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Novelas ambientadas en Madrid (I)

La relación de 5 novelas ambientadas en Madrid que os ofrecemos a continuación ha sido elaborada con las recomendaciones de varios libreros, escritores y editores que colaboran con CITA EN LA GLORIETA

Las novelas seleccionadas abarcan, más o menos, los últimos cien años de nuestra historia. En próximas entregas de «Novelas ambientadas en Madrid» viajaremos a otras épocas más lejanas (siglo XVIII, XIX, Siglo de Oro). 

Muchas gracias a Fernando Gómez Lamadrid y a Javier Torras de Ugarte, que han coordinado la entrada, y a todos los que han colaborado para su publicación.


Saludos, Javier Alonso García-Pozuelo

LA COLMENA
Camilo José Cela
NOTA DEL AUTOR A LA PRIMERA EDICIÓN
 

Mi novela «La colmena», primer libro de la serie Caminos inciertos, no es otra cosa que un pálido reflejo, que una humilde sombra de la cotidiana, áspera, entrañable y dolorosa realidad.

Mienten quienes quieren disfrazar la vida con la máscara loca de la literatura. Ese mal que corroe las almas; ese mal que tiene tantos nombres como queramos darle, no puede ser combatido con los paños calientes del conformismo, con la cataplasma de la retórica y de la poética.
 

Esta novela mía no aspira a ser más —ni menos, ciertamente— que un trozo de vida narrado paso a paso, sin reticencias, sin extrañas tragedias, sin caridad, como la vida discurre, exactamente como la vida discurre. Queramos o no queramos. La vida es lo que vive —en nosotros o de nosotros—; nosotros no somos más que su vehículo, su excipiente como dicen los boticarios.
 

Pienso que hoy no se puede novelar más —mejor o peor— que como yo lo hago. Si pensase lo contrario, cambiaría de oficio.
 

Mi novela —por razones particulares— sale en la República Argentina; los aires nuevos —nuevos para mi— creo que hacen bien a la letra impresa. Su arquitectura escompleja, a mí me costó mucho trabajo hacerla. Es claro que esta dificultad mía tanto pudo estribar en su complejidad como en mi torpeza. Su acción discurre en Madrid —en 1942— y entre un torrente, o una colmena, de gentes que a veces son felices, y a veces, no. Los ciento sesenta personajes que bullen —no corren— por sus páginas, me han traído durante cinco largos años por el camino de la amargura. Si acerté con ellos o con ellos me equivoqué, es cosa que deberá decir el que leyere.
 

La novela no sé si es realista, o idealista, o naturalista, o costumbrista, o lo que sea. Tampoco me preocupa demasíado. Que cada cual le ponga la etiqueta que quiera; uno ya está hecho a todo.


LA COLMENA (fragmento del capítulo II)
Camilo José Cela
… La dueña se ríe por lo bajo con una risita cruel. Hay gentes a las que divierte ver pasar calamidades a los demás; para verlas bien de cerca se dedican a visitar los barrios miserables, a hacer regalos viejos a los moribundos, a los tísicos arrumbados en una manta astrosa, a los niños anémicos y panzudos que tienen los huesos blandos, a las niñas que son madres a los once años, a las golfas cuarentonas comidas de bubas...

«La colmena» ha sido recomendada para CITA EN LA GLORIETA por: Manu Espada, Valeria Correa Fiz, Sergio Rodríguez, Pedro López Fernández y Antonio Daganzo.

RIÑA DE GATOS (fragmento inicial)
Eduardo Mendoza
Capítulo 1             

4 de marzo de 1936        
 

   Querida Catherine:   
 

   Poco después de cruzar la frontera y de evacuar los enojosos trámites aduaneros, me he dormido arrullado por el traqueteo del tren, porque había pasado una noche de insomnio, acosado por el cúmulo de problemas, sobresaltos y agonías derivados de nuestra tormentosa relación. Por la ventanilla del tren sólo veía la oscuridad de la noche y mi propia imagen reflejada en el cristal: la efigie de un hombre atormentado por el desasosiego. El amanecer no trajo el alivio que a menudo acompaña el anuncio de un nuevo día. El cielo seguía nublado y la palidez de un sol mortecino hacía aún más desolado el paisaje exterior y el paisaje de mi propio espíritu. En estas circunstancias, al borde de las lágrimas, me quedé dormido. Al abrir los ojos, todo había cambiado. Lucía un sol radiante en un cielo sin límites, de un azul intenso, apenas alterado por unas nubes pequeñas, de una blancura deslumbrante. El tren recorría la yerma meseta castellana. ¡España por fin!

