clase, extraño niño de sobresalientes y matrículas. Por las tardes abunda en su sustancia, y en el parque soslaya la facilidad de los cerezos y los arces y trepa, con dificultades, a lo más alto de un árbol de fuego.

Abajo, intuyendo la caída que algún día tendrá que llegar, espera sin prisas otro niño, éste más discreto tras sus gafas: el que fantasea en la clase en el último pupitre bajo el mapa, donde nunca llegan los premios del maestro
.


Los tigres albinos

MILLONES
Rogelio Dalmaroni
Millones de personas van y vienen, se escuchan autos, gritos, puertas que se abren y se cierran, aviones, voces de niños, edificios en construcción, una bella voz de mujer.

El hombre está sentado en el living.

Nadie llama a su puerta
.
Final abierto

SIRENAS
Jorge Dávila Vázquez
Todo bestiario que se precie de tal ha de contar con una sirena. La nuestra es bellísima. Tiene alas como los ángeles. El cuerpo no está cubierto de escamas, sino de pétalos. Es el único caso de una sirena a medias vegetal. Proviene de las tierras y los mares remotos —el de los Sueños, el de las Flores, el de las Voces, el del Vértigo— del Wurden, por eso no tiene voz.

Pero, los marinos que se acercan a ella no la pueden abandonar, porque guarda en su corazón las voces del pasado, las canciones del ayer, los arrullos de la infancia y, mientras los hombres los buscan, reclinados en su pecho de jazmín, pasa el tiempo, y corren sobre ellos las catástrofes y el olvido, con un leve ruido de mares remotísimos, inalcanzables
. 

Cuentos breves y fantásticos


191
Edgar Allan García
Ella amaba al fantasma porque sus palabras eran dulces y a veces, cuando hablaba de amor, estas se encendían como brasas. Ella le escribía poemas y le confiaba su deseo de que estuviera ahí, en carne y hueso, para que probara su carne. Con frecuencia, ella hablaba de él con sus amigos como si en verdad estuviera a su lado, pero al final del día, cuando desconectaba facebook, ella se iba a dormir. Sola, como siempre.

Micro-Bios

POBREZA
Edmundo Valadés
Los senos de aquella mujer, que sobrepasaban pródigamente a los de una Jane Mansfield, le hacían pensar en la pobreza de tener únicamente dos manos.

La minificción en México

Ana Grandal es licenciada en CC. Biológicas y ejerce como traductora científica freelance desde 1996. Entre otros, ha traducido los libros de divulgación Los orígenes de la vida (Freeman Dyson, Cambridge University Press, 1999), El comportamiento altruista (Elliott Sober y David Sloan Wilson, Siglo XXI, 2000) e Inteligencia emocional infantil y juvenil (Linda Lantieri, Santillana, 2009) y la compilación de poesía incluida en Mina Loy. Futurismo, Dadá, Surrealismo (La Linterna Sorda, 2016). Cuenta con varios premios literarios, que incluyen el V Concurso de Relato Corto del Ayto. de Monturque (2004) y el XIII Premio de Narrativa Miguel Cabrera (2006). Ha publicado la colección de microrrelatos Te amo, destrúyeme (Amargord Ediciones, 2015). Coedita con Begoña Loza la colección de relatos La vida es un bar (Vallekas) (Amargord Ediciones, 2016), en donde también participa como autora. Colabora en las revistas digitales La Ignorancia y La Charca Literaria. En su faceta musical, toca la flauta travesera en los grupos de rock VaKa y Los Vitter del Kas.

Puedes leer una selección de microrrelatos de su libro «Te amo, destrúyeme», publicado por Amargord Ediciones en 2015, pinchando en la imagen.


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«Afrodita», «Cobardía», «El hombre cebolla», «La felicidad» y «Para acordarme siempre», cinco microrrelatos incluidos en Te amo, destrúyeme, de Ana Grandal. 
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«Microrrelatos escogidos» por Ana Grandal (XIII)

La siguiente selección de microrrelatos ha sido escogida para CITA EN LA GLORIETA por Ana Grandal, licenciada en Ciencias Biológicas, traductora científica y escritora.
 

