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Reseña de «Los Caín», de Enrique Llamas

Reseña de «Los Caín», de Enrique Llamas, 
por Yolanda Rocha Moreno
En muchas ocasiones he comentado con amigos y autores que el mundo rural me fascina sobre todo cuando se trata de novela negra porque creo, sinceramente, que en pocos lugares como en los pueblos pueden entenderse los odios que se pierden atrás en el tiempo. Odios que pueden acabar desembocando en sucesos terribles, en crímenes que nos dejan sin aliento por su brutalidad, como hemos podido vivir en nuestro país en muchas ocasiones. Solo hay que recordar los oscuros, y aún no resueltos, asesinatos de Los Galindos o la matanza de Puerto Hurraco, por poner dos ejemplos conocidos. No solo eso: uno de mis escritores favoritos de siempre es Miguel Delibes, que supo reflejar como nadie ese microcosmos que puede ser un pueblo, en el que difícilmente se olvidan las cosas que han pasado e, incluso, se anticipan las que están por llegar. El camino y Los santos inocentes son dos de mis lecturas de cabecera, a las que vuelvo de cuando en cuando. Tan diferentes y tan parecidas. Tan brutalmente sinceras. Un poco de Delibes hay en Los Caín, tanto en la ambientación como en el dibujo de los personajes y en algunas descripciones. Pero Enrique Llamas, además, ha sabido crear una novela negra diferente, inquietante, misteriosa, que hunde sus raíces en el pasado de un pueblo que parece incapaz de escapar de sí mismo.

FLORES EN LA TUMBA DE LA NIÑA ESTHER

"Dicen que Dios hizo el mundo en seis días y el séptimo descansó. Por eso, a veces, las cosas más horribles ocurren en domingo. Mientras Dios duerme."
De la película El séptimo día,
dirigida por Carlos Saura.

Héctor Cruz, un joven e inexperto maestro madrieño, es destinado como profesor a la escuela de Somino, un pueblo perdido en la meseta castellana del que jamás ha oído hablar. La oportunidad de hacerse cargo de una clase durante un curso completo es el mejor aliciente, a pesar de la lejanía. Son los últimos años del franquismo y, aunque en Madrid las cosas empiezan a modernizarse, en Somino todo sigue como siempre, anclado. Cuando llega a Somino todo le es extraño y Héctor se siente por completo fuera de lugar. Los ciervos, que abundan en los alrededores, empiezan a morir y a aparecer en la puerta de algunos vecinos sin que nadie tenga una explicación ni haya visto nada. Y el joven profesor no comprende a los habitantes, ni por qué viven con rencores de los que nadie ya recuerda el motivo. El pueblo está dividido en dos, tanto física como emocionalmente: son quienes son y sienten lo que sienten por haber nacido en una parte u otra de Somino y, como marcado en el ADN, crecen con el odio a los de enfrente. Héctor irá desbrozando a duras penas parte de la historia del lugar y descubrirá dos muertes que siguen sin explicación: el extraño accidente de una adolescente que trataba de huir de su casa y la de una niña ahogada veinte años atrás, a cuya tumba, misteriosamente, llevan flores vecinos de las dos partes del pueblo. La llegada del invierno y la nieve encierra todavía más a los vecinos y a Héctor, que no puede conducir a Madrid, y a quien no le queda sino la rutina y una inquietud cada vez más intensa.
Si hay una cosa que me llamó la atención de Los Caín es la sorprendente juventud de su autor, Enrique Llamas, que ha escrito una novela madura, oscura, que contiene un retrato absolutamente real del mundo rural de aquellos años. Ha sido capaz de crear una ambientación única y absorbente, que te traslada a las calles de Somino y que te hace querer saber más, indagar en los motivos que aquellas gentes tienen para hacer lo que hacen y ser como son. Eran tiempos (y eso se mantiene en la actualidad) en que en los pueblos no había las distracciones que podían encontrarse en las ciudades, de ahí que observar al vecino fuese el mejor entretenimiento.

Las gentes se rebautizan de acuerdo con la familia en la que ha nacido. El único teléfono de la localidad está en casa de “las chicas de teléfonos”, que siguen siendo las chicas aunque casi estén ya en edad de jubilación. Hay un general temor mezclado con odio hacia la Guardia Civil, a los que miran con recelo y como si fuesen invasores. La muerte de los ciervos está dejando sin su medio de vida a quienes conseguían dinero vendiendo su carne y eso enrarece más la atmósfera que rodea al pueblo.