RIÑA DE GATOS (fragmento del capítulo II)
Eduardo Mendoza
A Anthony Whitelands siempre le ha gustado Madrid. A diferencia de tantas otras ciudades de España y de Europa, el origen de Madrid no es griego, ni romano, ni siquiera medieval, sino renacentista. Felipe II la creó de la nada estableciendo allí la corte en 1561. Por esta causa, Madrid no tiene mitos fundacionales que se remonten a una oscura divinidad, ni una virgen románica la acoge bajo su manto de madera tallada, ni una augusta catedral proyecta su aguzada sombra en la parte vieja. En su escudo no campa un aguerrido matador de dragones; su santo patrón es un humilde campesino en cuya memoria se organizan verbenas y ferias taurinas.

«Riña de gatos» ha sido recomendada para CITA EN LA GLORIETA por: Javier Torras de Ugarte y Bego Loza.

Como historiador me siento conmovido siempre que leo cualquier texto que tenga que ver con el pasado, pero más aún cuando éste es tratado no solo con rigor sino también con imaginación y habilidad. «Riña de gatos» es una de esas novelas donde la historia, nuestra historia, cobra vida y los personajes de los libros que estudiábamos en el colegio tienen voz y una personalidad propia… todo ello bajo el prisma del autor y su habitual destreza para la ironía.



TROTERAS Y DANZADERAS (fragmento inicial)
Ramón Pérez de Ayala
I
 

Teófilo Pajares, «el príncipe de los poetas españoles, a cuyo paso debía tenderse por tierra un tapiz de rosas» al decir de algunos diarios de escasa circulación, el autor de Danza macabra  y  Muecas espectrales, bajaba poco a poco y como embebecido en cavilaciones por la calle de Cervantes, cara al Botánico. Era una mañana de otoño; el cielo, desnudo, y la luz, agria. Neblina incierta, de color hez de vino, saturaba sombras y penumbras.
       
Lo primero que se echaba de ver en la persona del poeta Pajares era lo aventajado de su estatura, lo insólito de su delgadez y el desaliño de la indumentaria: desaliño de penuria económica y también por obra de cierto desdén hacia las artes cosméticas. Las botas y los pantalones, en particular, delataban con sañuda insolencia la inopia y desaseo de Teófilo. Sin duda, éste lo echaba de ver, porque, según caminaba con las manos a la espalda y la cabeza caída hacia el pecho, miraba pertinazmente pantalones y botas, y su rostro aguileño, cetrino y enjuto, languidecía con mueca de consternación —una mueca espectral hubiera dicho él—, como si encarándose con aquellas prendas tan deleznables y mal acomodadas a los miembros las motejase de falta de tenacidad ante el infortunio y de adhesión a su amo.

«Troteras y danzaderas» ha sido recomendada para CITA EN LA GLORIETA por: Álex Chico.
 
«Historias del Kronen», de José Ángel Mañas
Javier Torras de Ugarte
Hace unas semanas Fernando Gómez Lamadrid me pidió que le eligiese cinco novelas ambientadas en Madrid para una entrada de su blog de historia y literatura CITA EN LA GLORIETA. No importaba el género, pero sí me sugirió que las novelas transcurriesen en épocas distintas. Pues bien, ésta, «Historias del Kronen», es la que escogí como novela actual. Algunos pensarán que no es una novela actual y ¿quién soy yo para llevarles la contraria? Pero para mí no perderá jamás ese carácter, esa vigencia, porque su forma de expresar lo que yo veía a mí alrededor cuando era joven fue tan precisa que por momentos parecía tener tintes autobiográficos. Creo que tuvo en mí un efecto similar a «El guardián entre el centeno», salvando las enormes distancias, claro; una radiografía humana de la juventud que vivía y me rodeaba. Y Madrid, mi Madrid, de fondo.


EL AMOR ES UN REVÓLVER CARGADO POR EL DIABLO
(fragmentos)
José G. Cordonié
Imagina que entras en tu casa y te encuentras a tu mujer follando con un payaso. Aunque pienses que se trata de un hecho imprevisto, de algo que no esperas que pueda llegar a ocurrir nunca, en el fondo sabes que existe la probabilidad de que pueda llegar a pasar, como cualquier otra cosa en la vida. Así que imagínate por un momento esa escena, aunque nunca antes se te haya pasado por la cabeza. Digamos que se trata de una probabilidad entre millones de sucesos aleatorios que pueden sobrevenir, pero que de repente sucede, porque el azar, en ocasiones, se presenta de esta manera; de la forma más imprevista que uno ni siquiera es capaz de sospechar.

