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Reseña de «Los crímenes de la calle Morgue», de Edgar Allan Poe

RESEÑA DE «LOS CRÍMENES DE LA CALLE MORGUE», DE EDGAR ALLAN POE
por Yolanda Rocha Moreno
Recuerdo muy bien la primera vez que me enfrenté a la obra de Edgar Allan Poe. Tenía apenas 11 años y pisaba por primera vez a la Feria del Libro de Madrid. Fascinada por el ambiente y la cantidad de libros pero sin un duro en el bolsillo, mi tía se apiadó de mí y me compró un libro con las obras completas de Poe. A esa edad, en la que mi vida era una sucesión de dolorosas oscuridades, los cuentos de Poe se me clavaron en el alma. Quizá porque en su ambiente tétrico, lúgubre y agobiante me sentía como en casa. El libro sigue conmigo, leído y releído, y en él descubrí a Auguste Dupin y su particular modo de investigar, que me sigue pareciendo un feliz hallazgo.
 

La narración de "Los crímenes de la calle Morgue" no es una novela. Se trata más bien de un relato largo que abre el género policiaco y la novela negra tal y como la conocemos ahora. Poe crea un personaje inolvidable, C. Auguste Dupin, del que el mismísimo Arthur Conan Doyle usó rasgos para crear a su inmortal Sherlock Holmes. Las tres obras protagonizadas por este detective aficionado, “Los crímenes de la calle Morgue”, "El asesinato de Marie Rogêt" y "La carta robada", sientan las bases de las piezas clásicas del género, marcando un equilibrio absoluto de suspense, lógica y detalles narrativos que ayudan a mantener el interés. Poe demostró ser un absoluto innovador y hoy día todas las novelas de crímenes, suspense e investigación criminal deben mucho a esas tres obras.

EDGAR ALLAN POE, UNA VIDA TORTURADA

Nacido en Boston en 1809, está considerado como el mejor autor de cuentos de la historia. Es cierto que su fama se debe más a la literatura de terror y eso a veces empaña sus otras creaciones, que fueron toda una avanzadilla de los nuevos géneros que años más tarde se harían famosos. No sólo comenzó con el género policiaco y de misterio, sino también el de la ciencia ficción y consiguió legiones de lectores fieles que no han hecho más que aumentar. Huérfano desde muy pequeño, fue criado por sus tíos pero nunca tuvo buena relación con su padre adoptivo y la temprana muerte de su tía le sumió en una gran depresión y se convirtió en una de sus obsesiones. Estudió unos años en Inglaterra y volvió a los Estados Unidos para comenzar la universidad. Pero ya entonces bebía demasiado y ese vicio sumado al del juego hizo que fuese expulsado. Su tío le ofreció trabajo pero no duró mucho en él y marchó a Boston a buscarse la vida, publicando allí su primer libro: "Tamerlán y otros poemas".


Se alistó en el ejército y permaneció dos años, durante los cuales publicó un segundo libro de poemas. Gracias a la influencia de su tío consiguió un puesto en la Academia Militar de West Point, pero de nuevo fue expulsado por graves negligencias en el cumplimiento de su deber. Se casa en 1832 con una prima suya de sólo 14 años y empieza a trabajar en un periódico de Baltimore, en el que publicó varios poemas y narraciones suyos. Este trabajo sí le gustaba y tanto empeño puso que se convirtió en el periódico más importante del sur de Estados Unidos. Sus críticas literarias eran feroces y eso le granjeó una importante fama. Durante ese tiempo va perfilando su peculiar estilo y sigue publicando obras como "El escarabajo de oro" o el poemario de "El cuervo y otros poemas", que le llevaron a la cumbre literaria del momento.
 

La muerte de su mujer en 1847 agrava sus problemas con el alcohol y con el consumo de drogas. Tales abusos fueron sin duda la causa de su muerte, sucedida en 1849. Apareció caído en la calle, sin sentido, y falleció sin recuperar la consciencia. Sus miedos, sus angustias, muchas incrementadas por su alcoholismo y su morfinomanía, son la clave de buena parte su creación literaria, como los relatos que hablan del terror a ser enterrado vivo. Pero al margen de esto, fue capaz de crear escenarios únicos y se convirtió en un auténtico genio en la creación de géneros que hasta entonces no existían.