 
Enrique ha escrito una novela fantástica, en la que es muy fácil caer dentro. Una novela que trata, sobre todo, de la maldad humana y de cómo hay personas que disfrutan siendo malas. De cómo en el mundo rural hay enfrentamientos que pueden durar años y generaciones, ese "germen de Guerra Civil" que definió Arturo Pérez Reverte en una ocasión. O que hay cosas que suceden, incluso las más terribles, porque en el pueblo no hay nada más en lo que pensar. La prosa es magnífica, con descripciones tan intensas que puedes sentir el frío de la nieve caída, el temor de Héctor ante todo lo que no entiende, la soledad de las calles apenas iluminadas, las ventanas que esconden, tras sus cortinas, miradas que buscan y juzgan. Y la ambientación, como decía antes, impresionante. Nada sobra. Es sencillo hacer propios los miedos y las preguntas de Héctor. Incluso las carreteras se confabulan para convertir a Somino en un mundo aparte: es largo y complicado llegar y casi imposible abandonarlo, incluso para quienes ya se han ido.

Los Caín me ha supuesto un brillante descubrimiento, una novela que se sale por completo de los cánones de la novela negra pero que lo es por derecho propio. Muchas de sus páginas te provocan un escalofrío muy real en la espalda. Ha sido una de mis lecturas más impactantes de los últimos tiempos y os la recomiendo encarecidamente. Somino os está esperando y, con este inicio, querréis llegar cuanto antes:
"Nadie supo nunca que aquella noche la tumba de Arcadio Cuervo quedó mal cerrada. Y nadie, ni siquiera sus hijas, supo que siempre habría de estarlo porque en la tarde del entierro ya anochecía, y la cerraron deprisa y a ciegas. No sirvió de nada que al día siguiente, cuando la mañana apenas clareaba, la persona encargada intentase sellarla con la tranquilidad de quien sabe que, entre los vivos, los muertos solo dejan herencias."



   
Puedes acceder al programa de la SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA, festival virtual del género negro celebrado del 21 al 27 de noviembre en el blog de Historia y Literatura CITA EN LA GLORIETA, pinchando AQUÍ.

es una madrileña enamorada de su ciudad, que vio su primera luz en Chamberí y pasó buena parte de su infancia junto al Rastro y la Plaza Mayor. Lectora precoz, desde siempre ha sentido predilección por la novela policiaca y de misterio. Aunque ha hecho alguna pequeña incursión en la escritura, leer se ha convertido en su principal pasión. Después de colaborar en otros medios, actualmente administra el blog  "Que el sueño me alcance leyendo".

 

Presentación de «Habitación 226» en Camarma de Esteruelas

PRESENTACIÓN DE «HABITACIÓN 226», DE PEDRO DÍAZ CHAVERO, EN CAMARMA DE ESTERUELAS
por Equipo de Redacción de Cita en la Glorieta
El viernes 14 de junio Lettere presentó en el Café Galos de Camarma de Esteruelas (Madrid) la novela de Pedro Díaz Chavero «Habitación 226». De maestro de ceremonias ejerció Guillermo Polanco, director de la Asociación Cultural de Camarma. Desde Bilbao vino Manu López Marañón –reseñador de Cita en la Glorieta– que, en febrero de este año, publicó en nuestra revista una crítica de «Habitación 226» que satisfizo a la editorial. Entre el nutrido público que asistió estaba Ignacio Rodríguez, editor de Lettere. Cita en la Glorieta estuvo en Camarma para esta presentación. Damos así inicio a una serie de reportajes con autores bien conocidos y estimados por la revista.

EL AUTOR

Tras una ajustada introducción a los miembros de la mesa, Guillermo Polanco cedió la palabra a Manu López Marañón quien –para aquellos que aún no conocen a Pedro Díaz Chavero– los introdujo en la arrolladora personalidad del autor. Destacó, como no podía ser de otra manera, el paso de Díaz Chavero por la Secretaría de Acción Institucional de la UGT, su perfil concienzudo en aquellas negociaciones para la reforma de las pensiones que llevó él en persona. Recordó López Marañón sus actuales trabajos para el Ministerio de Asuntos Exteriores y la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, y cómo es también fundador –y presidente honorífico– de la Asociación para la Difusión del Español y la Cultura Hispánica.