...

Decido no quedarme a tomar ninguna copa con mis amigos, que se marchan al café Doré, porque siento un cansancio amargo que está comenzando a llenarme de vacío. Cuando me encuentro así, prefiero estar solo. No dar esa parte de mí a aquellos que no tienen por qué soportar mi mal rollo. Y hoy no lo merecen. Tengo el deseo de estar solo y reflexionar sobre cómo debo actuar a partir de ahora en mis días, que necesitan un orden y una organización que perdí desde la marcha de Ella. Busco mi parte más racional para detener el caos y el desgobierno donde me he adentrado sin pretenderlo y que ahora pienso que me gustaría enmendar. Recomponer y arreglar para evitar ser un perdido, un hombre desrumbado avanzando a tientas y sin sentido por la vida en el que, en ocasiones, me parece que me estoy convirtiendo.

Atravieso Atocha y subo por la avenida de la Ciudad de Barcelona. En el smartphone suena How You Went So Far de Frank Black and the Catholics, y me encuentro de frente con la luna llena que cuelga en la noche sobre la silueta de sombra y luz de los edificios.


...

Pongo música.
 

Bakunin se tumba en el suelo junto a mis pies, como una extensión de mi soledad. El salón se llena del sonido de Alice in Chains, Heaven beside you, trayendo la calma a mi marea interior; sosiego y serenidad para desvanecer mi preocupación, que se esfuma muy lentamente.
 

Pienso que, en un momento así, me gustaría estar sentado en la silla de una habitación de hotel frente a una puta desnuda, sólo para preguntarle si cree en Dios. Para nada más.

 

«El amor es un revólver cargado por el diablo» ha sido recomendada para CITA EN LA GLORIETA por: Ana Grandal.

 

Presentación de «Habitación 226» en Camarma de Esteruelas

PRESENTACIÓN DE «HABITACIÓN 226», DE PEDRO DÍAZ CHAVERO, EN CAMARMA DE ESTERUELAS
por Equipo de Redacción de Cita en la Glorieta
El viernes 14 de junio Lettere presentó en el Café Galos de Camarma de Esteruelas (Madrid) la novela de Pedro Díaz Chavero «Habitación 226». De maestro de ceremonias ejerció Guillermo Polanco, director de la Asociación Cultural de Camarma. Desde Bilbao vino Manu López Marañón –reseñador de Cita en la Glorieta– que, en febrero de este año, publicó en nuestra revista una crítica de «Habitación 226» que satisfizo a la editorial. Entre el nutrido público que asistió estaba Ignacio Rodríguez, editor de Lettere. Cita en la Glorieta estuvo en Camarma para esta presentación. Damos así inicio a una serie de reportajes con autores bien conocidos y estimados por la revista.

EL AUTOR

Tras una ajustada introducción a los miembros de la mesa, Guillermo Polanco cedió la palabra a Manu López Marañón quien –para aquellos que aún no conocen a Pedro Díaz Chavero– los introdujo en la arrolladora personalidad del autor. Destacó, como no podía ser de otra manera, el paso de Díaz Chavero por la Secretaría de Acción Institucional de la UGT, su perfil concienzudo en aquellas negociaciones para la reforma de las pensiones que llevó él en persona. Recordó López Marañón sus actuales trabajos para el Ministerio de Asuntos Exteriores y la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, y cómo es también fundador –y presidente honorífico– de la Asociación para la Difusión del Español y la Cultura Hispánica.

Antes de centrarse en el argumento de la novela, nuestro reseñador no quiso dejar de citar una inolvidable frase del autor (aparece en la solapa de la portada de «Habitación 226»): «He sobrevivido al franquismo, a la democracia y a la posverdad. Ya solo leo y escribo».



