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«Microrrelatos escogidos» por Ana Grandal (XXIV)

La siguiente selección de microrrelatos ha sido escogida para CITA EN LA GLORIETA por Ana Grandal, licenciada en Ciencias Biológicas, traductora científica, escritora y administradora de la página de facebook TOPmicrorrelatos.
 

FORMAS DE PASAR EL TIEMPO
Julia Otxoa
A L.K. después de aquello, le era difícil respirar. Le producía un extremo dolor soportar la existencia propia y la de los demás. Una terrible incógnita, el porqué de todo. Así que sin tener la menor idea de qué hacer con su vida, cogió el primer tren para Dublín, buscó trabajo, conoció a una mujer, se casó y tuvo hijos.

Nota: Todo lo demás, incluido ese dato, puede ser aleatorio, es decir, que bien puede el personaje coger un tren para Oslo, Londres, Barcelona, o no cogerlo. Y también puede no casarse. Es decir, todo es accidental y fortuito, menos el dolor y la angustia, que han de ser fijos
. 


CALIDAD Y CANTIDAD
Alejando Jodorowski
No se enamoró de ella, sino de su sombra. La iba a visitar al alba, cuando su amada era más larga.


8
Edgar Allan García
Augusto Monterroso leyó su cuento, considerado el más pequeño del mundo: «Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba ahí». La gente del auditorio aplaudió encantada, sorprendida ante un objeto tan frágil y refulgente como una miniatura china. Temblando de envidia, un escritor entre el público, le increpó: «¡Eso no es un cuento!, ¿cómo se le ocurre decir que es un cuento?». Augusto pareció dudar un segundo, pero enseguida respondió con aplomo: «Tiene razón, señor, no es un cuento, es una novela». Bajo el estruendo de las risas, el envidioso despertó; para su sorpresa, Augusto Monterroso todavía estaba allí.

333 Micro-bios

LA DESMEMORIA/1
Eduardo Galeano
Estoy leyendo una novela de Louise Erdrich.

A cierta altura, un bisabuelo encuentra a su bisnieto.

El bisabuelo está completamente chocho (sus pensamientos tienen el color del agua) y sonríe con la misma beatífica sonrisa de su bisnieto recien nacido. El bisabuelo es feliz porque ha perdido la memoria que tenía. El bisnieto es feliz porque no tiene, todavía, ninguna memoria.

He aquí, pienso, la felicidad perfecta. Yo no la quiero
. 

El libro de los abrazos

LA FÁBULA DEL CIERVO Y EL ARROYO
Íñigo Pírfano
Se acercó el ciervo a la superficie del arroyo. Se vio reflejado en ella. «¿Cuál de los dos es el real...?», pensó. Y se volvió a sumergir.

Dos veces cuento

LA INCURSIÓN
Víctor García Antón
Anoche, las bandas juveniles hicieron una nueva incursión en nuestro barrio. Entraron en la escuela, en la torre del campanario, en las casas en ruinas del otro lado de la explanada. Unos vecinos les oyeron merodear junto a las placas solares.

Como no obtuvieron nada de valor, lo destrozaron todo.

La autoridad ha venido esta mañana siguiendo el rastro de las bandas juveniles. Ha peinado el barrio puerta por puerta para ver si escondíamos a alguno de ellos en nuestras casas. Ha interrogado a nuestros hijos. Nos ha hecho salir a la calle para realizar los registros.

Como no ha conseguido lo que buscaba, lo ha destrozado todo
.
Volanderas

Ana Grandal es licenciada en CC. Biológicas y ejerce como traductora científica freelance desde 1996. Entre otros, ha traducido los libros de divulgación Los orígenes de la vida (Freeman Dyson, Cambridge University Press, 1999), El comportamiento altruista (Elliott Sober y David Sloan Wilson, Siglo XXI, 2000) e Inteligencia emocional infantil y juvenil (Linda Lantieri, Santillana, 2009) y la compilación de poesía incluida en Mina Loy. Futurismo, Dadá, Surrealismo (La Linterna Sorda, 2016). Cuenta con varios premios literarios, que incluyen el V Concurso de Relato Corto del Ayto. de Monturque (2004) y el XIII Premio de Narrativa Miguel Cabrera (2006). Ha publicado la colección de microrrelatos Te amo, destrúyeme (Amargord Ediciones, 2015). Coedita con Begoña Loza la colección de relatos La vida es un bar (Vallekas) (Amargord Ediciones, 2016), en donde también participa como autora. Colabora en las revistas digitales La Ignorancia y La Charca Literaria. En su faceta musical, toca la flauta travesera en los grupos de rock VaKa y Los Vitter del Kas.

Puedes leer una selección de microrrelatos de su libro «Te amo, destrúyeme», publicado por Amargord Ediciones en 2015, pinchando en la imagen.