Antes de centrarse en el argumento de la novela, nuestro reseñador no quiso dejar de citar una inolvidable frase del autor (aparece en la solapa de la portada de «Habitación 226»): «He sobrevivido al franquismo, a la democracia y a la posverdad. Ya solo leo y escribo».



Pedro Díaz Chavero, Manu López Marañón y Guillermo Polanco

SINOPSIS DE HABITACIÓN 226

El Pozo del Huevo es el barrio de chabolas de Vallecas donde nace Toñín. En los primeros capítulos de «Habitación 226» abundan episodios de supervivencia, de lucha por la vida al modo de los de «La forja de un rebelde», de Arturo Barea. La primera galería de secundarios creada por Pedro (el padre ausente, la madre prostituta, el tío Simón, el tío Juan, Tomatito) forma un ajustado elenco que da cuerpo a esa corte de la miseria, siempre entre la pillería y el esperpento. Toñín, como el chico de «La mirada inocente» pierde también pronto la inocencia. –En la mejor novela de Simenon también hay un chaval sensible cuya madre recibe a sus amantes en un pisito del arrabal parisino–. Las duras circunstancias en las que se ve envuelto Toñín lo arrastran prematuramente a la edad adulta, una edad cínica y encallecida en su caso, que marca el desarrollo de «Habitación 226». Mientras al chico de la novela de Simenon lo salvaba la calle, el mercado de abastos y la pintura, a nuestro Toñín del infierno vallecano lo libra un pueblo de Extremadura y la literatura.

En efecto, bajo los cielos extremeños, en compañía de su amigo Sandalio o en el amor por Lucita, Toñín renace. Pero como reverso, el imprevisto horror: las violaciones infantiles que azotan el pueblo. Un cura pederasta y el hijo del rico comparten gusto por tales desmanes. Y aquí «Habitación 226» entra sin duda en los terrenos de la ficción porque ambos violadores son ejecutados a través de sangrientas venganzas en unas páginas truculentas que poco tienen que envidiar al Camilo José Cela de «La familia de Pascual Duarte». El apoyo de un profesor del colegio –que cree que Toñín tiene madera de universitario–, oxigena tanta desdicha y abre al futuro una puerta de esperanza.

OPINIÓN DEL RESEÑADOR

Dijo Kafka: «Si el libro que leemos no nos despierta como un puñetazo en el cráneo, ¿para qué leerlo?». El acierto de una novela como «Habitación 226» se basa en que lo que se cuenta está atado al autor, en destilar eso que se llama «verdad literaria»; en que el autor ha sabido colocarse a la altura de sus propios personajes, incluso de los que puedan parecernos más abyectos. Una novela es una maquinaria que funciona en conjunto y no admite que se desmiembren las piezas. Pedro consigue darnos esa potente impresión convirtiendo a su memoria en una rebelde desazón. «Habitación 226» no es una guarida en la que el autor se agazapa temeroso ni, mucho menos, la complacencia de una legitimidad: a la memoria de Pedro la azota una desagradable intemperie de la que solo se sale luchando duro en la vida.

Llegado este momento, Manu López Marañón dejó paso al autor, Pedro Díaz Chavero, que leyó unas páginas sobre lo que para él, como autor es «Habitación 226».

EL AUTOR NOS HABLA SOBRE SU OBRA

«Habitación 226» es el relato de las aventuras de un niño de alrededor de 14 años en un mundo mísero, sórdido, cruel… La España de los 60. El niño se enfrenta a hechos horribles con la mirada inocente pero con la actitud de un héroe, de un líder que imparte, de manera inconsciente, justicia, provocando en el lector la aceptación y a veces el requerimiento de respuestas a estos hechos cuanto menos controvertidos.

Es una novela escrita consecuentemente, repleta de dilemas morales, de trampas, que no deja a nadie indiferente y que según algunos lectores provoca un torrente de emociones, un mar de sentimientos, curiosamente muy diferentes en cada uno de ellos, dejando al desnudo sus principios morales, sus prejuicios, sus miedos y sus convicciones. He recibido desde las más fervorosas felicitaciones hasta amenazas, desde «este libro ha cambiado mi vida» hasta «este es el primer libro que me planteo no tener en mi biblioteca».

«Habitación 226» no es, por tanto, un libro de entretenimiento, no es un relato para gustar: es una novela, parafraseando a Kafka, que muerde.

