El anarquismo en la novela de crímenes del siglo XXI en España, por Gustavo Foreno

El anarquismo en la novela de crímenes del siglo XXI en España, por Gustavo Foreno
De más de mil novelas registradas de los años 2000-2018 con que cuenta mi investigación “La anomia en la novela de crímenes en España”, son varias las que aluden al tema del anarquismo como ideología, opción social o hecho histórico. Algunos escritores se remontan a sus orígenes en el siglo XIX y otros se interesan por su condición actual como opción ideológica y política al capitalismo. Algunos toman el anarquismo como centro de la trama y otros lo bordean, lo incluyen como contexto histórico o ideológico o panorama político del conflicto central. En el siglo XXI unas novelas resultan más implicadas que otras con esa vieja forma de entender la organización social, si así puede definirse, y otras ofrecen relaciones muy sugerentes con este tema. Autores de la más diferente condición, consolidados y no, recrean las circunstancias históricas o contemporáneas de ese movimiento social como respuesta a la crisis del capitalismo.
Un precursor de este último tópico puede ser Eduardo Mendoza (Barcelona, 1943), que en su ya clásica novela La verdad sobre el caso Savolta (1975) ofrece un panorama del conflicto entre los ricos empresarios y los anarquistas con el viejo proyecto de la república en medio. Así lo analizo en “El republicanismo en La verdad sobre el caso Savolta de Eduardo Mendoza”, texto incluido en el libro
República, violencia y género (Bogotá: Siglo del Hombre Editores, 2019) En esta novela se define escuetamente el conflicto social de la siguiente manera: “El rico no necesita al pobre: siempre que quiera lo sustituirá” (p. 169), con lo cual se plantean claramente los bornes del anarquismo.

La explicación histórica del hecho ideológico y político del anarquismo y, sobre todo, su vigencia desde la perspectiva del siglo XXI se pueden verificar en El último avión a Lisboa (2000) de Ricardo Bosque (Zaragoza 1964), que alude al Madrid de los años cuarenta del siglo XX, donde Antonio, acomodador en un cine, se enfrenta al dilema de negar la existencia de su hijo, anarquista desaparecido en 1937, o asumir la posibilidad de su sobrevivencia. Las imágenes de la película Casablanca que se proyecta en el teatro sirven de panorama al conflicto. Por su parte, El hombre que mató a Durruti (2004), de Pedro de Paz (Madrid 1969), tiene lugar en la Barcelona de 1937, en medio de la Guerra Civil española, cuando el comandante Fernández Durán investiga las circunstancias que rodearon la muerte de Buenaventura Durruti, líder anarquista fallecido en el frente de la Ciudad Universitaria de Madrid en noviembre de 1936. La novela ofrece su propia tesis, un tanto desabrida, respecto de las circunstancias de la muerte del líder anarquista, muy distinta a las de las versiones históricas.

Nadie debería matar en otoño (2007), de José Luis Ibáñez (Rubí, 1961), tiene lugar en el otoño de 1936 que sirve de marco temporal para la investigación del asesinato de tres patrulleros anarquistas por parte de Toni Ferrer, detective privado barcelonés convocado por Juan García Oliver, dirigente anarquista y futuro ministro de Justicia; y Pólvora negra (2008), de Roberto Montero González (Montero Glez) (Madrid 1965), la acción tiene lugar en el año 1906, cuando el anarquista Mateo Morral atenta contra la vida de los monarcas Alfonso XIII con Victoria Eugenia.

A esta breve lista se suma La tiranía del espíritu: o Las cinco muertes del barón airado (2011), de Jorge Navarro Pérez (Barcelona 1962), que tiene lugar en el contexto de desorden y terrorismo de la Barcelona de fin de siglo, donde las relaciones entre la pintura y las opciones políticas tienen su propia lectura.

