Mostrando las entradas para la consulta Hércules Poirot ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta Hércules Poirot ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas

Reseña de «La Hidra de Lerna», de Agatha Christie

RESEÑA DE «LA HIDRA DE LERNA», DE AGATHA CHRISTIE, por Miguel Izu
1. Introducción.
 

La Hidra de Lerna es tanto el segundo de los trabajos de Heracles o Hércules, el héroe mitológico griego, según su orden más tradicional, como el segundo relato de Los trabajos de Hércules de Agatha Christie, protagonizados por Hércules Poirot. En Estados Unidos el relato se publicó originalmente con el título de Invisible Enemy.

La Hidra era, según la mitología griega, un monstruo acuático con forma de serpiente policéfala y aliento venenoso. El número de cabezas varía según las fuentes, desde tres, nueve o cien, incluso diez mil, en todo caso podía regenerar dos o tres cabezas por cada una que perdía o le amputaban. Vivía en el lago de Lerna, una región situada al sur de Argos, en el Peloponeso, con muchos manantiales a los que se atribuía carácter sagrado y aguas supuestamente curativas. El lago era una de las entradas al Hades o inframundo donde moran los muertos.

Hércules se presentó en el lago con su sobrino Yolao, cubriéndose ambos las bocas y narices con una tela para protegerse del aliento mortal de la Hidra. Disparó flechas en llamas para obligarle a salir de su refugio y se enfrentó a ella con su espada, intentando cortarle sus cabezas, pero cada vez que cortaba una brotaban dos. Entonces Yolao tuvo la idea de usar una tela ardiendo para quemar el muñón del cuello tras cada decapitación, cauterizando la herida y evitando que brotasen nuevas cabezas. De ese modo Hércules pudo cortar todas las cabezas y matar a la Hidra, tras de lo cual mojó las puntas de sus flechas con su sangre para que fueran mortíferas de necesidad. Según otras versiones, Hércules mandó acumular leña alrededor de la Hidra y le prendió fuego, muriendo la bestia abrasada.

 
Hidra de Lerma
(Terracota etrusca)
 

2. Sinopsis.
 

ADVERTENCIA DEL EDITOR: Esta sinopsis contiene un spoiler completo del relato que reseñamos. Si aún no lo has leído o hace tanto tiempo que no recuerdas el argumento, te recomendamos que lo leas antes de disfrutar del excelente análisis que nos ofrece el escritor Miguel Izu.

El doctor Oldfield visita a Hércules Poirot y le pide que demuestre que no envenenó a su mujer, muerta un año antes de úlcera gástrica, para deshacer las murmuraciones en tal sentido que se han propagado en el pueblo donde trabaja como médico. El doctor tiene una joven ayudante, Jean Moncrieffe, con la que los murmuradores suponen que tenía relaciones ya durante la enfermedad de su esposa y que ha sido el motivo del crimen. “El rumor es exactamente igual que la Hidra de Lerna”, dice Poirot antes de aceptar el encargo.

Poirot viaja al pueblo del doctor con su criado, George, y se aloja en la posada. Se entrevista con Jean Moncrieffe, que reconoce que le hubiera gustado casarse con el doctor Oldfield si no fuera por la existencia de las murmuraciones, por lo cual no le ha dado ninguna esperanza, pero no ha podido evitar que se sigan extendiendo. Poirot le sugiere que pidan la exhumación y la autopsia de la esposa fallecida, pero ella se opone alegando que ni aun así se acabarían los rumores. A petición del detective le presenta a la señorita Leatheran, la mayor cotilla del pueblo, haciéndose los encontradizos en la calle. Poirot consigue ser invitado a tomar el té para sonsacarle información, fingiendo ser un enviado del Ministerio del Interior para investigar la muerte de la señora Oldfield. Identifica a la enfermera Harrison, que cuidó a la esposa del doctor, como la fuente última de los rumores. Se reúne con ella, la cual le cuenta una conversación que escuchó, poco antes del fallecimiento, entre el doctor Olfield y la señorita Moncrieffe donde él le decía que pronto acabaría todo y en un año podrían estar casados. Le dice que Beatrice, la criada, también escuchó la conversación, y esa es la siguiente entrevista de Poirot. Beatrice niega haber oído nada, pero le cuenta que, en un par de ocasiones, vio a la enfermera tirar una medicina o una infusión que la señorita Moncrieffe pretendía hacer beber a la enferma, sugiriendo que podían contener veneno.

El detective consigue que las autoridades ordenen la exhumación y la autopsia, que revela un envenenamiento por arsénico. La enfermera Harrison acude a hablar con el detective y reconoce no haberle contado anteriormente que vio a la señorita Moncrieffe manejando unos polvos sospechosos. Tras una llamada de Poirot, la policía trae un estuche esmaltado que contiene arsénico, descubierto entre las pertenencias de la señorita Moncrieffe, y que la enfermera reconoce sin lugar a dudas como el que le vio manipulando con el veneno. Seguidamente Poirot llama a George, que identifica el estuche como el que había comprado la propia enfermera unos días antes en unos almacenes y escondido en la habitación de la señorita Moncrieffe, según había observado él mismo siguiendo sus movimientos por encargo de Poirot. La enfermera confiesa ser la asesina.

Poirot resume el caso para el doctor Oldfield y la señorita Moncrieffe. Sospechó de la enfermera porque la conversación que aseguró haber oído era inverosímil. Puso a George a vigilarla y ella cayó en la trampa. Había matado a la señora Oldfield pensando que el doctor le pediría que se casase con él, pero cuando descubrió que en realidad estaba enamorado de su ayudante decidió vengarse de ambos.

   
3. Poirot y el amor.

No se le conocen relaciones sentimentales a Hércules Poirot, a lo largo de todas sus aventuras se muestra como un contumaz solterón cuyo interés por las mujeres es puramente profesional, trata de comprender su psicología, o estético, admira a distancia la belleza femenina.

Sin embargo,
Poirot siempre tiene bien presente el factor sentimental que mueve a las personas que investiga y, con frecuencia, manifiesta su simpatía por las parejas enamoradas y procura ayudarles a afrontar los obstáculos que se les presentan. En Asesinato en el campo del golf  ha de proteger a su amigo el capitán Hastings de sí mismo, que se ha enamorado de Dulce Duveen, sospechosa de un crimen y, pese a creerla culpable, quiere ayudarle a escapar de la justicia. Poirot probará que ella es inocente y despejará el camino de una historia de amor que acaba en matrimonio. Pero, además, actuará como casamentero para unir a la hermana gemela de Dulce, Bella Duveen, y al joven Jack Renauld, animando a este a que se declare. Ambas parejas se irán a vivir a Argentina, de donde Hastings volverá de cuando en cuando a visitar a Hércules Poirot (por cierto, que la confusión entre las dos hermanas gemelas con la que juega Agatha Christie en Asesinato en el campo del golf  le acaba contagiando, ya que en Peligro inminente Hastings se refiere a su esposa como Bella, en lugar de como Dulce).