Atiborrados de historia novelada, de novela barata, de novela negra y cine barato, con este relato he pretendido, además de curar mis heridas como escribo en el mismo, abrir las tuyas, las del lector, ignorante de lo que pasó u olvidadizo con aquellos hechos.

En palabras de Paul Auster, «la escritura es una actividad para seres heridos, por eso los escritores crean otra realidad». No es mi caso, en «Habitación 226» no he creado ninguna realidad, he contado una verdad incontrovertible, unos hechos verídicos con escasas concesiones, las justas, a la ficción, a la imaginación. Tengo que confesar que lo escribí para mis hijos, para enseñarles a aceptar la vida sin dejar de luchar y para que los principios que la rijan sean la amistad, el espíritu de supervivencia, el compromiso, la ambición y la lucha por la justicia.

Me queda deciros que no tuve alternativa para elegir el tiempo en el que transcurre la acción, ni el recurso literario para contarla. Solo la autobiografía relatada por un niño podía tener la fuerza necesaria, el impacto suficiente, para provocar al lector, para herir su comodidad, su olvido. El franquismo, esa etapa oscura, mísera, es el lienzo sobre el que he pintado un mundo que aún no ha desaparecido, un mundo del que todo se sabe y nada se habla.

He querido, para terminar, escribir mis propias experiencias, sin temor a ser criticado, sin el crisol de la experiencia y sin ningún deseo de ser halagado o compadecido. Por eso he elegido el yo como protagonista, el niño valiente, ambicioso, como relator de un mundo cruel, inmisericorde. He intentado también dejar constancia de quienes realmente han curtido mi carácter, despedazado mi timidez y abierto mi mente para sobrevivir sin miedo ni prejuicios en este mundo cruel en el que ni el Estado del bienestar ni las redes sociales, por mucho que influyan, podrán borrar nuestros sentimientos, nuestras esperanzas. Me refiero a Kafka,
Cela, Dostoievski, Salinger, Delibes, Sábato y otros, de los que encontraréis notas casi imperceptibles en este relato al que yo prefiero llamar testimonio. Como he dicho anteriormente, fue escrito para mis hijos; no se sale de un mundo así sin grandes convicciones morales, las mismas que he inculcado a mis hijos y que me han permitido llegar hasta aquí casi intacto. Y para explicar la génesis de esta gran construcción moral que ha sido mi vida tenía dos alternativas: o contar que dos voces, una del cielo y otra del infierno, me habían susurrado la novela, o escribir mis recuerdos, como he hecho en «Habitación 226».

Pedro Díaz Chavero y Manu López Marañón



ENTREVISTA A PEDRO DÍAZ CHAVERO
por Manu López Marañón
Terminada la lectura de este sobrecogedor testimonio del autor sobre su novela, retomó la palabra Manu López Marañón, reseñador de Cita en la Glorieta, quien sometió a un minucioso «tercer grado» a Pedro Díaz Chavero:

1. Realidad y ficción en «Habitación 226».

Los límites entre novela, biografía e historia, sus radicales diferencias y sus puntos de encuentro, resultan siempre arduos de fijar. «Habitación 226» es muy especial en esto por tratarse de un libro que resulta imposible de entender dejando al margen los avatares que determinan su nacimiento.

Pedro, querríamos que nos lo confirmaras: ¿hasta qué punto «Habitación 226» bebe de tu biografía, de tus propias experiencias personales?

Para mí cualquier cosa de ficción que escriba un autor bebe de su propia autobiografía. En mayor o menor medida, pero siempre detrás de la escritura está su propia vida, sus experiencias personales. En esta novela cuento mi dura infancia y apenas he cambiado cosas como los nombres y algún lugar.


En tu novela tu alter ego Toñín interviene en dos venganzas que terminan en crímenes. Obviamente, aquí entramos en el terreno de la ficción…

¿En qué otros pasajes significativos de «Habitación 226» tuviste que echar mano de tu imaginación de novelista?

Lógicamente no he matado a nadie, pero sí debo confesarte que todo, absolutamente todo, lo que está escrito en mi novela parte de hechos reales, y, si no, de comentarios escuchados a personas muy diversas y en distintas épocas. Con esa suma he configurado las historias de mi libro: adonde no llega mi memoria ha llegado mi curiosidad y el esfuerzo por enterarme de cómo sucedieron las cosas durante el franquismo, esa etapa oscura y mísera, como acabo de leer.