También Cabaret Pompeya (2011), de Andreu Martín (Barcelona 1949), se recrea en época de bombas y pistolerismo anarquista y el lector tiene la oportunidad de verificar allí, sin maniqueísmos de ninguna naturaleza, el contexto histórico del movimiento social que alcanzó el poder en la Barcelona de la década de 1920. La historia de tres amigos a quienes une entre otras cosas su fecha de nacimiento, 1900, sirve como clave para entender los matices de la política española alrededor del tema. Por su parte, en Serás imbécil (2017), de Antonio Padilla Esteban (Barcelona, 1964), se sabe de una guerrilla urbana anarquista en el marco de la Barcelona de 1949. Durante la dictadura de Francisco Franco, un periodista, César Maristany, investiga la muerte de una muchacha en el Mediterráneo, lo que lo enfrenta a tales guerrillas.

Frente a estas novelas, Lectura fácil (2018), de Cristina Morales (Granada, 1985), asume el riesgo de abordar el anarquismo actual en los márgenes mismos del género negro: cuatro parientas, Nati, Patri, Marga y Àngels, con diversos grados de lo que la Administración considera discapacidad intelectual, comparten un piso tutelado en  Barcelona y declaran ante un juzgado que pretende esterilizar forzosamente a una de ellas. La perspectiva hipercrítica de la autora respecto de los ateneos barceloneses y las opciones libertarias configura una lúcida perspectiva de la vigencia del anarquismo en la España de hoy.

Más reciente todavía, la novela Una tumba sin nombre (2019), de Javier Sagastiberri (Donostia, 1959), relata la historia de Itziar Elcoro, que abandona Bilbao y viaja al Goierri para investigar el paradero de su compañera Arantza Rentería y, por la misma ruta, del asesinato de Ernesto Compson, líder de una comunidad anarquista. La contemporaneidad de esta visión literaria ayuda a comprender la vigencia de la ideología anarquista vinculada con los movimientos sociales que derivaron en el 15 M.
Otras novelas apenas bordean el tema del anarquismo pero resultan muy sugerentes para entenderlo: El nombre de los nuestros (2001), de Lorenzo Silva (Madrid, 1966), que tiene como personajes a dos soldados de leva, Andreu, el anarquista barcelonés, y Amador, un empleado de seguros madrileño adscrito a la UGT, que se desenvuelven en medio de la política colonial de España en el protectorado de Marruecos en 1921. Por su parte, en Las guerras de Diego (2009), de Jordi Sierra i Fabra (Barcelona, 1947), Diego, hijo de un militar del ejército en misión humanitaria, tiene una experiencia de formación bastante intensa: se acerca a su abuelo paterno, que en su juventud fue un ácrata, para conocer en directo un mundo que en principio ha languidecido.

Interesante también Soles negros (2016), de Ignacio del Valle (Oviedo, 1971), tiene lugar alrededor del año 1949 en Pueblo Adentro, una aldea a pocos kilómetros de Badajoz, centro de la resistencia anarquista extremeña, cuando el capitán Arturo Andrade, miembro la Sección de Información del Alto Estado Mayor, y su amigo Manolete, antiguo compañero de armas en la División Azul, investigan la desaparición y muerte de unas niñas en misteriosas circunstancias. La investigación se vincula con el famoso anarquista Ventura Rodríguez y su familia.

Como explicaba George Lukács para la novela histórica (1966), cierta literatura moderna da cuenta del avance histórico de determinadas fuerzas sociales. Para el caso, resulta evidente que en las novelas de crímenes españolas de los últimos años se percibe una épica del ascenso de un proletariado, llámese hoy colectivos subalternos, población vulnerable, excluidos, marginales, etc., que cada vez más reivindican sus derechos. “Tan solo pretendí hacer la epopeya del proletariado. El proletariado es un telón de fondo y la lucha anarquista también” (Tuñón, 1976, p. 52), afirmó Mendoza hace años explicando el propósito de su obra.