43
Edgar Allan García
Nada más romper nuestro noviazgo, vino a llevarse una que otra cosilla que yo suponía que me las había regalado pero que, por lo visto, me las había dado solo mientras estuviera con ella. Se llevó entonces el telescopio con el que ella solía espiar las estrellas, el iPod que me dio en mi cumpleaños y que contenía todas sus canciones preferidas, los electrodos para su dolor de espaldas que me regaló en la última navidad, las tres novelas sobre vampiros que a ella tanto le gustan, el cachorro de cocker spaniel al que bautizó con mi segundo nombre y, tras buscar y rebuscar por toda la casa, terminó por llevarme a mí también que, según ella, no era bueno que me quedara tan solo, pero sobre todo, tan sin ella.

Micro-Bios

DIVIDE Y REINARÁS
Mónica Cazón
Cuando cambiaron la cama ocasional por la cama del departamento de él, creyeron que les había llegado la porción de felicidad que tenían asignada. Comían, jugaban, vivían. Se reconocían en esa pasión repetida y tierna. Gradualmente llegó el invierno y ya la desnudez les incomodaba y la pasión se les escurría en una cena, en reuniones con amigos, en el consabido llenar espacios para no espaciarse; hasta que un día cualquiera, como aquel día que cambiaron de cama, entendieron que la matemática podía ayudarlos.

Pero no. La matemática no los ayudó. Les certificó que se habían sumado las obligaciones, restado las libertades y multiplicado los problemas.

Fue entonces como, sin opción, dividieron los bienes
.
El libro de los abrazos

EL LECTOR
Rogelio Dalmaroni
Luego de unos meses y con algunos cuentos, ilegibles de tan corregidos, la idea de que no tenía sentido continuar escribiendo se volvía más recurrente y agobiante.

Fui perdiendo paulatinamente el entusiasmo.

En otoño comencé a sentir una levedad creciente.

Me fui transformando en un papel, con mis cuentos de mierda.

Me arrugué más y más…me hice un bollo…y caí en el cesto.

En el basural, un cartonero abrió el papel, leyó los cuentos y se emocionó
. 

Final abierto


IN MEMORIAM DR. K.H.G.
Istán Örkény
—Hölderlin ist ihnen unbekannt? (¿Conoce usted a Hölderlin?)—preguntó el Dr. K.H.G. mientras cavaba el foso para el cadáver de un caballo reventado.

—¿De quién habla? —preguntó el centinela alemán.

—Él escribió el Hiperión —explicó el Dr. K.H.G. Le gustaba mucho explicar—. La figura cumbre del romanticismo alemán. Y a Heine, por ejemplo, ¿lo conoce?

—¿Quiénes son esos? —preguntó el centinela.

—Poetas —dijo el Dr. K.H.G.—. ¿Tampoco le suena el nombre de Schiller?

—Sí, me suena —dijo el centinela alemán.

—¿Y el nombre de Rilke?

—También —dijo el centinela alemán y se puso colorado como un pimiento, y le pegó un tiro, sin más, al Dr. K.H.G.


Cuentos de un minuto

MISTERIOS DEL TIEMPO
Alejando Jodorowsky
Cuando el viajero miró hacia atrás y vio que el camino estaba intacto, se dio cuenta de que sus huellas no lo seguían, sino que lo precedían.

Minificción mexicana

Ana Grandal es licenciada en CC. Biológicas y ejerce como traductora científica freelance desde 1996. Entre otros, ha traducido los libros de divulgación «Los orígenes de la vida» (Freeman Dyson, Cambridge University Press, 1999), «El comportamiento altruista» (Elliott Sober y David Sloan Wilson, Siglo XXI, 2000) e «Inteligencia emocional infantil y juvenil» (Linda Lantieri, Santillana, 2009).

Puedes leer una selección de microrrelatos de su libro «Te amo, destrúyeme», publicado por Amargord Ediciones en 2015, pinchando en la imagen.


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