Mostrando las entradas para la consulta Pasamontes ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta Pasamontes ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas

El «Plinio» de Sierra Morena, por Alberto Pasamontes

EL «PLINIO» DE SIERRA MORENA
Alberto Pasamontes
Apenas ha consumido uno los primeros capítulos de «El misterio de la mano perdida» (Ed. Sinerrata, 2014), la primera novela de las dos que hasta ahora componen la serie del sargento de la Guardia Civil Carmelo Domínguez, no puede evitar acordarse de otro servidor de la ley patrio, querido y recordado, como es el jefe de la policía local de Tomelloso, Manuel González, alias «Plinio». Los paralelismos son evidentes. El entorno rural (Carmelo presta sus servicios en la imaginaria localidad de Santa Honorata), la España franquista, el carácter tranquilo e intuitivo del protagonista, incluso el contrapunto que constituyen Don Lotario y el número Benito Viedma, que también nos recuerda a otro secundario de lujo como es el doctor Watson, a quien incluso el autor hace un homenaje en «El alcornoque de los muertos» (Ed. Sinerrata, 2015), cuando el agente Viedma piensa por un momento en escribir algún libro que cuente las aventuras de su superior.

Uno de los fuertes de las novelas que nos ocupan son las descripciones. Los personajes están bien definidos y son claramente reconocibles, por lo que uno llega a la conclusión de que el autor, Fernando Roye, domina el arte de hacer llegar al lector las características de los personajes de forma  fluida, sin necesidad de forzarlo. También los escenarios aparecen ante nuestros ojos con sencillez y naturalidad, de modo que podemos formarnos una imagen nítida de Santa Honorata, lugar ficticio, como ya hemos comentado antes, que el propio autor confiesa basada en la localidad jienense de Santa Elena.

De la mano de estos personajes, Fernando Roye nos sumerge en ese entorno rural común a ambas series, el entorno asfixiante y de gran desigualdad social que era la España rural de los años cincuenta. Así, seremos testigos del servilismo de los más pobres para con las clases favorecidas; el alcalde, el cura, las fuerzas del orden, el que ha hecho fortuna con el estraperlo, la nobleza… un servilismo que les lleva incluso a cometer acciones en contra de su voluntad o a adjudicarse otras que no les corresponden. Para acentuar la inmersión en la época y lugar donde se desarrollan las tramas, tenemos también la Casa Cuartel de la que el sargento Domínguez es máximo responsable, una estupenda muestra a pequeña escala de la sociedad rural franquista, de la opresión, los miedos, envidias y recelos que, envueltos en miseria y calamidades, se cocinaban a fuego lento durante años entre vecinos que, en muchos casos, habían sufrido la guerra desde bandos opuestos, y que lógicamente acababan por reventar por algún sitio. Con estos y otros elementos, como ya he apuntado, Roye elabora una acertada crítica social partiendo de un costumbrismo que nos acerca los usos de la época.




Roye encuentra otra manera más de mostrarnos el atraso social y el déficit cultural que lastraba a la sociedad española sin que en momento alguno tenga uno la sensación de que esa crítica sea un pegote metido con calzador. Comparando de nuevo con «Plinio», si bien este contaba con el respeto y la admiración de sus vecinos por sus razonamientos en pos de la verdad, el sargento Carmelo Domínguez no tiene tanta suerte. Con un ojo negro y el otro azul, posee una mirada que fascina e inquieta a partes iguales a todo aquel que se encuentra con ella. Además, sus dotes deductivas asustan a todo aquel que no las comprende (es decir, prácticamente a todo bicho viviente), incluidos los demás guardias del puesto, casi tan faltos de cultura y de mundo como el resto de sus convecinos, que creen firmemente que el sargento tiene poderes sobrenaturales porque adivina cosas que nadie llega siquiera a intuir. Por estos motivos, Carmelo Domínguez se gana a pulso el apodo de «el sargento hechizado».

Aún no hemos hablado a estas alturas del estilo de Fernando Roye, que es ligero y sencillo (lo cual dice mucho de sus cualidades, ya que lograr una escritura de apariencia fácil, fresca, casi como si las frases hubiesen surgido así por generación espontánea, es bastante complicado de lograr), y no está exento de pequeños toques de humor, lo que hace que las novelas se lean con mucha facilidad. Sin embargo, a pesar de estas virtudes, Roye se mete en algunas (pocas) ocasiones en pequeños jardines de los que no acaba de salir con la gracia o la habilidad requeridas, quizás porque aún le queda por dominar alguno de los mecanismos de la narrativa. Nada excesivamente grave, de todos modos. Con el tiempo seguro que sabrá resolver mejor ese tipo de situaciones.