Esta faceta sentimental de Poirot se explica perfectamente si tenemos en cuenta que su creadora, Agatha Christie, además de sus novelas sobre crímenes, también escribió novelas románticas bajo el seudónimo de Mary Westmacott.



En La Hidra de Lerna Poirot, después de oir la historia del doctor Oldfield sobre las murmuraciones contra él, le pregunta directamente: “¿Quién es ella?”. El médico, que ha ocultado la existencia de Jean Moncrieffe, primero niega que haya otra mujer y luego se indigna por las insinuaciones del detective, amenazando con irse. Poirot se mantiene firme: “Las murmuraciones de los pueblos se basan siempre en las relaciones entre un hombre y una mujer. Si un hombre envenena a su esposa con el fin de poder hacer un viaje al Polo Norte, o para disfrutar de la paz que depara la vida de soltero... no hay cuidado de que sus convecinos se tomen el menor interés por él. Pero cuando están convencidos de que el asesinato se cometió con el fin de que el hombre pudiera casarse con otra mujer, las habladurías crecen y circulan. Eso es psicología elemental
.

4. El imperturbable George.
 

George, de quien desconocemos el apellido y casi todo sobre su vida, es el personaje secundario que durante más tiempo acompaña a Hércules Poirot, prácticamente durante toda su vida literaria, aunque su papel sea siempre muy breve. Aparece ya en El misterio del tren azul, de 1928, la quinta novela de las treinta y tres protagonizadas por el detective belga, y sigue figurando intermitentemente hasta las últimas, Los elefantes pueden recordar, de 1972, y Telón, publicada en 1975 aunque escrita en 1940. En esta última es sustituido temporalmente por un nuevo sirviente, Curtiss, por necesidades del caso que lleva entre manos Poirot, aunque sigue cobrando un sueldo mientras vive en su casa de Eastbourne con su anciano padre. Su última aparición es cuando Hastings, después de la muerte de Poirot, acude a visitarle para preguntarle sobre los hechos de la última época de la vida de su patrón.

Sabemos que antes de trabajar para Poirot sirvió a lord Edward Frampton. En El misterio del tren azul Poirot le pregunta si ha estado anteriormente en la Riviera y George responde que estuvo dos años antes, cuando trabajaba para dicho caballero. En teoría es solo el valet, el criado o ayuda de cámara de Poirot, pero también cocina y a menudo actúa como investigador, como hace en La Hidra de Lerna. Este perfecto sirviente, digno de toda confianza, es descrito como “intensamente inglés”, flemático, alto, cadavérico, inexpresivo. Poirot consulta a menudo su opinión. George es un experto en cuanto a la aristocracia británica y al protocolo social, un hombre práctico e inteligente aunque con poca imaginación que toma todo en su sentido literal, un buen observador capaz de describir las personas y los hechos con toda precisión. Carece de curiosidad y nunca cuestiona las órdenes ni las excentricidades de su jefe.


Puedes leer las colaboraciones de Miguel Izu para la III SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA, celebrada del 21 al 27 de Noviembre de 2017, PINCHANDO AQUÍ o en la imagen.

 
es doctor en Derecho y licenciado en Ciencias Políticas y Sociología. Funcionario del Gobierno de Navarra, vocal del Tribunal Administrativo de Navarra. Ha ejercido como abogado y como profesor asociado de Derecho Administrativo en la Universidad de Navarra y en la Universidad Pública de Navarra. Ha colaborado con la Escuela de Policía de Cataluña y colabora regularmente con la Escuela de Seguridad de Navarra. Ha sido concejal del Ayuntamiento de Pamplona, presidente de la Mancomunidad de la Comarca de Pamplona y miembro del Parlamento de Navarra. Colabora asiduamente en diversos medios de comunicación (principalmente, en Diario de Noticias y Solo Novela Negra) y revistas profesionales. Secretario de la Asociación Navarra de Escritores/as-Nafar Idazleen Elkartea. Obras: Novela: El asesinato de Caravinagre (2014); El crimen del sistema métrico decimal (2017). Relato: “Un asunto privado”, en 24. Relatos navarros (2016); “Una cuenta pendiente”, en Solo Novela Negra (2016); “El vino del francés”, en El alma del vino (2017); “Un móvil para un crimen”, en la III Semana Negra en la glorieta (2017). Ensayo: La Policía Foral de Navarra (1991), Navarra como problema. Nación y nacionalismo en Navarra (2001), El Tribunal Administrativo de Navarra (2004), Derecho Parlamentario de Navarra (2009), El régimen jurídico de los símbolos de Navarra (2011, VII Premio Martín de Azpilicueta), El régimen lingüístico de la Comunidad Foral de Navarra (2013). Recopilación de artículos de prensa: Sexo en sanfermines y otros mitos festivos (2007), Crisis en sanfermines y otros temas festivos (2015). Página web: http://webs.ono.com/mizubel/

Reseña de «La captura del Cancerbero», de Agatha Christie

RESEÑA DE «LA CAPTURA DEL CANCERBERO», DE AGATHA CHRISTIE, por Miguel Izu
1. Introducción.
 

El duodécimo y último de los trabajos de Poirot es La captura del Cancerbero. De los doce relatos que compuso Agatha Christie sobre los trabajos de Hércules es el que tiene la historia más curiosa. La escritora se había comprometido con Strand Magazine a completar la serie de los doce trabajos, pero cuando remitió su último relato la revista lo rechazó, probablemente porque las circunstancias políticas lo hacían poco oportuno, era 1940 y acababa de iniciarse la II Guerra Mundial. Así que la colección quedó incompleta, con solo once relatos, hasta que en 1947 se procedió a reunirlos en un libro. Entonces Agatha Christie escribió un prólogo e hizo una nueva versión de The Capture of Cerberus, la cual se publicó también como relato independiente en la revista norteamericana This Week en marzo de 1947 con el título de Meet Me in Hell.

El relato original, rechazado por Strand Magazine, quedó olvidado en el archivo de la escritora y fue publicado en 2009 por John Curran como apéndice de su libro Agatha Christie. Los cuadernos secretos, junto con otro relato inédito de Poirot, El incidente de la pelota del perro, escrito hacia 1933 y que, con algunas variaciones, acabó formando parte de la novela El testigo mudo, de 1937.