Para Pedro de Paz, en su retrato de Durruti, en 1933 “Comienza a producirse una clara escisión entre el gobierno y las organizaciones anarquistas” (1230). En este novela breve, los límites de la ficción y los datos “fidedignos” de la época llevan al escritor a indagar en un momento muy oscuro de la historia oficial donde las autoridades van al margen de las necesidades de la población y son solo los anarquistas quienes denuncian la brecha. En este caso, el individuo anarquista, excepcional, loco o enamorado, como se le definió siempre, poco tiene de verdad. En realidad, para los escritores de hoy existe una explicación sistémica del anarquista: “…el tal Mateo no actuó solo” (593), se dice en Pólvora negra. En esta novela el personaje hace parte de una red ideológica de carácter internacional y “La historia de nuestro país es la historia de la lucha de las clases altas por hacerse por el poder” (1662), explica Espadón (Nicolás Estévanez Murphy, ministro republicano en la realidad histórica), uno de sus personajes. “En esta partida el destino de campesinos y obreros es nacer para ser explotados, cuanto más mejor” (359), afirma cínicamente uno de los personajes de La tiranía del espíritu: o las cinco muertes del barón airado; a lo que señala otro, “las disputas de los poderosos las sufren los humildes” (4306).

Se puede advertir así que en las novelas de crímenes españolas del siglo XXI el anarquismo puede ser una clave para entender las cuestiones contemporáneas más importantes en torno a la condición del sistema económico dominante. Sobre todo, a partir de la ineludible lectura marxista de la lucha de clases sociales que define a la sociedad.



Trabajos citados

Bosque, Ricardo. El último avión a Lisboa. Combra, 2000.
De Paz, Pedro. El hombre que mató a Durruti. Aladena, 2004.
De Valle, Ignacio. Soles negros. Alfaguara, 2016.
Forero Quintero, Gustavo. República, violencia y género. Siglo del Hombre Editores, 2019.
Ibáñez, José Luis. Nadie debería matar en otoño. Espasa, 2007.
Lukács, G..  La novela histórica. [Traducido al español por de Jasmin, R.]. México: Biblioteca Era, 1966.
Martín, Andreu. Cabaret Pompeya. Edicions 62, 2011.
Mendoza, E. La verdad sobre el caso Savolta. Barcelona: Seix Barral, 2009.
Montero González, Roberto. Pólvora negra. Planeta, 2008
Navarro Pérez, Jorge. La tiranía del espíritu: o Las cinco muertes del barón airado. Seix Barral, 2011.
Padilla Esteban, Antonio Serás imbécil. RPM Edicions, 2017.
Morales, Cristina. Lectura fácil. Anagrama, 2018.
Sagastiberri, Javier. Una tumba sin nombre, Erein, 2019.
Sierra i Fabra, Jordi. Las guerras de Diego. Siruela, 2009.
Silva, Lorenzo. El nombre de los nuestros. Destino, 2001..



Este artículo ha sido expresamente escrito por Gustavo Foreno para la VI SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA, festival virtual del género negro celebrado del 21 al 27 de noviembre de 2019 en el blog de Historia y Literatura CITA EN LA GLORIETA. Ha participado en la jornada dedicada a la Género Negro en Latinoamérica, que coordina el escritor panameño Osvaldo Reyes. Puedes acceder al programa completo de la SEMANA NEGRA pinchando AQUÍ.
 
Gustavo Forero
Fotografía: David Estrada
Escritor, abogado y profesor titular de la Universidad de Antioquia (Colombia). Premio a la Investigación de Mayor Impacto de la Alcaldía de Medellín (2016) y Premio a la Investigación de la Universidad de Antioquia (2014). Doctor Cum Laude por la Universidad de Salamanca y magíster de la Universidad de la Sorbona (París IV). Entre sus libros se cuentan: El mito del mestizaje en la novela histórica de Germán Espinosa (2006), la edición anotada de Xicotencatl (2012), La anomia en la novela de crímenes en Colombia (2012), La novela de crímenes en América Latina (2017) y las novelas Desaparición (2012) y Amantes y destructores (2019). Edita los libros del proyecto Medellín Negro y es director del Congreso Internacional de Literatura Medellín Negro y del proyecto “La anomia en la novela de crímenes” actualmente dedicado al género en España.