C. AUGUSTE DUPIN, PRECURSOR DE DETECTIVES
"Los crímenes de la calle Morgue" suponen la primera aparición literaria de este detective aficionado. No es un profesional y los motivos por los que ayuda a resolver los crímenes son diferentes en los tres relatos en los que aparece, nunca tiene una única motivación. Su uso del frío raciocinio sumado a una gran inteligencia y a una intuición fuera de lo común, hacen de Dupin un personaje extraordinario del que han bebido todos los detectives creados por las novelas clásicas.
 

Es aficionado a los enigmas, a los acertijos y los jeroglíficos, vive en París y tiene la Legión de Honor del gobierno francés, como se nos irá descubriendo. El método de Dupin, que ahora puede parecernos bastante común, consistía en meterse en la mente del criminal, intentando saber cómo pensaba, y prestar atención a lo que parece banal o accesorio pero que puede tener gran importancia. A Dupin se le considera el primer detective de la literatura y es el prototipo en el que se basaron sus autores para crear a Sherlock Holmes o Hércules Poirot. Incluso Poe utiliza un recurso que posteriormente sería habitual: el las andanzas del detective son narradas por un amigo próximo que le acompaña en sus pesquisas.

Dupin realmente es el germen del género policiaco en la novela y en sus soluciones aporta también la explicación del porqué ha llegado a esa conclusión. Ponía un énfasis especial en el análisis de los hechos y dejaba de lado el común "ensayo y error", tan común en la policía de la época.

 
"LOS CRÍMENES DE LA CALLE MORGUE"


En la calle Morgue, en pleno París, se produce el brutal asesinato de una madre y una hija en su apartamento. La policía apenas acierta a saber qué es lo que ha podido ocurrir: la puerta está cerrada y nadie parece haberla forzado y el apartamento está en un piso alto. Los testimonios de los testigos parecen contradecirse unos a otros, sobre todo en lo relativo a una supuesta extraña voz, de la que no se ponen de acuerdo sobre el idioma en el que hablaba. Auguste Dupin se pone a cargo del asunto llevado por la curiosidad pero también por el reto que supone tratar de exculpar a un hombre inocente. Su investigación es brillante y muy intensa para, al final, dar una explicación tan extraordinaria como real.

Parece ser que Edgar Allan Poe
se inspiró en un caso real recogido en las memorias del famoso inspector de policía parisino Vidoq. De hecho su admiración hacia este servidor de la ley es lo que le hizo crear a Dupin, ya que su biografía le resultó fascinante.

El asesinato de las dos mujeres ha sido cometido con una crueldad brutal. Acuchilladas y desangradas, con abundantes heridas, dan la sensación de haber sido atacadas por alguien con una fuerza fuera de lo común. Pero ¿y la puerta cerrada por dentro? ¿y la imposibilidad de entrar por la ventana al tratarse de un piso alto? Los testimonios hablan de gritos desgarrados, de golpes y de una voz muy extraña que parece hablar en un idioma desconocido. El modo en que el asesino entró en la casa, mató a las dos mujeres y desapareció en la noche se convierte en un misterio que sólo la mente brillante e inquisitiva de Dupin podrá solucionar. Y la verdad será tan sorprendente como inesperada.



Ilustración de Byam Shaw

DISFRUTANDO DE UN CLÁSICO

He vuelto a releer este relato de Poe antes de escribir esta reseña y de nuevo me ha sorprendido la "modernidad" de los argumentos y del modo de plantear la investigación que Dupin, de la mano de
Poe, lleva a cabo. Hoy día quizá pensemos que son lo normal, lo habitual. Que un detective utilice la inteligencia, la observación y el sentido común actualmente parece lo más usual , pero recordemos que en ese momento nadie había usado ese sistema. La investigación policial era un poco estilo "bulldozer", tratando de conseguir confesiones a cualquier precio y sin demasiados métodos deductivos. Pero Dupin llega con una visión nueva, única, sacando petróleo de detalles que han pasado desapercibidos, escuchando lo que hay debajo de las declaraciones de los testigos, lo que de verdad saben.