Conforme nos relata la mitología griega, Cerbero o Cancerbero, hijo de Equidna y Tifón y hermano de Ortro, era el guardián de la puerta del Hades (el inframundo griego), un perro monstruoso con tres cabezas (en alguna versión hasta con cincuenta) y con una serpiente en lugar de cola. Cerbero aseguraba que los muertos no pudieran salir del Hades y que los vivos no pudieran entrar. Hércules estuvo en el santuario de Eleusis para expiar sus pecados y ser iniciado en los misterios eleusinos aprendiendo cómo entrar y salir vivo del Hades. Atenea y Hermes le ayudaron a cruzar su entrada y a convencer a Caronte (el barquero del Hades encargado de llevar a los difuntos a cambio de un óbolo, razón por la que los cadáveres en la antigua Grecia se enterraban con una moneda bajo la lengua) a que le llevara en su barca a través del río Aqueronte. Al llegar a la otra orilla, donde se hallaba Cerbero, algunas versiones cuentan que Hércules pide permiso al dios Hades para llevárselo y este accede con la condición de que no use armas y no le haga daño; el héroe se muestra amable con el fiero perro y este, al ser tratado así por primera vez, lo acompaña fuera dócilmente; pero en otras versiones Hércules lucha contra el perro solo con sus manos y logra arrastrarlo fuera del Hades. Cuando se lo entrega a Euristeo, este le tiene tanto pavor que se lo devuelve, considerando que ya ha cumplido con todos sus trabajos, y Hércules puede llevarlo de nuevo al Hades.


Hércules y Cerbero
(Palacio Hofburg, Viena)

2. Sinopsis.
ADVERTENCIA DEL EDITOR: Esta sinopsis contiene un spoiler completo del relato que reseñamos. Si aún no lo has leído o hace tanto tiempo que no recuerdas el argumento, te recomendamos que lo leas antes de disfrutar del excelente análisis que nos ofrece el escritor Miguel Izu.

2.1. Versión de 1940.

Poirot se halla en Ginebra, en un momento de grave riesgo de que se declare una guerra en Europa. Tomando el aperitivo en la terraza de su hotel se encuentra con la condesa Vera Rossakoff. Le presenta a su acompañante, un tal doctor Keiserbach, al que dice que el detective sería capaz de cualquier cosa, hasta de devolver un muerto a la vida. El doctor, al día siguiente, invita a una copa a Poirot y le revela que su verdadero nombre es Lutzmann. Era el padre de Hans Lutzmann, un estudiante acusado de atentar mortalmente contra el dictador nazi del Imperio de Centroeuropa, August Hertzlein, el mayor peligro para la paz en el continente. Fue linchado por la multitud tras el atentado, pero su padre afirma que en realidad era inocente, que había sido un ferviente admirador de Hertzlein. Le ruega que descubra al verdadero asesino.

Poirot viaja a Baviera y pide la ayuda del doctor Otto Schultz, luego regresa a Londres. Schultz se desplaza a un lugar cercano a Estrasburgo para visitar un sanatorio mental, Villa Eugenie, custodiado por un feroz perro encadenado, y que está dirigido por el doctor Weirgartner, pero al estar este ausente habla con su segundo, el doctor Neumann, y muestra su interés por uno de sus pacientes aquejados de paranoia. Poirot, tras recibir información de Schultz, contrata los servicios del señor Higgs, experto ladrón de perros, y de otro joven ladrón. Con ellos se desplaza al sanatorio y logra entrar clandestinamente para liberar a Hertzlein, que está recluido allí.

En el tren que lleva a Hertzlein y a Poirot a París este le relata cómo le ha encontrado. Dado que a la primera fila de los mitines a los que asistía el dictador, perfectamente organizados, solo podían acceder personas de absoluta confianza, supuso que hubo un complot para cometer el atentado y culpar a Hans Lutzmann. Dedujo que a Hertzlein lo habían suplantado porque su voz sonaba diferente. Habían corrido rumores de que últimamente Hertzlein había caído bajo la influencia del padre Ludwig, después de haber perseguido a la Iglesia se había convertido al catolicismo, y que había rectificado sus ideas volviéndose partidario de la paz. Por eso dedujo que fueron los dirigentes de su propio país quienes le secuestraron y simularon su asesinato, para evitar el cambio de rumbo y explotar el recuerdo de su martirio. Poirot supuso que podía estar recluido en un sanatorio mental, no muy lejos del Imperio, donde su afirmación de que era Hertzlein sonara tan normal y poco creíble como si dijera que era Napoleón. Por eso contrató a varios médicos que fueron visitando sanatorios hasta descubrir aquel donde estaba ingresado.

Se difunde la noticia de que Hertzlein, en realidad, no ha muerto, y se presenta en público para retomar el liderazgo de su país y conducirlo por la senda de la paz. Poirot vuelve a Ginebra y se encuentra de nuevo con Vera Rossakoff, que se muestra escéptica sobre que realmente triunfe la paz. Poirot le regala un enorme perro, que le encanta a la condesa, al que deciden llamar Cerbero.

2.2. Versión de 1947.

Poirot sube las escaleras mecánicas, abarrotadas de gente, del metro de Londres cuando ve a la condesa Vera Rossakoff que baja. “¿Dónde la podré encontrar...?”, exclama en el momento en el que se cruzan. “En el infierno...”, responde ella. Poirot intenta encontrarla entrando de nuevo al metro, pero no lo consigue. Queda confuso por su respuesta, hasta que miss Lemon le dice que si quiere encontrarla en El Infierno lo mejor es que reserve una mesa. El Infierno es un club nocturno muy de moda, propiedad de una rusa. El local está decorado en coherencia con su nombre y tiene hasta un enorme y fiero perro guardián. La condesa se alegra mucho de verle, tantos años después, y le presenta al profesor Liskeard, un arqueólogo que le ha ayudado en la decoración, y a la doctora Alice Cunningham, psicóloga interesada en la conducta criminal, prometida del hijo de la condesa y de aspecto poco elegante. Poirot advierte la presencia del detective inspector Charles Stevens entre los clientes.

Al día siguiente Poirot visita al inspector Japp en Scotland Yard, que le informa que vigilan El Infierno, sospechan que no pertenece a la condesa Rossakoff, que solo hace de pantalla, sino probablemente a un sujeto llamado Paul Varesco dedicado a la distribución de estupefacientes a gran escala que se pagan con joyas de aristócratas en apuros, pero pese a haberlo registrado no han conseguido nada. Japp pide la ayuda de Poirot, que acepta.