Casi me había olvidado de mencionar que las novelas de la serie del sargento hechizado pertenecen al género negro. Debemos decir en este sentido que las tramas están bien planteadas y que consiguen atrapar pronto el interés del lector, pero (siempre hay un «pero») algunas de las deducciones que realiza nuestro sargento, por muy listo e intuitivo que sea, me parecen cogidas por los pelos, como aquella en la que establece la personalidad del propietario de, precisamente, la mano que da nombre al primer título, comparando las rayas de dicha extremidad con las suyas o las de su familia. También he de decir que en algún momento he sentido que el narrador, y lo que es peor, el protagonista, sabían algo que a mí no me habían contado, lo que no debería ocurrir en una novela de este género.

¿Conclusión? Una buena serie, con un gran recorrido y mucho margen de exploración y mejora. Una lectura más que recomendable, a cuyas futuras entregas habrá que prestar atención
.


© Alberto Pasamontes, julio de 2016.

Esta reseña ha sido expresamente escrita por Alberto Pasamontes para el blog de Historia y Literatura CITA EN LA GLORIETA. Agradecemos a todo aquel que quiera reproducir este texto en la Red que cite su fuente original.


Alberto Pasamontes (Madrid, 1970) estudió Filología Inglesa y desde 2009 mantiene una constante actividad literaria, con la que ha obtenido el primer premio en la IV edición del concurso de Relato Corto de Ediciones Beta y un accésit en la XIV de los Premios Artísticos y Literarios del Ministerio de Defensa. Algunos de sus cuentos han aparecido en revistas y antologías. Su primera novela, «Entre la lluvia», adscrita al género negro en el que se mueve con gran comodidad, apareció en 2014. Con «La muerte invisible», una fascinante trama policial a la sombra de la tragedia nuclear de Chernobil, ha obtenido por unanimidad el XVIII Premio Francisco García Pavón de Narrativa en 2015.

Reseña de «El heredero del diablo», de José Luis Caballero

Reseña de «El heredero del diablo», de José Luis Caballero
Alberto Pasamontes
Tras la catastrófica derrota de la Alemania nazi, los últimos soldados del Reich huyen en desbandada mientras buscan la forma de sobrevivir entre las ruinas de lo que una vez fue una nación próspera y orgullosa. Los más desesperados son los que lucen el tatuaje de las SS, sabedores de que no pueden esperar la más mínima compasión por parte de los aliados si son capturados. Klaus Rotter es uno de ellos. Por suerte para él, no es un soldado cualquiera. Rotter fue inspector de policía antes de la guerra, perteneció al servicio de inteligencia del Reich y, lo que lo hace extremadamente valioso para sus captores, hombre de confianza del todopoderoso Obergruppenführer Reinhard Heydrich.

Con estos mimbres José Luis Caballero, escritor, periodista y guionista, elabora una novela que en realidad son dos, una policiaca y otra de espías, complementarias una de otra y con la perfecta sincronización con que las tropas alemanas desfilaban al paso de la oca bajo la enfebrecida mirada del mismísimo Adolf Hitler.
 

Caballero demuestra dominar todos los campos de la literatura; el ritmo, el hilo argumental, la tensión narrativa son casi perfectas en ambas novelas -si me permiten la expresión- usando de forma precisa los mecanismos que cada una de las tramas, la de espías y la policial, necesita para su funcionamiento. Las descripciones, los ambientes casi se pueden masticar y uno se ve transportado a las distintas ciudades europeas, la Barcelona durante la guerra civil entre ellas –en mi imaginación, esas ciudades se recreaban en un apropiadísimo blanco y negro, llenas de claroscuros que evocaban al buen cine de la época-, y a los años convulsos que agitaron los cimientos del continente entre los años 30 y 40 del pasado siglo. El trabajo de documentación es excelente y eso se nota en el resultado final.

En este sentido, el autor exhibe su conocimiento del mundo del espionaje -es experto en diplomacia y servicios secretos- para urdir una trama sólida y eficaz, muy alejada de las historias de espías tan llenas de acción como artificiales, que nos transporta de los despachos de los servicios secretos británicos a los elegantes salones de la alta sociedad berlinesa de entreguerras en los que las intrigas y traiciones para ganar algunos puntos más a ojos del Reich, personificado aquí en la figura ominosa y temible de Heydrich, estaban a la orden del día.