Pedro Díaz Chavero, Manu López Marañón y Guillermo Polanco

SINOPSIS DE HABITACIÓN 226

El Pozo del Huevo es el barrio de chabolas de Vallecas donde nace Toñín. En los primeros capítulos de «Habitación 226» abundan episodios de supervivencia, de lucha por la vida al modo de los de «La forja de un rebelde», de Arturo Barea. La primera galería de secundarios creada por Pedro (el padre ausente, la madre prostituta, el tío Simón, el tío Juan, Tomatito) forma un ajustado elenco que da cuerpo a esa corte de la miseria, siempre entre la pillería y el esperpento. Toñín, como el chico de «La mirada inocente» pierde también pronto la inocencia. –En la mejor novela de Simenon también hay un chaval sensible cuya madre recibe a sus amantes en un pisito del arrabal parisino–. Las duras circunstancias en las que se ve envuelto Toñín lo arrastran prematuramente a la edad adulta, una edad cínica y encallecida en su caso, que marca el desarrollo de «Habitación 226». Mientras al chico de la novela de Simenon lo salvaba la calle, el mercado de abastos y la pintura, a nuestro Toñín del infierno vallecano lo libra un pueblo de Extremadura y la literatura.

En efecto, bajo los cielos extremeños, en compañía de su amigo Sandalio o en el amor por Lucita, Toñín renace. Pero como reverso, el imprevisto horror: las violaciones infantiles que azotan el pueblo. Un cura pederasta y el hijo del rico comparten gusto por tales desmanes. Y aquí «Habitación 226» entra sin duda en los terrenos de la ficción porque ambos violadores son ejecutados a través de sangrientas venganzas en unas páginas truculentas que poco tienen que envidiar al Camilo José Cela de «La familia de Pascual Duarte». El apoyo de un profesor del colegio –que cree que Toñín tiene madera de universitario–, oxigena tanta desdicha y abre al futuro una puerta de esperanza.

OPINIÓN DEL RESEÑADOR

Dijo Kafka: «Si el libro que leemos no nos despierta como un puñetazo en el cráneo, ¿para qué leerlo?». El acierto de una novela como «Habitación 226» se basa en que lo que se cuenta está atado al autor, en destilar eso que se llama «verdad literaria»; en que el autor ha sabido colocarse a la altura de sus propios personajes, incluso de los que puedan parecernos más abyectos. Una novela es una maquinaria que funciona en conjunto y no admite que se desmiembren las piezas. Pedro consigue darnos esa potente impresión convirtiendo a su memoria en una rebelde desazón. «Habitación 226» no es una guarida en la que el autor se agazapa temeroso ni, mucho menos, la complacencia de una legitimidad: a la memoria de Pedro la azota una desagradable intemperie de la que solo se sale luchando duro en la vida.

Llegado este momento, Manu López Marañón dejó paso al autor, Pedro Díaz Chavero, que leyó unas páginas sobre lo que para él, como autor es «Habitación 226».

EL AUTOR NOS HABLA SOBRE SU OBRA

«Habitación 226» es el relato de las aventuras de un niño de alrededor de 14 años en un mundo mísero, sórdido, cruel… La España de los 60. El niño se enfrenta a hechos horribles con la mirada inocente pero con la actitud de un héroe, de un líder que imparte, de manera inconsciente, justicia, provocando en el lector la aceptación y a veces el requerimiento de respuestas a estos hechos cuanto menos controvertidos.

Es una novela escrita consecuentemente, repleta de dilemas morales, de trampas, que no deja a nadie indiferente y que según algunos lectores provoca un torrente de emociones, un mar de sentimientos, curiosamente muy diferentes en cada uno de ellos, dejando al desnudo sus principios morales, sus prejuicios, sus miedos y sus convicciones. He recibido desde las más fervorosas felicitaciones hasta amenazas, desde «este libro ha cambiado mi vida» hasta «este es el primer libro que me planteo no tener en mi biblioteca».

«Habitación 226» no es, por tanto, un libro de entretenimiento, no es un relato para gustar: es una novela, parafraseando a Kafka, que muerde.

Atiborrados de historia novelada, de novela barata, de novela negra y cine barato, con este relato he pretendido, además de curar mis heridas como escribo en el mismo, abrir las tuyas, las del lector, ignorante de lo que pasó u olvidadizo con aquellos hechos.

En palabras de Paul Auster, «la escritura es una actividad para seres heridos, por eso los escritores crean otra realidad». No es mi caso, en «Habitación 226» no he creado ninguna realidad, he contado una verdad incontrovertible, unos hechos verídicos con escasas concesiones, las justas, a la ficción, a la imaginación. Tengo que confesar que lo escribí para mis hijos, para enseñarles a aceptar la vida sin dejar de luchar y para que los principios que la rijan sean la amistad, el espíritu de supervivencia, el compromiso, la ambición y la lucha por la justicia.