"Los crímenes de la calle Morgue" es también el primer crimen de los llamados de "habitación cerrada" y el reto es resolver un enigma que parece no tener solución, porque ha tenido lugar en un ámbito muy delimitado. Es el choque entre la brutalidad del asesinato y el uso del frío raciocinio del que hace gala Dupin. Es, además, un relato en el que Poe deja de lado todos los componentes imaginarios y algo fantasmales de otros relatos y se centra en la inteligencia pura enfrentada a un misterio que parece no poder ser solucionado.

Es cierto que el relato tiene un cierto componente morboso, sobre todo en lo relativo en el modo en que se comenten los crímenes, que es especialmente atroz. El lugar, los detalles, las muertes... todo provoca un constante escalofrío que sólo la privilegiada mente de Dupin es capaz de apartar para poner sobre la mesa su razonamiento y sus deducciones. Poe da en el relato muchos datos acerca del estado de los cuerpos, datos que serán recogidos en las páginas de los periódicos parisinos que, en el argumento, recogen el drama y el misterio. Esa profusión de detalles macabros en un cadáver sólo la he encontrado en el prodigioso y aterrador relato "El gato negro", señal de que
Poe sólo usaba ciertos recursos cuando era necesario y no para regodearse.

Dupin demuestra saber escuchar a los testigos. Formula preguntas precisas, escucha, pone las respuestas en orden. En todo momento mantiene la frialdad ante los hechos, por muy crueles que sean. Su amigo, el que escribe lo que sucede (y del que nunca, en los tres relatos de Dupin, sabremos el nombre), aunque ayuda en lo que puede y acompaña al detective amateur en sus pesquisas, parece simplemente quedarse como mero observador de sus artes indagatorias. Un observador admirado, eso desde luego.
 

Es cierto que el estilo de Poe actualmente pueda parecer un poco rebuscado y poco "natural", pero el desarrollo de la acción está llevado con una maestría fuera de toda duda. El personaje de Dupin, con toda su carga de casi inhumana inteligencia, a veces puede parecernos distante o soberbio, pero tenemos que rendirnos a los resultados. Y es toda una curiosidad contemplar cómo trabaja el pionero de los detectives, el que dio su carta de naturaleza a los que ahora consideramos clásicos. A pesar del estilo y la forma de escribir, te sumerges sin dificultad en el ambiente algo sórdido y oscuro de la calle Morgue y solucionar el misterio se convierte en un reto.

Para mí leer a
Poe siempre es una experiencia a la vez perturbadora y atrayente y el personaje de Dupin hace que la lectura se llene de preguntas que sólo él puede contestar. O te encanta o le odias, como suele pasar con los detectives literarios con un carisma tan arrollador, pero no olvidemos que él fue el primero. Animaos a descubrir a un clásico por excelencia: el primero de todos los clásicos.

Este relato ha sido escrito por Yolanda Rocha Moreno para la V SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA.




Yolanda Rocha Moreno es una madrileña enamorada de su ciudad, que vio su primera luz en Chamberí y pasó buena parte de su infancia junto al Rastro y la Plaza Mayor. Lectora precoz, desde siempre ha sentido predilección por la novela policiaca y de misterio. Aunque ha hecho alguna pequeña incursión en la escritura, leer se ha convertido en su principal pasión. Después de colaborar en otros medios, actualmente administra el blog  "Que el sueño me alcance leyendo".
 


El primer traductor de Edgar Allan Poe al castellano

El primer traductor de Edgar Allan Poe al castellano 
El primer relato de Edgar Allan Poe traducido al castellano fue «A Tale of the Ragged Mountains».  Apareció, a comienzos de 1853, con el título de «Una aventura en las montañas Rocheusesen» en la publicación parisina El Correo de Ultramar.   
El primer cuento del bostoniano publicado en el ámbito hispánico es «La semana de los tres domingos». Se incluyó en el periódico madrileño El Museo Universal a principios de 1857 con el título de «Three Sundays in a Week», sin mencionar al traductor y con los nombres de los personajes cambiados.
 