Pero se supone que este es un especial de Cita en la Glorieta sobre novela policiaca ambientada en regímenes dictatoriales. Bien es cierto que el tipo del bigotito llegó al poder por medio de unas elecciones democráticas -tomemos nota en estos tiempos, por favor-, pero a estas alturas de la película a nadie le cabe duda de lo que realmente fue. Haciendo uso de precisos saltos temporales, el autor deja la trama de espías e introduce el asesinato de un alto oficial de la Kriegsmarine y su correspondiente investigación a cargo de Rotter, que justifican la inclusión de El heredero del diablo en este especial, ya que es también una muy entretenida novela negra en la que no falta ninguno de los elementos clave del género; un brutal crimen al que seguirán otros -por supuesto-, una mujer fatal -siempre hay una-, una interesante variedad de sospechosos y una investigación plagada de contratiempos, envuelto todo en la asfixiante y peligrosa atmósfera que imperaba en la Alemania de la época. -y cuando digo peligrosa, imaginen lo que debía ser andar metiendo las narices en los asuntos de ambiciosos gerifaltes nazis- con un ritmo que va subiendo en intensidad hasta el contundente final.

En definitiva, una novela muy bien trabajada que gustará a los amantes de ambos géneros. Casi dos por el precio de una. Poco más se puede pedir
.



© Alberto Pasamontes, V Semana Negra en la Glorieta, noviembre 2018.


Esta reseña ha sido escrita por Alberto Pasamontes para la V SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA, celebrada del 21 al 27 de Noviembre de 2018. Agradecemos a quien quiera reproducirla, total o parcialmente, que cite su fuente original. Si quieres acceder al programa de la Semana Negra PINCHA AQUÍ.

 

Alberto Pasamontes (Madrid, 1970) estudió Filología Inglesa y desde 2009 mantiene una constante actividad literaria, con la que ha obtenido el primer premio en la IV edición del concurso de Relato Corto de Ediciones Beta y un accésit en la XIV de los Premios Artísticos y Literarios del Ministerio de Defensa. Algunos de sus cuentos han aparecido en revistas y antologías. Su primera novela, «Entre la lluvia», adscrita al género negro en el que se mueve con gran comodidad, apareció en 2014. Con «La muerte invisible», una fascinante trama policial a la sombra de la tragedia nuclear de Chernobil, ha obtenido por unanimidad el XVIII Premio Francisco García Pavón de Narrativa en 2015.

Reseña de «Alcohol de 99º» de Manu López Marañón

RESEÑA DE «ALCOHOL DE 99º», DE MANU LÓPEZ MARAÑÓN, por Alberto Pasamontes
El postfranquismo fue una época dura. Para todos en general, pero especialmente para la juventud de la época. La profunda crisis económica que sufrió España en la década de los setenta, dejó como resultado, entre otras cosas, una importante recesión industrial, el cierre de numerosas fábricas, maquinaria y métodos de trabajo obsoletos en las que seguían con la producción, y un sector industrial deficitario. Como consecuencia, el paro y la inflación iniciaron un ascenso que parecía imparable cebándose de manera especial sobre las clases más desfavorecidas, pintando un futuro más que negro para la población joven de familias proletarias que se hacinaban en pisos colmena de las grandes ciudades, que sin ninguna otra alternativa de ocio o trabajo acababa cayendo en la droga, y por ende en la prostitución y delincuencia que esta acarreaba. En este escenario, la llegada de la heroína apenas un lustro antes como medio de escapar de una realidad insufrible acabó por convertirse en una epidemia de la que resultaba casi imposible escapar.

¿Qué por qué suelto esta clase de historia? Pues para que aquellos (más jóvenes que el que suscribe) que no la conocieron se hagan idea del contexto en el que nos vamos a mover, porque es en esta época, finales de los setenta y ochenta, donde sitúa Manu López Marañón su novela Alcohol de 99º, un afilado retrato de la sociedad bilbaína y barcelonesa (aunque extensible a toda España) de la mano de Asís y Artur, dos jóvenes de los que hablábamos un párrafo más arriba. Es cierto que, mediados los años ochenta, se produjo una regeneración económica (más propiciada por los fondos europeos que, a modo de maná, llegaron al país como resultado de su integración en la Unión Europea, que por los aciertos del gobierno de Felipe González), pero esa recuperación, lamentablemente, no llegó a tiempo para los que, como los protagonistas de esta estupenda novela, ya llevaban años instalados de forma definitiva en la marginalidad.