Me queda deciros que no tuve alternativa para elegir el tiempo en el que transcurre la acción, ni el recurso literario para contarla. Solo la autobiografía relatada por un niño podía tener la fuerza necesaria, el impacto suficiente, para provocar al lector, para herir su comodidad, su olvido. El franquismo, esa etapa oscura, mísera, es el lienzo sobre el que he pintado un mundo que aún no ha desaparecido, un mundo del que todo se sabe y nada se habla.

He querido, para terminar, escribir mis propias experiencias, sin temor a ser criticado, sin el crisol de la experiencia y sin ningún deseo de ser halagado o compadecido. Por eso he elegido el yo como protagonista, el niño valiente, ambicioso, como relator de un mundo cruel, inmisericorde. He intentado también dejar constancia de quienes realmente han curtido mi carácter, despedazado mi timidez y abierto mi mente para sobrevivir sin miedo ni prejuicios en este mundo cruel en el que ni el Estado del bienestar ni las redes sociales, por mucho que influyan, podrán borrar nuestros sentimientos, nuestras esperanzas. Me refiero a Kafka,
Cela, Dostoievski, Salinger, Delibes, Sábato y otros, de los que encontraréis notas casi imperceptibles en este relato al que yo prefiero llamar testimonio. Como he dicho anteriormente, fue escrito para mis hijos; no se sale de un mundo así sin grandes convicciones morales, las mismas que he inculcado a mis hijos y que me han permitido llegar hasta aquí casi intacto. Y para explicar la génesis de esta gran construcción moral que ha sido mi vida tenía dos alternativas: o contar que dos voces, una del cielo y otra del infierno, me habían susurrado la novela, o escribir mis recuerdos, como he hecho en «Habitación 226».

Pedro Díaz Chavero y Manu López Marañón



ENTREVISTA A PEDRO DÍAZ CHAVERO
por Manu López Marañón
Terminada la lectura de este sobrecogedor testimonio del autor sobre su novela, retomó la palabra Manu López Marañón, reseñador de Cita en la Glorieta, quien sometió a un minucioso «tercer grado» a Pedro Díaz Chavero:

1. Realidad y ficción en «Habitación 226».

Los límites entre novela, biografía e historia, sus radicales diferencias y sus puntos de encuentro, resultan siempre arduos de fijar. «Habitación 226» es muy especial en esto por tratarse de un libro que resulta imposible de entender dejando al margen los avatares que determinan su nacimiento.

Pedro, querríamos que nos lo confirmaras: ¿hasta qué punto «Habitación 226» bebe de tu biografía, de tus propias experiencias personales?

Para mí cualquier cosa de ficción que escriba un autor bebe de su propia autobiografía. En mayor o menor medida, pero siempre detrás de la escritura está su propia vida, sus experiencias personales. En esta novela cuento mi dura infancia y apenas he cambiado cosas como los nombres y algún lugar.


En tu novela tu alter ego Toñín interviene en dos venganzas que terminan en crímenes. Obviamente, aquí entramos en el terreno de la ficción…

¿En qué otros pasajes significativos de «Habitación 226» tuviste que echar mano de tu imaginación de novelista?

Lógicamente no he matado a nadie, pero sí debo confesarte que todo, absolutamente todo, lo que está escrito en mi novela parte de hechos reales, y, si no, de comentarios escuchados a personas muy diversas y en distintas épocas. Con esa suma he configurado las historias de mi libro: adonde no llega mi memoria ha llegado mi curiosidad y el esfuerzo por enterarme de cómo sucedieron las cosas durante el franquismo, esa etapa oscura y mísera, como acabo de leer.

2. Estilo de «Habitación 226».

Muchos de los más jóvenes novelistas, los nuevos contadores de historias, han perdido el interés por la tradición literaria, desprecian el pasado de su lengua, y su deseo de contar parece proceder más de la ortografía y sintaxis del cine o de los videoclips de la televisión. Tú estilo, basado en la precisión de unas frases cortas como hachazos y de una pureza que a mí me ha recordado, en no pocos momentos, a «El extranjero» de Camus llama hoy, muy favorablemente, la atención de cualquier lector.

Dinos, ¿cómo llegas a este estilo? ¿Te brota del alma espontáneamente o es fruto de innumerables correcciones y depuraciones? ¿O habría que decir que nace como una feliz combinación de espontaneidad y trabajo?