2. Estilo de «Habitación 226».

Muchos de los más jóvenes novelistas, los nuevos contadores de historias, han perdido el interés por la tradición literaria, desprecian el pasado de su lengua, y su deseo de contar parece proceder más de la ortografía y sintaxis del cine o de los videoclips de la televisión. Tú estilo, basado en la precisión de unas frases cortas como hachazos y de una pureza que a mí me ha recordado, en no pocos momentos, a «El extranjero» de Camus llama hoy, muy favorablemente, la atención de cualquier lector.

Dinos, ¿cómo llegas a este estilo? ¿Te brota del alma espontáneamente o es fruto de innumerables correcciones y depuraciones? ¿O habría que decir que nace como una feliz combinación de espontaneidad y trabajo?

He leído poco a Camus y de él me interesa más su forma de plasmar el nihilismo que el estilo propiamente dicho. Cada escritor tiene su estilo, no sé, es como su forma de respirar, ¿no te parece? Lo que yo puedo decirte es que no me gusta nada la prosa abigarrada y retórica: me resulta insufrible y a la segunda página cierro el libro. El autor tiene que tomarse en serio a su lector y darle la información de manera precisa y contundente, no marearlo con filigranas. Todos los escritores que me gustan, luego hablamos de ello, narran sus historias con un estilo directo que yo he tratado de seguir en «Habitación 226»

3. Construcción del personaje Toñín.

En la novela moderna no hay héroes porque el héroe sólo existe hacia fuera y los personajes de la novela moderna sólo actúan hacia dentro, son torbellinos de su propio malestar, de sus insatisfacciones. Toñín como buen adolescente que es, actúa y no para de intervenir en importantes asuntos y podemos considerarlo un héroe novelesco «a la antigua usanza». Pero si nos resulta un personaje absolutamente moderno e inolvidable es cuando lo hallamos frente a temores e interrogantes profundos, cuando debe actuar «hacia dentro»: ahí aparece su necesidad de salir adelante con las únicas armas de su saber, los recuerdos y su aún escasa experiencia.

Me gustaría que nos contaras cómo procediste a la construcción de Toñín, este personaje imborrable a través de cuyos ojos leemos «Habitación 226».

Toñín es alguien muy ligado a mí, mi alter ego, como dice el Embajador Ricardo Peidró Conde en su estupendo prólogo. Para construirlo, como he dicho antes en la lectura, lo hago a través de la mirada inocente de un niño que tiene ya hechuras de héroe a la hora de impartir justicia. En efecto sus decisiones, llenas de dilemas morales y de confusión, le nacen desde muy dentro. Ello es algo que he debido conseguir plasmar porque «Habitación 226» y su protagonista no deja a ningún lector indiferente provocando en ellos sentimientos muy diferentes y desnudando también sus convicciones, sus miedos. Siempre se ha dicho que el gran acierto de una buena novela son sus personajes. Yo creo haberlo logrado con Toñín.

4. Genealogía de «Habitación 226».

Voy a citar otras dos novelas que me vinieron a la mente cuando leí y reseñé, hace ya unos meses, «Habitación 226» y, también, una película reciente.

«El primer hombre», novela póstuma de Albert Camus, cuenta el regreso del escritor a su país natal, Argelia, donde evoca sus recuerdos de infancia: la vida en una familia pobre, con su madre viuda y su tío, y el profesor de escuela que le enseña a leer. «El viento de la luna» de Antonio Muñoz Molina viene narrada por un adolescente andaluz que sueña con avances tecnológicos en una casa que carece de agua corriente. La España desarrollista vista bajo la perspectiva de un chaval que admira a la NASA mientras recoge la aceituna en cortijos casi medievales. En «Dolor y gloria», última película de Almodóvar, se cuenta una niñez muy pobre abrigada por una madre que sobresale en inteligencia natural y en sus esfuerzos para que la pobreza salpique a su familia lo menos posible en esa cueva donde viven, un habitáculo excavado en tierra con respiraderos.