Microrrelatos de amor y desamor (V)

La siguiente selección de microrrelatos ha sido escogida para CITA EN LA GLORIETA por Fernando Gómez Lamadrid, fundador de la página de facebook TOPmicrorrelatos.  


EL GOFRE
Beatriz Alonso Aranzábal
Cuando la enfermera le preguntó la edad respondió: “El 16 de julio cumplo cuarenta”. Podía haber añadido: “Nací el día en que un astronauta pisó la luna”, pero tampoco quería darse importancia. Se había hecho un corte en el dedo, en la cocina de casa, y había salido disparado a Urgencias porque notó cómo la cuchilla de la batidora confundía su dedo con el trozo de mantequilla (“¡Por qué se pondría a hacer gofres con una receta alemana!”). Al taxista le dijo que lo llevara a toda velocidad, pero éste al ver dañado un simple dedo puso cara de desprecio: no iba a saltarse él ningún semáforo por tan poca cosa. En el trayecto el pañuelo se fue coloreando de escarlata, y el hombre suspiró: “Mamá”. Mientras esperaba a ser atendido vio a un hombre con una brecha en la cabeza, acompañado de una mujer con cara de haberle dado con el rodillo. Sintió una ligera envidia, no por el golpe, sino por tener a una mujer. Aquel hombre diría a la enfermera: me he chocado con el canto de la puerta. Y ésta pondría cara de: “denúnciala”. Pero todo seguiría igual. Entonces se alegró de no tener mujer. Pero duró poco, porque miró a la enfermera, y se enamoró de ella mientras le tomaba la tensión. Entonces ella le preguntó: “¿Qué le ha pasado?” y el hombre respondió: “Nací el día en que un astronauta pisó la luna”. “Enseguida le atenderá el doctor”, dijo la enfermera antes de cambiar de paciente. Tumbado sobre la camilla y bajo unos focos notaba cómo le cosían el dedo índice. Dolía. “¿Cuántos días tendré que permanecer en el Hospital? Miren que se acerca mi cumpleaños”. “Procure no mojarse el dedo hasta mañana”, le respondieron, y sin darse cuenta estaba ya fuera del hospital. Mientras regresaba a casa se asustó al pensar que la punta del dedo podía haber salido por los aires y la cirugía habría sido harto complicada. Entró a la cocina y decidió seguir batiendo la mantequilla: la sangre sólo había salpicado la encimera. Al fin y al cabo quería merendar un gofre. Estaba solo. Podía hacer lo que le diera la gana.

AMORES CANSADOS
Fernando López
Érase un mascarón que vivió en la proa de un barco viajando a lo largo y a lo ancho de los mares. No hubo rincón ni playa ni paraje alguno que pasara desapercibido a sus ojos ávidos de todo. Pero a lo largo de los años comenzó a sentir el deseo de asentarse en tierra firme, de conocer a alguien que llenara con besos el vacío que no llenaban ya los mares. Para entonces, su hermoso traje azul y sus ojos soñadores habían perdido el color consumidos por la sal.

Cierta vez, en uno de los puertos a que arribó la nave, descubrió en un pequeño escenario de titiritero a una hermosa marioneta que soñaba con viajar. Había vivido siempre en ese puerto mirando llegar y partir los barcos, y había soñado con conocer a alguien que la llevara a recorrer el mundo, a visitar con sus ojos lo que sólo visitaba con la imaginación. El viento marino despeinaba sus cabellos lacios y su cuerpo de madera repetía, mecánicamente, las palabras del titiritero.

Así se conocieron el mascarón y la marioneta. Se besaron. Visitaron la playa cercana y se amaron en la arena, prometiéndose una colección de muñequitos de madera a los que darían un nombre y llevarían a la escuela, ayudarían a crecer y a ser felices. Y así durante varias noches, en las que el barco estuvo anclado en la bahía a la espera de buen tiempo y después durante varios inviernos, hasta que el cansancio del mar y el cansancio de la tierra les trajeron la indiferencia y el desamor
.

VIDAS BREVES (fragmento)
John Aubrey
Richard, Conde de Dorset, se enamoró de la célebre cortesana Mrs. Venetia Stanley, casada con Sir Kenelm Digby. Una vez por año la invitaba a ella y a su marido, y en tal ocasión la contemplaba con mucha pasión y deseo, permitiéndose tan sólo besarle la mano, siempre en presencia de su señor marido.

EL VEREDICTO
Alfonso Reyes
La mujer del fotógrafo era joven y muy bonita. Yo había ido en busca de mis fotos de pasaporte, pero ella no me lo quería creer.
 

–No, usted es el cobrador del alquiler, ¿verdad?
–No, señora, soy un cliente. Llame usted a su esposo y se convencerá.
–Mi esposo no está aquí. Estoy enteramente sola por toda la tarde. Usted viene por el alquiler, ¿verdad?
 