He leído poco a Camus y de él me interesa más su forma de plasmar el nihilismo que el estilo propiamente dicho. Cada escritor tiene su estilo, no sé, es como su forma de respirar, ¿no te parece? Lo que yo puedo decirte es que no me gusta nada la prosa abigarrada y retórica: me resulta insufrible y a la segunda página cierro el libro. El autor tiene que tomarse en serio a su lector y darle la información de manera precisa y contundente, no marearlo con filigranas. Todos los escritores que me gustan, luego hablamos de ello, narran sus historias con un estilo directo que yo he tratado de seguir en «Habitación 226»

3. Construcción del personaje Toñín.

En la novela moderna no hay héroes porque el héroe sólo existe hacia fuera y los personajes de la novela moderna sólo actúan hacia dentro, son torbellinos de su propio malestar, de sus insatisfacciones. Toñín como buen adolescente que es, actúa y no para de intervenir en importantes asuntos y podemos considerarlo un héroe novelesco «a la antigua usanza». Pero si nos resulta un personaje absolutamente moderno e inolvidable es cuando lo hallamos frente a temores e interrogantes profundos, cuando debe actuar «hacia dentro»: ahí aparece su necesidad de salir adelante con las únicas armas de su saber, los recuerdos y su aún escasa experiencia.

Me gustaría que nos contaras cómo procediste a la construcción de Toñín, este personaje imborrable a través de cuyos ojos leemos «Habitación 226».

Toñín es alguien muy ligado a mí, mi alter ego, como dice el Embajador Ricardo Peidró Conde en su estupendo prólogo. Para construirlo, como he dicho antes en la lectura, lo hago a través de la mirada inocente de un niño que tiene ya hechuras de héroe a la hora de impartir justicia. En efecto sus decisiones, llenas de dilemas morales y de confusión, le nacen desde muy dentro. Ello es algo que he debido conseguir plasmar porque «Habitación 226» y su protagonista no deja a ningún lector indiferente provocando en ellos sentimientos muy diferentes y desnudando también sus convicciones, sus miedos. Siempre se ha dicho que el gran acierto de una buena novela son sus personajes. Yo creo haberlo logrado con Toñín.

4. Genealogía de «Habitación 226».

Voy a citar otras dos novelas que me vinieron a la mente cuando leí y reseñé, hace ya unos meses, «Habitación 226» y, también, una película reciente.

«El primer hombre», novela póstuma de Albert Camus, cuenta el regreso del escritor a su país natal, Argelia, donde evoca sus recuerdos de infancia: la vida en una familia pobre, con su madre viuda y su tío, y el profesor de escuela que le enseña a leer. «El viento de la luna» de Antonio Muñoz Molina viene narrada por un adolescente andaluz que sueña con avances tecnológicos en una casa que carece de agua corriente. La España desarrollista vista bajo la perspectiva de un chaval que admira a la NASA mientras recoge la aceituna en cortijos casi medievales. En «Dolor y gloria», última película de Almodóvar, se cuenta una niñez muy pobre abrigada por una madre que sobresale en inteligencia natural y en sus esfuerzos para que la pobreza salpique a su familia lo menos posible en esa cueva donde viven, un habitáculo excavado en tierra con respiraderos.

Dinos, Pedro, si consideras que «Habitación 226» puede emparentarse con alguna de las obras citadas. Es curioso que los tres chavales de las obras citadas tengan todos 14 años, como tu Toñín.
No he visto la película de Almodóvar pero sí he tenido lectores que me han dicho que cuenta una infancia muy pobre y que les ha recordado a mi novela. No sé igual me ha copiado (ríe). Es curioso que digas que todos los niños de esas novelas y el de la película tienen alrededor de 14 años. Considero que esa es una edad muy especial en la vida de un hombre, cuando se está en ese paso de la infancia a la juventud es cuando tienen lugar los sucesos que más marcan la vida. Desde luego, lo que le sucede a Toñín en «Habitación 226» es absoluta y totalmente determinante en su vida. Ahora estoy escribiendo la segunda parte y en ella Toñín, que ya es un joven, toma la determinación de emigrar a los Estados Unidos, concretamente a la Costa Oeste. Veremos qué le sucede allí, pero sin duda lo que le ha acontecido durante «Habitación 226» lo va a llevar consigo siempre arrastras, como una mochila.