Poirot habla con la condesa Rossakoff, que niega estar implicada en el tráfico de drogas y asegura que el club es suyo. Más tarde Japp le anuncia que se prepara una redada para una noche próxima. Han descubierto una salida camuflada detrás de la parrilla por la que entra y sale la droga. La noche de autos Poirot está sentado en el club con el profesor Liskeard y la doctora Cunningham cuando llega la policía y se apaga la luz. Cuando se enciende de nuevo, Poirot sale a la calle y se encuentra con el señor Higgs, experto en perros.

Al siguiente día Poirot habla con Japp por teléfono. No encontraron drogas, pero sí unas esmeraldas en el bolsillo de Liskeard, que negó que fueran suyas. Poirot le confirma que hubo drogas, y que fue él mismo quien las sacó del club. Cuelga el teléfono y abre la puerta a la condesa Rossakoff, a quien había citado en su casa. Él le pregunta por qué puso las esmeraldas en el bolsillo de Liskeard; ella responde que porque Paul Varesco, su socio, se las puso a ella en el bolso cuando se apagó la luz, e intentó deshacerse de ellas poniéndolas en el bolsillo de Poirot, pero con la oscuridad se confundió. Poirot la conduce a una habitación donde está el señor William Higgs con el perro, y le pide que le ordene que suelte el paquete que lleva en la boca, que está lleno de un polvo blanco. La condesa niega tener nada que ver con la droga; Poirot la tranquiliza diciendo que sabe que ella, en realidad, era solo la cabeza de turco. Desde el primer momento sospechó de la doctora Cunningham, que llevaba unos amplios bolsillos, demasiado amplios para una dama. Ella fue la que llevaba la droga y la escondió en la boca del perro.



3. La condesa Vera Rossakoff


Como en otros tantos aspectos de su obra, al crear al personaje de la condesa Rossakoff, Agatha Christie sigue la pauta de Conan Doyle. Vera Rossakoff es a Hércules Poirot lo que Irene Adler a Sherlock Holmes. Esta fue la única mujer capaz de engañar y vencer a Holmes por lo que este, que normalmente menosprecia a las mujeres, se refería a ella con gran respeto. Como cuenta Watson en Escándalo en Bohemia, “él solía hacer bromas acerca de la inteligencia de las mujeres, pero últimamente no le he oído hacerlo. Y cuando habla de Irene Adler o menciona su fotografía, es siempre con el honroso título de la mujer”. Hay quienes suponen un sentimiento amoroso o atracción sexual de Holmes por ella, pero parece que, en realidad, lo que había era algo mucho más importante en un frío y desapasionado solterón sin remedio como él, una sincera admiración por sus facultades intelectuales. Lo mismo sucede a Poirot con la condesa Vera Rossakoff. En La captura del Cancerbero (1947), al final, Poirot envía flores a la condesa Rossakoff, lo que sorprende mucho a miss Lemon: “—¡Válgame Dios! —murmuró—. Quisiera saber... Pero en realidad, ¡a sus años...! Seguramente no...”.

La
condesa Rossakoff es, como Poirot, una refugiada en Inglaterra, una aristócrata rusa con la que coincide en tres historias. Su primera aparición es en el relato Doble pista, donde es descrita como “una rusa encantadora, miembro del antiguo régimen”, mientras que Hastings dice que “tenía una personalidad turbadora”. Es una de las personas sospechosas del robo de unas joyas y, al final, resulta ser culpable. Poirot acude a su hotel a pedirle que devuelva las joyas si quiere evitar ser detenida, cosa que ella hace de inmediato. “¡Vaya mujer! —gritó Poirot entusiasmado mientras descendíamos las escaleras—. ¡Mon Dieu, quelle femme! ¡Ni una palabra de protesta, ni una exclamación de protesta! Una mirada, y ya ha sabido cuál era su situación. Hastings, una mujer que encaja la derrota con una sonrisa, llega muy lejos”, relata el capitán.

Poirot se reencuentra con la condesa años más tarde en Los Cuatro Grandes (posiblemente uno de los peores libros de Agatha Christie, una novela confeccionada de forma apresurada como refrito de varios relatos cortos para salir de los apuros económicos en que se hallaba tras su divorcio). En esta novela el detective, ayudado por Hastings y Japp, se enfrenta a una siniestra organización criminal que se supone dirigida por cuatro personas: un político chino, un multimillonario norteamericano, una científica francesa y alguien conocido solo como Número Cuatro. Tras entrevistarse con la científica en París, ven a la condesa Rossakoff llegar a su casa y se enteran de que trabaja como su secretaria con el nombre supuesto de Inez Véroneau, haciéndose pasar por española. La condesa, al ver a Poirot y Hastings, queda desolada, sabiéndose descubierta. Acepta facilitar que un secuestrado al que buscan sea liberado de inmediato a cambio de poder desaparecer. No aclara su participación en los hechos, aunque Poirot da por supuesto que trabaja para los Cuatro Grandes.

Más adelante, la condesa aborda a Hastings en la calle y le recomienda que abandonen el caso. Posteriormente, Hastings y Poirot (que ha fingido su muerte y se hace pasar por su hermano Aquiles) son secuestrados y llevados a la sede secreta de los Cuatro Grandes. Encuentran allí a la
condesa Rossakoff, que de nuevo queda consternada de ver a Poirot, “¡Oh, hombrecito, hombrecito! ¿Por qué se mezcló en esto?”, exclama. Es presentada por el Número Cuatro como su lugarteniente. Nuevamente les ayuda, permitiendo que escapen a cambio de que Poirot la reúna con su hijo perdido y supuestamente muerto. Pese a haber sido enemigos, ambos mantienen una mutua admiración.

El último encuentro de Poirot y la
condesa Rossakoff es en La Captura del Cancerbero, veinte años después, y luego ya no sabemos nada más de ella. Tras finalizar Los Trabajos de Hércules, Poirot asegura que va a retirarse, aunque como en todas las anteriores ocasiones en que lo anunció no cumplirá su palabra y se publicará todavía una quincena de libros más, entre novelas y colecciones de relatos, con sus aventuras.