Dinos, Pedro, si consideras que «Habitación 226» puede emparentarse con alguna de las obras citadas. Es curioso que los tres chavales de las obras citadas tengan todos 14 años, como tu Toñín.
No he visto la película de Almodóvar pero sí he tenido lectores que me han dicho que cuenta una infancia muy pobre y que les ha recordado a mi novela. No sé igual me ha copiado (ríe). Es curioso que digas que todos los niños de esas novelas y el de la película tienen alrededor de 14 años. Considero que esa es una edad muy especial en la vida de un hombre, cuando se está en ese paso de la infancia a la juventud es cuando tienen lugar los sucesos que más marcan la vida. Desde luego, lo que le sucede a Toñín en «Habitación 226» es absoluta y totalmente determinante en su vida. Ahora estoy escribiendo la segunda parte y en ella Toñín, que ya es un joven, toma la determinación de emigrar a los Estados Unidos, concretamente a la Costa Oeste. Veremos qué le sucede allí, pero sin duda lo que le ha acontecido durante «Habitación 226» lo va a llevar consigo siempre arrastras, como una mochila.


5. El amor por la Literatura.

Gracias a la literatura Toñín, en su querer salir del túnel que ha sido su infancia, encuentra algo de claridad. Ricardo Piglia dejó dicho que «la lectura literaria ha sustituido a la enseñanza religiosa en la construcción de una ética personal». En el penúltimo capítulo («Justicia y venganza») de «Habitación 226» Toñín da los títulos de nueve libros para él fundamentales. Son: «Las noches blancas», «Memorias del subsuelo», «Crimen y castigo», «Rojo y negro» (siglo XIX). «Carta al padre», «El árbol de la ciencia», «El lobo estepario», «La familia de Pascual Duarte» y «El guardián entre el centeno» (siglo XX). Con tres títulos a su favor, queda claro que Dostoyevski es el escritor favorito de Toñín.

Querríamos saber: en el caso de poderse llevar sólo un título a una isla desierta, ¿cuál de los nueve libros elegiría Pedro Chavero?

Hoy igual cambiaría «El lobo estepario» por «Los Miserables» y metería también algo de Miguel Delibes. Pero no tengo la menor duda: a una isla desierta me llevaría a
Dostoyevski.

Presentación de Habitación 226 en Camarma de Esteruelas
-14 de junio de 2019-

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nació en Bilbao en 1966 y es diplomado en Relaciones Laborales y máster en Prevención (especialidad Seguridad e Higiene en el Trabajo). Residió un año en Buenos Aires tras ser becado por el Gobierno Vasco para llevar a cabo un trabajo sobre la legislación laboral argentina. En la actualidad se dedica en exclusiva a escribir guiones cinematográficos y a la literatura. En 2015 ha editado con Ediciones Oblicuas su primera novela, “Alcohol de 99º”. Recientemente ha terminado “Prosas para eunucos”, un libro de relatos en busca de editorial. Además de para Cita en la Glorieta, también reseña para las revistas Calibre. 38 y Moon Magazine.


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Javier Alonso García-Pozuelo

Escritores de un lugar de La Mancha llamado La Solana, por Mariola Díaz-Cano Arévalo

La siguiente entrada apareció originariamente en Actualidad Literaria el 14 de noviembre de 2017; la publicamos en Cita en la Glorieta con el permiso de su autora, la novelista Mariola Díaz-Cano Arévalo, quien recientememte ha publicado Marie, su primera novela.


Escritores de un lugar de La Mancha llamado La Solana
Mariola Díaz-Cano Arévalo
La Solana es un pueblo de la provincia de Ciudad Real, en La Mancha más manchega, y mi patria chica. Enclavada en el Campo de Montiel, tenemos por vecinas a las ilustres villas de Villanueva de los Infantes, Valdepeñas o Tomelloso. También estamos a un tiro de piedra del precioso parque natural de las Lagunas de Ruidera. O sea, que no nos falta el buen vino, el mejor queso, paisajes de contrastes y arte en mil pequeños rincones de más pueblos. Y tampoco la denominación de origen más literaria porque estamos en la tierra de Don Quijote.

Así que en La Solana tenemos a unos cuantos nombres de letras de gran trayectoria y prestigio. Cultivamos nuestros campos y también la poesía, la literatura juvenil e infantil, el teatro y la novela histórica y negra. Yo acabo de entrar en este selecto grupo y, como estoy muy contenta, desde aquí quiero hacer un pequeño homenaje y abrir la ventana de mi pueblo al mundo literario. Posiblemente me deje alguno y me disculpo por ello, pero espero poder seguir escribiendo artículos sobre futuros escritores solaneros.

