La siguiente selección de microrrelatos ha sido escogida para CITA EN LA GLORIETA por Ana Grandal, licenciada en Ciencias Biológicas, traductora científica, escritora y administradora de la página de facebook TOPmicrorrelatos.
FANTASMA
Patricia Esteban Erlés
Patricia Esteban Erlés
El hombre que amé se ha convertido en fantasma. Me gusta ponerle mucho suavizante, plancharlo al vapor y usarlo como sábana bajera las noches que tengo una cita prometedora.
CUESTIÓN DE TIEMPO
Ernesto Ortega
Ernesto Ortega
Coincidíamos muchas tardes tendiendo la colada. Las ventanas estaban tan próximas que nuestra ropa parecía confundirse y una ligera corriente de aire serpenteaba por el patio de luces, balanceando las cuerdas. Las mangas de mi camisa se estiraban hasta rozar su blusa, mis pantalones se agitaban intentando aproximarse a su falda y mis calzoncillos se mostraban desvergonzados delante de sus prendas más íntimas. Mientras yo tendía los calcetines y las sábanas del dormitorio, ella iba colgando la ropa de los niños, el mantel de cuadros del comedor… Poco a poco, las cuerdas se iban curvando por el peso, hasta que acabábamos de tender la ropa. Entonces cerrábamos las ventanas y volvíamos a nuestras vidas.
Microenciclopedia ilustrada del amor y el desamor
Ninguno terminamos Derecho en aquella cárcel. La asignatura de Penal nos recordaba demasiado a nuestra condición de presos. Por eso, algunos estudiaron Medicina, Ingeniería o incluso Antropología para obtener beneficios penitenciarios. Cuando terminaban la carrera se paseaban por el patio mirando al resto de reclusos por encima del hombro. Con una licenciatura nos rebajaban cinco años de condena, si sacábamos una diplomatura nos daban tres, y con el bachillerato teníamos un año de rebaja. La Formación Profesional, tan denostada, solo nos quitaba cinco meses, pero yo decidí estudiar para tornero fresador. Aprendí a hacer agujeros mejor que nadie. Al final conseguí rebajar más años que un licenciado.
A continuación llega el hipnotizador, que mira fijamente a los espectadores sumiéndolos en un trance del que ya no saldrán hasta que no vuelvan a pagar la entrada.
Los pescadores de perlas
NO SE ADMITEN CIGÜEÑAS
Tania Balderas Chacón
Tania Balderas Chacón
Una ráfaga de viento azotó la ventana y el frío invadió mi habitación. Desperté y la visión de una anciana flotante, cabecita blanca y chal tejido, cortó de tajo la intención de levantarme a cerrar la ventana y, sobre todo, de maldecir el inesperado cambio de temperatura.
Se presentó como el Espíritu de la Maternidad del Pasado, luego me platicó sobre los nueve hijos que había traído al mundo (todos en parto natural), de la bendición que cada uno había sido en su vida (especialmente el añorado varoncito que se logró al quinto embarazo) y me advirtió con ternura que mis escasos 54 kilos no me iban a conseguir marido, mucho menos ahora que ya había cumplido 31 años. Agregó que esa noche me visitarían dos espíritus más y que ella, en mi lugar, se esforzaría por subir algunos kilos y en dejar de ponerle peros a los hombres. Desapareció. Cerré la ventana.
Cuando empezaba a adormilarme, sonó mi celular: era mi madre. Nos deseamos feliz Navidad, nos mandamos besos y abrazos, pero no pudo contenerse y me deseó también que mañana, al volver a casa, Fernando, por fin, tuviera para mí un anillo que a su vez trajese una boda, «y como ya no eres una jovencita, un lindo nietecito». Colgué.
El Espíritu de la Maternidad del Futuro nunca llegó. Así que supongo que Fernando regresará como siempre: sin anillo, pero ansioso por seguir jugando a la casita.