es doctor en Derecho y licenciado en Ciencias Políticas y Sociología. Funcionario del Gobierno de Navarra, vocal del Tribunal Administrativo de Navarra. Ha ejercido como abogado y como profesor asociado de Derecho Administrativo en la Universidad de Navarra y en la Universidad Pública de Navarra. Ha colaborado con la Escuela de Policía de Cataluña y colabora regularmente con la Escuela de Seguridad de Navarra. Ha sido concejal del Ayuntamiento de Pamplona, presidente de la Mancomunidad de la Comarca de Pamplona y miembro del Parlamento de Navarra. Colabora asiduamente en diversos medios de comunicación (principalmente, en Diario de Noticias y Solo Novela Negra) y revistas profesionales. Secretario de la Asociación Navarra de Escritores/as-Nafar Idazleen Elkartea. Obras: Novela: El asesinato de Caravinagre (2014); El crimen del sistema métrico decimal (2017). Relato: “Un asunto privado”, en 24. Relatos navarros (2016); “Una cuenta pendiente”, en Solo Novela Negra (2016); “El vino del francés”, en El alma del vino (2017); “Un móvil para un crimen”, en la III Semana Negra en la glorieta (2017). Ensayo: La Policía Foral de Navarra (1991), Navarra como problema. Nación y nacionalismo en Navarra (2001), El Tribunal Administrativo de Navarra (2004), Derecho Parlamentario de Navarra (2009), El régimen jurídico de los símbolos de Navarra (2011, VII Premio Martín de Azpilicueta), El régimen lingüístico de la Comunidad Foral de Navarra (2013). Recopilación de artículos de prensa: Sexo en sanfermines y otros mitos festivos (2007), Crisis en sanfermines y otros temas festivos (2015). Página web: https://mizu38.wixsite.com/miguelizu

Reseña de «La corza de Cerinea», de Agatha Christie

RESEÑA DE «LA CORZA DE CERINEA», DE AGATHA CHRISTIE, por Miguel Izu
1. Introducción.
 

La corza de Cerinea ocupa el tercer lugar entre los doce trabajos de Hércules Poirot. Originalmente, se publicó en 1940 con el título de The Arcadian Deer en el Reino Unido y de Vanishing Lady en Estados Unidos.

Según la mitología griega, la corza o cierva de Cerinea, ciudad de la región de Acaya, sobre el golfo de Corinto, que tenía pezuñas de bronce y cornamenta de oro, era tan veloz que la diosa Artemisa no había podido engancharla a su carro junto con las otras cuatro ciervas que estaban destinadas a tirar de él. Hércules no podía cazar la cierva con flechas, además de ser más rápida que ellas tenía que capturarla viva, así que la persiguió sin descanso durante un año. Logró capturarla sorprendiéndola cuando abrevaba en el río, según unas versiones con una trampa y, según otras, atravesando sus dos patas delanteras con una flecha entre los tendones y el hueso, sin derramar su sangre pero inmovilizándola. Una vez capturada la llevó a Micenas para entregarla al rey Euristeo, como le había ordenado este. En el camino se encontró con Artemisa, a la que pidió perdón por capturar a un animal sagrado que le pertenecía, pero le explicó el encargo que había recibido de Euristeo, el cual pretendía desatar la ira de la diosa contra Hércules. Artemisa le dio permiso para llevar la cierva a Euristeo, siempre que luego se la devolviera. Al llegar a presencia de Euristeo, Hércules fingió que se la iba a entregar, pero la dejó libre y el animal corrió a buscar a Artemisa. Hércules anunció que él había cumplido el trabajo, pero que el rey no había sido lo suficientemente rápido para retener a la cierva.

 
La corza de Cerinea
- Fred Liebig, 1927-

 
2. Sinopsis.
 

ADVERTENCIA DEL EDITOR: Esta sinopsis contiene un spoiler completo del relato que reseñamos. Si aún no lo has leído o hace tanto tiempo que no recuerdas el argumento, te recomendamos que lo leas antes de disfrutar del excelente análisis que nos ofrece el escritor Miguel Izu.

El coche de Poirot sufre una avería y, mientras lo reparan, tiene que quedarse a pasar la noche en la posada de un apartado pueblo durante una nevada. El joven mecánico que acude a explicarle la causa de la avería y cuándo estará reparada, Ted Williamson, que le recuerda a “un dios griego... un joven pastor de la Arcadia”, le ha reconocido como famoso detective y le ruega que busque a una muchacha desaparecida. Williamson, el verano anterior, había acudido a la finca de sir George Sanderfield para realizar una reparación y fue atendido por Nita Valetta, doncella italiana de “cabellos como alas de oro” al servicio de una bailarina rusa de visita en la casa, a la que invita a pasear con él. Queda irremisiblemente enamorado de ella, que le dice que volverá una quincena más tarde con su señora, pero nunca regresa. La bailarina rusa sí se presenta de nuevo en la mansión, pero con otra doncella que le dice que Nita ha sido despedida. Consigue su dirección y le escribe, pero le devuelven la carta puesto que ya que no vive allí. Poirot acepta el encargo de buscarla.

Tras varias pesquisas sin resultado en Londres, Poirot se entrevista en su restaurante de París con el conde Alexis Pavlovitch, un ruso exiliado y bien informado del mundo artístico, para obtener noticias del paradero de Katrina Samoushenka, la bailarina a cuyo servicio estuvo Nita y que está gravemente enferma en un sanatorio de Suiza. También logra saber que Nita era originaria de Pisa, ciudad a la que dirige sus pasos para averiguar que la joven, a la que su familia no llama Nita sino Bianca, ha muerto de apendicitis unos meses antes. Algo le dice a Poirot que debe seguir investigando y viaja al sanatorio de Suiza para hablar con la bailarina rusa, a la que recuerda haber visto actuar en un ballet haciendo el papel de la cierva de Cerinea. Katrina Samoushenka confirma que su doncella, Juanita, murió de apendicitis, pero Poirot le replica que la muchacha de cabellos dorados a la que conoció y de la que se enamoró Williamson en realidad era ella, haciéndose pasar por su doncella que acababa de caer enferma y había vuelto a su país. No quiso desvelar su verdadera identidad ni volver a ver al joven, que también le resultó atractivo, porque ya sabía que también estaba enferma. Poirot, que sospechó la verdad a partir de la descripción que le hizo Williamson de la joven desaparecida, le encarece que no renuncie ni a la vida ni al amor.