Sin embargo, la primera obra de
Edgar Allan Poe publicada en español no fue un relato sino su poema «The City in the Sea». Se publicó en una edición especial de El Avisador Malagueño en la primavera de 1852, con el título de «La ciudad en el mar». Su traductor fue un malagueño de madre española y padre estadounidense, y su traducción fue publicada de manera póstuma después de que hubiera sido rechazada por varios periódicos locales, entre ellos La Joven Málaga, periódico fundado por Antonio Cánovas del Castillo con apenas 17 años.    
 
Pronto publicaremos en Cita en la Glorieta un artículo sobre la vida del primer traductor de Edgar Allan Poe al español, pero mientras tanto os ofrecemos el poema original del escritor de Boston. Esta versión es la que se incluyó en la 10ª edición de The Poets and Poetry of America (1850) bajo el título de «The City in the Sea»
.

Semana Negra en la Glorieta
 
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The City in the Sea
By Edgar Allan Poe

Lo! Death has rear’d himself a throne
In a strange city lying alone
Far down within the dim west,
Where the good and the bad and the worst and the best
Have gone to their eternal rest.
There shrines, and palaces, and towers,
(Time-eaten towers that tremble not!)
Resemble nothing that is ours.
Around, by lifting winds forgot,
Resignedly beneath the sky
The melancholy waters lie.

No rays from the holy heaven come down
On the long night-time of that town;
But light from out the lurid sea
Streams up the turrets silently—
Gleams up the pinnacles far and free—
Up domes —up spires— up kingly halls—
Up fanes —up Babylon-like walls—
Up shadowy, long-forgotten bowers
Of scultured ivy and stone flowers—
Up many and many a marvellous shrine
Whose wreathéd friezes intertwine
The viol, the violet, and the vine.
Resignedly beneath the sky
The melancholy waters lie.
So blend the turrets and shadows there
That all seem pendulous in air,
While from a proud tower in the town
Death looks gigantically down.

There open fanes and gaping graves
Yawn level with the luminous waves;
But not the riches there that lie
In each idol’s diamond eye—
Not the gayly-jewell’d dead
Tempt the waters from their bed;
For no ripples curl, alas!
Along that wilderness of glass—
No swellings tell that winds may be
Upon some far-off happier sea—
No heavings hint that winds have been
On seas less hideously serene.

But lo, a stir is in the air!
The wave —there is a movement there!
As if the towers had thrown aside,
In slightly sinking, the dull tide—
As if their tops had feebly given
A void within the filmy heaven.
The waves have now a redder glow—
The hours are breathing faint and low—
And when, amid no earthly moans,
Down, down that town shall settle hence,
Hell, rising from a thousand thrones,
Shall do it reverence.



Agradecemos la sugerencia del vídeo al escritor Álvaro Valderas, quien participará en nuestra  VII Semana Negra en la Glorieta con un interesantísimo artículo titulado «¿León?, la novela negra y el mar.»
 

Los orígenes de la novela negra y policíaca

Mañana martes 24 de noviembre, en el marco de la VII SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA, publicaremos el primer capítulo de la serie «La influencia de la medicina en la narrativa policial», que Juan Mari Barasorda ha escrito para Cita en la Glorieta. Os ofrecemos hoy, como adelanto, una recopilación de los trabajos del profesor Barasorda en la sección «LOS ORÍGENES DE LA NOVELA NEGRA Y POLICÍACA».
 