Se presentó como el Espíritu de la Maternidad del Pasado, luego me platicó sobre los nueve hijos que había traído al mundo (todos en parto natural), de la bendición que cada uno había sido en su vida (especialmente el añorado varoncito que se logró al quinto embarazo) y me advirtió con ternura que mis escasos 54 kilos no me iban a conseguir marido, mucho menos ahora que ya había cumplido 31 años. Agregó que esa noche me visitarían dos espíritus más y que ella, en mi lugar, se esforzaría por subir algunos kilos y en dejar de ponerle peros a los hombres. Desapareció. Cerré la ventana.
Cuando empezaba a adormilarme, sonó mi celular: era mi madre. Nos deseamos feliz Navidad, nos mandamos besos y abrazos, pero no pudo contenerse y me deseó también que mañana, al volver a casa, Fernando, por fin, tuviera para mí un anillo que a su vez trajese una boda, «y como ya no eres una jovencita, un lindo nietecito». Colgué.
El Espíritu de la Maternidad del Futuro nunca llegó. Así que supongo que Fernando regresará como siempre: sin anillo, pero ansioso por seguir jugando a la casita.
Resonancias
Un libro, que estaba en el rincón más lejano en la pequeña biblioteca de un pueblo rural, nunca fue leído.
Sus cuentos, desesperanzados, deciden escaparse.
Intentan refugiarse en la casa del escritor que les había dado vida, pero no fueron bienvenidos y después de una fuerte reprimenda tuvieron que irse.
A los pocos días fueron encontrados y llevados a juicio.
Los condenaron a quedarse sin autor (que era famoso), a no ser publicados nunca más, y a exponerse en la plaza del pueblo, como escarnio.
Recibieron la sentencia con alborozo.
Fueron los cuentos más leídos del país.
Sus cuentos, desesperanzados, deciden escaparse.
Intentan refugiarse en la casa del escritor que les había dado vida, pero no fueron bienvenidos y después de una fuerte reprimenda tuvieron que irse.
A los pocos días fueron encontrados y llevados a juicio.
Los condenaron a quedarse sin autor (que era famoso), a no ser publicados nunca más, y a exponerse en la plaza del pueblo, como escarnio.
Recibieron la sentencia con alborozo.
Fueron los cuentos más leídos del país.
Ana Grandal es licenciada en CC. Biológicas y ejerce como traductora científica freelance desde 1996. Entre otros, ha traducido los libros de divulgación Los orígenes de la vida (Freeman Dyson, Cambridge University Press, 1999), El comportamiento altruista (Elliott Sober y David Sloan Wilson, Siglo XXI, 2000) e Inteligencia emocional infantil y juvenil (Linda Lantieri, Santillana, 2009) y la compilación de poesía incluida en Mina Loy. Futurismo, Dadá, Surrealismo (La Linterna Sorda, 2016). Cuenta con varios premios literarios, que incluyen el V Concurso de Relato Corto del Ayto. de Monturque (2004) y el XIII Premio de Narrativa Miguel Cabrera (2006). Ha publicado la colección de microrrelatos Te amo, destrúyeme (2015) y Hola, te quiero, ya no, adiós (2017) en Amargord Ediciones.
Coedita con Begoña Loza la colección de relatos La vida es un bar (Vallekas) (Amargord Ediciones, 2016), en donde también participa como autora. Colabora en las revistas digitales La Ignorancia y La Charca Literaria. En su faceta musical, toca la flauta travesera en los grupos de rock VaKa y Los Vitter del Kas.
Puedes leer una selección de microrrelatos de su primer libro de microrrelatos, «Te amo, destrúyeme», publicado por Amargord Ediciones en 2015, pinchando AQUÍ.
Coedita con Begoña Loza la colección de relatos La vida es un bar (Vallekas) (Amargord Ediciones, 2016), en donde también participa como autora. Colabora en las revistas digitales La Ignorancia y La Charca Literaria. En su faceta musical, toca la flauta travesera en los grupos de rock VaKa y Los Vitter del Kas.
Puedes leer una selección de microrrelatos de su primer libro de microrrelatos, «Te amo, destrúyeme», publicado por Amargord Ediciones en 2015, pinchando AQUÍ.