Su pregunta se volvía un poco angustiosa. Comprendí, y comprendí su angustia: una vez dispuesta al sacrificio, prefería que todo sucediera con una persona presentable y afable.
 

–¿Verdad que usted es el cobrador?
–Sí –le dije, resuelto a todo–, pero hablaremos hoy de otra cosa.
 

Me pareció lo más piadoso. Con todo, no quise dejarla engañada y al despedirme le dije:
 

–Mira, yo no soy el cobrador. Pero aquí está el precio de la renta, para que no tengas que sufrir en manos de la casualidad.
 

Se lo conté después a un amigo que me juzgó muy mal:
 

–¡Qué fraude! Vas a condenarte por eso.
 

Pero el Diablo, que nos oía dijo:
 

–No, se salvará.

CALIDAD Y CANTIDAD
Alejandro Jodorowsky
No se enamoró de ella, sino de su sombra. La iba a visitar al alba, cuando su amada era más larga.

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«Microrrelatos escogidos» por Ana Grandal (XIII)

La siguiente selección de microrrelatos ha sido escogida para CITA EN LA GLORIETA por Ana Grandal, licenciada en Ciencias Biológicas, traductora científica y escritora.
 

43
Edgar Allan García
Nada más romper nuestro noviazgo, vino a llevarse una que otra cosilla que yo suponía que me las había regalado pero que, por lo visto, me las había dado solo mientras estuviera con ella. Se llevó entonces el telescopio con el que ella solía espiar las estrellas, el iPod que me dio en mi cumpleaños y que contenía todas sus canciones preferidas, los electrodos para su dolor de espaldas que me regaló en la última navidad, las tres novelas sobre vampiros que a ella tanto le gustan, el cachorro de cocker spaniel al que bautizó con mi segundo nombre y, tras buscar y rebuscar por toda la casa, terminó por llevarme a mí también que, según ella, no era bueno que me quedara tan solo, pero sobre todo, tan sin ella.

Micro-Bios

DIVIDE Y REINARÁS
Mónica Cazón
Cuando cambiaron la cama ocasional por la cama del departamento de él, creyeron que les había llegado la porción de felicidad que tenían asignada. Comían, jugaban, vivían. Se reconocían en esa pasión repetida y tierna. Gradualmente llegó el invierno y ya la desnudez les incomodaba y la pasión se les escurría en una cena, en reuniones con amigos, en el consabido llenar espacios para no espaciarse; hasta que un día cualquiera, como aquel día que cambiaron de cama, entendieron que la matemática podía ayudarlos.

Pero no. La matemática no los ayudó. Les certificó que se habían sumado las obligaciones, restado las libertades y multiplicado los problemas.

Fue entonces como, sin opción, dividieron los bienes
.
El libro de los abrazos

EL LECTOR
Rogelio Dalmaroni
Luego de unos meses y con algunos cuentos, ilegibles de tan corregidos, la idea de que no tenía sentido continuar escribiendo se volvía más recurrente y agobiante.

Fui perdiendo paulatinamente el entusiasmo.

En otoño comencé a sentir una levedad creciente.

Me fui transformando en un papel, con mis cuentos de mierda.

Me arrugué más y más…me hice un bollo…y caí en el cesto.

En el basural, un cartonero abrió el papel, leyó los cuentos y se emocionó
. 

Final abierto


IN MEMORIAM DR. K.H.G.
Istán Örkény
—Hölderlin ist ihnen unbekannt? (¿Conoce usted a Hölderlin?)—preguntó el Dr. K.H.G. mientras cavaba el foso para el cadáver de un caballo reventado.

—¿De quién habla? —preguntó el centinela alemán.

—Él escribió el Hiperión —explicó el Dr. K.H.G. Le gustaba mucho explicar—. La figura cumbre del romanticismo alemán. Y a Heine, por ejemplo, ¿lo conoce?

—¿Quiénes son esos? —preguntó el centinela.

—Poetas —dijo el Dr. K.H.G.—. ¿Tampoco le suena el nombre de Schiller?

—Sí, me suena —dijo el centinela alemán.

—¿Y el nombre de Rilke?

—También —dijo el centinela alemán y se puso colorado como un pimiento, y le pegó un tiro, sin más, al Dr. K.H.G.


Cuentos de un minuto

MISTERIOS DEL TIEMPO
Alejando Jodorowsky
Cuando el viajero miró hacia atrás y vio que el camino estaba intacto, se dio cuenta de que sus huellas no lo seguían, sino que lo precedían.

Minificción mexicana

Ana Grandal es licenciada en CC. Biológicas y ejerce como traductora científica freelance desde 1996. Entre otros, ha traducido los libros de divulgación «Los orígenes de la vida» (Freeman Dyson, Cambridge University Press, 1999), «El comportamiento altruista» (Elliott Sober y David Sloan Wilson, Siglo XXI, 2000) e «Inteligencia emocional infantil y juvenil» (Linda Lantieri, Santillana, 2009).

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