   
3. Los viajes de Poirot.
 


Este relato contiene dos curiosas particularidades entre todas las historias de Hércules Poirot; una es que no hay crimen, y la otra es que el detective aparece como propietario de un automóvil, un lujoso Messarro Gratz (marca completamente ficticia) conducido por un joven chófer con un sustancioso salario aunque, al parecer, escasas habilidades mecánicas. En todas sus restantes aventuras Poirot no tiene coche, suele viajar en tren (a ser posible, tan lujoso con los de El misterio del tren azul o Asesinato en el Orient Express), en barco (pese a que se marea; en el relato El rapto del primer ministro, de 1923, al embarcar dice a su amigo, el capitán Hastings: “¡El mal de mer… es un sufrimiento terrible!”; y en Problema en el mar, de 1936, que se desarrolla en un crucero que se dirige a Alejandría, dice: “Ha sido una estupidez el haberme dejado convencer para venir. Detesto la mar. Nunca está tranquila, nunca, ni un minuto”), en avión (aunque “me descompongo casi tanto en el aire como en el mar”, dice en Muerte en las nubes, de 1935), en taxi, en un vehículo de alquiler con chófer o en el automóvil de otras personas que se ofrecen a llevarle, en algunos casos los de Hastings (antes de ser desterrado a Argentina) o de la escritora Ariadne Oliver. En el relato Doble culpabilidad (originalmente publicado en 1928 con el título de By Road or Rail) expresa a Hastings que no le gusta viajar en autobús: 
“Amigo mío, ¿por qué esa pasión por el autocar? El tren es más seguro. Carece de neumáticos que se revienten, lo cual reduce las posibilidades de accidente. Además, en el tren no molesta el aire, pues con cerrar las ventanillas se evitan las corrientes”.
Ciertamente, resulta más apropiado al carácter sibarita de Poirot dejar que le lleven en un vehículo lo más cómodo posible que tener que preocuparse por un vehículo propio. Por otro lado, un automóvil es un pobre recurso para novelas criminales al estilo de Agatha Christie, no es adecuado para la comisión de un asesinato en lugar cerrado y del que existan un número determinado de sospechosos. Otros medios de transporte resultan mucho más a propósito y, así, Poirot tendrá que investigar crímenes cometidos en un avión (Muerte en las nubes), en un tren (Asesinato en el Orient Express) o en un barco (Muerte en el Nilo, Problema en el mar). Por eso resulta tan anómalo que Agatha Christie (ella sí era aficionada a conducir) le adjudique, por una sola vez, un automóvil y un chófer propios de los que nunca más se supo.

4. El estilo victoriano.
 

En este relato Hércules Poirot se calienta en la posada donde se ha refugiado de la tormenta de nieve ante una “gran chimenea de estilo victoriano”. Podemos añadir que el propio Poirot, y buena parte de la obra de Agatha Christie, también comparten el estilo victoriano.

Hace pocas semanas, en una de las veladas de la librería Deborahlibros de Pamplona, mi amigo Carlos Ollo Razquin presentó varios libros de detectives victorianos. Mientras enumeraba las características del género cultivado por Wilkie Collins, Conan Doyle y tantos otros, a mí, que estaba releyendo a Agatha Christie para componer estas reseñas, todo me resonó enormemente familiar: un crimen a resolver, pistas engañosas, un investigador muy perspicaz y una policía torpe, un montón de sospechosos y un culpable que es el menos imaginable, la reconstrucción de los hechos donde se revela la verdad y alguna sorpresa final. Así se lo comenté a Carlos al finalizar el acto y estuvo de acuerdo conmigo, que aunque Agatha Christie escriba en el siglo XX, arrastra buena parte de la cultura victoriana en la que se educó y sus relatos detectivescos no son sino continuación de aquellos autores de la segunda mitad del siglo XIX. Sabido es que Hércules Poirot está inspirado directamente en Sherlock Holmes, y puede añadirse que miss Marple o Tuppence Beresford no son sino las continuadoras de las mujeres detectives –adelantadas a su tiempo
tan habituales en la literatura policial victoriana (Detectives victorianas, precisamente, es una deliciosa recopilación de Michael Sims, editada aquí por Siruela, que Carlos Ollo presentó aquella noche). La literatura y la cultura victorianas no acaban abruptamente con el reinado de la emperatriz Victoria, en 1901, sino que su influjo se mantiene en la época eduardiana y llega hasta las décadas siguientes, entra en crisis con la Gran Guerra y sus residuos perecen definitivamente con la II Guerra Mundial y la extinción del Imperio británico. Repasando la nómina de escritores victorianos, hay que tener en cuenta que Conan Doyle sigue escribiendo hasta 1930, Thomas Hardy hasta 1928, Rudyard Kipling hasta 1936, Bernard Shaw hasta 1950. Ese mundo reflejado en las historias de Agatha Christie, la mayoría situadas en el periodo de entreguerras, lleno de aristócratas y terratenientes, militares retirados que han regresado de la India, inspectores de Scotland Yard, médicos y párrocos rurales, amas de llaves, mayordomos y lacayos que sirven en grandes mansiones campestres, personajes de las clases acomodadas obsesionados por heredar una renta con la que vivir sin trabajar, telegramas urgentes y viajes en ferrocarril, más el continuo lamento por los cambios del mundo moderno, tiene unas reminiscencias profundamente victorianas.


Puedes leer las colaboraciones de Miguel Izu para la III SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA, celebrada del 21 al 27 de Noviembre de 2017, PINCHANDO AQUÍ o en la imagen.

 
es doctor en Derecho y licenciado en Ciencias Políticas y Sociología. Funcionario del Gobierno de Navarra, vocal del Tribunal Administrativo de Navarra. Ha ejercido como abogado y como profesor asociado de Derecho Administrativo en la Universidad de Navarra y en la Universidad Pública de Navarra. Ha colaborado con la Escuela de Policía de Cataluña y colabora regularmente con la Escuela de Seguridad de Navarra. Ha sido concejal del Ayuntamiento de Pamplona, presidente de la Mancomunidad de la Comarca de Pamplona y miembro del Parlamento de Navarra. Colabora asiduamente en diversos medios de comunicación (principalmente, en Diario de Noticias y Solo Novela Negra) y revistas profesionales. Secretario de la Asociación Navarra de Escritores/as-Nafar Idazleen Elkartea. Obras: Novela: El asesinato de Caravinagre (2014); El crimen del sistema métrico decimal (2017). Relato: “Un asunto privado”, en 24. Relatos navarros (2016); “Una cuenta pendiente”, en Solo Novela Negra (2016); “El vino del francés”, en El alma del vino (2017); “Un móvil para un crimen”, en la III Semana Negra en la glorieta (2017). Ensayo: La Policía Foral de Navarra (1991), Navarra como problema. Nación y nacionalismo en Navarra (2001), El Tribunal Administrativo de Navarra (2004), Derecho Parlamentario de Navarra (2009), El régimen jurídico de los símbolos de Navarra (2011, VII Premio Martín de Azpilicueta), El régimen lingüístico de la Comunidad Foral de Navarra (2013). Recopilación de artículos de prensa: Sexo en sanfermines y otros mitos festivos (2007), Crisis en sanfermines y otros temas festivos (2015). Página web: http://webs.ono.com/mizubel/

Reseña de «El cinturón de Hipólita», de Agatha Christie

RESEÑA DE «EL CINTURÓN DE HIPÓLITA», DE AGATHA CHRISTIE, por Miguel Izu
1. Introducción.
 