LOS ORÍGENES DE LA NOVELA NEGRA Y POLICÍACA
EN EL ORIGEN DE LA NOVELA POLICIAL (I): 
«En el origen de la novela policial: Lecturas decimonónicas -antiguas y modernas- para lectores detectivescos inquietos», por Juan Mari Barasorda ---> LEER

EN EL ORIGEN DE LA NOVELA POLICIAL (II): 
«Cuando Poe encontró a Dupin en la Calle de Morgue. La historia del primer relato policial», por Juan Mari Barasorda ---> LEER

EN EL ORIGEN DE LA NOVELA POLICIAL (III):
«Inspectores y comisarios. Los detectives profesionales de la novela policial», por Juan Mari Barasorda ---> LEER

EN EL ORIGEN DE LA NOVELA POLICIAL (IV):
«La seducción del "true crime" en la creación de la narrativa policial. De la novela negra al "true crime"», por Juan Mari Barasorda ---> LEER

Puedes acceder al programa de la SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA, festival virtual del género negro celebrado del 21 al 27 de noviembre en el blog de Historia y Literatura CITA EN LA GLORIETA, pinchando AQUÍ.


El primer traductor de Edgar Allan Poe al castellano 
El primer relato de Edgar Allan Poe traducido al castellano fue «A Tale of the Ragged Mountains».  Apareció, a comienzos de 1853, con el título de «Una aventura en las montañas Rocheusesen» en la publicación parisina El Correo de Ultramar.   
El primer cuento del bostoniano publicado en el ámbito hispánico es «
Three Sundays in a Week». Se incluyó en el periódico madrileño El Museo Universal a principios de 1857 con el título de «La semana de los tres domingos», sin mencionar al traductor y con los nombres de los personajes cambiados.
 
Sin embargo, la primera obra de
Edgar Allan Poe publicada en castellano no fue
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Vicente Aleixandre

Vicente Pío Marcelino Cirilo Aleixandre y Merlo (Sevilla, 26 de abril de 1898 - Madrid, 13 de diciembre de 1984) fue un poeta español de la llamada Generación del 27. Elegido académico en sesión del día 30 de junio de 1949, ingresó en la Real Academia Española el 22 de enero de 1950. Ocupó el sillón de la letra O.

Obtuvo el Premio Nacional de Literatura en 1933 por La destrucción o el amor, el Premio de la Crítica en 1963 por En un vasto dominio, y en 1969, por Poemas de la consumación, y el Premio Nobel de Literatura en 1977.

 

Vicente Aleixandre y Málaga

SOY EL DESTINO
Vicente Aleixandre
Sí, te he querido como nunca.
 

¿Por qué besar tus labios, si se sabe que la muerte está próxima,
si se sabe que amar es sólo olvidar la vida,
cerrar los ojos a lo oscuro presente
para abrirlos a los radiantes límites de un cuerpo?

Yo no quiero leer en los libros una verdad que poco a poco 

     sube como un agua,
renuncio a ese espejo que dondequiera las montañas ofrecen,
pelada roca donde se refleja mi frente
cruzada por unos pájaros cuyo sentido ignoro.

No quiero asomarme a los ríos donde los peces colorados 

     con el rubor de vivir,
embisten a las orillas límites de su anhelo,
ríos de los que unas voces inefables se alzan,
signos que no comprendo echado entre los juncos.
 

No quiero, no; renuncio a tragar ese polvo, esa tierra dolorosa, 
     esa arena mordida,
esa seguridad de vivir con que la carne comulga
cuando comprende que el mundo y este cuerpo
ruedan como ese signo que el celeste ojo no entiende.

No quiero no, clamar, alzar la lengua,
proyectarla como esa piedra que se estrella en la frente,
que quiebra los cristales de esos inmensos cielos
tras los que nadie escucha el rumor de la vida.

Quiero vivir, vivir como la hierba dura,
como el cierzo o la nieve, como el carbón vigilante,
como el futuro de un niño que todavía no nace,
como el contacto de los amantes cuando la luna los ignora.

Soy la música que bajo tantos cabellos
hace el mundo en su vuelo misterioso,
pájaro de inocencia que con sangre en las alas
va a morir en un pecho oprimido.

Soy el destino que convoca a todos los que aman,
mar único al que vendrán todos los radios amantes
que buscan a su centro, rizados por el círculo
que gira como la rosa rumorosa y total.

Soy el caballo que enciende su crin contra el pelado viento,
soy el león torturado por su propia melena,
la gacela que teme al río indiferente,
el avasallador tigre que despuebla la selva,
el diminuto escarabajo que también brilla en el día.