Usa López Marañón una prosa preciosista, de cuidados detalles, que en principio podría no parecer acorde con la historia que nos cuenta, y que, sin embargo, se convierte en un modo elegante de hacerlo, ofreciendo un interesante contrapunto a unos hechos que bucean en lo más profundo de la delincuencia y el más absoluto desprecio por todo lo que no sea el yo, y quizás ese colega con el que llevas dando palos a gasolineras media vida. Las descripciones, los ambientes, están recreados con la dosis precisa de depresión, de oscuridad, de decadencia; los diálogos, magníficos, reproducen a la perfección el lenguaje y modo de hablar de los ambientes en los que transcurre la novela, ayudando al lector a volver a aquellos años convulsos para sumergirse en la historia.

Los hechos que se narran se prolongan durante una década, por lo que no se trata de una novela centrada, como suele suceder en la novela negra, en contarnos en detalle el atraco a un banco o en el esclarecimiento de un asesinato (aunque de ambos hay en las casi quinientas páginas de Alcohol de 99º); no se trata de eso, decía, sino de una novela coral, casi podría decirse de una saga o biografía, de los dos personajes principales y de los secundarios (bien definidos, con vida propia) que les acompañan a lo largo del tiempo, dando forma a una historia triste que, por desgracia, se convirtió en la de tantos y tantos jóvenes de la época. Las propias necesidades de una historia de este tipo hacen que, en ocasiones, el ritmo se vuelva algo lento para lo que estamos acostumbrados si hablamos estrictamente de novela negra. No es un defecto, en absoluto, sino la estructura y evolución lógicas que una historia del tipo de la que nos cuenta López Marañón necesita para ser contada con la brillantez con la que esta lo ha sido
.


© Alberto Pasamontes, marzo 2017.


La reseña de «Alcohol de 99º» ha sido expresamente escrita por Alberto Pasamontes para el blog de Historia y Literatura CITA EN LA GLORIETA. Agradecemos a todo aquel que quiera reproducir este texto en la Red que cite su fuente original.


Alberto Pasamontes (Madrid, 1970) estudió Filología Inglesa y desde 2009 mantiene una constante actividad literaria, con la que ha obtenido el primer premio en la IV edición del concurso de Relato Corto de Ediciones Beta y un accésit en la XIV de los Premios Artísticos y Literarios del Ministerio de Defensa. Algunos de sus cuentos han aparecido en revistas y antologías. Su primera novela, «Entre la lluvia», adscrita al género negro en el que se mueve con gran comodidad, apareció en 2014. Con «La muerte invisible», una fascinante trama policial a la sombra de la tragedia nuclear de Chernobil, ha obtenido por unanimidad el XVIII Premio Francisco García Pavón de Narrativa en 2015.

Reseña de «Historia universal de los hombres gato» de Josu Arteaga, por Alberto Pasamontes

UNA NOVELA TRAMPA
Alberto Pasamontes
Historia universal de los hombres gato es una novela trampa. Primero de todo, porque no es una novela. O sí. Vaya usted a saber. Volvamos a empezar.

Historia universal de los hombres gato es una colección de relatos que leídos en conjunto forman un todo, superior, intangible, denso, opresivo, que podemos considerar una novela. Varios de ellos se podrían leer en un orden distinto al que Josu Arteaga nos propone. Esto quizás cambiaría de algún modo la percepción que el autor arrasateaga pretende que tengamos de Olariz, aldea ficticia perdida en algún recóndito rincón de Navarra, aunque seguiría manteniéndose, manteniéndonos, firme en lo esencial. No es nueva esta técnica para montar una novela, si es que esta lo es, aunque Arteaga la usa con maestría. Quizás porque, como músico que es (integrante de los rockeros La banda del abuelo), sabe que los temas contenidos en un disco deberían formar (no siempre ocurre) de algún modo un conjunto reconocible y coherente. Un todo, en definitiva. Igual que una novela que no lo es, pero lo parece
.