Santiago Romero de Ávila
Poeta, su prestigiosa carrera ya de muchos años lo han convertido hace tiempo en uno de los máximos referentes literarios solaneros. Pero su fama abarca toda España. Ganador de innumerables premios, va ya por su quinto libro titulado Aquel temblor de gozo y de inocencia. Es una recopilación de su producción poética desarrollada durante más de cuarenta años. Incluye trabajos premiados junto a algunos ya publicados en libros anteriores. Pero la mayoría son inéditos. Un logro más a esa interminable lista y reconocimiento.

Luis Díaz-Cacho Campillo
Miembro cofundador del grupo literario Pan de Trigo de La Solana desde su creación en el año 1989, es el actual regidor de la localidad. Pero los avatares políticos y responsabilidades de su cargo le dejan tiempo para una trayectoria literaria muy reconocida. Es también miembro de la Asociación de Escritores de Castilla La Mancha. Tiene publicados muchos libros tanto en solitario como con más poetas y autores solaneros como Nemesio De Lara Guerrero y Luis Romero de Ávila. Algunos de sus títulos son En mi nube de algodón (1994), En busca de tu nombre (1998), Cartas de amor para ti (2001), Reflexiones del instante (2004), Cartas de amor desde Toledo (2009) o Poemas para vivir cada día (2010). Su último libro publicado es Cartas de amor para Mavi (1992–2017).

Luis Romero de Ávila
Escribe desde siempre, además de destacar por su afición por la interpretación y la música. También es miembro cofundador de Quintería y Pan de Trigo. Ha ganado más de cuarenta premios literarios y tiene publicados los poemarios: Regalo de Luz (1994), Imágenes de Vida (2004), … y También los molinos sueñan junto con su amigo Luis Díaz-Cacho Campillo (2008), entre otros.

Miguel García de Mora
Afamado escritor, periodista y poeta  solanero de adopción, Miguel García de Mora Gallego también fue una figura muy relevante de la cultura solanera. Este año sus hijos Gloria y Luis Miguel publicaban Cuentos y relatos de amor y de siempre, un compendio  de los muchísimos artículos publicados por su padre durante 72 años de su vida en La Solana.

Carmen Hergueta
Esta joven escritora es toda una veterana ya en la literatura. Con mucha ilusión y ganas ha publicado ya dos partes de una trilogía que ha conquistado a los lectores del género fantástico, y también un libro de relatos. Y tiene muchos proyectos pendientes. La trilogía se titula La magia de dos mundos y, a falta de concluirla, en 2015 se publicó su primera parte, Los ojos de cristal, y el año pasado fue el segundo, Sueño oscuro. Y Paseando a través de… está compuesto por una novela corta, un relato largo y varios relatos cortos sobre muchos temas que interesan a la autora.

Antonio García-Catalán
Otro autor solanero que ha presentado libro recientemente. Es también integrante de Pan de Trigo, y su escritura se ha centrado siempre en la producción teatral de cualquier tipo: de actores, de títeres, de objetos, monólogos, cuentacuentos o radioteatro. Ha publicado una comedia, Cinco horas con Amancio, con evidente guiño a la obra de Delibes y que el autor la define como «una desadaptación del texto original».

Francisco Hergueta
Francisco Hergueta, tapicero de toda la vida y ávido lector y aficionado al género fantástico, decidió ponerse a escribir sus propias historias y ahora es exponente de la mejor novela histórica, fantástica y de aventuras. Esa afición y gustos le ha llevado a crear a uno de esos personajes que suelen enganchar a los amantes del género, el pirata Ernesto Sacromonte. Sus aventuras en el siglo XVI se desarrollan en dos libros titulados Te juro lealtad y Te juro Venganza, con el subtítulo de La leyenda de Ernesto Sacromonte.

Tomi Peinado
Esta madrileña de nacimiento pero solanera de toda la vida es filóloga inglesa y ganó su primer premio nacional de narrativa con tan sólo diecisiete años. Y recientemente ha presentado un pionero cuento infantil, bilingüe, ilustrado por Isabel Carmona y con la tecnología de realidad aumentada titulado El Encuentro (The encounter). Está dirigido a niños de entre 7 a 12 años y ofrece la posibilidad de escuchar el texto en los dos idiomas alternativamente.
 