Nadie puede ignorar la presencia del que vive,
del que en pie en medio de las flechas gritadas,
muestra su pecho transparente que no impide mirar,
que nunca será cristal a pesar de su claridad,
porque si acercáis vuestras manos, podréis sentir la sangre


«La destrucción o el amor»

***

CIUDAD DEL PARAÍSO
Vicente Aleixandre
A mi ciudad de Málaga
Siempre te ven mis ojos, ciudad de mis días marinos.
Colgada del imponente monte, apenas detenida
en tu vertical caída a las ondas azules,
pareces reinar bajo el cielo, sobre las aguas,
intermedia en los aires, como si una mano dichosa
te hubiera retenido, un momento de gloria,
antes de hundirte para siempre en las olas amantes.

Pero tú duras, nunca desciendes, y el mar suspira
o brama por ti, ciudad de mis días alegres,
ciudad madre y blanquísima donde viví y recuerdo,
angélica ciudad que, más alta que el mar, presides sus espumas.

Calles apenas, leves, musicales. Jardines
donde flores tropicales elevan sus juveniles palmas gruesas.
Palmas de luz que sobre las cabezas, aladas,
mecen el brillo de la brisa y suspenden
por un instante labios celestiales que cruzan
con destino a las islas remotísimas, mágicas,
que allá en el azul índigo, libertadas, navegan.

Allí también viví, allí, ciudad graciosa, ciudad honda.
Allí, donde los jóvenes resbalan sobre la piedra amable,
y donde las rutilantes paredes besan siempre
a quienes siempre cruzan, hervidores, en brillos.

Allí fui conducido por una mano materna.
Acaso de una reja florida una guitarra triste
cantaba la súbita canción suspendida en el tiempo;
quieta la noche, más quieto el amante,
bajo la luna eterna que instantánea transcurre.

Un soplo de eternidad pudo destruirte,
ciudad prodigiosa, momento que en la mente de un Dios emergiste.
Los hombres por un sueño vivieron, no vivieron,
eternamente fúlgidos como un soplo divino.

Jardines, flores. Mar alentando como un brazo que anhela
a la ciudad voladora entre monte y abismo,
blanca en los aires, con calidad de pájaro suspenso
que nunca arriba. ¡Oh ciudad no en la tierra!

Por aquella mano materna fui llevado ligero
por tus calles inerávidas. Pie desnudo en el día.
Píe desnudo en la noche. Luna grande. Sol puro.
Allí el cielo eras tú, ciudad que en él morabas.
Ciudad que en él volabas con tus alas abiertas


«Sombra del paraíso»

*** 
 
El primer traductor de Edgar Allan Poe al castellano 
El primer relato de Edgar Allan Poe traducido al castellano fue «A Tale of the Ragged Mountains».  Apareció, a comienzos de 1853, con el título de «Una aventura en las montañas Rocheusesen» en la publicación parisina El Correo de Ultramar.   
El primer cuento del bostoniano publicado en el ámbito hispánico es «
Three Sundays in a Week». Se incluyó en el periódico madrileño El Museo Universal a principios de 1857 con el título de «La semana de los tres domingos», sin mencionar al traductor y con los nombres de los personajes cambiados.
 
Sin embargo, la primera obra de
Edgar Allan Poe publicada en castellano no fue un relato sino su poema «The City in the Sea». Se publicó en una edición especial de El Avisador Malagueño en la primavera de 1852, con el título de «La ciudad en el mar». Su traductor fue un malagueño de madre española y padre estadounidense, y su traducción fue publicada de manera póstuma después de que hubiera sido rechazada por varios periódicos locales, entre ellos La Joven Málaga, periódico fundado por Antonio Cánovas del Castillo con apenas 17 años.    
 
Pronto publicaremos en Cita en la Glorieta un artículo sobre la vida del primer traductor de Edgar Allan Poe al español, pero mientras tanto os ofrecemos el poema original del escritor de Boston. Esta versión es la que se incluyó en la 10ª edición de The Poets and Poetry of America (1850) bajo el título de «The City in the Sea»
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