El cinturón de Hipólita es el noveno de los trabajos de Hércules Poirot, siguiendo la estela del héroe griego. Originalmente es un relato publicado en septiembre de 1939 en Estados Unidos, en This Week, con el título de The Disappearance of Winnie King, y nueve meses más tarde en el Reino Unido, en Strand Magazine, como The Girdle of Hippolyta.
 

No hay una única historia de Hipólita. Según la mitología griega, era la reina de las amazonas, hija de Ares, el dios de la guerra y de Otrera, también reina amazona. Su padre le regaló un cinturón mágico que Euristeo, a petición de su hija Admete, exige a Hércules que obtenga. Para ello navega hasta el puerto de Temiscira, en el mar Negro, secuestra a una de las hermanas de Hipólita, Melanipa, y pide el cinturón como rescate. En otras versiones Hipólita entrega el cinturón voluntariamente, pero las amazonas atacan a Hércules, soliviantadas por la diosa Hera, pensando que quiere secuestrar a la reina. Otro relato dice que Teseo, uno de los compañeros de viaje de Hércules, secuestra a Antíope, otra hermana de Hipólita, y pese al ataque de las amazonas los héroes consiguen escapar con el cinturón y con Antíope. Según algunas versiones, Hércules mata a Hipólita en su huida, o Antíope muere durante el ataque, pero según otras Teseo se casa con Antíope, o con Hipólita, y tienen un hijo llamado Hipólito.


2. Sinopsis.
ADVERTENCIA DEL EDITOR: Esta sinopsis contiene un spoiler completo del relato que reseñamos. Si aún no lo has leído o hace tanto tiempo que no recuerdas el argumento, te recomendamos que lo leas antes de disfrutar del excelente análisis que nos ofrece el escritor Miguel Izu.

Alexander Simpson, propietario de las Galerías Simpson, solicita la ayuda de Hércules Poirot para recuperar un Rubens, un cuadro pequeño y recién descubierto, robado en pleno día mientras unos obreros en paro realizaban una protesta. Según Simpson, detrás del robo está un millonario francés coleccionista de obras de arte y con pocos escrúpulos. Poirot acepta con poco entusiasmo y prepara su viaje a Francia cuando recibe la visita del inspector Japp, que le ruega su colaboración ya que va al continente, en el caso del rapto de una quinceañera, Winnie King, hija de un canónigo. La niña iba en el tren de Calais a París para ingresar en un colegio de alto copete junto con otras colegialas y una profesora, la señorita Burshaw, y desapareció antes de llegar. Su sombrero fue encontrado junto a la vía cerca de Amiens; Poirot pregunta si no han encontrado unos zapatos y recibe respuesta negativa. El inspector Hearn ya ha sido enviado para cooperar con los franceses.

Cuando Poirot llega a París, recibe una llamada de Japp. Ya no es necesaria su ayuda. La chica ha aparecido al lado de la carretera, cerca de Amiens, sana y salva pero confusa ya que, al parecer, fue narcotizada. No obstante, Poirot acude a entrevistarse con el inspector Hearn. No se cree que la chica fuera raptada para pedir un rescate y quiere saber cómo salió del tren. Hearn le proporciona información sobre los demás viajeros y le dice que la colegiala llevaba puestos sus zapatos, pero que en la vía se encontró otro par. Poirot acude al colegio y habla con su directora, la distinguida y competente señorita Pope. No sabe qué es lo que ocurrió. El baúl de Winnie fue registrado al llegar, como era norma del colegio; traía un paisaje al óleo pintado por la chica y dedicado a la señorita Pope, que esta ha colgado en su despacho. Poirot le ruega que se lo regale y lo frota con aguarrás, debajo aparece El cinturón de Hipólita pintado por Rubens. Le explica a la señorita Pope que se utilizó el baúl de la chica para introducir el cuadro robado en Francia. Winnie fue raptada en Londres, mientras se dirigía a la estación del tren, y sustituida por una actriz, aprovechando que ni la señorita Burshaw ni las demás colegialas la conocían. La falsa Winnie entró en el tocador de señoras del tren y salió con otro disfraz, el de la atractiva y joven esposa de otro de los viajeros. Los recios zapatos de colegiala y su sombrero fueron lanzados por la ventanilla a la vía. La verdadera Winnie, narcotizada, llegó más tarde a Francia y fue llevada en un coche hasta cerca de Amiens para ser abandonada junto a la carretera.



3. El inspector Japp de Scotland Yard


Scotland Yard es una institución presente en la literatura policial prácticamente desde su inicio, se puede decir que son realidades coetáneas. Suele ponerse convencionalmente como fecha de nacimiento de los relatos policíacos la de 1841, con Los crímenes de la calle Morgue de Edgar Allan Poe, aunque Juan Mari Barasorda en un trabajo muy interesante señala que, con unos pocos meses de anticipación, realmente la primera historia de detectives fue Susan Hopley, de Catherine Crowe. En cualquier caso, para entonces ya había nacido Scotland Yard, que fue fundada en 1829 bajo el impulso del ministro Robert Peel (de ahí el apodo de bobbies de los agentes) y, pronto, en 1842, se organizó su Detective Branch, la división de investigación. A diferencia de instituciones anteriores que también se dedicaban a mantener el orden o perseguir a los delincuentes, tenía carácter civil y no dependía de la autoridad judicial sino del Ministerio del Interior (desde el año 2.000 depende de la Autoridad del Gran Londres). Los detectives de Scotland Yard enseguida se convierten en protagonistas de las noticias que se recogen en los truculentos periódicos dedicados al mundo criminal (Newgate Calendar, Blackwood’s Edimburgh Magazine) y de relatos policiales. Charles Dickens, a partir de 1850, relata los casos de sus amigos el detective jefe Charles Field y el sargento Jonathan Whicher, mientras que Wilkie Collins en La piedra lunar (1868) nos presenta al sagaz sargento Cuff, parece que también inspirado en Whicher. Conan Doyle crea otro detective de Scotland Yard, el inspector Lestrade, que, pese a ser un buen policía, necesitará constantemente del auxilio de las extraordinarias facultades de Sherlock Holmes.