5. El amor por la Literatura.

Gracias a la literatura Toñín, en su querer salir del túnel que ha sido su infancia, encuentra algo de claridad. Ricardo Piglia dejó dicho que «la lectura literaria ha sustituido a la enseñanza religiosa en la construcción de una ética personal». En el penúltimo capítulo («Justicia y venganza») de «Habitación 226» Toñín da los títulos de nueve libros para él fundamentales. Son: «Las noches blancas», «Memorias del subsuelo», «Crimen y castigo», «Rojo y negro» (siglo XIX). «Carta al padre», «El árbol de la ciencia», «El lobo estepario», «La familia de Pascual Duarte» y «El guardián entre el centeno» (siglo XX). Con tres títulos a su favor, queda claro que Dostoyevski es el escritor favorito de Toñín.

Querríamos saber: en el caso de poderse llevar sólo un título a una isla desierta, ¿cuál de los nueve libros elegiría Pedro Chavero?

Hoy igual cambiaría «El lobo estepario» por «Los Miserables» y metería también algo de Miguel Delibes. Pero no tengo la menor duda: a una isla desierta me llevaría a
Dostoyevski.

Presentación de Habitación 226 en Camarma de Esteruelas
-14 de junio de 2019-

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nació en Bilbao en 1966 y es diplomado en Relaciones Laborales y máster en Prevención (especialidad Seguridad e Higiene en el Trabajo). Residió un año en Buenos Aires tras ser becado por el Gobierno Vasco para llevar a cabo un trabajo sobre la legislación laboral argentina. En la actualidad se dedica en exclusiva a escribir guiones cinematográficos y a la literatura. En 2015 ha editado con Ediciones Oblicuas su primera novela, “Alcohol de 99º”. Recientemente ha terminado “Prosas para eunucos”, un libro de relatos en busca de editorial. Además de para Cita en la Glorieta, también reseña para las revistas Calibre. 38 y Moon Magazine.


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Javier Alonso García-Pozuelo

Reseña de «El último barco a América», de Paco López Mengual

Os ofrecemos la reseña de «El último barco a América», novela de Paco López Mengual, por cortesía de LA LIBRERÍA DE JAVIER, donde fue publicada originalmente el 17 de febrero de 2011.


TRABAJO, TALENTO Y MAGIA
Francisco Javier Rodríguez Álvarez
Los cuerpos de nuestros progenitores llevaban en la tierra más de cinco años. Cuando murieron, vivíamos en una miserable casucha, de una sola pieza, a las afueras de Barreiro. Madre murió primero; en el momento de comenzar las fiebres y los vómitos, estaba bastante gorda por un nuevo embarazo. No aguantó una semana. “¡No te vayas! ¡No te vayas!”, recuerdo igual que si fuera ayer cómo la zarandeaba padre al verla tan pálida. A los tres días murió él. (…) Ninguno de los dos había cumplido aún los treinta años. … nos acogió un pastor nómada, Rodrigo Ojopirri, que nos enseñó el oficio de sobrevivir. (Pag. 40)
A Paco López Mengual lo descubrí un buen día al ojear «El mapa de un crimen», editado por MAEVA. Esta joya de la literatura española contemporánea me recordó a los autores que yo tanto admiraba: Juan Rulfo, García Márquez, Miguel Delibes y Camilo José Cela. Y lo curioso es que, bebiendo de la sabia escritura de todos ellos, el autor supo crear una obra nueva. Logró desestructurar sus prosas y, en un alarde de malabarismo literario, obsequiarnos con un nuevo texto en el que se respira toda la esencia de sus maestros pero sin un ápice de copia visible. Yo lo llamo trabajo, talento y magia. El libro acabó en las bibliotecas de todos mis clientes y amigos y como texto recomendado en la Universidad de Alcalá. Al poco, el autor, como felicitación de no me acuerdo qué, me envió un pequeño libro de tres relatos editado en la colección Biblioteca del Tranvía, que edita autores murcianos para paladear sus prosas. Y ese pequeño libro contenía tres relatos por los que cualquier escritor que se precie daría su brazo derecho: «La mansión de los mutantes», un relato escalofriante de unos seres a la deriva escapando de un destino incierto, y que da título a la recopilación, «La poza negra», magia pura en la prosa y en la concepción creativa en un pequeño pueblo español y «El cazador de sirenas», poesía y belleza suprema en cinco escasas páginas. Una obra en la que no sobra ni falta una palabra y que puede resumir muy bien la valía de Paco López Mengual. Y esperando, esperando, a ver reeditado ese primer libro inencontrable de él me llega de la editorial una obra que aún tiene la tinta fresca, «El último barco a América».