Decía antes que esta es una novela trampa, y he dado la primera razón. Vamos a por la segunda que es, ni más ni menos, ¡nada más y nada menos!, que una vez que has comenzado a leerla, es muy difícil dejarla. Antes de seguir, voy a meter aquí la única queja que tengo: un cierto abuso de las frases hechas y la aliteración en algunos pasajes. Abuso consciente por parte del autor, en cualquier caso, en parte justificado por su afán de envolver al lector en el peculiar universo de Olariz y la mentalidad de sus gentes, pero que llega a cansar en ocasiones. Dicho esto, nadie debería echarse atrás por ello, porque lo cierto es que Historia universal de los hombres gato te atrapa con su estilo directo, seco, de frases cortas, rotundas, como dentelladas certeras, sin dobleces ni medias tintas. Te atrapa y te enreda, te desorienta, como un laberinto para ratones o una tienda de Ikea (¿no es lo mismo en el fondo?), te sacude, te golpea la cabeza, te engaña, te hace enfrentarte a ella y, cuando crees que ya la dominas, da un salto mortal y te clava un puñal por la espalda.
"En Olariz la vida y la muerte se entienden a nuestra manera. Todo nace y todo muere. Sin más. Así ha sido desde el primer amanecer. Para hombres y animales. Sin distinción. La vida es nieve primeriza. La muerte es nieve pisada. Ambas son lo mismo, Blanca y pura cuando se posa. Barro que desaparece en el barro, cuando el invierno muere bajo un sol que nace. Principio y fin del dolor. Así lo aceptamos desde siempre. Sin grandes aspavientos. Sin vueltas a la cabeza. Esos son quehaceres de curas y gente de carrera. Con tiempo de sobra para barruntar."
La muerte y la vida. La vida y la muerte, que siempre gana. No es un libro fácil Historia universal de los hombres gato. No es fácil, porque Arteaga hace todo lo posible para que no lo sea. No es fácil, porque la historia de Olariz es la difícil historia de una sociedad rural aislada y empobrecida, de gentes recias, sufridas, sin motivos para la alegría. Gentes que tienen sus propias normas, sus leyes no escritas, leyes de los pueblos que no se entienden fuera de ellos, y que en ellos todos entienden como justas. Con su propia concepción del mundo y de cómo deben ser las cosas.
"Aquí, entre estas viejas montañas, de vida parca, la inquina se desarrolla libremente y se remedia sin necesidad de papeles con reales sellos y pliegos que recogen palabros que nadie entiende. A nuestra manera. Aquí siempre se ha hecho a nuestra manera."
No quiere ser Arteaga políticamente correcto. Para eso ya hay otras novelas, otros cuentos. Se mete a fondo y de modo consciente en todos los fregados, jugándose el tipo, desde el particular punto de vista que el opresivo entorno de Olariz tiene de la religión, del maltrato, del suicidio, de la codicia, del homicidio... Un entorno que lleva a la locura, una locura de la que ni los más cuerdos logran escapar indemnes.
"Dicen que los gatos son animales traicioneros. A mí no me lo parece. Menos aún conociendo al gato Bonifacio. Hice buenas migas con él. Me estimaba más que a ninguno del pueblo. Quizás porque nunca le llamé loco. Porque le quise bien. Porque siempre supe que veía cosas por aquel ojo seco."
No es fácil porque quiere remover conciencias. Porque logra removerlas. Y con ello vamos a la tercera razón. Y es que no hay razón. Y si la hay, ¿quién la tiene? Porque, ¿es la gente de Olariz peor que la de otros lugares? ¿O solo son otras reglas? Otro mundo, uno en el que lo que es importante y lo que no, lo que rige el devenir de vivos y muertos, es de otra manera. Ni mejor ni peor, solo distinto. Más sincero, menos hipócrita. Un mundo que, justo o no, queramos o no, se muere devorado por su propio ser, por sus propios pecados, por sus costumbres, sus ritos, sus leyes y sus crímenes, sus virtudes y sus defectos. Por el progreso, por la evolución. Por la falta de ellos. Autofagocitado.

Un mundo que, en todo caso, merece ser conocido. Una no-novela que merecía ser contada de la forma magnífica en que Josu Arteaga lo ha hecho. Y que, por supuesto, merece ser leída del mismo modo.



Posdata: sería muy injusto (y muy chapucero por mi parte, por qué no decirlo), olvidarme de mencionar el estupendo trabajo que han hecho los vallecanos de Desacorde Ediciones. Historia universal de los hombres gato fue editada por primera vez en 2010 por Alberdania. Aquella tirada se agotó y no puedo hablar sobre ella, pero sí sobre esta reedición que ahora nos trae Desacorde. Un libro manejable, que se nota hecho con cariño y respeto, de tacto agradable, con una atractiva portada y unas magníficas ilustraciones de Jota-Han que sirven para abrir cada capítulo/cuento y que potencian el texto. Uno de esos libros que produce placer solo de tenerlo en las manos.