Es frecuente un malentendido sobre qué es Scotland Yard. Algunos piensan que así se llama a toda la policía británica, otros que es el nombre del departamento de investigación de dicho cuerpo policial. En realidad, no existe una policía británica, ni siquiera una policía inglesa. En el Reino Unido tradicionalmente la policía, igual que otros muchos servicios públicos, ha tenido una organización local, comarcal o, como mucho, regional. Scotland Yard es el nombre popular que se da a la Policía Metropolitana de Londres, el cuerpo policial cuyo ámbito territorial de actuación es el Gran Londres, excepto la City de Londres (apenas tres kilómetros cuadrados en la orilla norte del Támesis, entre la Iglesia del Temple y la Torre de Londres), que tiene un cuerpo policial propio. Su nombre se debe al primer edificio que ocupó tras su creación en 1829, en Whitehall Place, que tenía una entrada por una calle llamada Scotland Yard (corte de Escocia) porque siglos antes allí había estado la residencia de los representantes escoceses, antes de la unión de los reinos de Inglaterra y Escocia. El nombre arraigó de tal modo que cuando, en 1890, la Policía Metropolitana se trasladó a otro edificio en Victoria Embankment, se le bautizó oficialmente como New Scotland Yard. La institución se ha trasladado a nuevas sedes en 1967 (Broadway) y 2016 (de nuevo en Victoria Embankment) y, en cada caso, se ha renombrado el edificio como New Scotland Yard. La Policía Metropolitana de Londres, además de atender a la seguridad del Gran Londres, presta algunos servicios de carácter general y de apoyo a los otros cuerpos policiales que existen en el Reino Unido. En Inglaterra y Gales existen 43 cuerpos policiales que dependen de las autoridades locales (ciudades o condados), y en Escocia e Irlanda del Norte sendos cuerpos de ámbito regional.



El inspector James Japp aparece acompañando a Hércules Poirot en siete novelas, empezando por El misterioso caso de Styles, de 1920, en una docena de relatos cortos y en una de las obras teatrales de Agatha Christie, Café solo, de 1929. En sus memorias la autora confiesa que en su primera novela escribe al estilo de Conan Doyle y por eso crea “un inspector de Scotland Yard parecido a Lestrade, el inspector Japp”. Hastings, la primera vez que lo ve, le describe como “menudo, moreno, con expresión astuta y cara de hurón”. Se muestra como un detective competente, aunque a gran distancia de las capacidades de Poirot, cuyo auxilio necesitará en muchas ocasiones para resolver algunos crímenes. En Muerte en las nubes comprobamos que habla perfectamente francés y, según cuenta el propio Japp en El misterioso caso de Styles, se conocieron en 1904 en Bélgica, donde colaboraron para resolver un par de casos. Es de suponer que Japp también está en la edad madura aunque sea más joven que Poirot. Desde el principio expresa su admiración por su colega belga: “Monsieur Poirot y yo nos conocemos de antiguo y creo en su juicio más que en el de ningún otro”.


Los actores Eric Carte como Japp,
Robert Powell como Poirot
y Robin McCallum como Hastings,
en Café solo

Poirot simpatiza con Japp aunque es crítico con sus habilidades como detective. En El baile de la Victoria Hastings dice: “Poirot tenía buena opinión de las cualidades del inspector, aunque deploraba su lamentable falta de método. Yo, por mi parte, consideraba que el talento de dicho señor consistía, sobre todo, en el arte sutil de solicitar favores bajo pretexto de prodigarlos”. En otras ocasiones Hastings hace un juicio más favorable, en El rapto del primer ministro dice de Japp que es “uno de los mejores oficiales de Scotland Yard”. En El expreso de Plymouth Poirot habla así de él: «Ese buen inspector es partidario del movimiento. Viaja; mide las huellas de los pies; reúne cenizas de cigarrillo. ¡Es extraordinariamente activo! ¡Celoso hasta el límite de sus deberes! Si le hablara de psicología, ¿qué le parece que haría, amigo mío? Sonreiría. Se diría: “Ese pobre Poirot envejece. Llega a la edad senil”. Japp pertenece a la nueva generación. ¡Y ma foi! ¡Esta generación moderna llama con tal prisa a las puertas de la vida, que no se da cuenta de que están abiertas!». Japp se suele desesperar con Poirot, no logra seguir sus razonamientos y cree que está complicando mucho cada caso con observaciones fútiles, hasta que al final se desvela la verdad y no tiene más remedio que darle la razón. Poirot en ocasiones se burla del inspector; en Asesinato en Bardsley Mews le dice: “Mi querido Japp: si yo cometiera un crimen, usted no tendría ni la más remota oportunidad de verlo... ni siquiera de saber que lo había cometido”. En La desaparición del señor Davenheim ambos se juegan cinco libras a si Poirot es o no capaz de resolver el caso solamente analizando los datos desde su butaca. Por supuesto, gana.

Sobre la vida privada de Japp no llegamos a saber casi nada, si está casado o si tiene hijos, solo que es aficionado a la botánica, como se revela en El misterio de Market Basing, y que le gustaría irse a vivir al campo. Parece que Agatha Christie se aburrió del personaje a partir de los años 40 ya que no vuelve a aparecer tras Los trabajos de Hércules
.


Puedes leer las colaboraciones de Miguel Izu para la III SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA, celebrada del 21 al 27 de Noviembre de 2017, PINCHANDO AQUÍ o en la imagen.

 
es doctor en Derecho y licenciado en Ciencias Políticas y Sociología. Funcionario del Gobierno de Navarra, vocal del Tribunal Administrativo de Navarra. Ha ejercido como abogado y como profesor asociado de Derecho Administrativo en la Universidad de Navarra y en la Universidad Pública de Navarra. Ha colaborado con la Escuela de Policía de Cataluña y colabora regularmente con la Escuela de Seguridad de Navarra. Ha sido concejal del Ayuntamiento de Pamplona, presidente de la Mancomunidad de la Comarca de Pamplona y miembro del Parlamento de Navarra. Colabora asiduamente en diversos medios de comunicación (principalmente, en Diario de Noticias y Solo Novela Negra) y revistas profesionales. Secretario de la Asociación Navarra de Escritores/as-Nafar Idazleen Elkartea. Obras: Novela: El asesinato de Caravinagre (2014); El crimen del sistema métrico decimal (2017). Relato: “Un asunto privado”, en 24. Relatos navarros (2016); “Una cuenta pendiente”, en Solo Novela Negra (2016); “El vino del francés”, en El alma del vino (2017); “Un móvil para un crimen”, en la III Semana Negra en la glorieta (2017). Ensayo: La Policía Foral de Navarra (1991), Navarra como problema. Nación y nacionalismo en Navarra (2001), El Tribunal Administrativo de Navarra (2004), Derecho Parlamentario de Navarra (2009), El régimen jurídico de los símbolos de Navarra (2011, VII Premio Martín de Azpilicueta), El régimen lingüístico de la Comunidad Foral de Navarra (2013). Recopilación de artículos de prensa: Sexo en sanfermines y otros mitos festivos (2007), Crisis en sanfermines y otros temas festivos (2015). Página web: http://webs.ono.com/mizubel/