Aurelio Maroto 
El periodista Aurelio Maroto es uno de los más conocidos nombres del panorama cultural solanero y también es hijo, nieto y sobrino de auténticos herreros de hoces, una de las marcas de identidad de La Solana. La fabricación de hoces fue durante más de dos siglos nuestro mayor y mejor sustento y también nos convirtió en el mayor productor nacional de esta herramienta. Así que quién mejor que Aurelio para contar su historia como homenaje a su sangre y a la de todos los herreros solaneros en La Solana y las hoces. Esta obra se publicó en 2014 y fue un trabajo de dos años que se estructuró en 16 capítulos y más de 230 páginas. La escasa bibliografía encontrada sobre el tema se compensó con numerosas entrevistas a herreros y fabricantes ya retirados.

Mariola Díaz-Cano Arévalo
Oui, c'est moi y acabo de llegar a este club de autores solaneros. Debuto en el mundo literario con la primera novela que me publican, Marie. Pero son otras cuantas las que están pendientes. Correctora ortotipográfica y de estilo además de traductora y con conocimiento de edición, escribo como tantos otros desde la infancia. El golpe de suerte que ha supuesto Marie también es la ilusión de quien, a pesar de tantos años escribiendo, parece que acaba de empezar.

Otros nombres
Porque hay muchos más como el cronista oficial de La Solana, historiador y periodista Paulino Sánchez, toda una institución local que se ha jubilado este año. También están el joven escritor Julián Simón, que presentó hace poco El monte mediterráneo, un alegato sobre la riqueza natural que nos rodea. O la reconocida poetisa Isabel del Rey, con su último libro titulado Versos de escuela. Y en teatro destaca también la actriz, directora y autora Mari Carmen Rodríguez-Rabadán, cuya última otra es Habitación 204, Cirugía.

Autores de ascendencia solanera
Gabriel Romero de Ávila
Nacido en Madrid pero de vieja familia solanera, pasó toda su infancia en tierras manchegas. Escribió allí sus primeros relatos y desde entonces ha publicado dos novelas: Nilidiam (2014) y La reina demonio del río Isis (2016), ambientadas en el norte de África. Tiene a quién parecerse, pues ya su padre formaba parte de La Gaceta, igual que su primo. Colaborador habitual en numerosas revistas literarias, actualmente participa de forma regular en la sección cultural del diario Vigo é. También ha servido como revisor y consultor para diversas obras de novela histórica. Su especialidad son las aventuras a vida o muerte en lugares exóticos.

Javier Alonso García-Pozuelo
Licenciado en Medicina, diplomado en Cooperación Internacional y profesor de Salud Pública, es autor de numerosos relatos y artículos de divulgación, algunos de los cuales se pueden leer en Cita en la Glorieta, el blog colaborativo que administra. En febrero de 2017 ha publicado, con Ediciones MAEVA, La cajita de rapé, una novela policíaca ambientada en el Madrid de Isabel II. Nació en Madrid en 1972, pero no se olvida de los orígenes solaneros de su familia materna en su literatura: a su abuela Alfonsa, solanera, le dedica su primera novela, y en la Nota de Autor de la misma habla de su tío abuelo Tomás, también solanero, y de una experiencia en La Solana a raíz de la cual comenzó su afición por la Historia.

Mariola Díaz-Cano Arévalo es filóloga inglesa y trabaja como correctora de textos y traductora. Escribe desde la infancia y tiene varias influencias literarias, sobre todo de géneros como los de aventuras, histórico y romántico, pero siente especial preferencia por la novela negra. Ha publicado su primer libro, Marie, con Ediciones Atlantis, una historia con mezcla de todos esos géneros.

Entre sus escritores favoritos destacan Robert L. Stevenson, Walter Scott, Alejandro Dumas, Jane Austen, Charlotte Brontë, Edgard A. Poe o Patrick O'Brian, y más contemporáneos, Arturo Pérez-Reverte, Víctor del Árbol, Santiago Posteguillo, James Ellroy y Jo Nesbø, entre otros muchos más.

También colabora como redactora en el blog Actualidad Literatura, además de publicar artículos sobre temas variados (música, libros, cine, actualidad) en su blog personal, MDCA - Qué hay de lo mío. Y casi toda su obra escrita puede encontrarse en su web Mariola Díaz-Cano Arévalo — novelas y relatos. En ella se pueden leer muchos relatos cortos y sobre sus próximas novelas pendientes de publicar.