© Alberto Pasamontes, junio 2016.

La reseña de «Historia universal de los hombres gato» ha sido expresamente escrita por Alberto Pasamontes para el blog de Historia y Literatura CITA EN LA GLORIETA. Agradecemos a todo aquel que quiera reproducir este texto en la Red que cite su fuente original.


Alberto Pasamontes (Madrid, 1970) estudió Filología Inglesa y desde 2009 mantiene una constante actividad literaria, con la que ha obtenido el primer premio en la IV edición del concurso de Relato Corto de Ediciones Beta y un accésit en la XIV de los Premios Artísticos y Literarios del Ministerio de Defensa. Algunos de sus cuentos han aparecido en revistas y antologías. Su primera novela, «Entre la lluvia», adscrita al género negro en el que se mueve con gran comodidad, apareció en 2014. Con «La muerte invisible», una fascinante trama policial a la sombra de la tragedia nuclear de Chernobil, ha obtenido por unanimidad el XVIII Premio Francisco García Pavón de Narrativa en 2015.

«La muerte invisible», novela de Alberto Pasamontes

«LA MUERTE INVISIBLE». Sinopsis
Un policía de Moscú es represaliado por el Soviet Supremo a un nuevo destino en Ucrania, concretamente a Pripyat, la localidad más próxima a la central nuclear de Chernobil. Solo dos días después de su llegada es testigo de lo que acabará siendo la mayor tragedia nuclear de la Unión Soviética, silenciada por el poder en un intento de proteger a los responsables políticos de la catástrofe. Cuando están a punto de cumplirse treinta años de esa explosión y fuga radioactiva, fechada el 26 de abril de 1986, Alberto Pasamontes utiliza aquel episodio que impuslsó la Perestroika a costa de asolar toda una región rusa, para crear una novela negra, ganadora del XVIII Premio Francisco Pavón de Narrativa Policíaca, donde un investigador busca en solitario a los verdaderos artífices de aquel infierno.


«LA MUERTE INVISIBLE». Fragmentos
  Vacío la maleta. Toda mi ropa no ocupa ni la mitad del armario. Y eso que no se puede decir que sea grande. Luego abro la caja. Terminaré pronto, no hay mucho que sacar. El despertador, mi vieja Zenit, -no recuerdo cuándo la usé por última vez, pero parece que hay un carrete dentro sin terminar-, tres álbumes con fotos antiguas, una pequeña bolsa de piel con mis útiles de aseo, unos prismáticos, algunas novelas baratas leídas ya hace tiempo, y al fondo, protegidos de miradas indiscretas, mis discos. Música occidental, los Stones, Elvis, Deep Purple; todo de contrabando, algunos de ellos distraídos durante los registros en las viviendas de opositores al Partido. Los saco con una mezcla de cariño y angustia, hasta que compruebo que no han sufrido ningún daño durante el viaje. Cojo el último con especial cuidado, una funda de papel grueso hecha a mano que contiene el más delicado: Blonde on Blonde de Bob Dylan, grabado sobre una radiografía de un húmero roto. Recuerdo el día que me hice con él. Fuimos a aquel apartamento muy cerca de la estación de Metro de Frunzenskaya. Tiramos la puerta abajo, los cogimos en la cama, amándose, ajenos al sufrimiento que se les venía encima. No eran más que dos estudiantes universitarios, apenas tendrían veinte años. Los molimos a palos. En realidad fue Kovalev, pero yo no hice nada por impedirlo. Me quedé allí quieto, y no hice nada. Nada. Soy tan culpable como él. No dejó de golpearles hasta que perdieron el conocimiento. Luego registramos la casa, destrozamos los muebles buscando pruebas de su traición. Cuando encontramos los discos de contrabando, ¡como si escuchar música occidental supusiese algún riesgo para la Unión Soviética! Kovalev volvió a golpearlos. Al chico le pateaba el estómago. Con ella se centraba en los pechos. Si les matas se librarán de veinte años en Siberia, se me ocurrió decir al fin, ¿es que quieres hacerles ese favor? Se volvió a mirarme y soltó una risa cruel. La perspectiva de que acabasen en un campo de trabajo lo dejó satisfecho, y por fin los dejó en paz. No encontramos nada más. Solo aquellos discos. Cuando salíamos, a uno de los agentes que nos acompañaban se le cayó una de las radiografías. No se dio cuenta. Me la guardé debajo del abrigo, sin saber siquiera qué había grabado en ella. Fue un impulso, corrí un riesgo estúpido, no sé por qué lo hice. Esa noche, cuando llegué a casa, puse el disco, con el volumen muy bajo, por miedo a que lo escuchase alguien. Nunca había oído hablar de Bob Dylan.
  A él lo condenaron a trabajos forzados en una mina de carbón; ella terminó en una cárcel de Kazajistán. Yo comencé a dudar de las órdenes de mis superiores.