Ni que decir tiene que me enfrasqué en el texto al poco de llegar, Eso sí, midiendo mi ansia y anhelo para que la degustación me lleve su tiempo, ya que la obra consta de sólo 222 páginas. Y, como en cualquiera de las pocas obras destiladas por el “murciano de los encajes”, desde la primera parrafada ya te deja prendado (y prendido) con su narrativa.

La noche de los disparos presentaba el típico cielo de un agosto moribundo, con sucesión de nubes amenazantes y claros estrellados. (Pag. 9)
La novela en cuestión es el relato onírico de un par de chavales huérfanos a temprana edad y adoptados por un pastor con ganas de vivir la vida. Ojopirri, que así se llama el lugareño, huye a América y les deja con la sola compañía de Fetén, un perrillo muy cariñoso. Pero el tranquilo sueño de nuestro protagonista, Marcial, de ahorrar para seguir a su amigo y protector, se trunca al darse cuenta de que los espíritus de once republicanos asesinados le merodean en una tumba clandestina cercana en la que han sido enterrados. Un buen día el chico, sin su hermano, encuentra el anillo de boda de uno de ellos y, al ir a devolverlo a su viuda, se queda prendado de sus encantos. Pero sus anhelos de huir a América siguen intactos, lo que ocurre es que ahora tendrá que convencer a la viuda de que vaya con él.

El último barco a América es un bello y bucólico relato que nos recuerda la magia de ese «Bosque animado» de Wenceslao Fernández Flores a la que se añaden los colores de los bellos cuentos alemanes de la Selva Negra en los que seres extraños conceden deseos y la serena y medida prosa de los últimos clásicos españoles. Y si a ello añadimos un pequeño toque Berlanga, no sólo en el perfecto desarrollo de la obra, sino en sus detalles, inesperados encuentros y ese soberbio desenlace, tenemos una ligera idea de lo que va esta historia. Me viene a la memoria una frase de Javier Lostalé en la que se quejaba del poco poder de fabulación de ciertos escritores españoles retratando episodios históricos en las novelas. Nos contaba en ese encuentro que la realidad ha de ir enmascarada en historias que involucren al lector como protagonista de dichos relatos. Nos añadía que es la forma más efectiva de meternos en la piel del personaje, sufrir en propias carnes y tener una idea bastante clara de los acontecimientos que narra. Y ese es precisamente el artilugio de Paco López Mengual, dejar la pretendida objetividad de unos hechos pasados y dotar de alma al hilo conductor de la obra. Pero hay algo que me ha recordado esta nueva obra de López Mengual, el carácter redentor y de la opción del olvido para poder ser felices. Tengo entre mis máximas y patrones de conducta el apreciar mucho más la capacidad de olvido que la de la memoria. Creo que es de mayor altura humana saber olvidar que recordar. Lo cual es muy diferente a la contrariedad o desidia de olvidarnos de algo por dejadez o abandono. Y esta obra me ha recordado esa joya del Nobel de Literatura 2002, Imre Kertész, y que se llama «Sin destino». Una obra que nos refleja el horror de los campos de exterminio y la capacidad de superación de un pobre chico para pasar página sin olvido ni rencor. Y mucho de ese genial escritor húngaro hay en la obra de Paco.

Así, oía muertos que deambulaban por las noches clamando justicia, temía encontrarme a los Lajara, que seguían dando tiros por el monte, descubría anillos de compromiso y me enamoraba ciegamente de una sublime mujer. Además, ante mis ojos, emergían árboles mágicos, cuevas misteriosas y el augurio de que un ogro extendería el terror por la comarca. Habían transcurrido algunos meses del año 1938 y supongo que sería por la edad iniciática en la que me encontraba o por los extraordinarios sucesos que me ocurrieron entonces por lo que ahora, después de tanto tiempo, recuerdo los tres años que duró la Guerra Civil como los más felices y trepidantes de mi vida. (Pag.60)
En pocas palabras: es un crimen no leer esta estupenda novela.

Poco más puedo añadir ante el precioso texto que nos ofrece Paco López Mengual, del que podría estar hablando largo y tendido. Si acaso estas líneas no han servido para inclinarles a la compra de su último libro habré errado en mis propósitos
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