«La muerte invisible», 2015, pág. 21-23

  Se ha sentado junto a su marido y se han cogido la mano por debajo de la mesa. Son un matrimonio de mi edad, de aspecto sano y honesto. Me siento incómodo. Me sobrecoge ver a punto de derrumbarse a ese hombre fuerte, de rasgos orgullosos y duros y carácter laborioso.  Si no lo ha hecho ya, es porque está más pendiente de tranquilizar a su mujer con tiernas caricias de su mano fuerte y callosa. Me gustaría decirles que nada deben temer, que no estoy interesado en la travesura inconsciente de su hijo, pero sé que serviría de muy poco; la visión de una placa de policía suele ser un mal presagio en la Unión Soviética.

«La muerte invisible», 2015, pág. 34

  Doy las gracias a Víktor por la información y subo las escaleras pensando que, al menos, he ido a parar al Soviet Municipal en el mejor momento, cuando el hombre venido de Moscú y, sobre todo su amiguito del KGB, no se encuentran aquí para controlar qué se puede contar a un policía medio acabado.

«La muerte invisible», 2015, pág. 93

Central Nuclear de Chernobil antes del accidente
- Fuente: www.pripyat.com -
«LA MUERTE INVISIBLE». Críticas en la Red
Leer de un tirón no es muy teórico ni es un concepto crítico pero es muy gráfico y muy eficaz. Muestra que Pasamontes domina con gran soltura la técnica de narrar, de contar, de montar una estructura verosímil y coherente. Esta manera de exponer los hechos es la más antigua, la más clásica y la que sigue teniendo mayor dificultad. Es también la que sigue produciendo mayor placer en el lector.


La muerte invisible es una deslumbrante y original novela que deja por los suelos la actual y reiterativa narrativa negra. La obra, de afiladas descripciones en ambientes y personajes, goza de una sabia y contundente escritura, con diálogos incluidos sabiamente dentro de la narrativa, y que fluye con la precisión de una maquinaria de relojería. Los diferentes escenarios, pocos, son cada vez más grises y tétricos, recordando un poco ese laberinto sin salida de El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad o la claustrofobia producida por la película en el espectador por Alien de Ridley Scott.


La redacción en primera persona, con la perspectiva del que recibe las órdenes de la autoridad política, da un ritmo trepidante a la novela que aproxima a esos trágicos días tanto a quienes los recordamos como a los que por edad no han tenido más referencia que alguna noticia en alguno de los aniversarios de la catástrofe.

Una de las cosas que más se agradece en este libro es lo accesible de las explicaciones sobre los fenómenos físiconucleares que se dan en las centrales, sorprende lo fácil que nos lo pone el autor a la hora de poder entenderlo
.



Puedes leer «Chernobil, el infierno en la tierra», artículo expresamente escrito por Alberto Pasamontes para el blog de Historia, Arte y Literatura CITA EN LA GLORIETA, pinchando AQUÍ.


Alberto Pasamontes (Madrid, 1970) estudió Filología Inglesa y desde 2009 mantiene una constante actividad literaria, con la que ha obtenido el primer premio en la IV edición del concurso de Relato Corto de Ediciones Beta y un accésit en la XIV de los Premios Artísticos y Literarios del Ministerio de Defensa. Algunos de sus cuentos han aparecido en revistas y antologías. Su primera novela, «Entre la lluvia», adscrita al género negro en el que se mueve con gran comodidad, apareció en 2014. Con «La muerte invisible», una fascinante trama policial a la sombra de la tragedia nuclear de Chernobil, ha obtenido por unanimidad el XVIII Premio Francisco García Pavón de Narrativa en 2015.